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S TRATEGIC O BJECTIVE 1.5: A SCERTAIN THE CONTENT , ORIGIN , AND EVOLUTION OF THE SOLAR SYSTEM AND THE POTENTIAL FOR LIFE ELSEWHERE

Strategic Goal 1: Expand the frontiers of knowledge, capability, and opportunity in space.

S TRATEGIC O BJECTIVE 1.5: A SCERTAIN THE CONTENT , ORIGIN , AND EVOLUTION OF THE SOLAR SYSTEM AND THE POTENTIAL FOR LIFE ELSEWHERE

La narración va precedida de los títulos del protagonista, característica propia de las biografías póstumas contemporáneas. El autor comienza así la ficción tratando de que el receptor perciba su relato desde una perspectiva realista. A continuación, el tiempo de la acción se indica con precisión mediante la fecha, otro elemento realista. A partir de aquí, el tono formal se transforma bruscamente en poético, encadenando figuras literarias: “El dios ha ascendido a su horizonte, el rey Sehetepibré se ha elevado al cielo, habiéndose unido al disco solar, el cuerpo del dios habiéndose fundido con quien le creó. La Residencia estaba callada, los corazones afligidos; las puertas estaban cerradas, los cortesanos con la cabeza sobre las rodillas y los nobles en silencio.”

La licencia poética que utiliza el autor para referirse a un suceso político tiene su eco muchos años después, en la inscripción biográfica de

92 G. Posener, “Le début de l’enseignement de Hardjedef,” Revue d’Égyptologie 9 (1952)

p. 111-112.

93 Urk. I 99, 10-17.

Amenemhab, un alto oficial que acompañó a Tutmosis III en sus campañas por Siria-Palestina y falleció bajo el reinado de Amenofis II, siendo

enterrado en la orilla occidental de Tebas, en Abd el-Gurna.94

(Tutmosis III) Él completó sus días con muchos y propicios años, con coraje, poder y (santa) inocencia, hasta cumplir cincuenta y nueve años y tres meses de Peret, bajo la majestad del rey Menjeperré -(santo) inocente- Él ha ascendido al cielo y se ha unido con el disco solar. El cuerpo divino se ha mezclado con quien él creó.

Al alba del nuevo día, surgió brillante el disco solar, resplandeciente el cielo. El rey de Egipto Aajeperuré, el Hijo de Re Amenhotep-necherhekauaset (Amenofis II) -¡que se le conceda vida!- se ha establecido en el trono de su padre.

El rey muerto, tras haber recibido los cuidados necesarios y haber pasado por un elaborado ritual de enterramiento, logra sobreponerse a su muerte física y pasar así a formar parte de los dioses del Más Allá. El horizonte y el cielo, adonde el rey muerto asciende, son, además de los puntos de destino del difunto en una de las escatologías egipcias, dos eufemismos utilizados para referirse a la tumba y al cementerio respectivamente. El luto general se expresa mediante el silencio, las puertas de la capital cerradas y los cortesanos adoptando una actitud de duelo.

El autor ahorra cualquier mención a acontecimientos pasados, dejando en suspense cómo murió el rey y comenzando la narración cuando ha transcurrido ya la acción que desencadena los hechos que se presentan. El lector/oyente es arrojado a la corriente de un río en mitad de su caudal, sintiéndose identificado con Sinuhé, quien tampoco conocía el origen de los acontecimientos que le sobrevinieron.

Sinuhé se encontraba en tierras extranjeras junto al rey consorte y príncipe heredero, quien se entera de la muerte de su padre a través de un mensajero. El autor dibuja un contexto de transición, una atmósfera enrarecida, al transmitirse el mensaje en el camino, sobre la marcha y cayendo la noche. El príncipe parte de inmediato, y la información de lo sucedido en la Residencia pasa por diferentes intermediarios hasta alcanzar por accidente los oídos de Sinuhé, circunstancia que añade incertidumbre sobre el contenido real del mensaje transmitido.

94 Urk. IV 895, 14- 896, 8. En la (auto)biografía de Ineni se incluyen dos referencias al

fallecimiento del monarca y ascensión al trono de su sucesor; Urk. IV 58, 11- 59, 1; 59, 13- 17.

El protagonista se encontraba a cierta distancia del informador cuando escuchó la noticia, pero ¿qué oyó Sinuhé? Nunca se revela qué es lo que le hizo entrar en pánico, qué es lo que oyó y cómo lo pudo interpretar para que decidiera separarse y esconderse del resto del grupo. El autor evita con esto que el público juzge a Sinuhé, si su entendimiento fue torpe o justificado: Sinuhé se presenta como una víctima de las circunstancias y de su condición humana.

La huida que emprende Sinuhé no es una fuga meditada y calculada, sino una huida errática e improvisada. El autor expresa esta imagen haciéndole subirse a una balsa sin timón, empujada por un viento del oeste. Este viento es hoy denominado jamsin, que sopla durante unos cincuenta días seguidos y se dice que trastorna temporalmente a la gente. Rehuye todo contacto humano, y de nuevo la noche envuelve la acción, privando a Sinuhé de cualquier posibilidad de corroborar los hechos supuestos. En la literatura del antiguo Egipto, la noche es un momento de indefensión y vulnerabilidad, durante el cual los individuos han de acogerse a la

protección del monarca o a la de los dioses.95

Una vez fuera de territorio egipcio, Sinuhé se desvanece, y cuando creía que llegaba su final, le rescatan unos nómadas. La narración experimenta un vuelco ideológico: el protagonista estaba perdido en Egipto y es devuelto a la vida por unos extranjeros no muy apreciados por los egipcios. El autor rompe con los tópicos para hacer de su relato una experiencia inaudita: Sinuhé, egipcio, se une a una tribu nómada y vaga por tierras de Palestina y el Líbano.

Si bien el itinerario seguido por Sinuhé en su huida queda bien definido en lo que se refiere a Egipto, en Canaán no se precisan detalles topográficos, ni sobre la ruta emprendida, ni sobre la ubicación de su destino final, la tierra de Iraru. Ésta, sin embargo, es descrita desde el punto de vista económico, enumerándose los productos que en ella se podían encontrar. A ello se sumaba la buena disposición de sus gentes, que le abastecían de todo tipo de viandas. “No había otra igual,” era una especie de paraíso terrenal, al estilo de la isla del ka que acoge al náufrago, donde todo lo bueno se le ofrecía. El único aspecto que podría haber sido negativo, derivado de su posición fronteriza, eran los conflictos bélicos en

95 Ch. Cannuyer, “nox in ea nocetur... Les dangers de la nuit dans la littérature de

l’ancienne Egypte,” Göttinger Miszellen 73 (1984) p. 13-21; E. Hornung, “Licht und Finsternis in der Vorstellungswelt Altägyptens,” Studium Generale 18 (1965) p. 73-83; H. Ringgren, “Light and Darkness in Ancient Egyptian Religion,” en Liber Amicorum. Studies in Honour of Professor Dr. C. J. Bleeker. Studies in the History of Religions 17, Leiden 1969, p. 140-150.

los que Sinuhé se veía implicado, y aún en esas ocasiones sacó beneficio: su promoción social y militar y la adquisición de los bienes materiales de sus oponentes.

“Mi casa es perfecta, mi dominio es amplio, (pero) mi mente está en palacio,” con estas palabras Sinuhé expresa cómo, a pesar de su buena posición en aquel paraíso, él pertenece a otro lugar. Es la avanzada edad lo que le hace ver las cosas desde otra perspectiva. Llega un momento en que las satisfacciones mundanas no llenan el espíritu del hombre, es cuando éste piensa en la muerte y en el Más Allá. El rey se hace partícipe del sentir de Sinuhé, y le caricaturiza su porvenir, instándole a “que no te entierren los cananeos, que no te envuelvan en una piel de carnero haciendo de sarcófago.”

El regreso a Egipto de Sinuhé se dibuja como un contacto gradual con lo egipcio, de intensidad ascendente hasta llegar al rey. El protagonista toma el Camino de Horus, vía frecuentada por egipcios; se encuentra con el jefe de la guarnición allí apostada, quien informa de su presencia; desde Egipto viene un alto oficial a recibirle, con quien se embarca; los súbditos del rey le dan la bienvenida a las puertas de palacio y cortesanos le escoltan hasta el salón de audiencias.

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