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CHAPTER 3. SINGLE-NUCLEOTIDE RESOLUTION ANALYSIS OF THE

3.4 Results and discussion 35

3.4.2 Transcriptome definition and structure 36

La historia reciente de la psicología ha sido la histo­ ria de la contraposición de múltiples formas de concep­ tos mentalistas ante el intento objetivo de construir una ciencia genuina del comportamiento, y en especial, del comportamiento humano. El conductismo, como la filo­ sofía especial de esta ciencia, se ha constituido, no sólo en la formulación teórica general que respalda este es­ fuerzo por articular una descripción y explicación obje­ tivas de la actividad de los hombres concretos, sino que, como consecuencia de una tradición preñada de dualis­ mo, el propio conductismo ha reflejado en su interior di­ chas contradicciones conceptuales.

El dualismo, se ha constituido en la doctrina oficial del comportamiento humano, desde que Descartes forma­ lizó la hipóstasis cristiana del alma aristotélica. Como afir­ ma Ryle (1949), al comentar sobre el dualismo nacido de Descartes, «...con las dudosas excepciones de los idiotas y los infantes en brazos, cada ser humano tiene un cuerpo y una mente». Describiendo esta doctrina oficial prosigue, « los cuerpos humanos están en el espacio y están some- lidos a las leyes mecánicas que gobiernan a todos los de­ más cuerpos en el espacio. Los procesos y estados corpo­ rales pueden ser inspeccionados por observadores exter-

nos... pero las mentes no están en el espacio. La actividad de una mente no es testimoniable por otros observadores; su carrera es privada. Sólo yo puedo tener conocimiento directo de los estados y los procesos de mi propia mente. Una persona, por consiguiente, vive a través de dos histo­ rias colaterales, una consistente en lo que pasa en y a su cuerpo; la otra, consistiendo en lo que pasa en y a su mente. La primera es pública, la segunda privada» (p. 11).

Esta doctrina es, con toda justeza, denominada por Ryle el mito del fantasma en la máquina. Aun cuando el problema puede abordarse desde la perspectiva de la ló­ gica de las categorías lingüísticas empleadas en la des­ cripción de los eventos y relaciones denominadas cuerpo y mente o materia y espíritu, el problema no se reduce a una cuestión de lógica de la ciencia o epistemología ex­ clusivamente.

Ryle, señala que esta doctrina dualista «...es un gran error y un error de tipo especial. Es, a saber, un error categorial. Representa los hechos de la vida mental como si pertenecieran a un tipo o categoría lógica (o rango de tipos o categorías), cuando en realidad pertenecen a otra. El dogma es por consiguiente un mito filosófico» (p. 16). No sólo eso, sino que al identificar a cada una de las dos instancias de la dualidad con las aproximaciones filosófi­ cas tradicionales, el materialismo y el idealismo, se pre­ tende discutir en el plano de las sustancias lo que cons­ tituye. en esencia, un problema de categorías. Ryle conti­ núa expresando que «...la creencia de que existe una opo­ sición polar entre Mente y Materia es la creencia de que son términos de un mismo tipo lógico... Tanto el Idealis­ mo como el Materialismo son respuestas a una pregunta inapropiada.. <p ??). Presupone esta cuestión que la exis­ tencia, como e . d e i ’o i ia lógica, de eventos diferentes, tiene una acepción g e n e i iea única.

Esta confusión c .iiegoi ial es, en efecto, importante, en tanto establece la posibilidad lógica de diferentes formas

de existencia. Sin embargo, es una confusión que es ubi- cable sólo en la medida en que las categorías de existen­ cia son categorías reductibles o que corresponden a ni­ veles empíricos de descripción. El materialismo tradicio­ nal redujo o formuló el concepto de materia (o cuerpo) precisamente a las categorías de la Mecánica Newtoniana. La materia en general se identificó con la categoría física de materia, es decir, la materia corpórea. Pero, si se toma la distinción materia-espíritu, no como una distinción ca- tegorial de existencia, sino de propiedades de lo existen­ te, el problema mente-cuerpo rebasa el problema mera­ mente lógico señalado por Ryle. La cuestión no se restrin­ ge a la congruencia lógica del lenguaje con que descri­ bimos los eventos materiales y «mentales», sino que hay que abordar, desde la perspectiva de que ambos tipos de eventos existen, en qué consiste su existencia y cómo sus propiedades se constituyen en la forma de relaciones di­ ferentes de lo que como «corporeidad» se da en un solo nivel.

Tradicionalmente, las relaciones entre lo existente se reificaron en la forma de sustancias o cosas (materia, es­ píritu o mente, flogisto, energía vital) y el problema se for­ muló como necesidad lógica de explicar las relaciones de subordinación y las interacciones entre dichas sustancias o relaciones corporeizadas, objetalizadas. Así, el materia­ lismo e idealismo tradicionales se proponían demostrar la prioridad de una u otra sustancia, o en el mejor de los ca­ sos, cómo se relacionaban entre ellas. La psicología, fue la disciplina que heredó, con el propósito del análisis em­ pírico, esta última obligación lógica como razón de ser.

Pero en el momento en que la discusión sobre dife­ rentes existencias se hace a un lado, y se acepta que todo lo existente se da en un mismo nivel categorial (materia­ lismo moderno), operan dos cambios fundamentales:

1) La materia como categoría no subordinada a otra

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