En el planteamiento de Freud sobre la mujer hay una carga negativa que podemos ubicar, en parte, como una consecuencia del espíritu de la época en que vive el autor. Él se cuida de asegurar con firmeza muchos de sus planteamientos, deja el beneficio de la duda, escribe a modo de hipótesis y conjeturas.
Sobre el sentimiento de inferioridad en la mujer, que se deriva de aceptar la castración, es bueno señalar que en él se expresan de alguna manera los prejuicios de Freud quien daba por hecho que asumir la feminidad implicaba reconocer no sólo la inferioridad de órgano sino de la mujer con respecto al hombre. Para Freud la niña se siente inferior por la falta de pene, dado el valor atribuido a este órgano. Consideramos que dicho valor es una atribución cultural anclada en el psiquismo infantil, producto de una cultura falocéntrica que deriva en falocratismo.
También se articula a lo anterior la pregunta de por qué Freud no toma distancia sobre la conclusión infantil derivada de la percepción de la diferencia sexual anatómica y de la primacía fálica, que justifica la
inferioridad del órgano femenino y como consecuencia la subordinación e “ inferioridad” de la mujer y la preeminencia y dominio de lo masculino sobre lo femenino.
Es importante ubicar cuál era la situación de la mujer en la época en que Freud escribe sobre la sexualidad femenina, pues esto nos permitiría contextualizar cuáles son los prejuicios y preconceptos que el autor expresa sobre la mujer.
A finales del siglo XVIII la diferencia anatómica entre hombres y mujeres se hace de manera radical como producto de los descubrimientos biológicos, los cuales se convirtieron en los fundamentos epistemológicos de las discriminaciones sociales, en donde a la mujer, por ser procreadora, le corresponde la educación de los hijos y las labores en el hogar. El hombre debe encargarse de la producción, la creación de lo político y de lo público, y es ésta su esfera natural. Para muchos esta dicotomía fue el referente de las teorías de la complementariedad y la armonía entre el hombre y la mujer.
En el siglo XIX se postulaba que el hombre era legible, transparente, y la mujer era “ la otra” , extranjera e incomprensible, deduciéndose que era a partir del hombre como se juzgaba a la mujer. Es precisamente en este siglo donde se desarrollan las teorías freudianas acerca de los procesos psíquicos del ser humano, en las cuales toma inicialmente como referente al varón para realizar su teoría sobre la sexualidad humana, a través de un paralelismo entre hombre y mujer; teoría que posteriormente varía teniendo en cuenta la diferencia anatómica.
Dentro de los postulados freudianos se expone que el erotismo femenino debe ser fundamentalmente vaginal, y por tanto la verdadera feminidad estaría sustentada en el cambio de zona libidinal del clítoris a la vagina. En esta medida la sexualidad femenina se asume como esencialmente pasiva, ya que la vagina cumple una función receptiva del órgano genital masculino, pene, al cual se le atribuye una función activa.
En 1905 Freud da por sentado que había un segundo lugar del que las mujeres obtenían placer sexual. Fue así como introdujo su tesis del cambio de zona erógena del clítoris a la vagina. Según este autor, durante la pubertad se produce en la mujer una oleada represiva que lleva a que las niñas cambien de zona erógena, y es entonces la sexualidad clitoridea la que se ve afectada; esto ha de ocurrir para que advenga mujer, ya que el placer vaginal es el auténticamente femenino mientras que el clitorideo es netamente masculino.
El mismo autor conjetura en el texto La feminidad, que la pasividad de la función sexual se difunde a otras esferas de la vida y por eso la mujer asume una conducta pasiva y aspira a metas pasivas; en ello es significativa la influencia de las normas sociales.
Ante estos planteamientos surgen otros, especialmente por parte de mujeres que rechazan tales posturas, pues consideran que pretender fijar el placer femenino en la vagina y ubicar el goce clitorideo como masculino, fortalece la concepción de la sexualidad proclamada por la religión: ligada a la reproducción, a la maternidad; se da entonces una jerarquización de las prácticas sexuales, que dan por sentado que lo normal son las relaciones genitales y heterosexuales y lo anormal sería el onanismo y la homosexualidad.
Frente a los planteamientos de la sexualidad femenina expuestos por Freud, Thomas W. Laqueur22
expresa que aquél, por ser médico, tenía que saber que el cambio de zona erógena del clítoris a la vagina no tenía ninguna base anatómica ni fisiológica, en tanto en la vagina se encuentran escasas terminaciones nerviosas.
Señala así mismo Laqueur, que Freud expresa que la biología se ha visto obligada a reconocer que el clítoris femenino es un autentico sustituto del pene, pero de esto no se desprende — como parece pensar Freud— que “ todos los seres humanos tienen la misma forma — masculina— de genitales” , ni que las niñas tienen envidia del pene porque sus genitales son pequeños. Por tanto, dice Tomás Laqueur:
Las tesis de Freud tienen que ser una teoría cultural con disfraz anatómico. La historia del clítoris es una parábola de la cultura, de cómo se dota al cuerpo de una forma falsa, utilizable por la civilización a pesar suyo, no debido a él. La terminología biológica dota a esta teoría de autoridad retórica, pero no describe la realidad más profunda de los nervios y la carne.
En definitiva Freud tenía que saber que estaba inventando el orgasmo vaginal y, al mismo tiempo, dando un significado radicalmente nuevo al clítoris.23
Si Freud sabía que la migración de la sensibilidad del clítoris a la vagina no tenía una interpretación anatómica, Laqueur se pregunta: ¿cómo puede interpretarse este postulado freudiano? Al respecto plantea que Freud da a conocer a su discípula Marie Bonaparte los planteamientos de Felix Bryk en su texto Neger
22 Thomas W. Laqueur, “ Amor Veneris, Vel Dulcedo Appeletur” , en: Fragmentos para una historia del cuerpo humano, tomo III, Madrid, Taurus, pp. 91-131.
Eros, donde describía cómo en una tribu del África, los nandi, cortaban el clítoris a las jóvenes casaderas para estimular el desplazamiento orgásmico de su zona “ infantil” a la vagina, donde tiene que residir necesariamente. La intención en esta tribu, según el autor del texto, no es suprimir el placer femenino, sino encauzarlo a fines sociales. Para Freud, Bryk tenía que estar familiarizado con sus opiniones, y consideró importante estudiar la hipótesis del desplazamiento erótico en los nandi24. M. Bonaparte, quien se dedica a
este estudio, describe: “ que las mutilaciones sexuales rituales impuestas a las mujeres africanas desde tiempo inmemorial... constituyen la réplica física exacta de las intimidaciones psíquicas impuestas en la infancia a la sexualidad de las niñas europeas”25.
Para Bonaparte los pueblos civilizados no pretenden destruir la antigua residencia de la sensibilidad, sino que provocan la ocupación, es decir, la catexis, de un nuevo órgano por medios menos violentos. Las consecuencias del planteamiento freudiano son criticadas incluso por psicoanalistas como Néstor Braunstein, quien expone:
En Freud hay un reconocimiento del desdoblamiento de un goce fálico (clitorideo) y otro goce diferente, concepción en esencia fecunda, pero que sufrió después por la pretensión de localizarlo nuevamente, ahora en la vagina. Son bien sabidas las consecuencias infortunadas que trajo esta afirmación del fundador del análisis cuyo efecto trágico, paradigmático y extremo pudo verse en las operaciones (tres) a las que se sometió la princesa Marie Bonaparte para acercar el clítoris a la vagina y cuyos efectos más difundidos han sido los de una insatisfacción de muchas mujeres con su propio goce que produjo, como reacción, una oposición enconada de las feministas hacia el psicoanálisis, acusado de mil maneras de relegar y de inferiorizar el goce femenino en función del modelo masculino de erección-penetración-eyaculación, modelo que se trató y no se consiguió probar como común a ambos sexos.26
La posición de Marie Bonaparte parece contradictoria, y al parecer el que esta mujer se hiciera este tipo de intervención, está dando cuenta de una de las vertientes de la transferencia: sostener el deseo del maestro.
24Ibíd., p. 122. 25Ibíd.
A pesar de que Freud da cuenta de su inscripción sexual, del espíritu y de la ideología de su época, no se puede negar que su teoría ayuda a desmitificar la sexualidad, da origen a nuevas preguntas y construcciones, no es ajeno a las revoluciones culturales producidas en el siglo XX. Gracias a él, el psicoanálisis es un referente de análisis necesario cuando se trata de preguntarse por la subjetividad y la cultura. El psicoanálisis y sus desarrollos avanzan hacia el nuevo milenio como una disciplina y como un campo teórico que aún tiene qué decir.
En esta noche en este mundo las palabras del sueño de la infancia de la muerte nunca es eso lo que uno quiere decir la lengua natal castra la lengua es un órgano de conocimiento del fracaso de todo poema castrado por su propia lengua que es el órgano de la re-creación del re-conocimiento pero no el de la resurrección de algo a modo de negación [ ...] las palabras no hacen el amor hacen la ausencia ¿si digo agua beberé? ¿si digo pan comeré? en esta noche en este mundo extraordinario silencio el de esta noche lo que pasa con el alma es que no se ve lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades? ninguna palabra es visible [ ...] los deterioros de las palabras deshabitando el palacio del lenguaje el conocimiento entre las piernas ¿qué hiciste del don del sexo? oh mis muertos me los comí me atraganté no puedo más de no poder más palabras embozadas todo se desliza hacia la negra licuefacción [ ...] hablo sabiendo que no se trata de eso siempre no se trata de eso oh ayúdame a escribir el poema más prescindible el que no sirva ni para ser inservible ayúdame a escribir palabras en esta noche en este mundo.
Alejandra Pizarnik (Argentina)