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Topic A: Production

de mayo de 1938, en un almuerzo en «Soratama», casa de campo de Ignacio Gómez Dávila; el 2 de septiembre de 1939, en un baile homenaje a Gloria Villegas; el 28 de octubre de 1961, en el enlace de Roberto Aparicio Gómez y Pilar Uribe Holguín, en el que fue padrino de bodas; el 29 de octubre de 1968, en el homenaje a Carlos Sanz de Santamaría, y por supuesto, en los grandes acontecimientos familiares como el matrimonio de Nicolás Gómez Nieto con Gladys Pombo Kopp, el 24 de octubre de 1965, en la Capilla de Santa María de los Angeles en Bogotá o el de Juan Manuel Gómez Nieto y Sylvia Pérez Uribe, en noviembre de 1970.

anécdota procede probablemente del hecho de que su hermano, hijo de la primera mujer de su padre Hernando Gómez Tanco, fue candidato presidencial. Sin embargo, aparecen como datos constatados al menos su nombramiento el 31 de marzo de 1943 como miembro de la Comisión de Defensa Económica Nacional en sustitución de Mariano Ospina Pérez, cargo que declinó. De­ bemos resaltar dos cosas, en primer lugar, Gómez Dávila apenas tenía treinta años cuando fue propuesto para ese puesto. En se­ gundo lugar, es especialmente relevante que el cargo económico le fue concedido durante la presidencia del liberal de tendencia socialdemócrata Alfonso López Pumarejo. Aunque sustituiría al conservador Mariano Ospina, cubriendo, en cierto sentido, una cuota. Mucho más adelante, el 22 de mayo de 1968, sería nom­ brado miembro de la Junta Directiva de la Corporación Nacional para el desarrollo del Chocó, con la presidencia de Carlos Lleras Restrepo (liberal) y el ministro Douglas Botero, gran amigo suyo. Compartió la responsabilidad con el conservador Ospina Pérez y el liberal Lleras Camargo, ambos expresidentes de la República. También aparece su participación por designación en el gobierno de la municipalidad de Bogotá o su presencia destacada en actos del partido conservador. Sin ánimo de ser exhaustivos podemos citar su participación el 15 de diciembre de 1970 en el homenaje a Abelardo Forero Benavides como ministro de Gobierno o el 12 de septiembre de 1976 en la comida de honor de Ignacio Vélez Escobar y Raimundo Emiliani Román como presidente y vicepre­ sidente del Directorio Nacional Conservador.

En Notas, recordemos que es su obra primeriza, redactada sin ánimo de publicar en los años cuarenta y cincuenta, nos daba las claves de cómo su relación displicente con la política activa, a la que tantas veces estuvo llamado, no era casual sino que es un ele­ mento buscado de su trayectoria vital, fuertemente vinculado, cla­ ro está, a su ideal del reaccionario auténtico:

«A la política militante, como a la polémica estética, no logra­ mos escapar sino cuando hemos comprendido que ningún ideal dura en el tiempo, y que no vale la pena, luego, luchar por tan vacilantes victorias», Notas, 128.

En cuanto a la justificación de la actividad política, esta solo parece plausible cuando se puede lograr algo, veremos que con el tiempo se ratificará en su impresión de que en las actuales circuns­ tancias eso es imposible:

«La acción política puede justificarse cuando la necesidad de los acontecimientos parece permitir un Estado acorde a nuestro secreto deseo; pero ni la lucha contra lo inevitable, ni el esfuerzo para man­ tener un Estado indiferente a toda nobleza, merecen distraernos de nuestros seguros placeres», Notas, 128.

Al ver las pequeñas infidelidades que cometió a su ideal de vida no podemos sino recordar otra de sus ironías, algo amarga pero extraordinariamente descriptiva de la vida de casi todos noso­ tros: «Vivir es transigir y transigir es envilecerse», Notas, 85.

En el aspecto más puramente económico su actividad estuvo relacionada con el Banco Hipotecario de Colombia, fundado el 21 de abril de 1910 por su abuelo, el general Juan Manuel Dávila, y su padre, Nicolás Gómez Saiz, entre otros. El 13 de junio de 1944 cambia el nombre por el de Banco de los Andes, que se fusionó el 21 de diciembre de 1967 con el Banco de Bogotá. Estuvo en el consejo del Banco de los Andes, probablemente de forma inter­ mitente desde el año 1944 hasta como mínimo el 30 de enero de 1964. Podemos decir, sin desvirtuar al personaje, que su actividad financiera fue muy intensa. Compaginar esta dedicación con su crítica del burgués, excluyendo la presencia de un absoluto cinismo o una especie de doble vida requiere una explicación que esperamos desarrollar en el contexto del reaccionario literario. Como en todo, hay un escolio extraordinariamente lúcido que ilumina la cuestión:

«Clase social alta es aquella para la cual la actividad económica es medio, clase media aquella para la cual es fin.

El burgués no aspira a ser rico, sino más rico», Escolios, I, 323. En este aspecto es claro que Gómez Dávila se comportó siem­ pre con los caracteres que atribuía a los miembros de la clase alta, evitando cualquier tipo de tentación «burguesa».

En cuanto a su relación con la vida cultural de su época, de nuevo tenemos que matizar una impresión que se ha difundido y que le situaría como una figura absolutamente aislada. Es cierto que, aun cuando la referencia a su nombramiento para la Comi­ sión de Defensa Económica lo cita como doctor Gómez Dávila, no hay constancia de que pasase por las aulas universitarias, ni como alumno ni como profesor de la enseñanza regular.

En enero de 1943 presentó una renuncia no aceptada al cargo de calificador del premio de literatura «Ciudad de Bogotá» desig­ nado por el Concejo de la ciudad, junto a él fue nombrado el padre Félix Restrepo, director de la Academia Colombiana de la Lengua.

En la biografía del fundador de la Universidad de los Andes, Mario Laserna reconoce que Nicolás Gómez Dávila, entonces en la treintena, fue su mentor y le aconsejó trasladarse a estudiar a la Universidad de Columbia, lo que mostraría que al menos para otros no entendía que la enseñanza universitaria fuera perjudicial.

A su vuelta Mario Laserna decidió fundar la Universidad de los Andes. En el proyecto fundador aparecen amigos y conocidos de Gómez Dávila como Francisco Pizano de Brigard y Alberto Lleras Camargo. El actual rector Pablo Navas al comentar el tex­ to de homenaje al centenario de Gómez Dávila publicado por la Universidad de los Andes da la clave de la importancia de don Colacho en la puesta en marcha de este proyecto:

«La Universidad de los Andes se quiere unir a esta celebración, porque don Nicolás desempeñó un papel fundamental en su géne-

sis. Además de ser uno de los fundadores, fue miembro activo de su Consejo Directivo en los primeros años, y durante toda su vida fue contertulio de los que tuvieron sus riendas. Mario Laserna, funda­ dor distinguido de esta Universidad, escribió hace unos años que es muy posible que esta institución no hubiera sido fundada sin el apoyo y orientación de don Nicolás»33.

El 26 de junio de 1957 la Universidad Nacional abrió un cur­ so en Bogotá con el genérico título de «Problemas Nacionales». Nicolás Gómez Dávila fue ponente de la quinta semana que se denominó «Presente y futuro de la Cultura en Colombia», el 26 de noviembre de 1980 participó en el Foro ANIF sobre financia­ ción de la cultura en Colombia que llevó por título «La cultura, la identidad y el desarrollo cultural en América». El expositor prin­ cipal fue Arturo Uslar Pietri y colaboraron Germán Arciniegas, Pedro Gómez Valderrama, Nicolás Gómez Dávila y Alvaro Mutis. A estas actividades debemos unir sus escasas pero relevantes pu­ blicaciones en alguna revista universitaria y por supuesto el home­ naje de la Universidad de El Rosario sobre el que volveremos al centrarnos en su obra.

Puede decirse, en conclusión, que Nicolás Gómez Dávila era un miembro destacado de la oligarquía bogotana y que sin em­ bargo tenía un rasgo propio, conocido claramente en el ambiente donde se movía. Este rasgo se componía de su gran biblioteca, su enorme cultura y su dedicación al estudio. Solo muy tardíamente se supo que además había producido una obra sin parangón en el pensamiento del siglo XX en español, hasta el extremo de que Vol­

pi lo incluirá en su Diccionario de obras filosóficas, de donde, por ejemplo, excluye a José Ortega y Gasset.

1 . 5 . La i n f l u e n c i a e n u n r e d u c i d o e n t o r n o

La tardía aparición de los Escolios no significa, sin embargo, que para un reducido grupo de amigos su presencia intelectual no fuera decisiva. A todos nosotros nos ha impresionado la frescura y contundencia de Notas, obra dedicada a sus amigos, en edición no comercial, en los años cincuenta, además se tenía constancia del saber de don Colacho a través precisamente de su conversación. Pizano nos da cuenta de ello al narrar un almuerzo con Mario Laserna que volvía de Alemania:

«El martes siguiente almorzamos con él y Nicolás en el Jockey Club y nos cuenta un poco de su viaje. Comenta con Nicolás lo expuesto por algunos filósofos y teólogos en un congreso en Ale­ mania, al cual asistió por espacio de diez o quince días. Lo extraor­ dinario de la conversación es la profunda erudición de Nicolás y la memoria precisa y fresca que posee. El que parece haber llegado del congreso en Alemania es Nicolás; se mueve con tal precisión en un tema expuesto por Mario de improviso, es capaz de tal precisión, conoce tan claramente los temas y sus figuras principales, y tiene puntos de vista tan personales y maduros, que entendiendo yo muy poco sobre la materia como es este caso, es sin embargo para mí un enorme placer intelectual escucharlo»34.

Dado, sin embargo, lo reducido de este entorno no puede ex­ trañar que el aprecio por la figura del Gómez Dávila siga un mo­ vimiento que va desde el extranjero a Colombia, e incluso de la lectura por autores en otros idiomas a la lectura en español. [ Este viaje de ida y vuelta tiene una explicación. Gómez Dávi- \ la es un autor francés, si se quiere europeo, en el extrañamiento. Posición que comparte con otros latinoamericanos de peso como

34. Piz a n o d e Br ig a r d, F., Semblanzas de un colombiano universal\ 2013,

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