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los dioses. Cuando al principio reinaba aún el amor, hombres y animales estaban unidos de la manera más íntima. Nadie., mataba a un animal, y se ofrecían en sacrificio miel, incienso y mirra. Teofrasto declaraba aún en su tiempo la vida vegetariana como la primigenia y auténtica. También el Antiguo Testamento y Ovidio ponen al principio este imperio paradisíaco de paz, vegetarismo, amor a los animales y pacifismo se enlazan estrechamente

Anaxágoras de Clazomene

(500-428 a.C.)

Anaxágoras procedía de Clazomene, cerca de Esmima, en el Asia Menor, pero marchó pronto a Atenas, donde gozó de la amistad de Pericles. Atenas mantenía aún por entonces la vieja fe en los dioses, pero Anaxágoras no podía ya creer en ellos: En los dioses ve Anaxágoras una astuta invención para apartar a lo§ hombres del mal y animarlos a la práctica del bien. El sol no es en realidad una divinidad, sino una «piedra incandescente». Anaxágoras fue por ello acusado de impiedad y desterrado a Lámpsaco, donde murió.

Elementos infinitos en número.

Si se quiere explicar el mundo real, no basta con los cuatro elementos de Empédocles. Hay que suponer tantos elementos como materias fundamentales, que no pueden descomponerse en otras más sencillas, hay en el mundo. Anaxágoras entiende por elemento (stoikheion) exactamente lo mismo que el químico actual. Pero, como entonces no podían aún descomponerse en nuevos elementos cabellos, huesos, carne, agua, etc., creía tener que admitir un número infinito de elementos. El cambio es para el solo mezcla y

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Separación cada cosa es una mezcla de muchísimos elementos, pero nosotros la denominamos por elemento que predomina en cada caso

El nous (mente, espíritu).

Sólo hay un elemento que no se presenta mezclado, la mente o espíritu (el nous). El nous hace dos cosas: 1. Lo conoce todo; es omnisciente. Por lo que atañe al conocimiento del hombre, Anaxágoras, en contraste con todos sus antecesores, piensa que todo es conocido por su contrario: lo caliente por lo frío y el movimiento por el reposo. 2. Lo mueve todo. Para ello, una pequeña parte del mismo es movida con gran velocidad, que va disminuyendo tanto más cuanto a más cuerpos se comunica. Si la velocidad se hace demasiado pequeña, las piedras de que el cielo está lleno caen a la tierra como meteoros. Anaxágoras explicó a un angustiado piloto el eclipse de sol diciéndole que no podemos ver el sol cubierto por la luna, lo mismo que no lo vemos cuando nos ponemos un manto ante los ojos. Sabe ya que en la luna hay llanuras, valles y montes, y explica bien sus eclipses por la sombra terrestre; finalmente, conoció que el granizo se forma por las diferencias de temperatura del aire. Por un meteoro caído hubo de llegar Anaxágoras a su «meteorología», que lo hizo célebre en la antigüedad griega.

Demócrito de Abdera

(460-370 a.C.)

Demócrito fue discípulo de Leucipo de Mileto. De éste sólo sabemos que emigró a Elea, donde se hizo discípulo de Zenón, volvió luego a Abdera de Tracia y aquí fundó una escuela en la que Demócrito descolló de forma que toda la antigüedad griega le atribuyó ya toda la teoría del átomo. Demócrito estaba poseído de tal afán de saber, que prefería el descubrimiento de un solo nexo causal «a ser rey de los persas». Este afán lo impulsó a largos viajes que lo llevaron hasta oriente. Su saber cómo naturalista, matemático y astrónomo era tan universal que sólo Aristóteles puede

Demócrito de Abdera

Competir con él. Era además un conocedor eminente de la lengua, que muestra en la exposición literaria una maestría solo superada por Platón.

1. El atomismo.

En su atomismo sentó Demócrito las bases que han conducido a los grandiosos descubrimientos y progresos técnicos de la edad moderna. Tres cosas postula para la explicación del mundo:

a) Los átomos: Todo ser real consta de un número infinito de partículas pequeñísimas; que no son ya visibles ni divisibles, a las que llamó por vez primera «átomos» (átomos — indivisible). Estos átomos son eternos, inmutables e indestructibles. Son también pesados e impenetrables y llenan el espacio. Cualitativamente, todos los átomos son iguales. No hay, por ejemplo, distintas especies de átomos para cabellos, huesos, carne, etc. Todas las cosas están compuestas de una materia totalmente uniforme. Vistas en su pura materialidad, no hay, consiguientemente, diferencias entre las cosas: No son menester cuatro elementos, como en Empédocles, ni menos infinitos, como en Anaxágoras; basta uno solo. Cuantitativamente, en cambio, los átomos son muy diferentes. Los hay mayores y menores, más graves y más ligeros. También se distinguen por su forma. Los hay cónicos, en forma de bastón, de hoz, etc.

b) El espacio vacío: También el espacio vacío es tan real como los átomos: «Lo que es algo no es más que lo que es nada.» Así lo demuestran las siguientes reflexiones: Sin espacio vacío no habría en absoluto movimiento, ni condensación y rarefacción, ni crecimiento en plantas y animales, ni posibilidad de echar agua en un recipiente lleno de ceniza9.

c) El movimiento: Desde toda la eternidad, va anejo a los átomos el

movimiento en remolino. Empujados por el eterno torbellino, se juntan átomos innúmeros, y se mezclan y separan, y así forman, de manera puramente mecánica, las más varias cosas. Por más que los átomos, materialmente, son uniformes, sin embargo, su posición, su orden y densidad son en cada caso distintos. Ahora bien

,

9. Cf ARISTÓTELES Phys 1, 6 213b 1 ss

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así como con los mismos trazos se forman letras distintas (A, N, E) y con las mismas letras distintas palabras y frases, así, con los mismos átomos se pueden construir cosas distintas.

2. Imagen atomista del mundo.

Demócrito creó el primer sistema filosófico completo, que abarca efectivamente todos los dominios de la vida. Ahora bien, al reducirlo todo, con extrema consecuencia, a los átomos y su movimiento, creó de una pieza un sistema de materialismo válido para todos los tiempos.

a) El mundo: Si los átomos están en continuo movimiento, los más

gruesos se juntarán, de forma puramente mecánica, con los más gruesos, los finos con los más finos, como podemos observarlo en la arena de la playa o al cribar lentejas o cebada. De esta manera, puramente mecánica, han nacido las cosas del mundo sin cooperación de una fuerza ordenadora.

b) Alma: También el alma consta de átomos, sólo que son más finos y

móviles que los átomos de los cuerpos. Como en el organismo, entre dos átomos corporales, hay siempre un átomo anímico, llamamos al cuerpo animado. Al respirar, ingerimos constantemente nuevos átomos anímicos y expelemos, en cambio, otros. Por eso, el mundo entero es animado, aunque no en igual grado. El conocimiento consiste en pequeñísimas imágenes (eidola) que parten de las cosas y chocan con átomos del alma. Cada género sensorial es adecuado para la recepción de unas imágenes, lo que explica la diferencia de percepciones de cada sentido. Puede haber imágenes para las que na tengamos aparato receptor. Por eso es improbable que conozcamos todo lo real. Como no se dan en los átomos diferencias cualitativas, los conocimientos de cualidades, como de lo dulce o agrio, de lo cálido o frío, rojo o verde, son sólo apariencia subjetiva. Validez objetiva sólo la tienen los conocimientos de lo cuantitativo, por ejemplo, de la figura, gravedad o movimiento. Así anticipó Demócrito la distinción entre cualidades «primarias» y «secundarias». La sensación y el pensamiento se distinguen porque, en aquélla, átomos gruesos chocan, no sin conmoción entre sí; en el pensamiento, empero, se tocan, sin conmoción, áto-

Demócrito de Abdera

mos finos. Por eso, si se quiere pensar tranquilamente, hay que liberarse de la sensación. Sólo el pensamiento es conocimiento «auténtico»; la sensación, en cambio, precisamente a causa de aquella conmoción perturbadora y desfiguradora es conocimiento «inauténtico».

c) Dioses: También los dioses y los demonios constan de átomos, sólo

que en estos casos se trata de combinaciones en extremo firmes. Los dioses no son eternos, como cree la fe popular; sí, empero, en relación con nosotros, de muy larga vida.

d) Ética: La ética de Demócrito ha hallado, con razón, tanta

consideración, que merece la expongamos detenidamente. Demócrito ve el sentido de la vida no en el goce sensible, sino en el permanente bienestar del alma (euthymia). Sólo en este sentido puede tenérselo por el «filósofo de la risa». El pámpano en torno a su cabeza no tiene justificación.

Para mantener en el alma la alegría permanente, Demócrito da consejos profundamente pensados, que pueden cifrarse en los tres siguientes: 1. ¡Líbrate de las perturbaciones externas! a) No te ocupes en muchas cosas a la vez, pues de lo contrario caerás en inquietud y prisa y estarás descontento, b) No emprendas nada que esté sobre tus fuerzas, pues de lo contrario fracasarás y serás infeliz.

c) No formes una familia, pues de lo contrario perderás tu libertad y te complicarás con continuas solicitudes. 2. ¡Líbrate de perturbaciones internas! a) Combate tus pasiones, que, apenas satisfechas, se levantan con nueva avidez, b) Guarda la medida, sé parco, mira a los que les va peor, conténtate con lo asequible, c) Estima rectamente los bienes. Los bienes que pueden hacerte feliz no son los exteriores, como riqueza y puestos honrosos, sino sólo los interiores. La felicidad y la infelicidad están en tu propia alma. 3. Practica la justicia. El que infringe las leyes, vive con miedo permanente al castigo, se desaviene con sus prójimos y pierde la paz en sí mismo.

Se ha visto a menudo en esta ética idealista de Demócrito una contradicción con su filosofía materialista; pero sin razón. Demócrito, como gran pensador que indudablemente era, ve con extrema consecuencia el placer como fin de la vida. Ahora bien, si se sopesan entre sí los placeres del cuerpo y del alma, se dará prudentemente

a éstas la preferencia, pues están más libres de desengaños y son

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