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4. Principles of Good Excise Administration

4.4 Tracking and Tracing

• Está interesado en las relaciones de poder,

• Está enfocado en la cultura común y el diseño cultural,

• Está interesado en los procesos y mecanismos de socialización e inculturación,

• Está interesado en lel sistema de creencias sociales,

• Busca la relación entre las creencias y el sistema ideológico de una sociedad,

• Investiga la interrelación entre las creencias y la política y los sistemas de parentesco,

• Hace comparaciones transculturales y busca patrones de similaridad, • Hace explícitos los

modelos teoréricos

• Trata de reconstruir las perspectivas culturales y sociológicas del pasado para que los textos se

puedan leer dentro de su

marco de referencia cultural.

Historia de la investigación

El análisis sociocrítico en Europa del siglo 19 en los estudios bíblicos estuvo relacionado con el surgimiento de la clase media. Ésta quería afirmarse de cara al estado y la iglesia. Para lograr ésto, salió del foco tradicional de la historiografía y su investigación tradicional sobre los reyes y figuras de la élite y comenzó a investigar las sociedades del pasado. German Gunkel desarrolló la crítica de las formas, con su búsqueda del Sitz im Leben, esto es, el contexto sociológico. Alegaba Gunkel que todo género literario tenía su contexto vital específico. Por lo tanto, para comprender cada género había que situarlo socialmente (Wilson 24). G. Heinrici interpretó el cristianismo primitivo como una sociedad o una asociación voluntaria del mundo grecorromano tratando de legitimar las iglesias populares en Alemania vis-à-vis la iglesia institucional. Este era el mismo contexto del debate entre la iglesia carismática y la antigua iglesia católica. La pequeña burguesía trataba de gestar su autonomía de los centros de poder tradicional.

Otro elemento que trajo a colación la necesidad del análisis sociológico de las escrituras fue el surgimiento del marxismo como ideología legitimadora de la clase obrera en su pugna contra las condiciones económicas creadas por el capitalismo del siglo 19. Engels y Kausky escribieron libros alegando que el

cristianismo primitivo era una organización de las clases bajas en lucha contra las clases dominantes y que fue perseguido al igual que los obreros revolucionarios14. Varias respuestas surgieron del cristianismo que nuevamente le dieron un impulso a la lectura sociológica de los textos. El trabajo de Deismann planteó que el cristianismo primitivo surgía de las clases bajas. Deismann encontró las óstracas de Egipto donde localizó el griego popular del período del Nuevo Testamento. Infirió que el Nuevo Testamento era producto de gente común de la antigüedad que usaba como vehículo de comunicación la «lingua franca» de la antigüedad.

Karl Lamprecht añadió al ímpetu de la sociología su crítica contra el modelo historicista alrededor de la historia política y las biografías. Alegaba Lamprecht que la historiografía debía abordar asuntos tales como la economía, asuntos sociales, y psicología social. Este tipo de planteo nos llevaba a la necesidad de unas herramientas sociológicas de interpretación del cristianismo primitivo en su mundo social.

La crítica de las formas le dio un nuevo vigor al análisis sociológico. Dibelius y Bultmann hicieron toda una investigación alrededor del contexto vital de las tradiciones sinópticas. El énfasis fue la búsqueda de la situación en vida de la iglesia primitiva. El planteo de que los dichos de los evangelios tenían su contexto vital en alguna tarea medular de la vida de la iglesia, convirtió a la crítica de la forma en un análisis intraeclesial y, por lo tanto, debilitó el énfasis sociológico de

14En la obra On the history of early Christianity, Engels plantea que «el cristianismo era originalmente un movimiento de la gente

oprimida: primero apareció como la religión de los esclavos o de los esclavos emancipados, o de la gente pobre privada de todos los derechos o de gentes subyugada o dispersada por Roma». Marx y Engels, 316, traducción mía.

la historia de las formas. El análisis sociológico se limitó al contexto de la fe (la iglesia) y no al contexto sociológico más amplio.

La escuela de Chicago en la década del 20 abordó el texto sociológicamente. Estudios como los de Frederick Grant, The economic background of the Gospels, y los trabajos de Shirley Jackson, Case Matthews y Shailer Matthews, que abordaron asuntos sociológicos relacionados al cristianismo primitivo y a Jesús como reformador social, han sido los pioneros de una lectura sociológica sobre los textos.

En Latinoamérica, la teología de la liberación con su opción preferencial por los pobres, las mujeres, los indígenas, las culturas africanas y las demás gentes marginadas, sentó lo base para toda una lectura del texto desde la perspectiva de las personas oprimidas. Esto generó toda una gama de lecturas desde la perspectiva de la sociología del conflicto social y otras lecturas que querían reincorporar la voz de los indígenas, los campesinos, la negritud, las mujeres y los marginados en las villas miserias, etc. Algunos de estos autores serán reseñados en este capítulo.

En el campo del Nuevo Testamento, fue Gerd Theissen el que dio ímpetu a esta ola reciente de estudios sociocríticos del texto. Las primeras dos obras de Theissen en alemán han sido publicadas en un sólo volumen en español bajo la rúbrica Estudios de sociología del cristianismo primitivo. Desdichadamente, Editorial Sígueme eliminó el capítulo de la metodología que Theissen presentó en su libro sobre Pablo como capítulo cinco. Fortress y Orbis han publicado este capítulo bajo el título, The sociological interpretation of religious tradition: its methodological problems as exemplified in early Christianity --cuya traducción

literal sería «La interpretación sociológica de tradiciones religiosas: sus problemas metodológicos como son ejemplificados en el cristianismo primitivo».

Plantea Theissen que hay varios modelos para leer sociológicamente los textos: el constructivo, el analítico y el comparativo. El primer modelo repasado es lo que él llama método constructivo. El modelo constructivo se le puede aplicar a todos los planteos del texto sobre grupos o individuos. Planteos sobre los discípulos, tales como que eran pescadores que empleaban obreros (Mc 1.20) o que tenían casas (Mt 8.14) o que eran propietarios de terrenos (Hch 4.36ss), nos dejan saber información sobre la estratificación social del cristianismo primitivo, tanto sobre lo que nos narran los textos como sobre las comunidades que nos legaron este tipo de información en los evangelios. La importancia de esto consiste en que aunque la información que nos dé un texto sea dudosa históricamente sobre lo que se nos está narrando, por lo menos en el contexto sociológico final de nuestros textos esta información era posible. Así que cuando Lucas nos narra que Manaem era un miembro de la corte de Antipas (Hch 13.1) esto, aunque fuera un detalle legendario que pudiéramos dudar de los primeros cristianos, es un detalle que es aceptable y posible para las comunidades de Lucas-Hechos. El detalle importante sobre esta información no es la historicidad de la información sobre Manaem, sino la información sobre el cristianismo lucano y la membresía de clases sociales de la antigüedad en el contexto lucano. El modelo analítico de los textos infiere de cualquier expresión poética, ética, eclesiológica o histórica el substrato de la realidad social de los mismos. No necesariamente la inferencia será directa y clara, sino a veces por deducción. Así que cuando Lucas nos narra que en Antioquía fue

que los creyentes recibieron el nombre de cristianos (Hch 11.26), podemos inferir que hasta este momento los cristianos eran vistos como judíos.

Theissen señala que los conflictos presentados en el texto nos pueden ayudar a inferir los puntos de vista, actitudes, costumbres y otros detalles sociales de los grupos involucrados en estos conflictos. Infiere Theissen del conflicto sobre los alimentos sacrificados a los ídolos en 1 Corintios 8 que este conflicto era sólo para aquellos miembros que podían participar de los banquetes con carne en el mundo grecorromano. Por lo tanto, esto le parece a Theissen ser un asunto de la elite. Sólo los miembros de la elite podían participar de los banquetes en los que se comía carne sacrificada a los dioses de aquel mundo.

Otro lugar donde Theissen plantea que podemos inferir acontecimientos sociales es en los textos que implican normas comunitarias. Discursos que hemos catalogado como reglas de la comunidad, textos parenéticos, dichos de sabiduría y los códigos de la familia grecorromana nos muestran el tipo de conducta social que se esperaba en los textos. Debemos inferir que las prohibiciones pueden implicar que algún tipo de conducta se está tratando de restringir porque está sucediendo. Así, sabemos que la prohibición sobre la misión entre los samaritanos y los gentiles (Mt 10.5-6) estaba tratando de detener una conducta que estaba sucediendo entre sectores del cristianismo primitivo (Hch 8).

Theissen plantea que de los géneros literarios y otros elementos literarios del texto podemos hacer varias inferencias. El griego hebraico del autor de Apocalipsis nos permite inferir que éste era un judeocristiano. Pero no podemos inferir que la mala calidad del griego fuera indicio de ser de una clase social de la

no-elite porque la afluencia de clase social no necesariamente va cogida de la mano de la mejor formación lingüística. De los himnos del cristianismo primitivo reflejados en el texto uno puede inferir los mitos colectivos a través de los cuales el mundo era interpretado por aquellas comunidades de cristianos. Los símbolos en el lenguaje, tales como «el cuerpo de Cristo» nos permiten tener un atisbo de la cohesión de grupo que existía entre los cristianos primitivos que esbozaban su autoentendimiento con este tipo de metáfora. Las parábolas de Jesús presuponen todo un mundo social con sembradores, cosecha, viñedos, terratenientes, prestamistas, esclavos, que requieren una descripción social para comprender estas narrativas.

Un tercer aspecto es abordado por Theissen en este capítulo, los procedimientos comparativos. Debido a que los detalles sociológicos en el Nuevo Testamento son fragmentarios, Theissen plantea que necesitamos ampliar la base de datos con otra literatura del período del Nuevo Testamento, información arqueológica y otras investigaciones sociológicas y antropológicas que puedan servir para ampliar nuestro entendimiento de algunos fenómenos mencionados en los textos bíblicos. Ejemplo de este tipo de análisis sociológico y antropológico son los modelos sobre el mileniarismo como un procedimiento comparativo entre el apocaliptismo y la experiencia con el mileniarismo en la historia de la iglesia y en los estudios antropológicos. Esto nos ampliará la base de datos para comprender el fenómeno apocalíptico que se refleja en muchos textos en el Nuevo Testamento.

Theissen ha sido criticado fuertemente por seguir modelos funcionalistas para hacer una relectura del texto. Pero me parece que la importancia de su

contribución fue clarificar que el texto completo era abordable sociológicamente. El modelo funcionalista, sin embargo, no es esbozado en este capítulo, sino en las secciones sobre los evangelios en su obra. Es en el capítulo titulado «La renuncia a la violencia y el amor al prójimo» que Theissen asume un modelo funcionalista implícitamente. Theissen plantea que las enseñanzas sobre la renuncia a la violencia tenían su contexto sociológico en los conflictos con Pilato y con Calígula. Señala Theissen que «la predicación de Jesús fue una alternativa a la resistencia celote y a las fantasías esenias de una gran guerra futura. ...Jesús formuló el mandamiento del amor al enemigo y de la renuncia a la violencia en un tiempo en el que sus exigencias podían caer en un terreno fértil: las estrategias no violentas ante los conflictos se habían mostrado eficaces ante los romanos» (Theissen, 144- 145).

Theissen ha sido criticado por Horsley y por Crossan alegando que la lectura de estos dichos ha sido localizada en un lugar sociológico incorrecto debido al modelo funcionalista utilizado por Theissen. No es en relación a la opresión política de Roma ni de las clases dominantes en Palestina el contexto sociológico de estos dichos. Estos dichos deben ser localizados más bien en las relaciones sociales conflictivas entre los campesinos mismos. Jesús estaba planteando mecanismos para resolver los conflictos dentro del entorno del campesinado oprimido. El conflicto con las clases tributarias nativas, religiosas y extranjeras

requería una solidaridad radical entre los campesinos. Ante conflictos entre oprimidos, la renuncia a la violencia y el amor a los enemigos era imprescindible15.

Un trabajo desde la óptica de los estudios de la antropología marxista de sociedades agrarias para comprender los orígenes de Israel fue el de Norman K. Gottwald, Las tribus de Yahvé (1979). Gottwald plantea que la explicación sociológica para comprender los relatos de la conquista y la ocupación de la tierra en los textos canónicos es una interpretación posterior a una historia de una revolución social de campesinos contra los señores y sus ciudades en Palestina en los años 1200 hasta los inicios de la monarquía. El tribalismo israelita fue un intento de organizar la vida social de los campesinos bajo una organización igualitaria de agricultores sin la explotación tributaria de las ciudades y sus señores. El yahvismo fue la ideología de esa revolución tribal contra la sociedad jerarquizada en las ciudades.

En la década de los 80 y los 90 hubo una gran proliferación de investigaciones del texto bíblico desde la perspectiva sociológica. Si Theissen fue un pionero en la lectura sociológica del Nuevo Testamento, debemos añadir los trabajos desde la perspectiva de la antropología cultural de Malina (1981, 1987). Malina ha utilizado el modelo de Mary Douglas para leer el Nuevo Testamento.

En el libro The New Testament world, insights from cultural anthropology, Malina entra en una descripción cultural detallada. Se abordan elementos como los valores de vergüenza y honor, el grupo y el individuo, la percepción sobre una

15Horsley plantea que los dichos sobre la renuncia a la violencia y la venganza tienen como «foco claramente las relaciones locales

producción limitada de bienes, el matrimonio y los lazos consanguíneos, y el sistema de pureza. El valor del trabajo de Malina es que nos permite tener una comprensión de los sistemas de valores culturales del mundo del Nuevo Testamento, de manera que no hagamos una lectura del texto antiguo centrada en nuestros valores culturales.

Fernando Belo en su libro Una lectura materialista del evangelio de Marcos ha hecho otra contribución hacia una lectura sociológica y estructuralista del texto. Belo utiliza la sociología marxista para interpretar el evangelio de Marcos como metodología sociológica. La sociología marxista presupone un modelo de conflicto social y la hegemonía de un grupo que controla el poder para recibir los privilegios en una formación social. Belo plantea que en la tradición bíblica hay dos sistemas corriendo paralelamente: un sistema de pureza que sirve para legitimar religiosamente los poderes y privilegios de los grupos dominantes, y un sistema de deber que formulan un contradiscurso desde la perspectiva de la justicia social. De acuerdo con Belo, en Marcos se está reflejando literariamente el conflicto entre la ideología del sistema de pureza versus el contradiscurso centrado en las tradiciones del sistema de deber israelita. Jesús articula el discurso contra el sistema de pureza y a favor del sistema de deber con visión sobre la justicia social. Los opositores de Jesús articulan el discurso que legitima el orden social avalado por el sistema de pureza ritual.

En esta misma clave del modelo de conflicto social pero con una gran cantidad de detalles de la arqueología, la literatura primaria y la antropología

podemos situar los trabajos de Richard Horsley, John Dominic Crossan, Douglass Oakmann y otros.

En la obra Bandits, prophets and messiahs: Popular movements in the times of Jesus, Horsley y Hanson hacen una relectura de las fuentes primarias desde la perspectiva del modelo de conflicto social. Desde esta perspectiva hacen una investigación de la relación de poder y opresión de las clases gobernantes y sacerdotales y el imperialismo helénico y romano y su relación de explotación del campesinado en el período del judaísmo intertestamentario. Traen a colación los estudios sobre el bandidaje social para releer la información sobre los bandidos y la insurrección que culminó con la guerra entre los judíos y Roma en el año 66--70 d.C. Dentro de este mismo marco de conflicto abordan los movimientos proféticos, los mesías populares, los sicarios y el movimiento celota.

Richard Horsley, en Jesus and the spiral of violence: Popular Jewish eesistance in Roman Palestine, aborda desde la perspectiva del coloniaje el contexto histórico social de las tradiciones acerca de Jesús. Luego de hacer una descripción de la violencia institucional generada por los imperios de turno y las clases colaboradoras con el coloniaje y la explotación, aborda la respuesta de resistencia de los intelectuales, la masa popular, los grupos apocaliptistas. Finalmente hace una investigación sobre los dichos y hechos conflictivos de Jesús, incluyendo la muerte violenta en la cruz y el ataque al templo.

Otro texto que nos parece valioso repasar por hacer una descripción social abarcadora del período del Nuevo Testamento es el libro de John E. Stambaugh y David L. Balch El Nuevo Testamento en su entorno social. En esta obra medular,

Stambaugh y Balch hacen una descripción histórico-social del mundo grecorromano y luego entran en una discusión detallada sobre los sistemas de comunicación, la economía, la vida social en Palestina y la vida en una ciudad de la antigüedad. En mi opinión, esta es una de las obras sucintas de mayor calidad para que el lector o lectora del Nuevo Testamento pueda comprender el texto en su contexto histórico-social.

En 1990, un erudito sueco, Bengt Holmberg, publicó un libro titulado Sociology and the New Testament. El valor de este libro fue el uso de varios modelos traídos de la sociología para dirimir asuntos exegéticos en el texto. Haciendo uso de la historiografía social del imperio romano, se planteó la pregunta sobre la estratificación social de los primeros cristianos. Utilizando la tipología de iglesia y secta de Max Weber y Bryan R. Wilson et. al., abordó al cristianismo primitivo como un fenómeno mileniarista. Finalmente abordó la correlación entre el imaginario simbólico del cristianismo primitivo y las estructuras sociales reflejadas en los evangelios, incluido el evangelio de Juan.

Bernard Brandon Scott en Hear then the parable: A commentary of the parables of Jesus, ha hecho uso de modelos de antropología social y agraria junto a un modelo literario para releer las parábolas de Jesús. Es un trabajo exquisito de crítica literaria y antropología. Asuntos como la familia, las aldeas, la ciudad y el extranjero en los estudios antropológicos se abordan para traer nuevas vistas a las parábolas de Jesús. Lo mismo sucede con las relaciones entre amos y esclavos y entre la casa y la finca. Los estudios del campo en la antropología sirven de clave

para abrir nuevas posibilidades de entendimiento a estos textos tan amados y tan enigmáticos.

John Dominic Crossan es un escritor prolífico. En la década de los 70