Es indudable la importancia de la vivienda, como lugar de estadía del hombre civilizado. Y, además, la casa, bajo cuyo techo protector el hombre ve la luz del mundo, se convierte en imagen del mundo entero. Y es también un símbolo del mundo interior de las personas; y un símbolo femenino, en cuanto refugio, protección, seno materno. Pero, sobre todo, la casa es lugar de oración.
49. Cf. Cáns. 1086 §§ 1 y 2; can. 1078, §§ 1 y 2.
50. Prescindimos del problema planteado por las Iglesias Orientales sobre si la bendición nup- cial es parte integrante de la “forma” del sacramento, aunque excepcionalmente pueda no estar pre- sente. Consideración esta vinculada a la del verdadero ministro del sacramento del matrimonio. En la Iglesia latina son claras ambas consideraciones: los ministros son los contrayentes, la bendición nupcial es un sacramental que acompaña y ayuda a la mejor recepción de los efectos del sacramento del matrimonio.
Esa oración tiene como contenido original la misma vida de familia, las alegrías y dolores, nacimientos y cumpleaños, aniversarios de las bodas de los padres, alejamientos y regresos, elecciones importantes y decisivas, muerte de personas queridas. Estas situaciones “señalan la intervención de Dios en la historia de la familia, como deben también señalar el momento favorable de acción de gracias, de imploración, de abandono confiado de la familia al Padre común que esta en
los cielos52. Esta plegaria puede prolongar y acompañar en la familia las grandes
celebraciones de los tiempos y festividades del año litúrgico. Y se desarrolla espe- cialmente en formas típicamente domesticas, como las oraciones al levantarse y acostarse y la bendición de la mesa. Al mismo tiempo la casa debe brindar algún espacio o algún elemento para el silencio, la meditación y la oración individual y
secreta de cada miembro de la familia53.
Esto supuesto, es lógico que los cristianos soliciten la bendición de su casa,
y la liturgia de la Iglesia ofrece para ello una Bendición para una nueva casa54. Y
puede ser conveniente que tanto la esposa55 como el esposo56 comiencen pidiendo
52. Familiaris Consortio, 59
53. Cf. L. Alessio, Cuatro paredes y un techo, en vida Pastoral 210, págs. 5 y 6. 54. Cf. Bendicional, págs. 238-248.
55. He aquí un bella fórmula con que la esposa pide la bendición de su hogar: Señor Jesucristo,
te pedimos que bendigas nuestra casa y todo lo que hay en ella: el aire que respiramos y el espacio donde nos movemos, las cosas de que nos valemos para nuestros quehaceres, la cocina, el fuego y la comida, el trabajo, a fin de que haya siempre para nosotros y para los demás; el recinto sagrado donde el marido y mujer se hacen una sola cosa en el amor, construyendo así la familia que hoy somos y la que seremos. TE pedimos, Señor, que bendigas también el patio, el jardín, los adornos y los juguetes, y esos lindos recuerdos que colgamos en las paredes y que nos dicen cosas que nunca debemos olvidar. Bendice, Señor sobre todo a los seres vivos que construimos como hogar; padres e hijos, parientes y amigos. Haz, Señor, que en nuestra casa reine siempre la paz, el amor y la unidad, que sus puertas estén siempre abiertas para acoger a cuantos busquen en ella una mano amiga, un corazón de hermano (L. Alessio, o.c., pág. 6).
56. He aquí otra bella fórmula con la que el esposo pide la bendición: Y ahora que asistire-
mos a la bendición del sacerdote, te pedimos Señor, que se realice plenamente cuanto queremos simbolizar con este gesto: que todo se purifique al contacto con esta agua bendecida, que nos recuerda a la de nuestro bautismo. Y ya que esta agua, además de pura, es fecunda, haz, Señor, que se multipliquen, es esta casa toda suerte de bienes materiales y espirituales. Por nuestra parte, no olvidaremos, Señor, que después de esta bendición nuestra casa será también tuya, Queremos que, de hoy en adelante, Tú estés presente, que seas miembro de nuestra familia, el mas importante, el Amigo fiel en las buenas y en las malas. Siempre habrá un lugar para Ti entre nosotros, porque así lo decidimos cuando nos casamos. Y como sabemos que Tú estarás con nosotros, te prometemos esforzarnos par ser cada día lo que Tú esperas de nosotros: amigos, y estar siempre atentos para poder descubrirte en todo lo que suceda a fin de hacerte ese lugar que ahora te ofrecemos. Todo esto, Señor, lo digo y te lo prometo en mi nombre y en el de mi esposa y mis hijos (L. Alessio, o.c., pág. 6).
la bendición de la casa, cuando ella puede ser realizada por los pastores. Pero si no se pudiera contar con la presencia de un ministro sagrado, la bendición podrá ser presidida por un laico (normalmente el padre o la madre), en presencia de los que habitan la casa.
La celebración comienza con la señal de la cruz y el saludo de quien pre- side. Le sigue una breve introducción en la que se expone el sentido de la ben- dición: que Cristo se digne entrar en la casa y bendecirla con su presencia. A continuación se realiza una lectura bíblica que aporte la luz de la Revelación a la ceremonia que se está realizando. Entre otras varias, puede elegirse el relato
de Jesús en la casa de Zaqueo57; o el de Jesús en la casa de Marta y María en
Betania58. En ellas vemos el efecto benéfico del ingreso de Jesús a un hogar.
La indicad lectura puede ser seguida de un salmo responsorial. Y después se hace un momento de oración comunitaria, de la manera que mejor responda a la situación espiritual y a las posibilidades de los participantes: en silencio o con
invocaciones59.
A esto sigue la parte culminante del Rito que está constituida por la oración de bendición. El ministro, si es sacerdote o diacono, la recitará con las manos extendidas, de lo contrario, con las manos juntas. Y ella expresa: Asiste, Señor a estos servidores tuyos que, al inaugurar (hoy) esta vivienda, imploran humil- demente tu bendición, para que, cuando vivan en ella, sientan tu presencia pro- tectora, cuando salgan, gocen de tu compañía, cuando regresen, experimenten la alegría de tenerte como huésped, hasta que lleguen felizmente a la morada preparada para ellos en la cas de tu Padre. Tú que vives y reinas por los siglos de
siglos. Amén60.
Notemos que, si no se tratara de la inauguración de una vivienda, podría decirse en la invocación inicial: …estos servidores tuyos que habitan esta vivien- da e imploran tu bendición… Notemos también que la oración está dirigida a Je- sucristo, no la Padre Celestial, como es lo común. Por ello, no podría ser utilizada por quien y para quien no tuviera fe en Cristo, Hijo de Dios. Y señalamos que el sentido mas profundo de la bendición es la petición de que Cristo sea el protector, el refugio (te refugium), el acompañante (te comité) y el huésped (te hospes) de
los habitantes de la vivienda61.
57. Lc 19, 1 - 10.
58. Lc 10, 38 - 42; o bien, Jn 12, 1 - 11. 59. Cf. Bendicional nº 547, pág. 242. 60. Ibid., nº 548, pág. 243.