5.2 Sensing Client Android
5.2.4 Timer and Geofencing
El maní (Arachis hypogaea L.) es la tercer leguminosa de importancia mundial, originaria de Sudamérica, donde se reconoce al Perú como centro de diversificación genética. Esta
especie fue ampliamente cultivada por los nativos del nuevo mundo en el tiempo de la
expansión europea por el siglo XVI y fue llevado a Europa, África, Asia e Islas del
Pacífico (21).
El maní es originario de las regiones tropicales de América del Sur, donde algunas especies crecen de modo silvestre. Su cultivo se viene realizando desde épocas remotas, así los pueblos indígenas, lo cultivaron tal y como queda reflejado en los descubrimientos
17 arqueológicos realizados en Pachacamac y otras regiones del Perú. Allí se hallaron representaciones del maní en piezas de alfarería y vasijas. Fueron los conquistadores portugueses y españoles quienes introdujeron el maní en África y Europa. En África se difundió con rapidez, siendo esta legumbre un alimento básico de la dieta en numerosos países, razón por la cual algunos autores sitúan el origen del maní en este continente (22).
El maní es apreciado por sus altos contenidos de aceite, proteínas, vitaminas y minerales, además de esto posee varios usos en la alimentación humana y animal; el maní contribuye con el 30% de proteínas y 50% de grasas insaturadas que ayudan a disminuir el colesterol; además contiene vitamina E, aporta minerales como sodio, potasio, hierro, magnesio, yodo, cobre, calcio; así también, el maní ayuda al desarrollo agrícola e industrial de los países donde se cultiva.
El cultivo del maní (Arachis hypogaea L.), considerada una leguminosa nativa de la parte tropical de América del Sur, según datos estadísticos, donde el género Arachis está ampliamente difundido como en países de Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay. En el año 2007 existían en el mundo cerca de 21 millones de hectáreas de cultivo de maní; en países como India se registró alrededor de 8 millones de hectáreas (39% de la superficie mundial de maní), China con 5.5 millones de hectáreas (26%) y Nigeria con 1.2 millones de hectáreas (8%). Igualmente la Unión Europea concentra el mayor número de importaciones con un 58% de la producción exportable (23).
Considerado como una planta rústica, de excelente adaptación a condiciones de clima y suelo. En el Ecuador este cultivo es tradicional, se cultiva en varias zonas productivas ubicadas en las provincias de Manabí, Loja, El Oro y Guayas. Actualmente, se cultivan entre 12.000 y 15.000 hectáreas, con una producción promedio de 800 kg/ha de maní en cáscara.
A pesar que no ha existido un adecuado manejo de la explotación, se ha convertido en una actividad de tipo familiar. La producción promedio anual de maní es de 591 a 909 kg/ha/año, la misma que no alcanza a cubrir las necesidades de consumo interno, marcando un déficit tanto para la industria de aceites, grasas, vegetales como la de confitería. Esto se debe generalmente a la falta de variedades mejoradas (22).
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2.2.1. El cultivo de maní en el Ecuador.
En el Ecuador se siembran anualmente entre 15.000 a 20.000 hectáreas de maní distribuidas en las provincias de Manabí, Loja, El Oro y un mínimo porcentaje en Guayas. El promedio nacional varía entre 800 a 1000 kg/ha de maní en cascara, valores que son defectuosos, debido a que el productor no utiliza semilla certificadas esta actividad es realizada en más del 80% durante la época lluviosa (1).
En la zona central del litoral ecuatoriano, el cultivo de maní es establecido por unos pocos agricultores que la mayoría de las veces cultivan variedades que fueron generadas para ser establecidas en otros lugares de la Costa Ecuatoriana, por lo que el potencial sanitario y agronómico de ese material genético no es el más alto (24).
La planta de maní absorbe los minerales directamente del suelo, a partir de sus raíces y sus ginóforos, los mismos que desempeñan un papel particular en lo que se refiere a la absorción de Calcio, también absorber ciertos alimentos a través de las hojas. Los fertilizantes ayudan a duplicar la producción e incluso a triplicar los rendimientos de los cultivos aplicando en dosis correctas el fertilizante (23).
2.2.2. Composición nutritiva.
De acuerdo al análisis del departamento de Ciencia Animal, las cáscaras de maní contienen un promedio de 68% de materia orgánica, 6.8% de proteína cruda, 18.2% de fibra cruda, y 7.1% de ceniza. En otro análisis de la composición nutritiva de la cáscara de maní indica que las cáscaras contienen 65.7% de celulosa, 21.2% de hidratos de carbono, 7.3% de proteína, 4.5% de minerales y 1.2% de lípidos. La proteína real y los contenidos de lípidos de este material de desecho probablemente son mucho más altos debido a que las cáscaras procesadas por las máquinas de descascarar contienen pedazos y pieles de las semillas (25).
2.2.3. Usos de la cáscara de maní.
La cáscara de cacahuate es de geometría cóncava, su espesor varía de 0.5 a 1 mm. Tiene alta relación peso/volumen 45-50 g/L. La composición química tiene amplia dispersión
19 (según la variedad de maní), por lo que se puede generalizar aproximaciones de: humedad menor al 10%, fibra cruda 60% aproximado, celulosa 50%, lignina 25% y glucano 20% (26).
El principal uso de la cáscara de maní, es como combustible de calderas. Se debe emplear quemadores especiales para reducir la cantidad de humo y cenizas volantes que genera la combustión. Sin embargo, con semejantes cantidades de desperdicios, la aplicación de los desechos del descascarado de maní sólo tiene aplicación parcial. Existe un limitado mercado para las cáscaras de maní. Se emplea como alimento de ganado particularmente porcino, indigesto y sin valor proteico, como camada de aves de corral, como medio para cultivo de hongos, vehículo para pesticidas y fertilizantes; y algunos usos similares a la viruta de madera, tales como protección de plantas. Las cáscaras son difícilmente degradables en su exposición al exterior, debido al alto contenido de lignina; bajo contenido de nitrógeno, y existencia en tan grandes volúmenes (27).
La planta en estado vegetativo puede ser utilizada para confeccionar heno, el cual poseen una excelente calidad para alimentar caballos y rumiantes. Las cáscaras del fruto se las puede emplear como suplemento fibroso alimenticio para ganado, también como combustible, para hacer "mulch". También hay aceite de maní, que se usa a nivel comestible e industrial. En cuanto a la alimentación animal, se utilizan las tortas de maní para la fabricación de piensos; además las plantas, después de la trilla, son a menudo utilizadas como forraje.
La estructura celular de la cáscara de maní está formada por celulosa, hemicelulosa y lignina, entre otros. La lignina presenta tiempos de biodegradación natural de 100 años o más. Esta se acelera vía Fermentación sobre Sustrato Sólido (SSF) con Pleurotus spp. Este induce la conversión de los compuestos lignocelulósicos generando un nuevo residuo que puede ser utilizado como alimento de rumiantes, producción de enzimas y biofertilizantes. La cáscara de maní se emplea como combustible sólido en calderas para la generación de vapor y, en menor medida, para la producción de carbón activado, paneles aglomerados, hormigón premoldeado, etc. En los casos en que no se aprovecha, queda acumulado a cielo abierto generando gran contaminación con el peligro de autoignición, cuando no, los mismos productores la queman a fin de reducir su volumen, con consecuencias tales como el aumento de contaminación debido a la combustión no controlada e incompleta (28).
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