• No results found

3.5 Reject Option

4.1.1.1 Binary Classification Approach

4.1.1.1.1 Training Using Inference Procedure

La construcción del enemigo no ha sido un tema preferencial en la producción historiográfica argentina si bien, recientemente, se han producido aportes teóricos al respecto que habilitan el tratamiento histórico de la problemática (Mouffé 2007, Eco 2013).

En las relaciones antagónicas la relación nosotros/ellos es de enemistad porque no encuentran una base en común. Por ello Chantal Mouffé diferencia enemigo de adversario, categoría que considera esencial para la política democrática actual porque permite resignificar el antagonismo en agonismo, a partir del reconocimiento de la legitimidad del oponente aunque no se reconozca la posibilidad de una solución racional al conflicto (Mouffé, 2007, 26-28).

Por su parte, Umberto Eco (2013) afirma que tener un enemigo es importante no solo para definir la propia identidad, sino también para procurar un obstáculo con respecto al cual medir el propio sistema de valores. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo, lo cual se realiza mediante un proceso de producción que incluye su demonización. Uno de los enemigos creados desde tiempos ancestrales ha sido el extranjero. Ellos son distintos al ‘nosotros’, sus parámetros y costumbres los hacen diferentes y, por lo tanto, pasibles de adjudicarles defectos que contrastan con las virtudes del ‘nosotros’. No es necesario que el enemigo se constituya en una amenaza explícita, sino que el interés pasa por construir representaciones que se exhiben como amenazadoras aunque no lo sean (Eco, 2013, pp.14-16).

En la producción historiográfica hispanoamericana la problemática de la disidencia y de la construcción el enemigo ha sido tratada por Antonio Ibarra (1995) para el caso novohispano. El trabajo demuestra, mediante una serie de ejemplos, de qué manera se vinculan la vida privada y los hechos políticos de la disidencia y de la obediencia a través del análisis de los documentos derivados de la Junta de Seguridad y del Buen Orden, un tribunal novohispano que tuvo vigencia entre 1809 y 1821 creado para perseguir los delitos políticos (Ibarra, 1995, p. 99). La persecución

estuvo dirigida, en una primera instancia, a los “afrancesados” en momentos de la invasión napoleónica a la península y, más tarde, a partir de 1810, a los llamados “insurgentes”, es decir a los seguidores de la rebelión iniciada por Miguel de Hidalgo. Un punto importante que destaca el autor es la valoración de las conductas públicas a través de la vida privada. En todos los casos analizados el ‘enemigo’ constituye la representación de la falta de lealtad al poder. El temor a lo desconocido, por su parte, creaba una conducta histérica de obediencia expresada en los denunciantes (Ibarra, 1995, pp. 118-120).

También para el caso novohispano, pero centrado en la etapa borbónica, el trabajo de Sara Ortelli (2004) analiza la infidencia de grupos caracterizados como ‘enemigos’ internos, acusados de deslealtad al rey en la provincia de Nueva Vizcaya. El delito de infidencia se construyó en el contexto borbónico de centralización del poder y remitía a un sujeto político entendido como súbdito, pero desleal a su soberano (Ortelli, 2004, p. 489).

Por su parte, Tomás Pérez Vejo (2011) compiló un conjunto de artículos que profundizan el debate en torno del sentimiento anti-peninsular y sobre cuál debía ser el lugar del legado español en la construcción de las nuevas naciones. En este contexto, uno de los ingredientes principales del proceso de construcción de identidad colectiva es la invención del ‘otro’ que, desde la perspectiva de las entidades surgidas a partir de la disgregación del orden colonial, es la antigua metrópoli. Sin embargo ese ‘otro’ formaba parte de uno mismo y de la comunidad imaginada nacional, ya que los autores de las independencias eran los descendientes de los antiguos colonizadores (Pérez Vejo, 2011, pp. 11-12).

Considerando las diferencias socioculturales y cronológicas en la América española el libro de Pérez Vejo se articula en dos partes: El momento de la ruptura y el del reencuentro, que se identifican, respectivamente, con las fechas simbólicas de 1810 y 1910. El de la ruptura se prolonga hasta la segunda mitad del siglo XIX y el segundo se inicia, con variaciones entre los países, hacia el último cuarto del siglo diecinueve y culmina en torno de las conmemoraciones del primer centenario. El tiempo de la ruptura estuvo caracterizado por la voluntad de los antiguos dominios de marcar la separación con la metrópoli y los posicionamientos del nuevo Estado español hacia lo que habían sido sus posesiones americanas. El segundo momento estuvo marcado, desde la perspectiva americana, por la reconciliación con el pasado español y, desde la española, por el desarrollo del pan-hispanismo. Para ejemplificar

el tiempo de la ruptura se tomaron los casos de México, Argentina y Nueva Granada y para el reencuentro México, Colombia y Argentina (Pérez Vejo, 2011, pp. 14-25).

De la compilación mencionada cabe destacar, para el caso mexicano, el trabajo de Landavazo (2011), quien aborda el lugar que ocupó el tema de los españoles y España en el discurso de la independencia mexicana, tanto desde la perspectiva de los insurgentes como el de los que la combatieron pero que, después de 1821, optaron por la ruptura con España. La hispanofobia fue una marca evidente en el discurso insurgente, especialmente en las proclamas de Miguel de Hidalgo y de José María Morelos, que coincidían en la denigración de la conquista y dominación española en América. Esta visión histórica del pasado colonial tenía razones instrumentales porque permitía legitimar la insurrección y conseguir adeptos entre los americanos. Los discursos exhortaban a ver como extranjeros y enemigos a todos los que no eran americanos (Landavazo, 2011, pp. 68-71).

También la ambivalencia caracterizó al discurso, especialmente en torno de cuatro temas: las causas de la insurrección (tres siglos de dominación o la crisis política de la monarquía); la caracterización de los europeos (oscilante entre la categoría delincuencial y la posibilidad de la existencia de peninsulares buenos); la identificación del enemigo (que en ocasiones parece asociarse al gobierno virreinal) y con algunas propuestas de conciliación ofrecidas desde el bando insurgente (Landavazo, 2011, p. 75).

Si bien en el discurso y en la práctica insurgente dominó el sentimiento “anti- gachupín”, en los años posteriores volvió a aparecer la dimensión de la ambivalencia frente a España, los españoles y su legado, en especial cuando se declaró la independencia mexicana en 1821 (Landavazo, 2011, pp. 86-91).

Con relación a la producción historiográfica rioplatense es preciso destacar el artículo de Fradkin y Ratto (2010a), quienes abordan la consideración que se tuvo hacia los ‘enemigos’ españoles, su marginación a partir del proceso revolucionario y, en particular, desde la visión desde los sectores rurales bonaerenses, los procesos de inclusión y exclusión producidos en el marco de las nuevas formas de identidad.4

Sobre los sentimientos anti-peninsulares, enfatizados durante la revolución, especialmente hacia aquellos individuos que no demostraran explícitamente su

4

Elizabeth Jelin entiende al concepto de exclusión como un fenómeno que puede analizarse a diferentes escalas y que refiere a la ausencia de un reconocimiento social y político como parte de una comunidad (Jelin, 2005).

adhesión a la causa, se ocupan los trabajos de Mariana Pérez (2007, 2010a), quien afirma que el anti-españolismo en Buenos Aires tenía una larga historia, dado que las ventajas sociales, económicas y políticas que ostentaban los españoles los hacía merecedores de un profundo resentimiento por parte de los sectores populares, quienes los descalificaban como “codiciosos” y “altaneros”. A través del análisis de la literatura patriótica de la década de 1810, Pérez (2010a) examina el discurso anti- españolista con el fin de analizar “cómo fueron definidos los españoles”. La autora aporta a dos problemáticas, por un lado al estudio de la situación de los españoles residentes en Buenos Aires interpelados por el discurso anti-españolista de la sociedad porteña y, por otro, a la construcción de un nuevo sujeto político, defensor de la causa revolucionaria, cuya identidad se gestaba en contraposición a un “otro político”, los españoles defensores del antiguo orden. Por su parte, la mera condición de españoles no los definía como enemigos, dado que muchos de ellos colaboraban con la causa revolucionaria (Pérez, 2010a, pp. 37-55).

En la compilación mencionada de Pérez Vejo se destaca, para el caso rioplatense, el trabajo de Beatriz Bragoni (2011), quien propone realizar un recorrido por las mutaciones en torno de las representaciones de lo antiespañol, antipeninsular y/o anticolonial. La autora presta atención a los cambios en las sensibilidades patrióticas de la experiencia rioplatense, que constituye un laboratorio político interesante para explorar las formas de identificación y confrontación política en un área periférica de los dominios españoles y que, a su vez, se convirtió en el único bastión insurgente que no fue reconquistado (Bragoni, 2011, p.135).

Respecto de la disidencia política y de los juicios llevados a cabo hacia los españoles ‘enemigos’, se destacan los trabajos de Irina Polastrelli (2012) y Mariana Pérez (2011). Polastrelli propone estudiar los procesos judiciales entablados contra Álzaga en 1809 y 1812, con el fin de advertir de qué modo se criminalizó y castigó la disidencia en dos momentos diferentes, uno de crisis del sistema colonial y el otro de instauración de un nuevo orden. En el segundo se evidencia al ‘enemigo español’ como un ‘otro’ que, en definitiva, excedió a los acusados y que también demuestra la dificultad para resolver si condenar o tolerar a los opositores al nuevo orden político (Polastrelli, 2012, pp. 110, 113, 128 y 133).

Por su parte, Pérez (2011) considera que el análisis de la conspiración de Alzaga permite advertir las nuevas relaciones de poder y las tensiones que atravesaban a la sociedad porteña. La revolución había dado lugar a una serie de

políticas represivas hacia los realistas que se enfrentaban al nuevo orden. El sentimiento anti-español se fortalecía y fueron especialmente los sectores populares quienes generalizaron los insultos hacia los peninsulares, aunque también los miembros de la elite manifestaban su discrepancia a través de la prensa periódica. Sin embargo y, en este punto coinciden las posturas de Polastrelli y Pérez, la extendida hostilidad hacia los españoles enfrentó a la dirigencia con el dilema de resguardar solidaridades familiares y de clase o ceder ante las protestas de los sectores subalternos (Pérez, 2011, pp. 61, 67, 68, 70 y 91).

Polastrelli (2013) también estudia el juicio de residencia dispuesto por la Asamblea del año XIII, en el marco del desplazamiento del primero por el segundo Triunvirato, a quienes se habían desempeñado en los sucesivos gobiernos desde 1810. El proceso traspuso el límite estrictamente judicial, cumplió un rol en las disputas políticas y operó como justificación del desplazamiento de los opositores.

El desarrollo del juicio y la amnistía general dispuesta hacia los residenciados, por parte del Director Supremo Posadas, demuestra la intención de castigar a la facción saavedrista, dado que los únicos que recibieron castigo fueron Cornelio Saavedra y Joaquín Campana que fueron condenados al destierro fuera del territorio de las provincias unidas por “haber puesto tantas veces en peligro nuestra paz y libertad” (Polastrelli, 2013, p. 79).

Por otra parte y en el marco de las guerras civiles, el análisis de la enemistad entre las facciones en la década de 1820 puede encontrarse en los trabajos de Ignacio Zubizarreta (2007, 2010, 2012). El autor problematiza las antinomias, propone revisar las categorías de faccionalismo, unitarismo y federalismo, intenta superar la consideración de los enfrentamientos en términos binarios y analizar la politización en el mundo urbano y en la campaña bonaerense.

Sobre el concepto de facción, Bueno Bravo (2004), refiriéndose a Mesoamérica, afirma que, en las facciones políticas, el líder es un elemento imprescindible para asegurar el éxito de la empresa. El objetivo es desestabilizar el poder organizado y apoderarse de él, para lo cual se requiere de personas de la elite interesadas en obtener cuotas de poder de sectores subalternos impulsados a luchar a cambio de una compensación. La facción es un grupo con intereses de potenciar su propio beneficio (Bueno Bravo, 2004, p. 654).

Como puede apreciarse en la producción historiográfica mencionada, sólo en los últimos años se ha prestado atención a la consideración de la categoría

‘enemigo’ para la etapa tardo-colonial y primeras décadas de vida independiente. Los trabajos han tratado puntualmente la problemática a través de estudios de caso referidos a diferentes espacios hispanoamericanos. Sin embargo, la historiografía aún carece de una visión más completa y vasta del problema, por lo cual esta tesis intenta realizar un primer acercamiento al tema con una diacronía más extensa y a partir de un análisis cualitativo de una amplia variedad de textos que permita conocer el proceso de construcción de ‘otredades’ en la especificidad del espacio rioplatense.

Related documents