La teoría fundamentada es un método de investigación cualitativa. Sus orígenes se encuentran en la escuela de sociología de Chicago y en el desarrollo del interaccionismo simbólico a principios del S.XX., así como en los desarrollos teóricos de la sociología cualitativa (cf. Davis, 1997). Es una corriente que se constituye como alternativa a las teorías funcionalistas dominantes en la sociología de la época.
La principal apuesta de la teoría fundamentada es superar la metodología clásica de la comprobación de hipótesis para animar a la generación de conceptos originales como resultado de su método particular. El estudio se inicia con una pregunta general sobre la problemática de estudio y no se apoya en un marco teórico rígido. Por el contrario, las categorías de análisis son generadas desde los propios datos, a su vez, las propiedades son conceptos generados de las propias categorías.
A partir de las interpretaciones de los datos, que implican el uso del muestreo teórico y la comparación constante, se produce un proceso de complejización del fenómeno estudiado, como también “un constructo teórico ajustado y próximo al fenómeno observado” (Strauss y Corbin, 2002: 81-93). Emergen los rasgos distintivos de este o aquel grupo humano/a (teoría sustantiva), tras asumir que la ambición de la investigación tradicional de definir lo “universalmente humano” (teoría formal) no es posible.
El procedimiento general de este tipo de investigación consiste en codificar datos que resultan interesantes a través del análisis comparativo constante y tal como los datos van apareciendo. En ese sentido, a lo largo del trabajo de investigación, procedimos con el objetivo de crear categorías teóricas a partir de los datos obtenidos en campo y del análisis constante de las relaciones relevantes entre ellas. Realizamos operaciones de recolección de datos, codificación, análisis e interpretación de la información. De este modo, construimos una teoría fundamentada en los datos y en el trabajo de interpretación.
Los criterios usados para evaluar el trabajo de investigación, basado en los procedimientos de la teoría fundamentada, implicaron atender al grado de ajuste de la teoría emergente, es decir, que se sustente en la experiencia de las mujeres y que explique la mayor variedad de experiencias posibles. También, atender a la relevancia de los resultados parciales del estudio, así como a la posibilidad de la propia teoría de modificarse, es decir, de acomodarse a nuevos hallazgos (cf. Glaser, 1978).
A nivel general, para obtener datos sobre el objeto de la tesis, realizamos entrevistas en profundidad y, junto a las observaciones, fuimos interpretando los datos de manera permanente. Luego codificamos32 la información en categorías analíticas para volver a contrastarlas con las entrevistas de las mujeres y las observaciones en campo. Este trabajo no cesó hasta que los códigos se saturaban de información.
De manera que para lograr un análisis más complejo y amplio de las culturas políticas de las mujeres, debemos diferenciar analíticamente entre aquellas dimensiones que intervienen y condicionan la constitución de las
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En el trabajo de codificación de los datos, procedimos en un primer momento de manera manual y luego, a través del ATLAS.ti, software profesional para el análisis cualitativo de datos.
culturas políticas y las dimensiones descriptivas que hacen a las culturas políticas propiamente dichas. Cuestiones que en la teoría preexistente suelen no estar diferenciadas. De hecho, se trabaja a nivel general descripciones de la cultura política que atienden, sobre todo, a la actitud que las mujeres demuestran hacia la política, a estadísticas sobre la ocupación de puestos formales de poder, a análisis de prácticas políticas o sobre discursos sobre la política, sin atender a otros espacios y temas que, sin referir explícitamente a política, se encuentran atravesados por ella. También, descuidando aspectos particulares que asumen dichas culturas según la posición que ocupe la mujer, las trayectorias, etc. Diríamos que acaban estudiando los condicionantes de las culturas y omiten analizar las particularidades que adquieren según la agencia de cada una de las mujeres, lo cual es posible de observar con un análisis micro-social. Por eso, nos propusimos ampliar y complejizar los análisis precedentes.
Encontramos que las prácticas políticas son condicionadas por procesos históricos que hacen a las culturas políticas, como la relación de las mujeres con el Estado, su género y la política. Como también, según las posiciones que ocupan, las trayectorias de vida, los límites y las oportunidades del contexto, son las capacidades de agencia de las sujetos. Lo cual permite comprender las disímiles oportunidades y limitaciones a sus prácticas políticas. Todo esto, en principio, condiciona el modo de ver, de sentir y de pensar el mundo; prácticas, creencias y discursos legitimadores o no de la cultura política dominante.
Entre las dimensiones que describen las culturas políticas, encontramos lo que las mujeres dicen y valoran en sus discursos, así como también las prácticas cotidianas que realizan -tanto en el ámbito público como privado- a pesar de los condicionamientos que pesan sobre ellas. También las experiencias y sentires que nos permiten comprender lo que las mujeres logran agenciar a partir de sus contextos. Lo que llamamos dimensiones descriptivas de sus culturas políticas.
En definitiva, las culturas políticas se describen a partir de valoraciones, creencias y prácticas que dirimen poder, visiones sobre la política y el mundo social en general, emociones. También, a partir de sentimientos que comparten en común ciertos grupos sociales de acuerdo a su género, la clase, el origen geográfico, las trayectorias históricas, etc., pero que a su vez los diferencian y conflictúan al interior de dichos grupos porque no todos/as piensan, sienten y hacen de la misma manera en similares contextos.
Especialmente, nos importan los conflictos que las mujeres mencionan en sus entrevistas, las diferencias que se producen en las prácticas políticas cotidianas que hemos observado, y cómo se producen de acuerdo a la condición de género, de “ser mujeres” en las comunidades de análisis; con las particularidades que asume en cada una de las mujeres según su origen geográfico, sus experiencias familiares, comunitarias e históricas, en base a la posición social, económica y a la edad. Así también, en vinculación con las relaciones sociales que gestionan y acceden, a sus trayectorias previas de participación, entre otras dimensiones que analizamos, sin perder de vista ciertas regularidades como grupo.
A continuación, presentamos un gráfico para esquematizar las ideas que venimos desarrollando, organizar la información, construir las apreciaciones que nos van a permitir estudiar los casos que proponemos en la tesis y dar cuenta de la importancia de hablar de cultura política en plural, diversa y situada, con perspectiva de género. En él exponemos las dimensiones que intervendrían en la emergencia de las culturas políticas y aquellas dimensiones que pueden ser útiles para describirlas y comprenderlas.
Descripción del gráfico: A la derecha se representan las dimensiones que describen las culturas políticas de las mujeres en sus vidas cotidianas y comunitarias. A la izquierda, en flechas, se detallan aquellas intersecciones de la posición que se constituyen en dimensiones condicionantes de las culturas políticas y son a su vez constituidas por estas dimensiones.