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Instrucción

Para empezar, lo invitamos a revisar el video del Caso modelo, en el cual se presentará una situación que puede pasar en el quehacer diario del psicólogo educativo.

Hasta ahora, el recorrido del módulo ha permitido que se identifiquen la relevancia y el desarrollo histórico de la evaluación psicológica, los procesos de medición y los múltiples recursos de pruebas y test psicológicos que existen para establecer conceptos, diagnós- ticos e incluso perfiles de clientes, consultantes, grupos y comunidades.

En este tercer referente, cuando se abordan la intencionalidad de la práctica de los aprendizajes adquiridos y la aplicación y estructuración de conceptos para la toma de decisiones profesionales frente los casos que se estudian, se pretende proporcionar herra- mientas para la reflexión de la intencionalidad e implicaciones de llevar a cabo activi- dades de evaluación y medición psicológica, así como la formulación de los informes correspondientes a dichos procesos, puesto que, una vez se construye un concepto y se generan una impresión, un perfil, una idea o imagen de las personas, se asumen riesgos de impacto social y cultural en su vida presente y futura.

Indudablemente, los profesionales en psicología y, en especial, aquellos que mediante su ejercicio habitual interactúan con personas para su evaluación, cum- plen con deberes y obligaciones morales respecto a su ejercicio y, sobre todo, al producto de su intervención. Estos retos están enmarcados en la ética profesional y se agrupan a través de la deontología. Este mecanismo proporciona al profesional una serie de herramientas administrativas para que su ejercicio sea satisfactorio y tenga altos estándares éticos (Aragón Borja, 2015).

Desde 1953, se han planteado manuales de ética y códigos deontológicos que orientan el ejercicio profesional de la psicología, rescatando la actuación del profesional cum- pla con elementos como la competencia, la integridad, la responsabilidad profesional y científica de su ejercicio y el respeto por los seres humanos, desde su bienestar hasta las responsabilidades que adquieren al establecer relaciones profesionales (Aragón Borja, 2015). La responsabilidad es el indicador ético que más se debe destacar en el ejercicio de la medición y la evaluación, dado que, al hacer diagnósticos o juicios sobre las personas, se puede afectar su desarrollo natural.

Esto obliga a hacer evaluaciones con alto nivel de experticia, en cumplimiento de los manuales e indicaciones de los autores, y con precisión en los conceptos que se emanan, puesto que estos son requeridos por instituciones u organizaciones en las cuales las per- sonas tienen acceso a los resultados y, por tanto, a las características más privadas que se aborden en la evaluación.

La evaluación de las potencialidades humanas es de gran interés para los diversos ámbitos de desarrollo, desde las instituciones de educación en la infancia hasta escenarios de atención en salud y ámbitos laborales, por lo que la evaluación y la medición deben estar siempre en manos de expertos profesionales en psicología que tengan destreza en el manejo de los instrumentos y la información, y estén calificados en la redacción de los informes que contengan lo necesario y éticamente competente para la institución o ámbito que solicita la evaluación (Aragón Borja, 2015).

Por lo anterior, uno de los principales criterios para la práctica de la medición y la evaluación a través de la medición de aptitudes y competencias es garantizar que los instrumentos cuentan con respaldo suficiente en términos de confiabilidad y validez, que el acceso a los mismos está autorizado por los autores o editoriales dueños de los derechos y que se tienen los documentos originales (cuestionarios, hojas de respuesta, manuales de calificación, etc.). Una vez se garantiza la validez de los instrumentos, el siguiente criterio es contar con la capacitación y calificación suficiente para la aplicación de la prueba o la realización de evaluaciones con baterías completas. Las evaluaciones realizadas por psicólogos inexpertos pueden llegar a tener un impacto negativo en los resultados, afectando el desempeño de las personas en la ejecución de la evaluación (Aragón Borja, 2015).

La evaluación no exige únicamente habilidades en la admi- nistración de los instrumentos seleccionados, también exige condiciones propias y habilidades del investigador o psicó- logo que realiza el proceso. Estas habilidades se enmarcan en lo que se conoce como el Rapport, que no es más que la relación de empatía que se establece entre el evaluador y el sujeto que participa del proceso. Para ello, se sugieren ele- mentos como mantener la relación en el marco del respeto, no superar los límites de confianza, ser sincero y establecer un ambiente cálido que le permita a la persona desempe- ñarse de la mejor forma posible (Aragón Borja, 2015).

Rapport

Relación terapéutica en conno- tación positiva de confianza y seguridad.

Figura: 1. Fuente: freepik.com/ 160839-OV2ZX4-155

Como se ha descrito, el proceso de evaluación y medición tiene algunos riesgos, como, por ejemplo, la invasión de la vida privada de las personas y la posibilidad de ventilar condiciones de la persona que sin la evaluación no serían conocidas. Sin embargo, un mecanismo que permite superar dichos elementos y acceder a la información sin afectar al sujeto participante es la elaboración y firma de consentimientos informados.

Con esta herramienta, el evaluador tiene autorización explícita del participante para realizar la evaluación y usar los resultados. Usualmente, se incluyen condiciones como retiro voluntario e incluso la decisión de no permitir el uso de los resultados, según se planteó en el objetivo de la evaluación. La mayoría de las veces este hecho de invasión se relaciona con la evaluación producto de investigación y no se asocia al contexto clínico, donde se hace un psicodiagnóstico o se establecen condiciones afectivas. Para evitar cualquier tipo de implicación o connotación negativa de la evaluación, se sugiere siempre formular consentimientos informados y firmarlos con los clientes o pacientes (Aragón Borja, 2015; Hogan, 2004).

Otro elemento que vale la pena destacar dentro de las implicaciones éticas de la práctica de la evaluación y la medición es la confidencialidad. Si bien el sujeto a través de la herramienta del consentimiento informado autoriza la evaluación y el uso de los resultados con un objetivo específico, también autoriza el uso de los mismos en diferentes funciones, como en el caso de los procesos de selección para acceder a un trabajo o a la educación formal.

Figura 2. Fuente: shutterstock/406902424

Video

Lo anterior significa que no solo el sujeto conocerá sus resultados, sino que, probable- mente, estos se someterán a algún tipo de socialización en la institución que solicita la evaluación. Para ello, es fundamental que el psicólogo siga las indicaciones de los códigos de ética sobre el manejo confidencial de la información y revele los datos solo cuando en función de la ley le sean solicitados o el dueño de los resultados realice dicha solicitud o autorización de divulgación, sin dejar de lado la relevancia de la información que se suministra y la pertinencia para el auditorio que conocerá la información (Hogan, 2004).

Lectura recomendada

Para conocer las implicaciones éticas del ejercicio de la psicología en Colombia, se sugiere revisar la Ley 1090 de 2006.

Ley 1090 de 2006

Congreso de la República de Colombia

La comunicación de los resultados de la evaluación y la