4. PRODUCT REQUIREMENTS
4.2. Traceability requirements
La descentralización política es entendida como la transferencia de competencias de decisión para la provisión de bienes y servicios públicos desde gobiernos centrales a los subnacionales. La transferencia de competencias podría dirigirse tanto a organizaciones del Estado como a organizaciones sociales que también realizan funciones de provisión de bienes públicos (Finot, 2001:41). Por su parte, el equipo DTT4 (2003) señala que la descentralización política es una importante herramienta que ayuda a otorgar a los ciudadanos o a los representantes elegidos mayor poder en la toma de decisiones de los asuntos de sus comunidades y/o municipios. Asimismo, se le relaciona a menudo con el pluralismo político y el gobierno representativo, pero también facilita la democratización al otorgarles a sus ciudadanos o a sus representantes mayor influencia en la formulación e implementación de políticas locales.
El concepto asume que la elección de los representantes en el ámbito local permite a sus ciudadanos conocer mejor a sus representantes políticos y, a su vez, permite a los representantes electos conocer mejor las necesidades y deseos de sus constituyentes. La descentralización política con frecuencia se sustenta en reformas constitucionales o
4 Decentralization Thematic Team (DTT), equipo del Center for International Earth Science Information
Network con la contribución del Banco Mundial.
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estatutarias, en el desarrollo del pluralismo de partidos políticos, en el fortalecimiento de las legislaturas locales, en la creación de unidades políticas locales y en el fomento del interés público de parte de la sociedad civil (DTT, 2003). De acuerdo con Finot (2001:54) y a Álvarez y Castro (1999:4), la descentralización política conlleva dos aspectos esenciales: el empoderamiento local y la autonomía.
El empoderamiento local: La descentralización política implica, en primer lugar,
reconocer a las comunidades territoriales subnacionales el derecho a conformar sus propias organizaciones públicas territoriales, a fin de poder proveerse de bienes públicos y servicios locales, sobre la base de elecciones populares y la aprobación de presupuestos de parte de los representantes democráticamente electos. En segundo lugar, considera la distribución de atribuciones entre los representantes y el ejecutivo local, la forma de elección de ambos y los mecanismos de participación ciudadana, donde se contempla la obligación de rendir cuentas por parte de los elegidos como elemento crucial para empoderar verdaderamente a las comunidades locales. Por ejemplo, Willis et al. (1999:7) señalan que la descentralización política es la vía para
aumentar la participación de las minorías étnicas y los grupos socialmente excluidos.
Si asumimos que la descentralización política aumenta la participación ciudadana, estaremos ante una situación en la que el pueblo toma parte de las decisiones en asuntos que le conciernen y afectan sus vidas. De esta forma, la descentralización funciona como una herramienta o estrategia que genera un empoderamiento del pueblo y un acercamiento entre pueblo y gobierno. En este sentido podemos recurrir a la frase del Presidente Nixon citada por Ornelas (2003:6): “Mientras más alejado está el gobierno del pueblo más fuerte es el gobierno y más débil el pueblo”. Por consiguiente, un pueblo
débil es un pueblo sin poder y está sujeto a manipulación y control.
La autonomía: El otro aspecto esencial de la descentralización política es la
autonomía. Lo que implica, por un lado, el reconocimiento del derecho de las comunidades subnacionales a ejercer su autonomía y, por el otro, que incluso los más pobres puedan realizar autónomamente su respectiva provisión de bienes locales. Así, cuando se liga la noción de autonomía al fenómeno de la descentralización, se está
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reconociendo el reparto del poder tanto en su dimensión territorial como en la pública. Pero en estas dimensiones, como señala Galán (2001:43,45), subyacen dos concepciones de autonomía: una estática o defensiva y una dinámica o relacional.
La primera concepción entiende la autonomía en un sentido defensivo, en el marco de un sistema de distribución del poder en el que existe siempre y en todo caso un centro y una periferia que apunta hacia la existencia de una jerarquía, donde el centro ejerce superioridad frente a la periferia.
En la segunda concepción, en cambio, la autonomía es entendida como un principio organizativo general, en donde todos los sujetos se colocan en un mismo nivel de igualdad. Por tanto, no existen centros ni periferias, y los sujetos se encuentran ordenados según coordenadas horizontales y no verticales. Así, todos los sujetos titulares de poder se encuentran en un mismo plano. De esa forma, el entramado resultante de las relaciones entabladas entre todos los sujetos puede describirse como un sistema reticular, que crea una especie de red en la que cada nudo es un sujeto portador de intereses y cada hilo es la relación que liga a dos sujetos integrados en la misma. La densidad de esa red es muy alta, por cuanto cada sujeto de la trama puede decidir establecer vínculos de conexión con todos los restantes y sin perder su propia identidad.
Por otro lado, la descentralización política es la modalidad en la que normalmente subyacen las otras formas de descentralización, y es quizá una de las que tiene implicaciones más profundas y estructurales, ya que lleva consigo una mayor apertura democrática. En este sentido, Bossier (1990:10) señala que la descentralización política sólo puede ser impulsada por políticos demócratas que estén dispuestos a aceptar los costes políticos del juego democrático.