En el desarrollo de las luchas actuales, el trabajo de base y la movilización social adquieren
relevancia. Sin embargo, toda negociación constituye un espacio en el cual se pone de manifiesto
la fuerza de cada una de las partes. Es decir, al margen de las propuestas propiamente dichas, las
partes se sientan a negociar porque consideran que ésta es una manera de resolver un problema
que a todos afecta o de alcanzar un objetivo y que la otra o las otras partes son determinantes
para lograrlo. No se negocia con alguien que no tiene peso en la solución del problema o en el
logro del objetivo. La mayor fuerza o peso de las partes en la solución del problema, determina
las características de la negociación y el tipo de solución posible de alcanzar.
Es necesario contar con algún sustento de fuerza social y política que lleve a las autoridades a
valorar y eventualmente, aprobar, total o parcialmente, las propuestas técnicas provenientes de
los/as ciudadanos/as. Buena parte de organizaciones sociales son débiles, en cuanto a su
capacidad para lograr que sus propuestas sean tomadas en cuenta. Por ello, la importancia del
trabajo de base y la movilización social desde los territorios. Por otro lado, la movilización social
constituye un mecanismo de educación y divulgación de ideas y propuestas. Este aspecto es de
suma importancia porque la aplicación posterior de una propuesta de política pública, depende
en buena medida, de que tanto la sociedad se apropie de ella y de qué tanto se está dispuesto a
velar por su cumplimiento. Sobre todo en nuestros países donde buen número de leyes no se
cumplen y donde las instituciones observan debilidades en el cumplimiento de sus funciones.
En la actualidad la movilización social y política se está dando en una diversidad de escenarios y
campos de acción: lucha por el territorio; lucha contra el extractivismo; demanda y defensa de los
derechos sociales, económicos, políticos, culturales y ambientales; lucha por la igualdad de
género; lucha por la defensa de los derechos humanos; demanda de los derechos de los
migrantes; lucha y defensa de los derechos de las mujeres; lucha por la defensa y respeto de la
madre tierra, entre una amplia temática reivindicativa.
La incidencia política no es un proceso sencillo en ningún contexto y es más complejo y hasta
posiblemente frustrante en el caso de Mesoamérica, fundamentalmente por la caracterización de
nuestros sistemas políticos y por la acumulación de resabios autoritarios, patriarcales, racistas,
excluyentes y de corrupción. Esto hace que el escenario de la incidencia, en sistemas políticos
desacreditados y en donde el papel intermediador de la clase política se ha desvanecido (y en
algunos casos nunca ha existido) tenga como consecuencia poco impacto. Si al contexto político,
le sumamos las secuelas y efectos producidos por los conflictos armados en la región y la
incipiente apropiación de la incidencia como un derecho y un deber ciudadano, incidir en políticas
En Mesoamérica, la metodología y las técnicas para la incidencia política utilizadas por los
movimientos y organizaciones sociales varían de un país a otro y de un contexto a otro, por lo
mismo, las experiencias conjuntas de carácter regional son limitadas. De esa cuenta se puede
afirmar que no son iguales los procesos de incidencia en Costa Rica que los realizados en el
Salvador o en México, o cualquier otro país de la región. Existen diversas formas de trabajo
político para influenciar la política pública desde los movimientos sociales, por lo mismo no existe
un método o un procedimiento único y efectivo que se adapte indistintamente a los diferentes
contextos y situaciones. Aunque existe una experiencia acumulada por las organizaciones sociales
en cada uno de los países de la región, no sucede lo mismo en el ámbito de la utilización de estas
metodologías y técnicas en el trabajo desde una perspectiva regional. Iniciativas recientes en
términos de incidencia‐movilización regional se han dado en el marco de la tragedia post‐Mitch,
en el proceso de oposición que se dio en el marco del Tratado de Libre Comercio entre Centro
América y Estados Unidos, y más recientemente, en el marco del proceso de negociación entre la
Unión Europea y Centro América y la movilización contra el Golpe de Estado en Honduras.
Más allá del debate que se ha dado sobre la incidencia y su relación con la movilización social, hay
una gran lección de los procesos en los países de la región y es que la incidencia y el cabildeo per se no transforma nuestra realidad. El carácter de la incidencia es el de la aplicación de
metodologías y técnicas sistemáticas que refuerzan y potencian nuestra acción política. Lo cual
implica no darle un papel preponderante pero tampoco marginal en nuestra estrategia política.
De la experiencia de las organizaciones sociales Mesoamericanas en los procesos de incidencia y
cabildeo se desprenden por lo menos tres maneras de iniciar dichos esfuerzos277:
Como parte de una planificación estratégica, que implica la promoción de las agendas
sectoriales o el impulso de iniciativas surgidas dentro de las propias organizaciones sociales.
Por ejemplo las iniciativas de las organizaciones mujeres (leyes, programas, secretarias,
instancias etc.).
Como respuesta a la coyuntura. Lo que supone por parte de las organizaciones lecturas
permanentes y actualizadas de la realidad (iniciativas relativas al cumplimiento de acuerdos
de paz, realización de grupos consultivos, movilización frente a tratados y acuerdos
comerciales, etc.). En este mismo bloque encontramos aquellas que se desprenden de hechos
concretos muchos de ellos impredecibles como lo fue el caso de la coyuntura post Mitch. Como combinación de las dos anteriores. En este caso se trata de organizaciones que al
mismo tiempo de impulsar sus propias iniciativas, cuentan con la capacidad para incidir en
procesos surgidos fuera de su organización. Es decir, desde las instituciones de gobierno o
bien desde otras instituciones o grupos sociales.
Desde una perspectiva regional aparecen algunas líneas generales de acción para la incidencia‐
movilización, sin embargo debemos reiterar que la aplicación de éstas varía de acuerdo al
contexto en que se desarrollen las acciones y la temática que se busca influenciar. Entre los ejes
de trabajo más comunes a desarrollar se identifican:
La profundización en el entendimiento y conocimiento pertinente sobre el contexto y la
administración pública desde un enfoque multidimensional.
277
Promoción de la investigación social que fundamente nuestra lectura de la realidad, nuestro
posicionamiento político y nuestras propuestas de transformación.
La construcción de espacios de articulación regional con perspectiva y visión mesoamericana
que contribuyan a la construcción del proyecto político alternativo y a la agenda de trabajo
regional.
El desarrollo de alianzas sociales que provoquen no sólo la apropiación diversa de la
propuesta sino también su acompañamiento para potenciar su impacto. Es necesario contar
con algún sustento de fuerza social y política que lleve a las autoridades a valorar y
eventualmente, aprobar, total o parcialmente, las propuestas técnicas provenientes de los/as
ciudadanos/as.
La lógica actual cómo funciona la institucionalidad regional y los Estados, obligan a ejercer
estrategias diversas para que las iniciativas puedan desarrollarse y buscar alcanzar resultados
favorables en las reivindicaciones. En este ámbito hay condiciones que deben estar presentes:
Es importante tener claridad que independientemente de que se cuente con la mejor
propuesta de política pública, la mejor metodología disponible para influenciar una política
pública y la mejor estrategia a implementar, si no se cuenta con la tenacidad requerida para
impulsar la estrategia de incidencia y si no se cuenta con la flexibilidad para entrar en un
proceso de negociación con el Estado y para adaptar la estrategia de incidencia según indique
la coyuntura, ningún esfuerzo en esta materia, será realmente efectivo278. De aquí la
importancia de tener claridad de los alcances que queremos impulsar en cada una de nuestras
acciones reivindicativos en el marco de la incidencia política.
También es importante reconocer, que la incidencia en políticas públicas no depende
únicamente de la coherencia de la estrategia, ni del plan de monitoreo, ni de la tenacidad con
que se cuente para impulsar una campaña, la decisión final sobre una política pública
dependerá de la anuencia del Estado para aceptar las propuestas de sociedad civil y de la
fuerza que otros grupos de poder ejerzan o no ante los responsables de definir las políticas
públicas. Sin embargo una buena propuesta, una estrategia de trabajo coherente y el
compromiso para impulsar la estrategia son factores clave para influenciar la decisión.
En otra perspectiva, ninguna acción de incidencia que vaya orientada a buscar cambios en la
institucionalidad o en temas reivindicativos podrán alcanzarse sino existe una diversa,
representativa y sostenible movilización social.
La incidencia se puede transformar en un ejercicio desmovilizador sino existe la suficiente
claridad de cómo funciona el sistema público, sus instituciones. Es fundamental entender que
los resultados siempre estarán definidos con base a la voluntad política de los gobiernos y la
capacidad de acción y negociación que se tenga por parte de los movimientos y
organizaciones sociales y populares. 278 Ibídem.
CONCLUSIONES
Es imprescindible la construcción del proyecto político Mesoamericano que incluya no sólo la
adscripción a un paradigma alternativo al modelo neoliberal, sino además el planteamiento
programático, la estrategia política y el tipo de instrumento movilizador a utilizar.
El reto para las organizaciones sociales y los pueblos indígenas, es mantener el espíritu de las
reivindicaciones históricas de los pueblos y complementarlo con la demandas por un nuevo
modelo de desarrollo sobre la base del Buen Vivir y otros paradigmas liberadores.
Los espacios de articulación regional deben promover su fortalecimiento que implica elevar la
capacidad de propuesta, su fuerza movilizadora y su eficacia política.
Se debe fortalecer la construcción de una cultura e identidad Mesoamericana. Pero no la de
las élites económicas sino la del pueblo y territorio Mesoamericano.
Los Estados en la región, necesitan ser refundados, sobre la base de constituciones que
funcionen como ente regulador y armonizador de toda la política pública que los países
necesitan para alcanzar democracia, paz, seguridad, justicia social, distribución equitativa de
la riqueza, equidad entre géneros, reconocimiento a la pluriculturalidad de sus pueblos,
solidaridad y desarrollo en plena armonía con el medio ambiente.
En los países en vías de desarrollo, los conflictos sociales se han desprendido de problemas
que tienen una raíz estructural. La diversidad de los conflictos hace que los movimientos no
sean homogéneos. El movimiento campesino va a reivindicar sus derechos sobre la tierra, los
recursos naturales, la supervivencia económica y social. Los pueblos indígenas se aglutinan
alrededor de planteamientos políticos de respeto a su multiculturalidad y su reconocimiento
como pueblos con una identidad histórica, comunitaria y política.
Existe la imperante necesidad de generar nuevos paradigmas que den respuesta sistémica a
todas las reivindicaciones y demandas económicas, políticas, sociales, culturales y ambientales
de los pueblos. La imperiosa necesidad de cambiar los modelos económicos perversos que han
condenado a la mayoría de las poblaciones en el mundo a vivir en condiciones de precariedad,
pobreza, exclusión y marginación.
En la actualidad la movilización social y política se está dando en una diversidad de escenarios
y campos de acción: lucha por la autodeterminación de los pueblos; lucha por el territorio;
lucha contra el extractivismo; demanda y defensa de los derechos sociales, económicos,
políticos, culturales y ambientales; lucha por la igualdad de género; lucha por la defensa de
los derechos humanos; demanda de los derechos de los migrantes; lucha y defensa de los
derechos de las mujeres; lucha por la defensa y respeto de la madre tierra, entre una amplia
temática reivindicativa.
La incidencia se puede transformar en un ejercicio desmovilizador sino existe la suficiente
claridad de cómo funciona el sistema público, sus instituciones. Es fundamental entender que
los resultados siempre estarán definidos con base a la voluntad política de los gobiernos y la
capacidad de acción y negociación que se tenga por parte de los movimientos y
organizaciones sociales y populares.