Además de cerámica, líticos y metal, la excavación de Alto do Castro ha proporcionado ejemplos de otros materiales, variados y generalmente menos numerosos, aunque en algún caso significativos. En este apartado haremos alguna referencia a ellos, simplemente para dejar cons- tancia de su aparición y, en algún caso, para apuntar algunas lecturas sobre ellos.
Los carbones son relativamente numerosos y componen el grueso de este grupo de materiales adicio- nales. Por lo general se trata de pequeños fragmentos de madera carbonizada, localizados en todo tipo de contextos (suelos de ocupación, derrumbes, etc.), aunque predominan, como es lógico, asociados a estructuras tipo hogar (p.e. UE 4 del Sector 2) o a amplios niveles de quemado (UE 13 del Sector 2). Algunos de ellos, como se señaló en su momento, fueron empleados para obtener las 5 dataciones de C-14 que actualmente existen para este yacimiento.
Lo más digno de destacar son los grandes leños quemados que se encontraron en la vivienda del Sector 2 (UE 13), procedentes del incendio de su techumbre. En la excavación de esta UE se pudo comprobar que algunos de ellos conservaban perfectamente su forma y un gran tamaño. El proceso de extracción, transporte y almace- nado, así como el tiempo discurrido desde el momento en que fueron exhumados, ha ido causando una progresiva fragmentación de estas maderas, lo que no impide que todavía se conserven varios trozos de dimensiones apreciables, sobre los que no sería difícil realizar analíticas para la determinación del tipo de madera de que se trata. Un conjunto peculiar de maderas quemadas lo consti- tuyen una serie de pequeños fragmentos de lo que parece ser una pieza trabajada (fig. 100). Aparecen entremez- clados dentro de uno de los grupos de leños de la techumbre, en la UE 13 del Sector 2. Se trata de alrededor de una decena de pequeños fragmentos en los que se observan caras trabajadas, alisadas y cortadas en formas que suelen tender a lo curvilíneo. Suponemos que todas ellas formarían parte de la misma pieza, aunque la certeza no puede ser absoluta. En cualquier caso el pequeño tamaño de los fragmentos impide determinar a qué tipo(s) de pieza pertenecerían.
También son relativamente abundantes los fragmentos de adobes, aunque por lo general se trata de trozos bastante pequeños. La mayor parte se corresponden más bien con bloques de arcilla quemada y endurecida proce- dente de hogueras o estructuras similares. Sin embargo también existen fragmentos de adobe propiamente dicho,
que muestran una tendencia a aparecer dentro de UEs de la fase inicial de ocupación (UEs 30, 34 ó 41 del Sector 1). En la fase media se hacen mucho más escasos; en la última ocupación no se ha documentado ningún ejemplo. Esta distribución estratigráfica desigual nos introduce en el problema de valorar por qué se registra esta concen- tración en la fase inicial, o más bien por qué la no apari- ción en la más reciente. De cualquier forma los fragmentos localizados son demasiado pequeños y poco significa- tivos como para poder hacer algún tipo de lectura clara, además de numéricamente insuficientes como para que la tendencia que hemos apuntado sea estadísticamente representativa. Interesa, en cualquier caso, dejar cons- tancia de la aparición de este tipo de materiales, aunque tampoco podamos precisar su funcionalidad, dado que no existe relación directa con ninguna estructura.
Un tercer tipo de registro son los restos vegetales: semillas, granos, etc. Dentro de este bloque se podrían hacer, a su vez, tres subdivisiones según el tipo de restos de que se trate: granos de cereal, bellotas y otros restos.
• Los granos de cereal son relativamente abundantes, aunque ofrecen una clara concentración estratigrá- fica. Se han recogido dos conjuntos de semillas carbonizadas, ambos en contextos de la última fase de ocupación y ambos, también, dentro de la vivienda circular del Sector 4, en concreto en las UEs 10 y 11. Los análisis87han desvelado que se trata
mayoritariamente de trigo Triticum dicoccum (carióp- sides sobre todo, pero también alguna espiguilla). Además hay una pequeña muestra de cebada (Hordeum vulgarem subesp. nudum). Ambas especies de cereales son de aparición relativamente frecuente en contextos castreños (Ramil 1995). Concretamente el Triticum dicoccum es una especie que destaca por su amplia tolerancia de suelos y condiciones climáticas y por haber sido empleado con cierta generalidad desde la prehistoria reciente en el contexto europeo (Barker 1985: 44). Algo semejante sucede con la cebada de la subespecie nudum, al parecer la más sencilla y menos exigente de trabajar de las empleadas en la prehistoria (Barker 1985: 45). Un dato que creemos interesante es la concentración que muestran estos hallazgos, y especialmente el tipo de contextos en que aparecen: ambos en niveles de ocupación o relacionados, y ambos dentro de una vivienda88. Destacamos este
hecho para, por una parte, ponerlo en contraposi- ción con lo que pasa con otros restos vegetales
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87 La identificación de todos estos restos vegetales ha sido realizada por el equipo que dirige el Prof. Dr. Pablo Ramil en el departamento de Botánica de la
Facultad de Farmacia de la Universidad de Santiago.
88 El hecho de que sólo se registren en la última fase de ocupación es un tanto menos relevante, ya que debemos recordar que no se ha excavado ningún
nivel de ocupación dentro de casa en la fase media (salvo un minúsculo ejemplo en la UE 39 del Sector 1) y que, en la fase antigua, el nivel de ocupación interior conocido (vivienda del Sector 2) muestra, como hemos visto, una peculiar tendencia a la “limpieza” de todo tipo de materiales.
(bellotas); por otro lado seguimos incidiendo en la desigual distribución espacial de muchos de los materiales del Alto do Castro (recuérdese lo que vimos más arriba en relación con el metal o los líticos), que creemos que no puede explicarse únicamente por mero azar.
• Las bellotas son uno de los hallazgos más re- currentes en contextos castreños. Alto do Castro no es una excepción y ha proporcionado un número apreciable de ellas. Se concentran casi absoluta- mente en niveles de la última fase de ocupación, con algún ejemplo en la fase media y una ausencia total (una vez más) en la inicial. Más llamativa incluso que esta distribución estratigráfica es la dispersión espacial que demuestran: todos los ejemplos re- cuperados proceden bien de niveles de ocupación exteriores (UEs 5 y 23 del Sector 1) o bien de estruc- turas también exteriores (pozo del Sector 1, UE 6). Es muy interesante contrastar esta distribución con la que habíamos observado para los granos de cereal y especies cultivadas en general: mientras que las bellotas nunca aparecen en el interior de construcciones o estructuras domésticas, los granos de cereal aparecen únicamente en ellos y nunca fuera. No pretendemos generalizar esta observación indiscriminadamente, sino simplemente llamar la atención sobre una concordancia que nos parece que puede ser significativa, que no estaría en absoluto exenta de contenido ni de intencionalidad, pero que, por el momento, no puede ser contem- plada más que como una posibilidad altamente hipotética, que debería ser confirmada o rechazada a través de la observación detenida de otros casos. • Además se han recogido restos de otras especies vegetales. Se trata de un grupo de pequeñas ramas y granos con un contexto de aparición es muy específico, pues se asocian a los restos de la te- chumbre quemada de la vivienda circular del Sector 2 (UE 13). Los análisis de identificación confirman la
presencia de 7 pseudobulbos de Arrhenatherum, una herbácea de aparición bastante frecuente en el Noroeste ya desde contextos megalíticos89
. Se trata de una especie que suele aparecer de forma espon- tánea sobre niveles en los que se ha producido algún tipo de quema. Sin embargo este no es nuestro caso, ya que aquí aparecen claramente conservadas entre los restos de la techumbre quemada y no sobre ella. Por ello es lógico suponer que esta herbácea habría sido empleada en la cubrición de la vivienda excavada en el Sector 2, cuyo último uso, recor- demos, se sitúa hacia finales del s. V a.C.
En este punto hemos de añadir la documentación de un nuevo elemento, que se produjo a través del análisis de los restos orgánicos preservados en una concreción adhe- rida a un fragmento cerámico. El fragmento fue recupe- rado en la limpieza del perfil este de la zanja, el denomi- nado sector 3, en una posición estratigráfica perteneciente a la primera fase de ocupación del poblado. Los análisis fueron realizados en 2001 por el Dr. Jordi Juan Tresserras. El método empleado consistió en la combinación de diferentes técnicas para la identificación de residuos: observación microscópica combinada en lupa binocular, microscopía óptica con contraste de fase de Zernike y microscopía electrónica de barrido con microanalizador de rayos X (EDS) incorporado; tests cualitativos para la identificación de proteínas,...; y la técnica combinada de cromatografía de gases/espectrometría de masas.
Los resultados del análisis fueron la identificación de la presencia de restos correspondientes a tallos y hojas de ortigas (Urtica dioica) y productos grasos de mamíferos terrestres. Las grasas se identificaron a partir de los ácidos grasos y los esteroles, y corresponden a sebo de origen animal, perteneciente a mamíferos terrestres. Este tipo de grasas tiene la propiedad de proteger los alimentos que están sumergidos de la acción oxidante del aire, impidiendo la llegada del oxígeno y evitando la prolifera- ción de microorganismos aerobios. En este caso los residuos podrían corresponder a un guiso o cocido90
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89 Agradecemos al Prof. Dr. Pablo Ramil los comentarios adicionales sobre las especies identificadas en Alto do Castro. 90 Una valoración más global y contextual de estos resultados se incorpora en Prieto et al. 2005.
Los trabajos realizados en el área de Cortiñas permitieron recuperar un conjunto de materiales compuesto por 462 fragmentos cerámicos, adscribibles todos ellos a una misma fase de ocupación, aunque desigualmente repar- tidos en las UEs documentadas. De ellos, se han anali- zado en detalle únicamente 30 fragmentos, vinculables a un total de 14 cacharros (fig. 101), ya que el resto se corresponden a fragmentos de panza poco informativos. De estos catorce cacharros, doce son de cerámica común romana y dos son formas no identificadas de terra sigillata. Entre los recipientes de cerámica común, sobre los que nos detendremos más extensamente, podemos identificar ocho formas, ya que los otros cuatro son sólo restos parciales, bien de fondos (COR01/11, 01/12), de asas (COR01/009) o de panzas. Como veremos más abajo, no existe ningún cacharro para el que pueda hablarse de decoración propiamente dicha, aunque tres de ellos ofrecen rasgos que de alguna manera podrían ser considerados como decorativos (COR01/04, 08 y 09).