Net gains or losses on financial instruments at fair value through profit or loss 0,0 1,
1.1.4. Transfer of all assets and liabilities of OSEO Industrie
cierre)
Si toda forma de conocer es un ejercicio de poder que posibilita un acto de representación, el intelectual sentipensante debe cuestionar la política del trabajo intelectual que genera sujetos a la vez que los nombra: ¿cómo han jugado las prácticas intelectuales en la comprensión de la subalternidad? Construir al otro como objeto de conocimiento implica una relación unilateral del saber, es decir de violencia epistémica sobre quienes no deciden en esa constitución como objetos.
En primera instancia, el concepto de representación esta relacionado con el ejercicio de poder sobre aquellos conocimientos que tienen el privilegio de representar, y que al mismo tiempo se han constituido como hegemónicos, sobre otros que toman una posición de representados. Dentro de este privilegio se ubica el saber académico como una práctica que produce activamente relaciones de subordinación -quienes sí y quienes no representan-, en palabras de Beverly el saber académico, a través de sus prácticas y discursos disciplinarios, es un productor constante de la subalternidad, en su afán de hablar por y sobre el otro (representarla) produce el acto mismo de la subalternidad (2004).
Los estudios subalternos, al igual que el proyecto sentipensante, buscaban una perspectiva antielitista en la escritura de la historia, como una idea de hacer historia desde
abajo, es decir que los grupos subalternos llegaran a ser sujetos de historia, de movimiento y agencia política en los proyectos de constitución a la nación, y no como una simple extensión de la elite nacionalista. Alrededor de esta pretensión de repensar la historia desde abajo (proletariado, campesinado, etc.) subyace la afirmación de un sujeto con conciencia única y autentica, por lo tanto un sujeto capaz de hablar por sí mismo.
Esta teoría del sujeto se apoya en una correspondencia coherente entre el deseo y el interés. Foucault y Deleuze, según Spivak (2003), asumen una posición mecánica entre estas dos instancias, el deseo no puede ser engañado (como una falsa conciencia), es decir el sujeto no desea en contra de sus intereses. A nombre del deseo se introduce un sujeto coherente, no dividido, que tiene plena consciencia de su situación de clase y es capaz de hablar por sí mismo.
La comprensión del sujeto subalterno –tercer mundo– como consciente, coherente y conocedor pleno de sus condiciones de existencia es sumamente problemática para Spivak (2004), quien al retomar a Marx, argumenta que el individuo es un sujeto dividido y disperso donde sus intereses y deseos no coinciden, sin embargo este encuentra en un “representante” la figura que unifique estos deseos e intereses, quien habla a favor de los intereses de otros. Este ejercicio de representar tiene una doble posición, por un lado la representación en el contexto político (hablar a favor de) y re-presentación en la producción de un significado, de narrarse a sí mismo (intelectual). En ninguno de estos casos lo subalterno es visto como una consciencia re-presentativa en la producción de la realidad. Es así como se sigue estableciendo un sujeto privilegiado que habla por los otros, un intelectual o político, que se le ha permitido el narrar y hablar por el Otro (Spivak, 2004).
Los intelectuales validan las reglas desde las cuales se habla sobre lo campesino, lo que incluye y excluye, y que funcionan desde una condición de verdad –lo campesino es–. Por ejemplo, mediante los parámetros de una UAF, las ZRC fomentaron un campesino como sujeto agrario de cultivos a baja escala y sin la posibilidad de acumulación del capital, que es indispensable para mantener un campesino desde los márgenes de un trabajador rural pobre, pero con acceso a la tierra asegurado, y de minifundio debido a las restricciones en la adquisición y posible compra de UAF (véase 2.3). Por tanto los parámetros como la UAF posibilitan la representación binaria campesino/empresario capitalista, porque el campesino puede ser empresario pero agrícola, a baja escala.
La economía capitalista empresarial tiene una lógica de reproducción ampliada del capitales, es decir mis ganancias deben producir más ganancias y esas ganancias deben ser ampliadas, esa es la lógica del capital. La lógica campesina no es la misma. La lógica campesina es reproducción simple, es decir yo tengo mi tierra, yo siembro en diferentes partes, yo mantengo mi propiedad, (…) mi familia, porque la lógica es de UAF, de producción familiar, eventualmente pueden contratar mano de obra (…) pero la lógica no es de acumulación, ni de expansión del capital. Esa es una diferencia radical (Molano, 2013, 18:16-18:58).
No obstante, los intelectuales solo se representan a sí mismos en su “trasparencia”, la cual se observa como un olvido por parte del intelectual al régimen ideológico, al dejar a un lado su lugar de enunciación (el rechazo al significante) no permite el desarrollo de una teoría de la ideología. No se puede confundir la agenda política de los sujetos de investigación con la del investigador. El acceso a la tierra ha sido la base de las movilizaciones campesinas, pero la inserción del concepto territorio responde “Si la tierra es un recursos medible, “el territorio” implica sujetos y subjetividades”, es decir un territorio concibe tanto un espacio colectivo, como practicas de uso y de ser allí –ancestralidad- (Hoffman, 2016, p. 20).
Las representaciones de lo campesino sigue siendo un lugar problemático, de diversas disputas en las que el intelectual participa con su modelo de sociedad, que se traza en la nostalgia del pasado, de pensarse a los gremio populares como la memoria viva de la revolución –al mejor estilo de “La Rosca”–. Esta nostalgia imposibilita una lectura de lo campesino como sujeto histórico; fija alrededor de lo campesino una especie de enunciados recurrentes que lo determinan por su fuerza de trabajo y de lucha constante por la tierra es decir como agricultor. Será que para un transeúnte de la ciudad ¿es posible un campesino que no cultive? ¿el pescador es campesino?. Un saber académico que se funda en el argumento de la clase como el determinante de la estructura de la sociedad, por ende de los campesinos, dificulta la posibilidad de rescatar en lo campesino una cultura, una identidad.
Con la instauración del multiculturalismo como dispositivo de poder neoliberal y, con él, el derecho a tener derechos, el campesino se ha visto envuelto en una encrucijada: el reconocimiento cultural consolida las diferencias por lo tanto las exclusiones, de donde el campesino mestizo es efecto, y un modelo económico que no se rige por los derechos, sino
por un capitalismo extractivo de cuerpos y territorios, en el que el campesino es uno de sus medios de producción. Ahora bien, si el campesino mestizo no participa del reconocimiento cultural, del patrón constitucional étnico-racial, y su lugar de enunciación es el determinismo que la clase le dicta como agricultor pobre y proletario, su configuración como sujeto será la lucha constante y permanente por el poder económico sobre la tierra, dentro de un modelo de desarrollo que lo excluye permanentemente.
Aclaro, no estoy proponiendo que se elimine la categoría de campesino y menos que deseche como concepto de análisis académico. A pesar de estudios como los del antropólogo Michael Kearney en México, quien sugiere una revisión del término campesino debido a los procesos de migración o desplazamiento de las áreas rurales a los centros urbanos, no considero que una ruta posible sea la invención de una nueva categoría como se propone ahora con conceptos como polibyan (ctd. en Tocancipa, 2005).
Para Spivak, la tarea del intelectual es resistir y criticar las formas de reconocimiento al tercer mundo, que permita deconstruir lo subalterno, en este caso lo campesino, como una conciencia única, poseedora de una autenticidad esencialista. Considero que es la deuda de un proyecto político-intelectual que buscó poner la ciencia al servicio de los gremios populares. Retomo un ejercicio que presentó Odile Hoffmann, en su articulo más reciente, que considero permite. Hoffman parafrasea e intercambia un párrafo Fraser en el que habla de género y reemplaza esta categoría por la de campesinado:
[…] campesinado es una diferenciación social bidimensional. El campesinado no es una simple clase ni un meso grupo de estatus, sino una categoría híbrida enraizada al mismo tiempo en la estructura económica y en el orden de estatus de la sociedad. Por tanto comprender y reparar la injusticia (sufrida por el) campesinado, requiere atender tanto a la distribución como al reconocimiento (ctd. En Hoffmann, 2016, p. 37).
CONCLUSIONES
A lo largo de este documento intenté argumentar que la participación de los intelectuales Darío Fajardo y Alfredo Molano en la creación de las zonas de reserva campesina, fue el resultado de un proyecto político-intelectual que, comprometido con las luchas populares, instaura lugares de enunciación para los campesinos. Parto de la premisa que el proyecto político-intelectual sentipensante es una transición de sucesos anteriores y simultáneos, entre los que identifiqué la creación de las facultades de Ciencias Económicas y Ciencias humanas, con sus respectivos programas de pregrado. Estas dependencias académicas dentro de la Universidad Nacional logran consolidarse alrededor de la pregunta por la función del conocimiento en la transformación de la realidad social. En la pregunta por el para qué de la ciencia, se crean formas de conocer la realidad que inciden directamente en la relación que se establece con esos otros, hacia quienes la ciencia se pone al servicio de sus luchas por el poder a la tierra y a los recursos naturales.
Por un lado, los métodos para conocer esa realidad posibilitan establecer relaciones
de cercanía con los sujetos de investigación, que inciden en la re-presentación que el intelectual hace de si mismo, la cual es atrayente para la población: perturbador del statu quo, independiente, etc., es decir la metodología en si misma es una técnica de autogobierno. El intelectual se rige por unos pasos específicos para producir conocimiento. En el proyecto sentipensante, los métodos requieren necesariamente de una relación cercana con su objeto para su funcionamiento.
Las investigaciones que Alfredo Molano y Darío Fajardo habían realizado en la región amazónica durante la década de los ochenta, desde la recolección de historias de vida y el “echar andar” –como lo afirma Molano- posibilitó que Fajardo fuera el director del PPZRC. No obstante, como dispositivo de control, el PPZRC gobernó la iniciativa de los campesinos de lograr un poder económico sobre la tierra y estos intelectuales participaron de las técnicas de gobierno sobre el desarrollo de la figura de ZRC. La acción comunitaria se vio direccionada, educada, a las formas de producción empresarial: diagnostico, planeación, ejecución, evaluación y seguimiento a los subproyectos. Es decir que la economía campesina, que tanto defiende el intelectual, se subordina a lógicas de planeación estratégica y de emprendimiento en un campo de producción agrícola. Así mismo, la figura de la ZRC cumple
como dispositivo para la defensa por la propiedad privada y el libre comercio de productos agrícolas, que podría llegar a verse como un elemento “articulador” al modelo económico neoliberal capitalista.
Por otro lado, el intelectual habla por los campesinos y de lo campesino en distintos
campos. Para la ejecución de la figura de ZRC, los intelectuales fueron quienes hablaron con la institución estatal sobre las iniciativas que las poblaciones campesinas tenían –desde hace mucho– de acceder a la tierra sin la perpetua amenaza del despojo. El intelectual, desde un reconocimiento como experto, cuenta con un lugar de enunciación que lo privilegia, con el que los campesinos no cuenta. Ahora bien, cuando los intelectual habla de lo campesino lo hacen desde los parámetros de la identidad y la soberanía. El campesino no participa del reconocimiento cultural, dentro de un patrón constitucional étnico-racial, y su lugar de enunciación es el determinismo que la clase le dicta como agricultor pobre y proletario, por tanto su configuración como sujeto será la lucha constante por el poder económico sobre la tierra, dentro de un modelo de desarrollo que lo excluye permanentemente. Hacer referencia sobre lo campesino desde determinismo de clase imposibilita comprender lo campesino en un campo de sobredeterminaciones.
La práctica intelectual también se enmarca en una relación entre cultura y poder, no sólo entre el saber y el poder. Considero que en el campo intelectual se disputa por el control de los significados, no solo de aquellos Otros, sino de una comprensión de verdad/realidad social. Hay una disputa por los significados pero también por el discurso sobre los otros – que se dice y qué no-, como intenté dar cuenta en el tercer capítulo. También desde las premisas de una opción por los Otros, se producen sujetos del conocimiento que, como todo acto de definición, implica una exclusión.
Por último, propongo que se cuestione permanentemente desde que enunciados se habla de lo campesino, con el propósito de deconstruirlo como concepto, como categoría de análisis social, desmantelarlo de los determinismos de clase que imposibilitan otros lugares de enunciación que, por supuesto, no debería elegir el saber académico. Pienso que un proyecto sentipensante debe cuestionar los lugares de enunciación por el reforzados, por ello desmantelar el campesino, así como se ha desmantelado el género, el deseo, la raza, el desarrollo, etc.
REFERENCIAS
Aprile-Gniset, J. (1990) Reseña “Yo le digo una de las cosas: la colonización de la reserva La Macarena. Revista Colombiana de Sociología, 1(1), pp. 119-125.
Archila, M. (2001). Vida, pasión y… de los movimientos sociales en Colombia. En M. Archila y M. Pardo (Eds.), Movimientos sociales, Estado y democracia en Colombia (pp. 16- 47). Bogotá, Colombia: Centro de Estudios Sociales, Universidad Nacional de Colombia.
Árias, J. & Caicedo, A. (2016) Editorial: Aproximaciones al despojo desde Colombia. Revista Colombiana de Antropología, 52 (2), 7-15. Recuperado en http://www.redalyc.org/pdf/1050/105049120001.pdf
Brücher, W. (1970) La colonización de la selva pluvial en el Piedemonte Amazónico de Colombia. Instituto Colombo-Alemán de Investigaciones Científicas Punta de Betín, (4), 97-123. Recuperado de http://www.oceandocs.org/handle/1834/3281
Beverley, J. (2004). Subalternidad y representación. Debates de la teoría cultural. Madrid, España: Iberoamericana –Vervuert
Bourdieu, P. (1999). “El campo científico”. En Intelectuales, política y poder. (pp. 75-110) Buenos Aires, Argentina: Editorial Universitaria de Buenos Aires.
Campillo, F. (1994). Género, mujer y desarrollo rural desde el Ministerio de Agricultura. En Ministerio de Agricultura. El agro y la cuestión social (pp. 324-342). Bogotá, Colombia: TM Editores.
Castillo, O. (2007). ¿El desarrollo, progreso o ilusión?: aportes para el debate desde el ámbito rural. Bogotá, Colombia: Pontificia Universidad Javeriana.
Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo. (s.f.). Directores. Recuperado de https://cider.uniandes.edu.co/Paginas/EstructuraOrganizacional.aspx?gid=1
Centro de Investigaciones para el Desarrollo. (s.f.). Reseña histórica. Recuperado de http://www.cid.unal.edu.co/resena-historica/
Díaz, A., y Sánchez, F. (2004) Geografía de los cultivos ilícitos y conflicto armado en Colombia. Centro de Estudios de Desarrollo Económico, Facultad de Economía, Universidad de los Andes.
El Tiempo (1994, noviembre 22) Fumigación no se suspenderá. El Tiempo. Recuperado de http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-247526
El Tiempo (1996, enero 5) Denuncian oscuros intereses en paro de Putumayo. El Tiempo. Recuperado de http://www.eltiempo.com/archivo/documento-2013/MAM-385212 Fals Borda, O. (1986) Historia doble de la costa. Retorno a la tierra (Tomo IV). Bogota,
Colombia: Carlos Valencia Editores
Fals, O. (2014) “Me queda la angustia de la continuidad”. Carta a Pedro Santana. En Ciencia, compromiso y cambio social. Textos de Orlando Fals Borda (pp. 17-23). N. Herrera y L. López (Comps.). Montevideo, Uruguay: Ediciones Lanzas y Letras, Editorial El Colectivo y Extensión Libros.
Foucault, M. (1991) Saber y verdad.
Foucault, M. (2006) Seguridad, territorio, población: Curso en el Collège de France 1977- 1978. Buenos Aires, Argentina: Fondo de Cultura Económica
Galeano, M. (2004) Diseño de investigación cualitativa. Medellín, Antioquia: EAFIT Giarracca, N., y Levy, B. (2004). Ruralidades latinoamericanas: identidades y luchas
sociales. Buenos Aires, Argentina: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales- CLACSO
Gibson-Graham, J. (2002). Intervenciones Posestructurales. Revista Colombiana de Antropología, (38), 261-286.
Gramsci, A. (1949/1967). La formación de los intelectuales (Xed). (X. Xxxxxxx Trad.). México D.F. México: Editorial Grijabo S.A.
González, J. (1992) Espacios de exclusión: el estigma de las Repúblicas independientes 1955-1965. Bogotá, Colombia: CINEP.
González, M. & Samacá, G. (2012) El conflicto colombo-peruano y las reacciones del Centro de Historia de Santander –CSH– 1932-1937. Revista de Historia Regional y Local, (8), 367-400. Recuperado de https://revistas.unal.edu.co/index.php/historelo /article/view/31188/41984
Hernández, D. (1997). Misiones Económicas internacionales en Colombia 1930–1960.
Revista Historia Crítica, (14), 7-24. Recuperado de
Hurtado, J. (2014) Albert O. Hirschman y la economía del desarrollo: lecciones para el presente. Cuadernos de Economía, Universidad Nacional de Colombia., 33(62), pp. 7-31. Recuperado de http://www.redalyc.org/pdf/2821/282130698002.pdf
Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. (2003). Informe final Proyecto piloto de Zonas de reserva campesina: hacia una estrategia de la frontera de estabilización de la frontera agrícola con desarrollo humano. Bogotá, Colombia: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural y Banco Mundial.
Machado, A. (2004). La academia y el sector rural:
sus vínculos, sus interpretaciones, sus retos. En La academia y el sector rural (Tomo 1) (pp. 16- 30). Bogotá, Colombia: Centro de Investigaciones para el Desarrollo, Esfera Editores LTDA.
Machado, A., y Salgado, C. (2006). Academia, actores sociales y políticas en el sector rural. Bogotá, Colombia: Universidad Nacional de Colombia.
Mantilla, A. (2012). Estas locomotoras necesitan frenos: Entre los Espacios basura y el mandato popular. Bogotá: CEDINS.
Méndez, Y. (2011). Zona de Reserva Campesina-ZRC, un instrumento de la política de tierras en clave de Reforma Agraria. Agencia Prensa Rural. Recuperado dehttp://prensarural.org/spip/spip.php?article5172
Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural –MARD- (2003) Informe Final del Proyecto Piloto de Zonas de Reserva Campesina
Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural –MARD- (2003a) Los Manuales Operativos Generales –MOG- y Zonales –MOZ-
Molano, A. (1999) Selva adentro. Una historia oral de la colonización del Guaviare. Bogotá, Colombia: El Áncora Editores.
Molano, A. (2001, mayo 11). Desde el exilio. El Espectador. Recuperado de http://www.semana.com/cultura/articulo/desde-exilio/49166-3
Molano, A (2009) Ahí le dejo esos fierros. Bogotá, Colombia: Editorial Aguilar.
Molano, A. (2014) "Vaya, mire y me cuenta" - Discurso de Alfredo Molano al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Colombia. x Biblioteca
http://www.banrepcultural.org/blog/noticias-de-la-actividad-cultural-del-banco-de- la-rep-blica/vaya-mire-y-me-cuenta-discurso-de-a
Ortiz, C,. Pérez, N., Castillo, D., y Muñoz, A. (2004). Zonas de Reserva Campesina. Aprendizaje e innovación para el desarrollo rural. Bogotá, Colombia: Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Pontificia Universidad Javeriana.
Prensa Rural. (2014, septiembre 24) Zonas de Reserva Campesina: dos ’Colombias’
enfrentadas. Prensa Rural. Recuperado de
http://prensarural.org/spip/spip.php?article15081
Ramírez, W. (1994) Prólogo. En Molano, A. Trochas y fusiles. (pp. 13-19). Bogotá, Colombia: El Áncora Editores.
Raíz-AL, Centro de Pensamiento Latinoamericano. (2015) Apuntes sobre procesos de despojo/privilegio. Intervenciones en estudios culturales, (2), 35-41. Recuperado de https://intervencioneseecc.files.wordpress.com/2016/03/art03_cplr_apuntes-sobre- procesos.pdf
Ramírez, M. (2001). Entre el estado y la guerrilla: identidad y ciudadanía en el movimiento de los campesinos cocaleros del Putumayo. Bogotá, Colombia: Instituto Colombiano de Antropología e Historia –ICANH.
Ramírez, M. (2001a) Los movimientos cívicos como movimientos sociales en el Putumayo: el poder visible de la sociedad civil y la construcción de una nueva ciudadanía. En Movimientos sociales, Estado y democracia en Colombia (pp. 127- 149). M. Archila y M. Pardo (Eds.). Bogotá, Colombia: Centro de Estudios Sociales, Universidad Nacional de Colombia.
Ramírez, W. (1981) La guerrilla rural en Colombia. ¿Una vía para la colonización armada?. Estudios Rurales Latinoamericanos, 4 (2), 199-209.
Redacción Negocios. (2014, marzo 11). Un adiós para Gabriel Rosas V. El Espectador. Recuperado de http://www.elespectador.com/noticias/economia/un-adios-gabriel- rosas-v-articulo-480223
Rojas, J. (1993). Intelectuales, campesinos e indios. Boletín Socioeconómico, (28), 61-78. Santos, E. (2005, abril). La misión Kemmerer. Credencial Historia, (184). Recuperado de
Torres, A. (1992, mayo 11) La Corporación Araracuara. El Tiempo. Recuperado de http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-112046
Said, E. (1996) Representaciones del intelectual. Buenos aires, Argentina: Editorial Paidós