1.8 Appendix A: Data Description
1.8.2 Trade and Production Data
El nuevo método de investigación, consagrado actualmente como geografía lingüística, nace a partir de la realización de un trabajo de un lingüista neogramático alemán, Georg Wenker, en 1876. Con el fin de demostrar que existían los límites dialectales en una zona de Alemania, este lingüista decidió realizar un estudio dialectal y para ello creó una nueva metodología: redactó un conjunto de cuestionarios directos – “se mostraba a los informantes la forma del alemán estándar […] y se les pedían sus variantes regionales” (Chambers y Trudgill, 1994: 46-47)– exclusivamente fonéticos12
con aproximadamente unas 40 frases que había escrito en alemán literario y que envió por correo a maestros de escuela de unos 30.000 puntos centro-septentrionales de habla alemana para que le fueran devueltas transcritas en el habla local de cada una de las zonas. Una vez hubo recibido los cuestionarios respondidos –no todos los cuestionarios que envió le fueron devueltos–, se dedicó a reunir los datos y representarlos en mapas hasta componer el primer atlas lingüístico que conocemos, pero tal era la dificultad de representación de los datos y tantos los datos que debían manejarse que sólo llegó a publicar en 1881 “un primer fascículo de ensayo, con 6 mapas fonéticos sintéticos” (Sprachatlas von Nord-und Mitteldeutschland)13 en cada uno de los cuales sólo se investigaba un rasgo fonético (Coseriu, 1977: 117). A partir del análisis de los datos obtenidos en los mapas, la hipótesis inicial de Wenker quedó falseada ya que el análisis
12 Que el cuestionario se limitara a la fonética responde quizá a la voluntad de seguir con las investigaciones de la escuela neogramática, puesto que uno de los principales postulados de ésta era el siguiente: “los cambios fonéticos no admiten excepciones” (Chambers y Trudgill, 1994: 37).
13 Según Chambers y Trudgill (1994: 39-40), la obra no se publicó como tal sino que Wenker editó dos grupos de mapas a mano que posteriormente fueron encuadernados por separado bajo el título Sprachatlas des Deutschen Reichs, y se depositaron en Marburg y en Berlín en 1881. En cambio, otros autores como Dauzat (1944 [1922]: 15), Pop (1950: 744), Iordan (1967: 254) y Coseriu (1977: 117) explican que sólo apareció publicado un fascículo en 1881.
de los resultados le mostró que “no existen las fronteras dialectales y, por lo tanto, en sentido estricto, tampoco dialectos”14 (Iordan, 1967: 255).
Los trabajos de elaboración del atlas iniciado por Wenker fueron retomados y modificados en algunos aspectos –Coseriu (1977: 118) explica en una nota a pie de página que el atlas de Wenker comprendía sólo la Alemania centro-septentrional y que posteriormente los encargados de reanudar los trabajos decidieron que el atlas abarcara todo el territorio alemán– en 1926 por F. Wrede, a quien posteriormente acompañaron W. Mitzka y B. Martín. Actualmente, existe un proyecto de informatización del atlas de Wenker que pretende ser completado con datos actuales15.
Siguieron a este primer atlas los trabajos de Hermann Fischer, que empleando el método de Wenker publicó un atlas de Suevia con 28 mapas en 1895:
Hermann Fischer publie le premier Atlas lexicologique, dont les matériaux ont été recueillis par correspondance, l’auteur ayant remplacé les phrases du questionnaire Wenker par cent quatre-vingt-dix mots (Pop, 1950 INTRODUCTION: XLII).
Posteriormente, apareció el atlas dacorrumano 16 (Linguistischer Atlas des dakorumänischen Sprachgebietes) de Gustav Weigand que se publicó en 190917. Los trabajos de elaboración de este último empezaron en el año 1898 y lo innovador del trabajo fue que los datos se obtuvieron como respuestas a un cuestionario mediante una encuesta directa que se realizaba cara a cara con el entrevistado, lo que reducía las posibilidades de error en los resultados por la precisión y la seguridad con la que eran recogidos los datos, a diferencia de lo que sucedía con los dos atlas anteriores ya que las respuestas se recogían por correspondencia. Sin embargo, es necesario destacar que la innovación no debe atribuirse a este lingüista puesto que con anterioridad a su estudio la idea de hacer una encuesta directa cara a cara con los informantes, esto es entrevistar a los informantes “entablando una conversación dirigida” (Alvar, 1991: 26) y transcribir
14 Los resultados obtenidos después de analizar las respuestas de los encuestados parecían “tirar por tierra cualquier presuposición acerca de la ausencia de excepciones en los cambios fonéticos, ya que revelaron una heterogeneidad que previamente resultaba inimaginable” (Chambers y Trudgill, 1994: 38).
15 Puede consultarse el estado actual de los trabajos en la dirección siguiente: http://www.diwa.info/, Digital Wenker Atlas.
16 En la bibliografía, este atlas se ha denominado de dos formas distintas: atlas dacorrumano (Iordan, 1967: 255) o rumano (Coseriu, 1977: 118). En definitiva, debe ser considerado el primer atlas lingüístico de Rumanía.
17 Para más información sobre la historia de los estudios dialectales en Rumanía y la confección del primer Atlas Lingüístico de Rumanía, véase Alvar (1991: 24-27.)
las respuestas en el momento, era algo muy extendido y puesto ya en práctica por algunos lingüistas, como muy bien explica Iordan (1967: 256):
[...] con prioridad a él, Gillièron (1881) y Rousselot (1891) habían procedido de la misma manera (Petit Atlas phonétique du Valais roman y Modifications phonétiques du langage étudiées dans le patois d’une famille de Cellefrouin respectivamente). Es verdad que estos lingüistas no utilizaron un cuestionario como hiciera Weigan, pero en 1895, cuando el sabio alemán comenzó sus investigaciones sobre las hablas dacorrumanas –suponiendo que ya entonces hubiera tenido la intención de publicar un atlas–, la idea de un cuestionario previo a la investigación sobre el terreno se había difundido entre los lingüistas, «estaba en el ambiente» como suele decirse.
Era esperable que la encuesta postal fuera pronto desbancada por la encuesta cara a cara puesto que este tipo de cuestionarios solían dar resultados poco fiables, precisos y seguros ya que los maestros de escuela y los sacerdotes no tenían la preparación científica de los lingüistas para interpretar las respuestas con fidelidad a la realidad.
El atlas, constituido por 67 mapas (entre ellos, 16 sintéticos), que sólo se ocupaban de los aspectos fonéticos de 130 palabras, se publicó finalmente en el año 1909. La recopilación del material lingüístico y su posterior elaboración como atlas perseguía unos fines determinados que, según Alvar (1991: 26), fueron respondidos por el mismo Weigand en la introducción al trabajo en la que él mismo respondía a la pregunta ¿Qué fines persigue el Atlas Lingüístico de Rumanía?:
(a) Conocer la pronunciación rumana del pueblo sin que se vea influida por el conocimiento de la lengua literaria.
(b) Conocer las formas dialectales y su área geográfica, lo que facilitaría la comprensión de la evolución lingüística.
(c) Ilustrar cuestiones fundamentales en lingüística: cada palabra tiene su historia individual, los cambios fonéticos se inician en voces aisladas y sólo se generalizan si están apoyados en una articulación de tipo general.
Aunque antes del trabajo realizado por Gilliéron ya se habían elaborado algunos atlas lingüísticos, el fundador de la geografía lingüística fue, sin duda, Gilliéron, director del Atlas linguistique de la France (ALF), porque fue el que estableció las bases del método que había inaugurado el lingüista alemán Georg Wenker (García Mouton,
1996: 64). El trabajo de este lingüista suizo en relación con la geografía lingüística empezó cuando leyó “Les Parlers de France” que Gaston Paris había espuesto en una conferencia en mayo de 1888 en París y a partir de la cual se cree que se inicia la dialectología en Francia (Portolés, 1986: 59). Entre las diferentes recomendaciones que Gastson Paris realizó en esta conferencia se encuentra la que habría desatado el interés de Wenker por el estudio de los dialectos: llamaba a los lingüistas a que estudiasen los dialectos de una forma más intensa18. Así Gilliéron inició sus investigaciones en el marco de la geografía lingüística que lo llevaron al estudio de las hablas populares francesas –denominadas patois (Alvar, 1961: 53)–, porque se dio cuenta de que éstas veían amenazada su existencia por culpa del “espíritu centralista” (Iordan, 1967: 258) francés. De este modo, los objetivos de su trabajo, según los resume Coseriu (1977: 118), son los siguientes:
(a) La necesidad de «salvar» para la ciencia y para la posteridad por lo menos una parte de la riqueza y variedad histórica de las hablas locales, ya muy amenazadas por la rápida difusión de la lengua común.
(b) La necesidad de una colección de materiales de todos los dialectos, sin lagunas demasiado graves, que permitieran sentar sobre bases más firmes su estudio comparativo.
(c) La necesidad de una colección de material, en lo posible, homogéneo.
Con el fin de recoger material lingüístico que creía que iba a desaparecer en poco tiempo, inició la recopilación de una serie de datos, prestando una especial atención al léxico y a la fonética. El procedimiento que siguió fue el siguiente (Iordan, 1967: 258- 259 y Dauzat, 1944 [1922]):
(a) Elaboró un cuestionario con más de 1900 preguntas con las que se obtendrían respuestas a partir de las cuales se podría extraer información fonética, morfológica, sintáctica y léxica. Esto fue lo que diferenció al ALF de sus
18 Existe un fragmento de la conferencia de Gaston Paris que algunos autores (Iordan 1967: 258 y Malmberg, 1983: 150) han considerado crucial en el desarrollo de la geografía lingüística:
Il faudrait que chaque commune d’une part, chaque mot d’autre, eût sa monographie, purement descriptive, faite de première main et tracée avec toute la rigueur d’observation qu’exigent les sciences naturelles.
antecesores, pues Wenker y Weigand habían redactado los cuestionarios de sus atlas con frases a partir de las cuales pretendían recoger sólo información fonética y en el cuestionario de Gilliéron las palabras aparecían aisladas y con ellas se pretendía recoger material morfológico, léxico y sintáctico, además de fonético (Alvar, 1991: 28).
(b) Fijó los itinerarios (se encuestaron 639 localidades), estableciendo con anterioridad el número de hablas populares que creía que debían constar en el atlas y la situación de cada una de las localidades en que eran propias. “La selección la hizo de tal modo que todos los dialectos franceses, provenzales y francoprovenzales, y sus principales subdialectos, estuviesen representados en el futuro atlas lingüístico” (Iordan, 1967: 259).
(c) Un único encuestador sin conocimientos lingüísticos, Edmond Edmont19, fue quien se encargó de recoger las respuestas en cuadernos. El encuestador debía seguir el método de anotación impresionista que consistía en lo siguiente: una vez recogido el material de cada uno de los puntos de encuesta, Edmont no podía revisarla y debía enviarla inmediatamente a Gilliéron para evitar correcciones que pudieran alterar las respuestas que había percibido inicialmente.
(d) Recopiladas las respuestas se comenzaron los trabajos de elaboración del atlas, que una vez terminado contuvo 1920 mapas.
Los trece volúmenes que componen el atlas fueron publicándose sucesivamente desde 1902 hasta 1910.
El nuevo método fue aplicado del mismo modo por el propio Gilliéron junto a su colaborador, Edmont, en los trabajos de elaboración del atlas de Córcega (L’Atlas linguistique de la France: Corse) que se concibió como la continuación del ALF, aunque el dominio lingüístico era distinto, puesto que la lengua de la isla no era el francés sino el italiano. En 1914 se publicaron cuatro volúmenes del atlas con 800 de los 1000 mapas que debía contener20.
19 Chambers y Trudgill (1994: 41) explican algunos detalles interesantes del encuestador puesto que fue elegido por su “agudeza de oído” y estuvo 4 años recorriendo en bicicleta la campiña francesa para llevar a cabo las encuestas.
20 Para más información sobre este atlas (cuestionario, entrevista, encuestador, elección de las localidades, transcripción fonética y las críticas realizadas al método de Edmont) puede consultarse Pop (1950, I: 530-537).
Fue a partir de la publicación de este atlas cuando los estudios de lingüística, no sólo de dialectología, alteraron completamente la manera de enfocar la investigación del cambio y la variación lingüística revolucionando así la metodología que hasta esa época se había utilizado. Además, el trabajo desarrollado por Gilliéron no sólo impulsó un nuevo método de investigación sino que también permitió desarrollar un conjunto de trabajos relacionados con la dialectología y la variación léxica fruto de la interpretación de los mapas:
Por muy nueva que fuera la técnica de recoger y presentar el material dialectal, tal y como imaginó y realizó Gilliéron, la parte más importante de la empresa tenía que comenzar a partir de aquel momento. Ese conjunto extraordinario de palabras y formas dialectales necesitaba una interpretación para que los lingüistas sacaran provecho de él: los mapas debían ser comentados; la vida de la lengua, presentada en ellos de cierta manera estática, debía ser seguida paso a paso en sus fases anteriores para entender cómo y por qué se había llegado a la situación actual... Solamente después de esto se podría hablar de una nueva disciplina: la geografía lingüística (Iordan, 1967: 263)21.
La publicación del ALF y la consagración del nuevo método de investigación fueron recibidas de formas muy distintas por los lingüistas del momento. Muchos de los compatriotas de Gilliéron se negaban a aceptar que la geografía lingüística fuera un método adecuado para los estudios lingüísticos:
[…] la mayoría de los lingüistas franceses le fueron hostiles desde el comienzo. A la cabeza de ellos se hallaba A. Thomas, que publicó una severa reseña del Atlas linguistique de la France […] Vienen luego M. Grammont […], E. Bourciez, J. Ronjat y G. Millardet. Este último escribió un libro muy voluminoso, Linguistique et dialectologie romanes. Problèmes et Mèthodes (Montpellier-París, 1923), en el que aun ocupándose de los métodos aplicados a todos los aspectos de la lengua (fonética, morfología, sintaxis, etc.), se puede afirmar que tiene como objetivo principal combatir la geografía lingüística, representada por Gilliéron y sus alumnos franceses O. Bloch, Ch. Bruneau y A. Terracher (Iordan, 1967: 314-315).
21 Son varios los autores, entre ellos Iordan (1967), Fernández Sevilla (1975), García Mouton (1990) o Castañer (1990), que insisten en que la geografía lingüística es sólo el método de obtención de datos que permite desarrollar trabajos lingüísticos. Del mismo modo, los mapas que conforman los atlas lingüísticos son, por lo tanto, los medios que deben utilizar los especialistas para sus investigaciones dialectales ya que sin los estudios los mapas de los atlas son simplemente un conjunto de datos acumulados sin interpretar.
Quizá, fueran conscientes de uno de los problemas principales del nuevo método: los datos de un atlas aunque hayan sido recogidos con una máxima fidelidad “no pueden ser nunca otra cosa que la recogida sinóptica de datos instantáneos” (Vidos, 1973: 55) de un individuo y de un momento determinado, por lo que suelen carecer de sinónimos afectivos, burlescos o familiares. Además, también se criticaban otros aspectos del trabajo de Gilliéron basados en la metodología, como Sanchis Guarner (1953) comenta al comparar el ALPI con los atlas que se habían elaborado con anterioridad a él:
a) El cuestionario fue criticado porque se veía insuficiente ya que no trataba todas las cuestiones fonéticas, porque omitía muchas voces regionales fundamentales y por “unitarismo” al no tener en cuenta las diversidades sociales y económicas de las diferentes zonas de la Francia.
b) Los puntos de encuesta no fueron determinados según un plan previo sino que sólo se procuró que las localidades que iban a ser objeto de estudio no estuvieran muy alejadas.
c) El encuestador fue criticado no sólo por el hecho de no ser lingüista sino porque en algunas ocasiones desconocía en su totalidad las localidades en las que realizaba las encuestas. Por ello, también se le criticó el uso exclusivo del francés en todas las encuestas.
En el resto de Europa, en cambio, el nuevo modelo deslumbraba22 y generaba la elaboración de nuevos trabajos dialectales que basaban su investigación en el método de la geografía lingüística.
El primer trabajo de una larga serie surgió en la Península Ibérica, concretamente en Cataluña, donde en 1912 Antoni Griera23 inició los trabajos de elaboración del Atles Lingüístic de Catalunya. No debe sorprender que el primer atlas de la Península Ibérica se elabore sobre el catalán y no sobre el español, pues, en lo que respecta la lingüística española, puede afirmarse que en el siglo XIX “quedó, en sus líneas generales, al margen de la elaboración científica” (Iordan, 1967: 442), a diferencia de lo que sucedió
22 En relación con la importancia de la geografía lingüística en la historia de la lingüísica románica, puede consultarse Vidos (1959 [1973]: 80-83).
23 Antoni Griera fue uno de los dialectólogos más importantes de la Península Ibérica de principios de la primera mitad del siglo XX. Dedicó la mayor parte de sus trabajos a la investigación de la lengua catalana (los límites dialectales del catalán; los orígines del catalán; un manual sobre dialectología catalana) y siguiendo los pasos de su maestro Gilliéron decidió completar sus trabajos de dialectología catalana con la elaboración del Atles Lingüístic de Catalunya.
con el estudio del catalán, pues Antoni Griera, que fue discípulo de Gilliéron, concibió su proyecto (ALC) como la continuación del ALF –aunque Alvar (1991: 28) comenta que el modelo de Griera fue el atlas de Córcega y no el de Francia– no sólo porque Cataluña lindaba geográficamente con Francia por el norte sino porque se empleó la misma metodología en su elaboración: un solo encuestador se encargó de recoger todo el material que se ordenó posteriormente de forma alfabética. Al considerarse un atlas “ortodoxamente gillieroniano”, se ha clasificado entre los atlas de la etapa inicial de la geografía lingüística.
Antoni Griera recopiló información de 101 localidades de habla catalana (Cataluña y zonas adyacentes de Aragón, Valencia, Baleares, Pitiusas (Ibiza), Andorra, Rosellón (Francia) y Alguero (Cerdeña)) con un cuestionario de 2.886 preguntas en 10 años (Coseriu, 1977: 124). La compilación del atlas empezó a publicarse en 1923 antes de la Guerra Civil, en 1939, se habían publicado cuatro volúmenes –se vio interrumpido en la palabra els estreps, un punto bastante inicial del atlas si se tiene en cuenta que seguía un orden alfabético de los mapas, como había ya hecho Gilliéron en el ALF–. El resto de los volúmenes previstos, hasta ocho, continuaron publicándose a partir de 1962, cuando Antoni Griera fue ayudado por Antoni Pladevall, quien completó las encuestas. Entonces pudieron elaborarse los mapas que faltaban, aunque las expectativas que se habían puesto en él no podían cumplirse satisfactoriamente puesto que desde el inicio de la publicación hasta el fin de ésta habían pasado 40 años y los trabajos se habían terminado con exploradores y sujetos diferentes “respondiendo a sincronías separadas por casi medio siglo, forzando la encuesta a lo ya impreso, etc.” (Iordan, 1967: 446).
En sus inicios el atlas fue muy bien recibido por la comunidad de investigadores que trabajaba con la geografía lingüística, Jaberg realizó muy buenas críticas al ALC e incluso afirmó que este atlas era el puente que hacía llegar al resto de la Península Ibérica la geografía lingüística y que gracias a él podrían originarse trabajos parecidos para las otras variedades lingüísticas que se hablaban en la Península Ibérica. Sin embargo, el atlas también fue criticado por seguir la metodología de Gilliéron, ya que en algunos aspectos había quedado totalmente desfasada desde que se empezara a publicar el AIS:
(a) el orden alfabético de los mapas no facilitaba la consulta ni la agrupación de los datos, que simplemente quedaban recopilados sin ningún sentido semántico;
(b) la ausencia informantes de sexo femenino también fue un aspecto criticado, no sólo porque no siguiera al ALF (en el atlas de Gilliéron la proporción de mujeres era del 8,4% del total de los informantes) sino porque los argumentos que empleaba para no incluirlas como informantes quedaron pronto obsoletos cuando otros atlas incluyeron un importante número de mujeres como informantes24. García Mouton (1999: 35) resume los argumentos que Antoni