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Es esencial una concepción amplia y abierta del concepto de cultura. Desde esta perspectiva, la cultura es entendida en un sentido amplio, no como una muestra selecta de productos de alto valor intelectual, artísticos o académicos, dirigida a las altas esferas sociales, sino como señala Lomas (1999: vol. II, 170) “en el sentido en que es habitualmente utilizado por la antropología lingüística y cultural: la cultura como conocimiento compartido adquirido socialmente”, es decir, como “ese bagaje de conocimientos, habilidades, valores, hábitos y normas que una comunidad tiene y comparte en alguna medida”. Y, más tarde, añade la relevancia del lenguaje en este marco (Lomas, 1999: vol. II, 171):

No olvidemos que el conocimiento cultural se transmite casi siempre de una manera verbal por lo que el pensamiento, la socialización y en consecuencia la identidad personal y sociocultural de las personas y de los pueblos están condicionados de una manera innegable por la lengua que hablan y por la lengua con la que construyen significados acerca del mundo.

En los últimos años, las investigaciones antropológicas y transculturales han puesto de manifiesto la universalidad de las capacidades cognitivas e intelectuales de los seres

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humanos pero, como han señalado las aportaciones de la psicología cultural, “la existencia de diferencias en la manera de utilizar dichas capacidades en situaciones concretas de resolución de problemas; y, lo que es más interesante, muestran que estas diferencias están relacionadas con los tipos de experiencias educativas” (Coll, 1991: 26). La influencia de las teorías de Vygotsky, Luria y Bruner es patente, como se verá en otros apartados. Es decir, la aplicación de las aptitudes cognitivas depende del proceso de aprendizaje y de las experiencias educativas en las que cada ser se ha desarrollado en el marco de su grupo social. El aprendizaje (véase Cole, 1981) en el marco de la psicología cultural reconcilia en un marco integrador los procesos de desarrollo individual, tanto de tipo evolutivo natural como los que se atribuyen a aprendizajes específicos, con el aprendizaje de la experiencia humana culturalmente organizada. Es fundamental la interacción con el medio social y cultural. Dice Coll (1991: 27):

La interacción del ser humano con su medio está mediatizada por la cultura desde el momento mismo del nacimiento, siendo los padres, los educadores, los adultos, y, en general, los otros seres humanos los principales agentes mediadores.

Los procesos psicológicos superiores se desarrollan primero en el marco de la relación interpersonal y están influidos por los patrones culturales dominantes. El ser humano se apropia de la Cultura de su grupo social. La Cultura así entendida es amplia e incluye la experiencia acumulada por un grupo social: conceptos razonamientos, ideología, costumbres, valores, etc. y, por supuesto, el lenguaje. En este contexto, señala Coll (1991: 28) que:

[…] la Educación designa el conjunto de actividades mediante las cuales un grupo asegura que sus miembros adquieran la experiencia social históricamente acumulada y culturalmente organizada. Recordemos una vez más que los instrumentos cognitivos de naturaleza simbólica y sus usos, los procesos psicológicos superiores, forman parte de esta experiencia”.

El contexto, pues, no se limita a las circunstancias concretas en que se produce la comunicación (rasgos de los interlocutores, espacio, tiempo, etc.). Silvestri y Blanck (1993: 85-86) describen lo planteamientos de Vygostky y Bajtín desde una perspectiva sociocultural y atienden a los procesos de interpretación de los textos: "El contexto bajtiniano es, en cambio, absolutamente vasto. La enorme serie de textos que forman parte de la trama simbólica de una cultura aporta un contexto a una emisión, y puede

determinar su sentido. El contexto abarca todo el material semiótico-ideológico de una cultura, ubicado histórica y socialmente". Un concepto asociado es el de "intertexto" o la relación que un texto tiene con otros que facilitan su intepretación (otras conversaciones, otros libros, etc.). Más que el intertexto discursivo, lo realmente importante es que el lector (u oyente) reconozca las conexiones, las claves y competencias culturales, literarias y de todo tipo que permiten la recepción de un texto, lo que se ha dado en denominar "intertexto lector". Esta perspectiva es esencial, por ejemplo en el ámbito de la literatura. Así, afirma Mendoza (2001: 41):

La actividad del intertexto conduce al logro de uno de los efectos más atractivos de la recepción literaria, que es precisamente la identificación, el reconocimiento de aspectos discursivos, formales o temáticos que tiene lugar en la confluencia del intertexto de la obra y del intertexto personal del lector. [...] Cuando se produce esa conexión, se alcanza el grado máximo de interacción texto-lector, porque tal confluencia motiva la adecuada cooperación comprensiva e interpretativa.

La idea del intertexto, detalladamente estudiada en el ámbito de la competencia lectoliteraria, puede aplicarse a otras funciones expresivas y receptivas de la comunicación oral o escrita.

Valorando la indiscutible relevancia del contexto en la comunicación propusimos cuatro niveles contextuales que intervienen simultáneamente en el discurso. Nos permiten describir y profundizar en las situaciones comunicativas (Briz, 2003b: 204). Sintetizando aquella propuesta, son los siguientes:

a) contexto humano (hipercontexto), que nos permite crear mundos imaginarios o entender a cualquier ser humano en alguna medida, en el sentido de que conocemos el ambiente en que es posible la vida y las pautas universales de la conducta biológica, psicológica, cultural y lingüística de nuestra especie.

b) contexto general (macrocontexto), coordenadas generales, y relativamente atemporales, que incluyen: el idioma utilizado y el mundo físico, social, histórico o cultural (una época, una comunidad, un país, una cultura, etc.) en el que el discurso es producido.

c) contexto específico (subcontexto), en el que a partir del contexto general de referencia, se produce un marco comunicativo en un mundo determinado constituido por unos interlocutores que intervienen, sus rasgos principales (culturales, físicos, clase social, etc.) y la relación social habitual que tienen (roles, jerarquía, confianza, etc.); las normas de interacción concretas de ese ecosistema humano; los escenarios o marco espacio-temporal general en que se desarrolla; los tipos de texto o discurso (narrativo, argumentativo, etc.); usos y estilos lingüísticos prototípicos; los conocimientos e intenciones comunicativas generales y habituales de cada interlocutor; el conocimiento compartido por ellos (presuposiciones); etc. Para entender el texto es preciso captar el mundo general y la sección o submundo en el que se desarrolla la comunicación.

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d) contexto concreto (microcontexto), en que se produce el episodio comunicativo en que se desarrolla el discurso: situación comunicativa concreta o tipo de interacción que se produce; tema o asunto; objetivos comunicativos de los participantes; marco ambiental concreto físico y social en que se desarrolla; situación psicológica de los interlocutores en la situación experimentada; actitudes observables en la situación y tipo de relación concreta establecida en ese contexto; secuencia, estructura o evolución de la situación comunicativa (partes, capítulos, enunciados, párrafos, etc.); registro lingüístico: formal/informal, culto /coloquial/ vulgar, etc.; características del canal y código utilizados en la comunicación (oral, visual, auditivo, paralenguaje, contexto compartido, etc.); grado de cumplimiento de normas sociales y de las pautas comunicativas o lingüísticas; etc.

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