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3.5 Learning theories

3.6.3 Training design (training level) Learning preferences and needs assessment:

La pequeña Konemi no sabía que a partir del día Lunes la rutina de las antiguas sacerdotisas era distinta del día anterior, pensaba que nuevamente iba a compartir un hermoso día en la compañía de ambas, pero estaba equivocada, a su juicio era muy temprano, todavía necesitaba descansar, pero no podía.

- Vamos Konemi, tienes que levantarte, dijo Himeko. - Por qué tengo que hacerlo mamá-Himeko?

- Van a ir algún lado si mí?

- No pequeña, es sólo que tenemos que llevar a Himeko al trabajo, le dijo su otra madre.

- Pero no quiero levantarme, tengo sueño

- Tienes que levantarte, no puedes estar sola en casa, eso sería peligroso, le dijo Himeko.

- Pero que peligro puede haber, además acuérdense que viví por mis propios medios una semana.

- Es que tuviste suerte, le dijo Chikane.

- Acaso no quieres acompañarme pequeña Konemi, le dijo dulcemente Himeko Himeko ya le había tomado gran cariño a la pequeña, se sentía como una verdadera madre, aunque nunca pensó que de verdad se pudiera convertir en una, al contrario de Chikane, que aún dudaba del motivo real del porqué la diosa de la espada estaba con ellas, pero de alguna forma u otra le estaba empezando a agradar la compañía, ya no estaría sola en esa casa cuando su querido ángel estuviese en el trabajo, esa idea le agradaba bastante.

- Está bien, mamá-Himeko, dijo la pequeña sin mucho ánimo

Himeko fue hasta el armario para elegir que prenda usaría la niña, su elección fue un vestido rosado con unos vuelos blancos de manga larga, acompañado de un suéter blanco.

La pequeña Konemi aún no se acostumbra a viajar en el vehículo, pero lo esta

haciendo mucho mejor que ayer, cuando se mareó y se fue durmiendo la mayor parte del tiempo cuando volvían a casa, incluso fue incapaz de despertarse, pero eso le dio la oportunidad de sentir una vez más los cálidos brazos de su antigua sacerdotisa de la Luna, que ahora la llama cariñosamente mamá-Chikane, aunque estaba segura que su madre no quería que estuviese con ellas, ese simple gesto le decía lo contrario. El viaje ha sido mucho mejor que ayer, ahora estaba disfrutando del paisaje, admirando los grandes edificios, de los hermosos árboles que adornan las calles, mirando lo que hacen las personas, mirando hacia el bello cielo que está acompañado por algunas pequeñas nubes y dentro del auto se relajaba gracias a la música que sonaba en los parlantes y a veces escuchando con atención la conversación que tenían sus madres. Madre esa palabra le gustaba demasiado, ella que es una diosa no conocía de ella antes de venir a la Tierra, la descubrió en su segundo día de haber llegado a la ciudad, estaba caminando por una de las avenidas de la capital de Tokio, ya no estaba tan asustada como el primer día, sentía que alguien le estaba ayudando, por eso se aventuró a caminar por aquel lugar, donde finalmente encontró a una señora con un niño pequeño, el niño que estaba corriendo de un momento a otro se cayó al suelo, golpeando sus rodillas, de inmediato comenzó a llorar, cuando la señora que lo acompañaba lo vio, se acercó a él, lo acurrucó entres su brazos y le dio un suave beso en la frente, con eso él niño había dejado de llorar, la pequeña diosa se admiró tanto de ese pequeño hecho, que gracias a una caricia pudo aliviar al

niño le dio una amplia sonrisa y la llamó “mamá” , de ese momento le agarró un gran cariño, ya que gracias a su “mamá” el niño paso de estar triste a un gran alivio y felicidad, en ese momento deseo poder experimentar algo parecido.

- Konemi, Konemi, le repitió Himeko - Ah?!

- Veo que no me escuchaste, me estaba despidiendo, ya llegué a mi trabajo. - Lo siento, estaba pensando…

Para despedirse de la niña, Himeko le da un tierno beso en la frente, le dice adiós con una bella sonrisa; la niña le responde con la misma sonrisa y le dice adiós mamá- Himeko.

- Dónde vamos, mamá-Chikane?, pregunto la niña que ahora iba en el asiento del copiloto, ahora tiene una vista más amplia.

- Vamos a ver a mi representante.

- Representante?, miró con curiosidad la pequeña

- Discúlpame Konemi, se me olvida que no estás acostumbrada a ciertas palabras. Para explicarte de manera simple, él es la persona que me ayuda en mi trabajo, él organiza dónde y cuándo tengo mis conciertos.

- Ahh, dijo la pequeña, mientras intenta entender la nueva información.

Les tomó otros 15 minutos de viaje para llegar a la oficina de Motoki-kun, aunque está reunión no estaba planeada, él la atendió gustosamente. Cuando su representante vio a la niña, la miró extrañada, que incluso sacó algunas conclusiones, hasta que

Chikane la presenta como una pariente de Himeko, no tenía ninguna intención de contarle los verdaderos detalles, además es una historia tan increíble que nadie la creería, ni siquiera Motoki-kun, la persona que la conoce hace años, aunque no está segura que le haya creído, pero eso no es lo importante, lo que le importaba era saber los detalles de su próxima presentación. La reunión fue breve ya que aún le quedaba un par de meses para el próximo concierto, esta vez, no sería en el “Tokio Opera”, esta vez se iba a realizar en Kyoto y nuevamente la acompañaría la violinista Misa Kaioh.

- Y la fecha, ya está lista?

- Si, es para el primero de diciembre, Chikane-san - Ya veo…

- Pasa algo con la fecha?, tiene algún inconveniente? - No, ninguno.

- Bueno eso es todo lo que tengo que decirle, si hay algún imprevisto o tiene alguna duda, sólo llámeme

- Está bien, que tengas un buen día Motoki-kun. - Adiós Chikane-san y adiós pequeña

Motoki se abstuvo de decirle a Chikane que parecía una madre con su hija, pero se abstuvo, él sabía perfectamente de su temperamento, de seguro le daba esa mirada de hielo, que había visto hace algunos años, pero ahora ya no la tenía, se alegró de que Chikane fuera feliz junto a la persona que amaba.

Era media tarde aún faltaba algunas horas para ir a buscar a Himeko, pero

increíblemente el día se ha pasado mucho más rápido que otros días, cuando estaba sola en esta casa, ahora ya no lo está más, está con la pequeña Konemi que la mira dulcemente mientras le toca algunas piezas musicales, gracias al magnifico piano de cola.

No supo en que momento empezó a tocar la canción que había compuesto en tan solo una semana, la canción que creo para su amada, cuando se dio cuenta ya había tocado la mitad y como había sucedido en las otras oportunidades su espalda

comenzó a doler, pero eso no fue el motivo que la hizo detener, fueron los fuertes que provenían de la pequeña boca de Konemi, su hija.

De inmediato se colocó de pie y le dio el abrazo más apretado que podía, en toda su vida no había escuchado llorar así a una niña, bueno, sólo una vez.

- No llores así pequeña, le dijo dulcemente, mientras le acariciaba la espalda. Pero la niña al parecer no podía parar de llorar y ella no sabía como consolarla, así que se le ocurrió darle un beso en la frente, con este simple acto la pequeña detuvo su llanto.

- Te sientes mejor Konemi?, le dijo mientras le tomaba el rostro con sus manos y la miraba directamente a los ojos

- Sí mamá-Chikane, le dijo y le dio una sonrisa.

- Porque comenzaste a llorar de esa manera pequeña? - No lo sé, no me di cuenta…

- Ya veo, dijo su madre entendiendo lo que le había sucedido a su hija. - Tú sabes mamá-Chikane?

- No, yo tampoco lo sé, pero te sucedió lo mismo que le sucedió a Himeko y a mí - En serio, la miro sorprendida la pequeña.

- Si, pero también nos dolió el lugar en donde están las marcas que prueban que fuimos sacerdotisas. A ti te dolió el brazo?

- Sí un poco, pero porque me preguntas?

- Porque tú tienes el símbolo en ese brazo, así que supuse que te había pasado lo mismo.

Este hecho hizo pensar una vez más que hay algo en esa melodía, o quizás en la canción, pero descartó la posibilidad de que fuera la letra, ya que esta vez no la había cantado, solo tocó el piano.

- Perdóname Konemi, no tenía intención de volver a tocar esa melodía, no sé como empecé a hacerlo.

- No tienes que pedirme disculpas además estoy feliz. - Feliz?

- Sí feliz, porque me diste un gran abrazo y me diste un beso.

Konemi no le quiso decir el verdadero motivo de su felicidad, lo que había visto en su segundo día en la Tierra, le sucedió a ella, al fin pudo sentir lo que él niño sintió cuando su madre lo consoló y que había sido ella y no Himeko que había tenido ese gesto, debido a que la niña pensaba que no le agradaba a Chikane, con esto ya no dudaría de su cariño.

- Ven vamos a lavarte la cara, no quiero que Himeko se moleste conmigo por hacerte llorar.

Chikane le extiende su mano y levanta a la niña del suelo, la niña le responde con una sonrisa y le agarra fuertemente la mano.

- Como estuvo tú día mamá-Himeko, dijo la niña que está nuevamente en el asiento trasero del auto.

- Bien pero te extrañé mucho Konemi.

- Sólo a ella, le dijo Chikane mostrando algo de celos, pero que al final su rostro mostró una sonrisa.

- Por supuesto que a ti también Chikane-chan, le dijo dulcemente. Y díganme, que hicieron?

- Fuimos a ver al representante de mamá-Chikane y después de almorzar ella toco el piano.

La pequeña omitió el detalle del llanto que le había producido escuchar “Nuestra Promesa”, no quería preocupar a su otra madre.

- Ya veo, y te gusto como toca el piano Chikane-chan.

- Mucho mamá-Himeko, espero estar en el próximo concierto de ella. - Y hablando de eso, ya esta programada la fecha Chikane-chan?

- Si, es para el primero de diciembre. - Es el Tokio Opera nuevamente?

- No, está vez el concierto se realizará en Kyoto, pero no sé el lugar exactamente - En Kyoto?, que alegría podré conocer esa ciudad y ver su maravillosa arquitectura. - Y quien le dijo al hermoso ángel que me acompañará a esa ciudad, le dijo

juguetonamente.

- Pero acaso nos dejarás sola a mí y a la pequeña Konemi, eres una mala madre Chikane-chan, le siguió el juego.

La pequeña escuchaba atentamente la conversación pero no entendía que sus madres están bromeando entre sí. Se entristeció al escuchar que su mamá-Chikane las iba a dejar sola y no supo cómo, pero por segunda vez en el día, comenzó a llorar. Sus madres que en ese momento continúan con su conversación en forma lúdica, la tuvieron que detener al escuchar el llanto de la pequeña.

- Konemi, que te pasa, le pregunto afligida Himeko.

La pequeña no contesto de inmediato, por lo que Himeko tuvo que repetir otra vez - Es que mamá-Chikane, nos va a dejar solas, no quiere que la acompañemos en su concierto.

- Pero pequeña, tú mamá-Chikane, no es capaz de hacer tal cosa, eso no lo dijo en serio, ella está jugando, no tienes que creerle.

- Pero si yo la escuché, además que no sé que significa que está jugando mamá- Himeko.

- No te preocupes pequeña, ya entenderás cuando dijo las cosas en serio o

simplemente estoy bromeando, cuando hablo de cosas que no son ciertas, le explico Konemi no quedo del todo convencida, no porque no le creyera a su madre sino porque no entendía eso de hablar en serio y hablar en broma, pero espera algún día espera entender

La semana transcurrió rápidamente, la rutina había sido casi la misma, Chikane y Konemi iban a dejar y a buscar a Himeko, a veces iban a pasear las dos en el auto, a veces Chikane tocaba el piano acompañada de la pequeña, o a veces solo

conversaban. Hasta que sin darse cuenta estaba comenzando el día sábado, las tres juntas en la cama, aunque Chikane se había dicho a si misma que arreglaría un cuarto para la pequeña no lo ha hecho, le gustaba la compañía de la pequeña, además que aún la pequeña sigue murmurando algunas cosas que no puede comprender ni tampoco su pequeño ángel, unas noches son solo murmullos, en otras son gritos, así que decidieron mantener a la pequeña algún tiempo más con ellas, además habían encontrado un momento del día para disfrutar de un tiempo a solas.

La pequeña niña fue la primera en despertarse, estaba extrañada de que sus madres aún estaban dormidas, así que decidió despertarlas con un beso en la frente.

- Que pasa Konemi, le dijo Chikane.

- Es que nos quedamos dormidas, mamá-Himeko llegará tarde a su trabajo. - No pequeña, el día de hoy es sábado no tengo que trabajar.

- Ya es sábado?

- Si es sábado, hace una semana que llegaste a esta casa, le dijo Chikane

- Es que no se como funciona el tiempo en la Tierra, así que no sé que día es hoy. Himeko y Chikane se miraron extrañadas, si ella era una diosa tenía que saber como transcurría el tiempo, o por lo menos eso pensaba, pero si no se sabía los días que otras cosas más no sabría.

- Dime Konemi, sabes leer?, le dijo Himeko.

- Si, pero no creo que ustedes ocupen nuestros mismos símbolos.

Es verdad la escritura de los dioses y humanos es distinta, el idioma también es distinto pero como era una diosa sabía la mayoría de las distintas lenguas que se hablan en la Tierra, así que en eso no hay conflicto.

- Entiendo- dijo Chikane- entonces que te parece si te enseño como escribimos nosotros, bueno, como escribimos nosotros los japoneses.

- En serio?, dijo animadamente Konemi.

- Si, de ahora en adelante te enseñaré todas las tarde antes de ir a buscar a Himeko. - Gracias mamá-Chikane, le dijo mientras la abrazaba.

Esta vez el desayuno fue disfrutando en la cama y no en la cocina como había sucedido durante toda la semana.

Aunque la pequeña quería pasar todo el día en la cama, sus madres no se lo permitieron tenían que asear la casa, además aun podían disfrutar del cálido sol de Octubre.

En la tarde después de compartir un delicioso almuerzo que prepararon sus madres, Konemi fue hasta la sala de música, esa sala que no solo estaba el piano sino también un estante de vidrio con algunos de los trofeos de cuando Chikane era jugadora de tenis durante la secundaria y algún tiempo en la preparatoria.

Los trofeos eran realmente hermosos, todos ellos demostraban los primero lugares que Chikane conseguía en los torneos en los que participaba

La niña no pudo apartar la mirada de ellos, de uno en especial, así que decidió abrir aquel estante y tratar de tomar uno de ellos, pero la niña no considero el peso, por lo

que termino en el suelo haciendo un gran ruido. El ruido fue escuchado por sus madres que en ese preciso momento iban pasando por la puerta de la sala y

mirándose asustada entraron rápidamente en la sala, preocupadas de que la pequeña Konemi estuviera herida, para su suerte la pequeña estaba a salvo.

- Estás bien, le dijo Chikane mientras se acercaba a ella.

- Si mamá-Chikane un poco asustada por el ruido que había hecho esa “cosa”, le dijo mientras apuntaba hacia el trofeo.

- Se llama trofeo, pequeña Konemi, le dijo Himeko mientras lo tomaba y lo llevaba hacia donde estaba las dos personas que más quería.

-Y porque lo tomaste?, si es tan pesado, le pregunto Chikane

- Es que no sabía que no lo podía sostener, además me pareció que es muy lindo. Chikane le pide el trofeo a Himeko, para su sorpresa es el trofeo que ella más quiere, pero a la vez él que más tristeza le da, al recordar el porqué, Chikane comienza a llorar repentinamente.

Himeko vio como las lágrimas descendían por las mejillas de su princesa por lo que se acerca y le pregunta del porqué de su llanto, y Chikane empieza a contar el día más infeliz de su vida

Era un día especial en la vida de la pequeña Chikane, como la llamaba su madre Ayako, era el día de la final del campeonato juvenil de tennis, esta oportunidad no iba a estar sólo con la compañía de Motoki-kun como de costumbre, esta vez su madre había tenido tiempo de estar con ella, ya que el campeonato se realizó toda esa semana en Osaka gracias a que, pidió permiso en su trabajo, ella trabajaba en una de las divisiones de la empresa Himemiya, en el área de finanzas.

Los partidos en un principio habían sido fáciles, los ganaba en dos sets con

marcadores de 6-2 o 6-0 , pero a medida que fue avanzando sus contrincantes eran más difíciles de vencer, tanto así que en la semifinal casi pierde en tres sets, esa vez logro evitar los 2 puntos de partidos.

El día domingo, el día de la final casi no se juega el partido debido al clima, ese día amaneció con una lluvia torrencial que hizo peligrar la final, pero que afortunadamente dos horas antes del partido la lluvia se detuvo y dio paso a un brillante sol.

Chikane estaba extrañamente nerviosa, nunca antes había estado así antes de una final, presentía que algo malo iba a suceder, a ella no le importaba si perdía, pero no quería hacerlo, quería ganarlo, sabía que su oponente era temible, incluso mejor que ella, pero Chikane quería ganar a cualquier modo, ya que no sabía cuando se iba a dar la oportunidad de que su madre la acompañara nuevamente, en ese momento decidió que si ganaba el torneo iba a dedicar su vida completa a este deporte, pero las circunstancias en que se vio envuelta cuando termino ese día iban a decir lo contrario. El partido comenzó como estaba previsto a las 14:00 hrs. de ese día domingo, el estadio estaba completo, pero ella no se sentía intimidada, no podía, estaba su madre, la persona que más admiraba y que solo deseaba algún día ser como ella, en lo que respecta a su personalidad y entereza, porque a su físico era idéntica a ella, su madre

Ayako poseía los mismos ojos color zafiro y el pelo azulado aunque ella lo llevaba en forma de melena.

Los primeros juegos estaban resultando difícil, estaba perdiendo 3-0, pero ahora era su turno de sacar, antes de hacerlo desvió su mirada hacia donde se encontraba su madre que también estaba mirando hacia ella, cuando las miradas se cruzaron ambas sonrieron, no sabe cómo esa sonrisa le dio la fuerza a Chikane para lograr un increíble ace, su contrincante nada pudo hacer, cuando sirvió la siguiente vez sucedió lo

mismo, ya cuando estaba 40-0 su oponente Noriko Naegino, le pudo responder pero

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