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4.3 TQM implementation factors

4.3.1 Top management commitment

silvícola

Al igual que otras actividades agro- pecuarias, la silvicultura uruguaya

goza de ventajas comparativas en el ámbito internacional,6 mientras que algunas de sus peculiaridades la dis- tinguen de la mayoría de los rubros. Algunas de estas especificidades se deben a las características biológicas del cultivo (como la prolongada duración del proceso productivo), y otras a la intervención estatal.

A diferencia de otras activida- des agropecuarias, la silvicultura es un proceso plurianual con una duración mínima de entre ocho y diez años, aunque –en algunos casos– puede extenderse a varias décadas. Esta característica, deter- minada por el ciclo biológico de los árboles y el tipo de madera que se obtiene, tiene importantes conse- cuencias sobre los flujos financieros del negocio forestal. El horizonte de planificación de los agentes que participan en el negocio forestal es sustancialmente más largo que el de buena parte de los empresa- rios (fundamentalmente los de los rubros agrícolas), que usualmente pueden planificar y tomar buena parte de sus decisiones para un período mucho más breve, cercano al año. De modo que las eventuales variaciones de los precios relativos afectarán en forma desigual a las empresas forestales, según la etapa del proceso productivo en la que

se hallen, al tiempo que los costos financieros asociados con el «valor tiempo» del dinero adquieren cru- cial importancia.

Ciertamente, los ingresos de los bosques que proveerán madera exclusivamente para la cadena «celulósico-papelera» están con- centrados fundamentalmente en el momento de la tala rasa, mientras que casi la mitad de los egresos tiene lugar al inicio del ciclo, en el momento de la plantación, y aproximadamente la otra mitad al final del mismo, mientras que –como no requiere de un manejo silvícola específico– el manteni- miento durante los años inter- medios tiene un costo mínimo. En nuestro país, la mayoría de los bosques destinados a la producción de pasta de celulosa son del género

Eucalyptus (fundamentalmente de

las especies Eucalyptus globulus y

Eucalyputs grandis),7que registran

elevadas tasas de crecimiento físico en el contexto internacional, de modo que la cosecha puede rea- lizarse cuando los árboles tienen entre ocho y diez años.

Por su parte, la materia prima para la cadena maderera proviene actualmente de bosques de Pinos o de algunas especies de Eucalyptus (fundamentalmente Eucalyptus

grandis), los que requieren un ade-

cuado manejo silvícola –a través de podas y raleos– para obtener trozas

5. Se trata de agrupamientos de pequeños inver- sores que, bajo diversas modalidades jurídicas, establecen contratos para el mantenimiento, ex- plotación y la comercialización de los montes.

6. Uruguay está ubicado en la misma latitud que varios países en los que se desarrollan empren- dimientos forestales de gran importancia, como Sudáfrica, Nueva Zelanda, Argentina y Chile. Cuenta con condiciones naturales favorables para la forestación (clima templado, distribución uniforme de lluvias, influencia marítima en la zona sur, etc.), lo que permite obtener tasas de crecimiento físico de los árboles superiores a la que se obtienen en varios de los países dedicados a la forestación, en especial respecto a los del hemisferio norte, lo que posibilita el corte final a edades más tempranas de los árboles.

7. La madera de un bosque de Eucalyptus grandis puede utilizarse tanto para pulpa como para aser- río, aunque el destino debe determinarse en los primeros años de vida del bosque, ya que, si no se realiza el correspondiente manejo, la madera obtenida no tendrá la calidad como para ser aserrada. No obstante, en general la celulosa del Eucalyptus grandis no tiene una aptitud papelera tan favorable como la del Eucalyptus globulus.

aserrables.8 Los flujos financieros y el ciclo productivo de estas planta- ciones son muy distintos a los de los bosques para celulosa y varían apreciablemente según el género y la zona donde se localice el bosque. Tanto los ingresos como los egresos están más distribuidos a lo largo del ciclo productivo –que, además, es mucho más largo–. En efecto, entre el momento de implantación del bosque y la cosecha final se puede comercializar la madera obtenida en, al menos, dos raleos, lo que implica un flujo de ingresos y egresos entre la plantación y el corte final. La edad de la cosecha final de un bosque de

Eucalyptus grandis es de entre 18 y 20

años en nuestro país, mientras que, cuando los árboles tienen entre seis y siete años, se puede realizar el primer raleo comercial y, aproximadamente tres años más tarde, el segundo. Los bosques de Pinos usualmente se cortan entre los 22 y 25 años de plantados, al tiempo que se pueden hacer hasta tres raleos comerciales.

Las principales etapas de la pro- ducción silvícola son: la implantación del bosque, el mantenimiento y la

cosecha. Tanto la primera como la última son actividades intensivas en mano de obra, combustibles y maquinaria. La etapa de implanta- ción comprende la obtención de los plantines, la preparación del suelo, el control de hormigas, la fertilización y la plantación, además de la instala- ción de alambrados y la reposición de plantines. La etapa de mantenimien- to consiste en tareas anuales de repa- ración de alambrados, prevención de incendios, supervisión y vigilancia, y tareas en momentos puntuales como el control de hormigas (en el segundo año del bosque) y la mejora de la caminería (poco antes de la cosecha). Por su parte, la cosecha incluye las siguientes tareas: apeo, desrame, trozado, descortezado, transporte del monte a la calle y carga sobre ca- miones. Buena parte de las empresas forestales opta por contratar los servi- cios de plantación, inventario, poda, raleos y cosecha a terceros, ya que requieren un componente muy im- portante de mano de obra calificada y semicalificada y, en algunos casos, de maquinaria específica.9 Por otra parte, mientras las tareas de implantación,

mantenimiento y manejo silvícola se realizan fundamentalmente sobre la base de criterios técnicos y biológicos, la decisión empresarial acerca del momento de la cosecha se determina atendiendo, entre otras variables, al precio de la madera (actual y espera- do), a la evolución (pasada y futura) de las tasas de interés y a los costos de cosecha y transporte interno, además de la edad de los árboles que permita maximizar la productividad media del bosque.10

Como se señaló, la política de promoción forestal limitó los beneficios fiscales y subsidios a la implantación de bosques de deter- minadas especies que se asienten en suelos declarados de prioridad forestal por su escasa productividad agrícola-ganadera.11

8. La poda consiste en la eliminación parcial de las ramas inferiores de los árboles, lo que permite obtener madera libre de nudos y otros defectos, que es la más demandada por la industria del aserrío. Aunque las ramas y hojas podrían usarse como fuente de energía, hasta el momento no son comercializables, sino que se dejan en el bosque como desperdicio, devolviendo a la tierra parte de los nutrientes. Los raleos consisten en entre- sacar los árboles más delgados, con torceduras o defectos, reduciendo la densidad de plantas por hectárea; ello permite que los mejores árboles, que permanecen en el bosque, obtengan la mayor radiación solar y nutrientes del suelo y logren troncos menos defectuosos y con mayor diáme- tro. Durante el ciclo productivo se realizan varios raleos para obtener madera aserrable de calidad. Generalmente, los troncos obtenidos en la primera entresaca no tienen un diámetro suficiente que permita su comercialización, mientras que buena parte de los que se extraen en los siguientes raleos puede venderse para hacer pulpa o para aserrío.

9. Vale la pena mencionar algunos problemas relacionados con el empleo en los servicios a la forestación. Por un lado, existen indicios de que una parte de las empresas contratistas –especialmente las informales– no respetarían adecuadamente los derechos laborales de sus trabajadores, al tiempo que pagarían salarios extremadamente bajos. Ello parece ser un mal compartido con otros rubros agropecua- rios, lo que requeriría la acción de las autoridades competentes. Por otra parte, la creciente demanda por parte del sector forestal de peones especializados en tareas de poda y raleo habría generado reciente- mente un desajuste en ese segmento del mercado laboral. Al obtener mejores retribuciones en las plantaciones forestales, muchos trabajadores espe- cializados abandonaron sus tradicionales empleos en los rubros citrícola y frutícola, trasladando el problema a dichos sectores. Se espera que los ma- yores salarios y posibilidades de empleo incentiven la calificación de más trabajadores, aunque ello requerirá que la oferta de los centros de formación se adecue a las necesidades actuales.

10. La combinación de estas variables determi- naría un turno óptimo desde el punto de vista económico (el que maximiza el Valor Acutal Neto de la inversión), que no necesariamente coincide con la edad óptima de corte desde el punto de vista agronómico (el que maximiza el volumen obtenido de madera).

11. El decreto Nº 452/1988 definió como terrenos forestales aquellos localizados en determinadas zo- nas del país (costas arenosas del litoral sur –desde la desembocadura del Río Negro en el Río Uruguay hasta el Río Chuy, en el departamento de Rocha–, márgenes del Río Negro, márgenes de los ríos Ta- cuarembó Grande, Tacuarembó Chico, Yí, Santa Lucía y San José) o pertenecientes a determinados grupos de suelos, según la clasificación CONEAT. Aunque el concepto de suelo de prioridad forestal se vincula con condiciones de aptitud, clima, sue- los, ubicación y demás características inadecuadas para cualquier otra explotación agropecuaria, la reglamentación habría sido excesivamente amplia, de modo que abarcó también algunos suelos con una productividad agrícola-ganadera aceptable; dicha definición sufriría cambios a partir de 2006. Adicionalmente, aquella reglamentación estableció que un bosque se considerará «de rendi- miento» si está formado por las siguientes especies: Pinus elliotti, taeda y pinaster, Eucalyptus grandis, saligna, globulus y sub especie maidenii; Populus deltoides e híbrido 63/51; Salix alba var, coerulea e híbridos 131-25 131-27, si tiene una extensión mínima de 10 hectáreas, y se encuentra localizado en una zona declarada forestal. Esto también se modificaría a partir de 2006, según declaraciones de la Dirección Forestal.

V. Nivel de actividad y sectores productivos

Este incentivo determinó que 69% de los bosques de más de diez hectáreas plantados bajo proyectos entre 1975 y 2003 fuera del género

Eucalyptus (40% son Eucalyptus glo-

bulus, 22% corresponde a Eucalyptus

grandis y el resto a otras especies),

mientras que 28% correspondió a plantaciones de Pinos.

Asimismo, se produjo una apre- ciable concentración geográfica, especialmente en la zona de areniscas, al norte del país (departamentos de Rivera y Tacuarembó y Paysandú) así como en el litoral oeste (Paysandú y Río Negro) y en los suelos serranos y arenosos del sureste (fundamental- mente Lavalleja) (Cuadro V.AI-1). El departamento que concentra la mayor superficie de bosques artifi- ciales y el más densamente forestado es Rivera seguido de Tacuarembó. En estos tres departamentos se concentra casi la mitad de los bosques artificiales del país. Sin embargo, debido a la elevada incidencia de los costos de los fletes en el resultado económico del negocio, la localización de algu- nos bosques especialmente alejados de los puertos y las carencias de infraestructura ferroviaria se habrían transformado en una traba para la expansión del desarrollo forestal en algunas de esas regiones.

En casi todos los departamen- tos, excepto en Rivera y Tacuar- embó, los bosques de Eucalyptus constituyen la mayor parte de la superficie boscosa. En ambos la mayoría de las plantaciones son de Pinos (64,5% y 59,6% del total forestado), lo que responde en parte a la estrategia comercial de la empresa extranjera Colonvade, una de las más grandes del sector,

que ha concentrado su negocio en la producción y exportación de madera para aserrío.12

La rigidez de la política forestal en relación con las especies de árbo- les promovidas, la escasa experiencia empresarial y la reducida disponibi- lidad de investigaciones científicas, entre otros factores, determinaron que, en muchos casos, se obtuvie- ra una desfavorable interacción sitio-especie-rendimiento, lo que resultó en tasas de crecimiento fí-

sico inferiores a las pronosticadas.13 Estos errores de localización y de manejo sanitario afectaron parti- cularmente a algunos bosques de

Eucalyptus globulus (especialmente

en Paysandú y Tacuarembó), que se vieron perjudicados porque no fueron plantados en los lugares más adecuados, lo que los expuso a stress hídrico, heladas tardías, así como a elevadas temperaturas máximas, lo que favorece la aparición de plagas y CUADRO V.AI.1 SUPERFICIE FORESTADA POR DEPARTAMENTO

Densidad Hectáreas % del total (área forestada / área total) forestadas (1) (en %) (2)

(1) Corresponde al porcentaje sobre el total forestado en el país. (2) Corresponde al porcentaje sobre el área total del departamento. FUENTE: Elaborado en base a datos de la Dirección Forestal - MGAP. Litoral Artigas 193 0,0 0,0 Salto 598 0,1 0,0 Paysandú 94.913 14,2 6,9 Río Negro 89.146 13,3 9,4 Soriano 25.345 3,8 3,0 Colonia 1.906 0,3 0,3 Este Maldonado 19.233 2,9 4,3 Lavalleja 67.017 10,0 7,0 Treinta y Tres 8.124 1,2 0,7 Rocha 25.523 3,8 2,1 Cerro Largo 26.656 4,0 1,8 Centro Durazno 37.690 5,6 3,4 Flores 570 0,1 0,1 Florida 31.923 4,8 2,7 Norte Rivera 125.382 18,7 13,1 Tacuarembó 107.781 16,1 6,6 Sur Montevideo 137 0,0 0,9 Canelones 4.821 0,7 1,3 San José 3.081 0,5 0,7 TOTAL 670.039 100,0 3,8

12. Colonvade S.A. y Los Piques S.A. son sub- sidiarias uruguayas de la empresa Weyerhaeuser Forestlands International, de capitales canadien- ses y estadounidenses.

13. Las principales líneas de investigación –basa- dos en programas de mejoramiento genético– se llevan a cabo en el Instituto Nacional de inves- tigación Agropecuaria (INIA) desde 1992 y en las mayores empresas forestales.

enfermedades debido al poco vigor de las plantas.14

Otras especificidades del sector forestal uruguayo refieren a la te- nencia de la tierra y la forma jurídica de las empresas. Ciertamente, es particularmente elevada la propor- ción de bosques cuyos propietarios son extranjeros. Mientras 10% del total de la superficie explotada del país pertenece a personas extranje- ras o a sociedades comerciales, en el sector forestal esta proporción aumenta hasta 45% del área total de bosques.15 Además, apenas 26% de la superficie boscosa pertenece a personas físicas, mientras que la condición jurídica que predomina es la de sociedades con contrato legal (61,5% del área). Asimismo, los inversores nacionales en el sector forestal se caracterizan por provenir de fuera del sector agropecuario. Sólo 13% del total de la superficie fue plantada por productores agro- pecuarios nacionales, mientras que los inversores nacionales no agrope- cuarios dan cuenta de 42% del área total de bosques artificiales. Por su parte, la naturaleza de largo plazo de la explotación silvícola habría determinado un gran predominio de la propiedad de la tierra como

régimen de tenencia (casi 90% del total de la superficie silvícola, frente a algo menos de 70% de la superficie agropecuaria del país).

Además, se trata de un sector fuertemente concentrado. Si bien en 2000 existían más de 19.000 explotaciones con al menos una hectárea forestada, en la mayoría de estas explotaciones (96%) la superficie era menor a 100 hectá- reas y los bosques se destinaban al abrigo y sombra para el ganado u otros fines no comerciales. Ese año existían apenas 75 establecimientos con más de 1.000 hectáreas de bos- ques artificiales, que concentraban 51% de la superficie total forestada del país.16 De este grupo, los ocho mayores establecimientos (con más de 10.000 hectáreas forestadas) concentraban 28% del total de la superficie de bosques del país.

El crecimiento físico de los bosques, la mayor extracción y el aumento de las exportaciones han transformado la silvicultura en una importante fuente de ingresos. El Valor Agregado Bruto (VAB) del sector forestal se incrementó notablemente desde 1990. En efecto, pasó de representar 3,8% del Producto Interno Bruto (PIB) del sector agropecuario a 9,3% en 2005 (el máximo fue en 2001, cuando representó 14,2% del total de ingresos generados en el sector). Asimismo, según el último Censo General Agropecuario, la foresta- ción ocupaba en forma permanen- te a casi 3.000 trabajadores (de un

total de 157.000 ocupados en el sector agropecuario) y contrataba directamente a 57.800 jornales (3,4% del total) en el año 2000. A ello debe sumarse un número im- portante de ocupados que trabajan en el sector en las ya mencionadas empresas contratistas, de modo que, según la Dirección Forestal, el número total de ocupados en el sector habría ascendido a aproxi- madamente 14.000 en el año del censo, al tiempo que se estima que la demanda de trabajo se incre- mentará apreciablemente en los próximos años, cuando alcance su edad de corte una parte cada vez mayor de los bosques destinados a aserrío.

La fase primaria –destinataria de apreciables inversiones durante aproximadamente una década– ha- bría cedido en los últimos años el primer lugar al sector industrial de procesamiento de la madera. Aunque la superficie de bosques de rendimiento podría todavía du- plicarse en suelos de prioridad fo- restal, el área plantada anualmente disminuyó formidablemente en los últimos años.17 Ello fue el resultado de diversos factores: reducción de los precios internacionales de la madera y derivados desde media- dos de la década de los noventa; dificultades de pago del subsidio del costo de implantación por parte del Estado uruguayo; severas res- tricciones financieras que enfrentó

16. Ello surge del procesamiento de los datos del Censo General Agropecuario de 2000 en «La actividad forestal a través del Censo Agropecu- ario», Ing. Agr. Daiana Martín, DIEA-MGAP, junio de 2003.

17. Mientras en 1998 se plantaron al amparo de la Ley Forestal casi 85.000 hectáreas y más de 50.000 en 2000 y 2001, la superficie de bosques plantados en 2003 fue de apenas algo más de 13.000 hectáreas, aunque –según estimaciones de la Dirección Forestal– parte del dinamismo se habría recuperado en 2004 y 2005. 14. Otro error técnico que se cometió en las

primeras etapas de la forestación generalizada fue plantar, con destino a celulosa, especies de Eucalyptus de bajo rendimiento pulpable debido a su reducida densidad o por su coloración rojiza, lo que implica mayores costos de blanqueo en la fase industrial. Tal es el caso de buena parte de los bosques de Eucalyptus grandis del departamento de Río Negro, lo que podría determinar dificul- tades para su comercialización. No obstante, el mejoramiento genético a través de la selección de «árboles plus» (con comportamiento superior al resto de la población) permitiría obtener pulpa de buenas propiedades papeleras a partir de Eucalyputs grandis.

15. Se trata de información proveniente del Censo General Agropecuario de 2000.

V. Nivel de actividad y sectores productivos

el país en su conjunto durante la recesión, así como la disponibilidad de una considerable «masa crítica» de bosques en el país. A pesar de esa disminución, los bosques existen- tes permitirán la extracción de un volumen de madera –tanto para la producción de celulosa como para paneles y aserrío– suficiente como para abastecer a los numerosos proyectos industriales ya en marcha o en vías de ejecución.

3. La fase industrial: