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Time series forecasting methods

4 Literature Review

4.2 Forecasting methods

4.2.1 Time series forecasting methods

55 Después de haber presentado las ideas fundamentales del sistema humeano, nos dedicaremos en esta segunda parte a profundizar y desarrollar el tema de la presente tesis: la identidad personal (personal identity138).

El problema de la identidad personal, lo analiza Hume en la IV Parte, sección VI del Libro I del Tratado. Allí, realizando un análisis muy cuidadoso, pretende afirmar la imposibilidad de sostener la idea de una identidad personal en sentido metafísico. Sin embargo, a pesar de ello, en el Apéndice del Tratado, nuestro filósofo se muestra insatis- fecho con su teoría, de modo tal, que plantea a quienes nos interesamos en su pensa- miento muchos interrogantes.

Nos proponemos en esta segunda parte:

1) Realizar una lectura y análisis riguroso de los textos del Tratado, donde Hume niega la posibilidad de un yo simple e idéntico.

2) Presentaremos la respuesta humeana con respecto a dicho concepto.

3) Analizaremos el Apéndice del Tratado. Allí, nuestro filósofo se retracta de su te- oría y plantea una posible respuesta escéptica al problema. Intentaremos propo- ner una posible solución a dicha confesión humeana.

4) Para finalizar esta segunda parte de nuestra tesis, presentaremos nuestra respues- ta al tema de la identidad personal y reflexionaremos sobre algunas de las in- terpretaciones críticas a su teoría.

1. La negación de un yo simple e idéntico

En el fragmento citado a continuación, Hume comenzará a desarrollar el proble- ma. Presentará, en un primer momento, la opinión de “otros filósofos” con respecto a esta cuestión, sin presentarnos aún su punto de vista:

“Algunos filósofos imaginan que en todo momento somos íntimamente conscientes de lo que llamamos nuestro yo, que sentimos su existencia y la continuidad de esta. También están seguros, más allá de la evidencia de toda demostración, tanto de su perfecta identi- dad como de su simplicidad. Afirmamos que la sensación más aguda o la pasión más vio-

138 Debemos aclarar que a lo largo de toda esta Segunda Parte los términos ingleses: soul, self y mind,

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lenta, en lugar de apartarnos de esta opinión, la fijan aún más, y el placer o el dolor que nos producen nos llevan a considerar su influencia sobre el yo. Intentar una prueba ulte- rior de esto no haría sino debilitar su evidencia, puesto que ninguna prueba puede derivar- se de hecho alguno del que seamos tan íntimamente conscientes, ni hay nada de lo que podamos estar seguros si dudamos de esto.”139

Analizaremos detenidamente el fragmento arriba citado:

Hume no dice con claridad quiénes son los filósofos que admiten esta teoría. Cuando afirma “algunos filósofos”, suponemos que principalmente se está refiriendo a Descartes y a algunos otros pensadores que probablemente leyó mientras escribía su Tratado, entre ellos Locke, Berkeley, Shaftsbury140, Butler141 y Malebranche.

De la misma manera, en el Apéndice reitera: “La mayoría de los filósofosparecen estar inclinados a creer…”142.

Es claro que no desea mencionar a los filósofos en los que está pensando; la única mención explícita la realiza en su Abstract donde relata: “Descartes sostenía que el pen- samiento era la esencia de la mente (mind), no este pensamiento o aquel pensamiento, sino el pensamiento en general”143.

Suponemos, entonces que es al filósofo francés a quién especialmente se está refiriendo en muchos de sus pasajes, aunque veremos que probablemente no sea al úni- co.

“en todo momento somos íntimamente conscientes de lo que llamamos nues- tro yo”.

Probablemente resuene en Hume el recuerdo de las clases de lógica y metafísica de su juventud con su maestro Drummond144, quien enseñaba que la mente puede ser

ella misma conocida en el momento en que están siendo interiorizados sus actos, sin la necesidad de ninguna representación vicaria, por medio de ideas.

139Treatise, p. 251; (p. 364)

140Anthony Ashley Cooper, 3er conde de Shaftsbury (1671-1713), fue protector de Locke, y educado

bajo su dirección.

141 Joseph Butler (1692 -1752). Fue un filósofo y teólogo inglés. Sus mayores aportes los hace en el plano

teológico y ético. Fue obispo de Bristol en 1738 y de Durham en 1750.

142Apéndice , p. 635 143Abstract, p. 657

144 Hume estudió con él lógica y metafísica, en 1724, durante su juventud. David Hume no simpatizaba

57 “También están seguros, más allá de la evidencia de toda demostración, tanto de su perfecta identidad como de su simplicidad”

Nuevamente una clara alusióna Descartes puede interpretarse a partir de este tex- to puesto que en la filosofía cartesiana, la conciencia del yo pensante no se alcanza por un camino demostrativo: yo dudo, yo pienso, yo soy, se presentan inmediatamente a la conciencia, son una intuición simple de la mente. En Descartes, el acto mismo de pen- sar (dudar, sentir, amar, odiar, imaginar) evidencia nuestro yo, advertimos nuestro pro- pio pensamiento a la vez que nuestra propia identidad.

“la sensación más aguda o la pasión más violenta, en lugar de apartarnos de esta opinión, la fijan aún más y el placer o el dolor que nos producen nos llevan a con- siderar su influencia sobre el yo”.

Nos acercamos en este fragmento a uno de sus predecesores en la corriente em- pirista, John Locke, con quien Hume disiente entre otras, en esta cuestión: Locke argu- menta que cualquier dolor, por ejemplo, nos da una percepción evidente de nuestra pro- pia existencia.145

También Berkeley en este punto se mantuvo en la misma línea que Locke. Para este filósofo irlandés las “ideas” necesitan de una sustancia para subsistir. La palabra espíritu designa, lo que piensa, quiere y percibe. Nos indica: “quien percibe ideas y quiere razonar y razona acerca de ellas (…) Lo que yo mismo soy, aquello que designo con el término yo, es lo mismo que lo significado por alma o substancia espiritual.”146

Estos filósofos no desean proponer más prueba que la evidencia inmediata. Intentar una prueba ulterior no haría sino debilitar su evidencia, puesto que no podrían dudar del punto de partida sobre el que construyen su sistema.

2. La respuesta humeana

Una vez introducido el tema, David Hume comienza a cuestionar las ideas antes