CHAPTER 3: MATERIAL AND PROPERTY TESTING
3.4 Transfer Length Tests
1 Tat: En tu discurso general, Padre, te expresaste de manera enigmática y oscura cuando hablaste de la naturaleza divina. Tú no me la has revelado, diciendo que nadie puede ser salvado si no renace de nuevo.
2 Pero cuando, durante el descenso de la montaña, después de tu conversación conmigo, te supliqué e interrogué sobre la enseñanza del renacimiento, a fin de poder conocerla —dado que ésta es la única parte de toda la enseñanza que me es
desconocida— me prometiste transmitirme la misma tan pronto como me hubiera
desatado del mundo.
3 He hecho eso, y me he hecho fuerte interiormente contra la ilusión del mundo. Accede pues ahora a completar lo que me falta, tal como me prometiste y a instruirme acerca del renacimiento, ya sea oralmente, o como misterio. Ya que no sé, oh Trismegistos, de qué matriz nace el hombre verdadero ni de qué semilla.
4 Hermes: De la sabiduría que piensa en silencio, hijo mío, y de la semilla que es el único bien.
5 Tat: ¿Y quién la siembra, Padre? Todo esto me resulta totalmente incompresible. 6 Hermes: La voluntad de Dios, hijo mío.
7 Tat: Y ¿de qué especie es el que nace, Padre? Ya que no participará ni de mi ser terrenal ni de mi pensamiento racional.
8 Hermes: El renacido será también distinto: será un dios, un Hijo de Dios, todo en todo, y equipado con todos los poderes.
9 Tat: Me hablas con enigmas, Padre, y no como le habla un padre a su hijo.
10 Hermes: Este tipo de cosas no se dejan enseñar, hijo mío. Pero, si Dios quiere, El mismo te restituirá su recuerdo.
11 Tat: Padre, tú me dices cosas que superan mi comprensión y que me violentan. Por eso, al respecto, únicamente tengo esto como justa respuesta: soy un hijo extraño al linaje de su padre. No sigas negándome tu sabiduría, Padre, pues soy tu hijo legítimo: exponme con todo detalle de qué manera tiene lugar el renacimiento.
12 Hermes: ¿Qué puedo decir, hijo mío? Sólo esto: Cuando percibí una visión confusa dentro de mí mismo, que había sido producida por la misericordia de Dios, salí de mí mismo en un cuerpo inmortal. Así, ahora ya no soy aquel que fui una vez, sino que ahora he sido engendrado en el alma espíritu. Algo así no se deja enseñar, y no se puede percibir con el elemento material con el que aquí se ve. Por eso, tampoco tengo ya ninguna preocupación por la forma compuesta que un día fue la mía. Ya no tengo color, ni sentido sensorial, ni medida: todo esto me resulta extraño.
13 En este momento me ves con tus ojos, hijo mío, pero lo que yo soy no lo puedes comprender contemplándome y mirándome con los ojos del cuerpo. En realidad, ahora no me estás viendo con esos ojos, hijo mío.
14 Tat: Me has turbado y desconcertado seriamente, Padre. Pues ahora ni siquiera me veo a mí mismo.
como quienes sueñan mientras duermen; pero en tu caso sin dormir. 16 Tat: Dime aún esto: ¿Quién es el que lleva a cabo el renacimiento? 17 Hermes: El Hijo de Dios, el único hombre, según la voluntad de Dios.
18 Tat: Ahora si que me has dejado realmente mudo de asombro, Padre, pues ahora ya no comprendo nada: te sigo viendo con la misma forma física, con el mismo aspecto exterior.
19 Hermes: En eso te equivocas, ya que la forma mortal cambia de día en día. Irreal como es, la misma cambia en el transcurso del tiempo, aumentando o disminuyendo. 20 Tat: ¿Qué es entonces verdadero y real, Trismegistos?
21 Hermes: Aquello que no está mancillado, hijo mío; lo que es ilimitado, incoloro, inmutable, sin vestido, sin forma, radiante, sólo por sí mismo escrutable, el bien inmutable, lo incorpóreo.
22 Tat: Esto está por encima de mi entendimiento, Padre, pensaba que me había vuelto sabio por ti. Pero todo mi discernimiento se ve dificultado por estas nociones.
23 Hermes: Eso es lo que sucede, hijo mío, con lo que va hacia arriba como fuego, o hacia abajo como tierra, o que es líquido como el agua, o que sopla por todo el universo como aire. Pero ¿cómo podrías percibir con los sentidos aquello que no es sólido ni líquido, que no se puede reunir ni captar, y que sólo puede ser comprendido por su poder y fuerza activa, algo que únicamente le resulta posible a alguien que puede sondear el nacimiento en Dios?
24 Tat: ¿Entonces, soy incapaz de eso, Padre?
25 Hermes: No quiero decir eso, hijo mío. Recógete en ti mismo, y vendrá. Anhélalo, y sucederá. Acalla las funciones sensoriales del cuerpo, y el nacimiento de lo divino será un hecho. Purifícate de los castigos irracionales de la materia.
26 Tat: ¿Es que tengo disciplinadores en mí, Padre? 27 Hermes: No pocos, hijo mío, y terroríficos y numerosos. 28 Tat: Yo no los conozco, Padre.
29 Hermes: Esta misma ignorancia es el primer castigo, hijo mío; el segundo es la tristeza y el dolor; el tercero, la intemperancia; el cuarto, el deseo; el quinto, la injusticia; el sexto, la avaricia; el séptimo, el engaño; el octavo, la envidia; el noveno, la astucia; el décimo, la cólera, el undécimo, la irreflexión; el duodécimo, la maldad. Estos castigos son doce en número, pero existen muchos otros que, por medio de la prisión del cuerpo, fuerzan al hombre, por naturaleza, a sufrir las actividades de los sentidos. No obstante, estos castigos cesan, si bien no de una vez, cuando Dios se ha apiadado de un hombre. Y esto último explica la esencia y el sentido del renacimiento. 30 Calla ahora, hijo mío, y escucha con respetuoso agradecimiento. La misericordia de Dios ya no se apartará de nosotros.
Alégrate, hijo mío, ahora que las fuerzas de Dios te purifican afondo con el fin de reunir a los miembros de la Palabra. 4
La Gnosis de Dios ha venido a nosotros: por su llegada la ignorancia ha sido expulsada.
La Gnosis de la alegría ha venido a nosotros. Por su llegada, el dolor huirá hacia quienes tienen sitio para él.
La fuerza que invoco tras la alegría es la modestia. ¡Oh fuerza dulcísima! Acojámosla en nosotros con la mayor alegría, hijo mío; observa que con su llegada ha expulsado a la desmesura.
En cuarto lugar, nombro el autodominio, una fuerza que se opone al deseo.
El siguiente escalón, hijo mío, es el pedestal de la rectitud; pues mira cómo, sin
alboroto, ha expulsado la injusticia. Así nos hemos vuelto rectos, ahora que la injusticia ha desaparecido.
La sexta fuerza que llamo a nosotros, es aquella que combate contra la avaricia; es la fuerza de la bondad que se comunica a otros.
Y cuando la avaricia ha desaparecido, llamo a la verdad: tan pronto la falsedad huye, viene la verdad hacia nosotros. Mira, hijo mío, como, ahora que la verdad ha llegado, el bien ha devenido perfecto, pues la envidia se ha apartado de nosotros.
A la verdad le ha sucedido el bien, acompañado de vida y luz; y ningún castigo de las tinieblas nos puede ya atacar, porque, vencidos, huyeron en zumbante vuelo.
31 Ahora conoces, hijo mío, la forma en que tiene lugar el renacimiento: por la llegada de los diez aspectos se consuma el nacimiento espiritual y son expulsados los doce aspectos; y así pues, somos divinizados por este proceso de nacimiento.
32 Quien, por la misericordia de Dios, ha obtenido el divino nacimiento y ha abandonado la sensibilidad física, es consciente de estar formado a partir de fuerzas divinas y está colmado de íntima alegría.
33 Tat: Ahora, que he llegado a ver según los designios de Dios, las cosas ya no se me hacen visibles por medio de la vista ordinaria, sino gracias al poder espiritual de las fuerzas recibidas. Estoy en el cielo, sobre la tierra, en el agua, en el aire; estoy en los animales y en las plantas; estoy antes, en y después del nacimiento, sí, en todas partes. Pero dime aún, ¿cómo los castigos de las tinieblas, que son doce en número, son expulsados por diez fuerzas? ¿De qué manera acontece esto, Trismegistos?
34 Hermes: La tienda-morada que hemos abandonado, se ha constituido a partir del círculo del zodiaco, que a su vez se compone de doce elementos, una única naturaleza, pero multiforme en su proyección, conforme al erróneo pensamiento del hombre.
35 Entre estos castigos, hijo mío, los hay que actúan como unidad. Así, precipitación e irreflexión son inseparables de la cólera. Ni siquiera se las puede distinguir. Es, pues, comprensible y lógico que desaparezcan juntas cuando son ahuyentadas por las diez fuerzas. Son estas diez fuerzas, hijo mío, las que dan nacimiento al alma. Vida y luz están unidas. De este modo nace, del espíritu, el número de la unidad. Asimismo, según la razón, la unidad contiene a la década y la década a la unidad.
36 Tat: Padre, veo en el alma-espíritu a todo el universo y a mí mismo.
37 Hermes: Eso es el renacimiento, hijo mío, del que uno no puede hacerse representaciones tridimensionales. Tú lo conoces y lo experimentas ahora gracias a este discurso referente al renacimiento que yo, sólo para provecho tuyo, he puesto por escrito, a fin de que no fuésemos a regalar todo esto al gentío, sino exclusivamente a quienes Dios elige para ello.
38 Tat: Dime, Padre, ¿se disolverá alguna vez este nuevo cuerpo, que está constituido con las diez fuerzas?
39 Hermes. ¡Cállate! No digas cosa imposibles: al hacerlo pecarías y enturbiarías el ojo del alma-espíritu. El cuerpo natural de los sentidos está muy lejos del nacimiento divino esencial. El primero es disoluble, el segundo indisoluble; el primero es mortal, el segundo inmortal. ¿No sabes que has devenido un dios, un hijo del Único, lo mismo que yo?
40 Tat: Padre, me gustaría oír el canto de alabanza que, según me has contado, oíste cantar a las fuerzas, cuando hubiste alcanzado la Ogdóada 5.
41 Hermes: en concordancia con lo que Poimandres reveló en la Ogdoada, apruebo tu
5 Ogdoas significa octavo: es la fase de la entrada en Dios, el ser completamente
prisa por desmontar esta tienda, ya que ahora estás puro. Poimandres, el espíritu, no me ha manifestado más de lo que ha sido escrito por mí, sabiendo bien que por mí mismo sería capaz de comprender y oír todo y de ver todo lo que quisiera; y él me ordenó hacer todo lo que fuese bueno. Por eso, en todas las cosas, cantan las fuerzas que están en mí.
42 Tat: Padre, también yo quiero oír y conocer todo esto.
43 Hermes: Calla entonces, hijo mío y escucha el canto de alabanza que a esto se refiere, el himno al renacimiento. No era mi intención darlo a conocer sin más, excepto a ti que has llegado al final de esta iniciación. Razón por la que este canto de alabanza no se enseña, sino que permanece oculto en el silencio. Así pues, sitúate en un lugar al aire libre, el rostro vuelto hacia el viento del mediodía, después de que el Sol se haya puesto, arrodíllate así y ora; y haz lo mismo a la salida del Sol, pero vuélvete entonces hacia el levante. Y así, ahora calla, hijo mío:
44 CANTO DE ALABANZA SECRETO
Que toda la naturaleza del cosmos pueda escuchar este canto de alabanza. ¡Ábrete, oh tierra! Que las aguas de los cielos abran sus esclusas al oír mi voz.
¡Quedaos inmóviles árboles! Porque quiero cantar un himno al Señor de la Creación, el Todo y el Uno.
¡Abrios, cielos! Vosotros vientos, aquietaos, para que el ciclo inmortal de Dios pueda recibir mi palabra.
Porque voy a cantar la alabanza del que creó todo el universo, que le indicó su lugar a la Tierra y que fijó el firmamento;
que ordenó al agua dulce abandonar el océano y esparcirse por la tierra habitada y la inhabitada, al servicio de la existencia y de la pervivencia de todos los hombres;
que ordenó al fuego brillar, para todo uso que los dioses y los hombres quisieran hacer de él.
Alabemos, todos juntos, a Quien se halla por encima de todos los cielos, el Creador de toda la naturaleza. El es el ojo del espíritu: a Él alaben todas las fuerzas.
45 Oh, vosotras, fuerzas que estáis en mí: cantad la alabanza del Uno y del Todo; cantad en armonía con mi voluntad, oh, vosotras, fuerzas que estáis en mí.
Gnosis, oh santo conocimiento de Dios, iluminado por ti me es dado alabar la luz del saber y regocijarme en la alegría del alma-espíritu.
Oh, vosotras fuerzas, cantad todas conmigo este canto de alabanza. Y oh tú, modestia, y tú, justicia en mí, cantad a través de mí lo recto.
Oh, amor por el universo en mí, canta en mí al todo; canta, oh verdad, la verdad; canta, oh bondad, el bien.
46 De ti, oh vida y luz, proviene el canto de alabanza, a ti regresa de nuevo.
Te doy gracias a ti, Padre, que manifiestas las fuerzas. Te doy gracias a ti, Padre, que empujas lo potencial a la actividad.
Tu palabra canta, a través de mí, tu alabanza. Recibe, a través de mí, el todo, como palabra, como ofrenda de la palabra.
47 Oye lo que claman en mí las fuerzas: alaban el Todo, cumplen tu voluntad. Tu voluntad parte de Ti y todo regresa de nuevo a Ti. Recibe de todos la ofrenda de la palabra.
48 Salva al todo que está en nosotros. Ilumínanos, oh vida, luz, aliento, Dios. Pues el alma-espíritu es el guardián de tu palabra.
49 Oh, portador del espíritu, oh Demiurgo, tú eres Dios.
Esto clama el hombre que te pertenece, a través del fuego, a través de la luz, a través de la tierra, a través del agua, a través del espíritu, a través de tus criaturas.
tu voluntad, el reposo que buscaba.
50 Tat: He visto como, según tu voluntad, debe ser expresado este canto de alabanza, Padre. Yo también lo he pronunciado en mi mundo.
51 Hermes: Hijo mío, di: en lo esencial, esto es, el mundo divino.
52 Tat: Sí, en el mundo esencial, Padre, tengo ese poder. Por tu canto de alabanza y tu acción de gracias se ha vuelto perfecta la iluminación de mi alma-espíritu. Ahora también yo quiero dar gracias a Dios desde mi ser más profundo.
53 Hermes: En eso no seas ligero, hijo mío.
54 Tat: Oye, Padre, lo que digo en el alma-espíritu: A Ti, mi Dios, primer artífice del renacimiento, yo Tat, Te brindo la ofrenda de la palabra. Oh Dios, tú, Padre; tú, Señor; tú, Espíritu: acepta de mí la ofrenda que deseas de mí. Pues todo esto se realiza en concordancia con tu voluntad.
55 Hermes: Hijo mío, ofreces así a Dios, el Padre de todas las cosas, una ofrenda agradable a Él. Pero añade aún: por la palabra.
56 Tat: Te doy las gracias, Padre, por los consejos que me has dado.
57 Hermes: Me alegro, hijo mío, de que hayas extraído buenos frutos de la verdad, una cosecha verdaderamente inmortal. Prométeme, ahora que has aprendido esto de mí, guardar silencio con respecto a este fabuloso poder, y no transmitir a nadie el modo de realizar el renacimiento, para que no se nos cuente entre los que profanan la ense- ñanza. Baste que ambos hayamos hecho lo nuestro: yo hablando y tú escuchando. En la luz del espíritu te conoces ahora a ti mismo; a ti mismo y a nuestro Padre común.