• No results found

E: The limited number of people working and living in Ayia Napa

1. Methods of data analysis

3.4.3 Triangulation/Validity/Reliability

El artículo cuatro enuncia en la cuestión de Utrum omnia sint bona Bonitate Prima el paso de la lógica de los trascendentales al lenguaje de la causalidad metafísica. Es decir, desmembra la trilogía trascendental en la separación causal de Dios y sus criaturas. Dos preposiciones de la lengua latina expresan esta compleja relación: ellas son ab y per. El ab acerca los términos -“como conven- ga que todos los entes de un primer ente fluyan”- pero no expresa la identidad de Dios con el mundo, porque el que obra no tiene la misma razón que lo obra- do, ni el hacedor con lo hecho. Sin embargo nombra de alguna manera el des- borde de la bondad de Dios en la perfección de sus criaturas. La perfección con- duce a sus diferentes hasta la medida de lo absoluto; visto desde el ente, éste construye su realidad entre la propia identidad que lo diferencia y la semejanza que lo reúne. En cuanto al per traduce una forma de relación entre la separabili- dad platónica del bien y la univocidad de una idea que se predica. Como forma causal deja el espacio abierto para la historicidad del mundo. Su ser-relación lo explicita a través de dos términos: simile y exemplar. La estructura ontológica del simil refleja por un lado la identidad que surge de la forma, por otro la refe- rencia que nace de la participación de la misma.

La semejanza es el modo de presencia de una bondad infinita en algo creado. Por eso rompe las barreras de la identidad metafísica y abre a la dimensión de la ejemplaridad que sustenta. Es el camino abierto hacia la perfección y el funda- mento ontológico de la nostalgia. Entre las idas y venidas de la causalidad meta- física la semejanza anuncia el rostro invisible de una perfección absoluta. La

178 María Raquel Fischer fuerza de la semejanza procede de la atracción de un exemplar. La procedencia no es un olvido, porque el modelo recuerda el camino entre la errancia más ciega y la clarividencia más absoluta.

Que la urdimbre del mundo juegue su destino entre semejanza y ejemplari- dad hace que el orden pueda explicitarse como deseo y goce. La trilogía inicial del bien se convierte por la mediación de la causalidad en una trilogía fundativa de los deseos el mundo.

La meditación final del artículo abre la ontología al ámbito del decir huma- no. El hombre quiebra la identidad del decir cuando nombra la perfección de las cosas.

El artículo cinco contempla la posibilidad de una ruptura de las relaciones causales del mundo con lo trascendente a través de la autosuficiencia de la esen- cia: Utrum Bonum creatum sit bonum per essentiam. El per essentiam se con- vierte según el lenguaje del objetante en el sustrato causal del simil; la bondad encontraría el vínculo causal fundativo en la inmanencia de su esencia. La posi- bilidad que la forma inherente a la perfección fundamente un paso metafísico de la semejanza a la esencialidad queda rebatida por Santo Tomás según tres auto- res.

La primera tesis está tomada del libro De Trinitate (VIII, c. 2) de San Agus- tín. Según la cita, la intención metafísica supone la fidelidad a lo que la palabra nombra.

El dicitur simpliciter y el dicitur secundum quid traducen en lengua latina la distancia que se constituye entre un comienzo que expresa la plenitud del ente y un final que expresa la plenitud del bien. La búsqueda de la plenitud cuenta con el desgarro de su precariedad ontológica2.

El ens simpliciter tiene la prioridad que surge de la irradiación de lo que es; en esta percepción la nada queda trascendida por la luminosidad de la bondad a través de una transitoriedad cósmica que supone la identidad del ente pero no tiene en él su fundamento causal. “Totalidad”, “exterioridad”, “adicionalidad de lo accidental”, constituyen la compleja urdimbre de un completum final. Desde aquí se ve que no hay esencialidad posible que justifique el “todavía no” de la teleología. Las cosas significan más allá del contexto de su esencialidad. La experiencia del devenir supone causalmente la superación de la totalidad del mundo.

2 Cfr. el texto paralelo de Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q5, a1, ad1; sigo la edición BAC, Madrid, 1964.

Fundamentos metafísicos 179 La limitación de la posibilidad predicativa de la palabra humana reivindica el sentido de la teleología y la imagen final de una plenitud lograda. Es cierto que sólo Dios totaliza en la inmanencia la grandeza de su esencia. Pero la criatura cuenta también con la fuerza operativa de un exemplar que late en la interiori- dad de una experiencia teleológica. Por este vecindazgo, las cosas exceden el campo de su identidad, pero la precariedad de su presente hace que necesiten ontológicamente de su historia.

La segunda tesis menciona al autor del libro De causis (prop. 20 y 22). El centro de la cuestión está en el mecanismo entitativo en el cual se juega el debe- nir histórico. Hay una distancia ontológica que va de la esencia al esse y cons- tituye la estructura intrínseca del ente. La esencialización de la bondad no agota el caudal perfectivo de un esse creatum: “Essentialis enim bonitas non attendi- tur secundum considerationem naturae absolutam, sed secundum esse ipsius”.

El texto apela a una humanitas que no puede crecer fuera del drama interior que acerca “esencia” y “esse” a la realidad de un único corazón metafísico: “hu- manitas enim non habet rationem boni vel bonitatis nisi in quantum esse habet”.

A través de la compleja estructura de la cosa creada, se dibuja una imagen de Dios: “Et sic in Deo est esse purum, quia ipse Deus est suum esse subsistens; in creatura autem est esse receptum vel participatum”.

Las expresiones latinas de esse purum y bonitas pura designan la estructura de la realidad ejemplar de Dios según la cual cada criatura recorre el camino de la semejanza.

Respecto del modo de la causalidad objetada en este artículo aparece la figu- ra de un mundo que no sólo se desfonda en su totalidad cósmica sino también en su partícula metafísica. Visto desde la óptica perceptiva de la mente, la ma- yor amenaza es la que sostiene el ente entre la identidad de su esencia y la dife- rencia del esse.

La tercera tesis interpreta lo que parece ser la intención de Boecio en el libro De hebdomadibus: a la dialéctica causal entre el ente y el bien, entre la esencia y el ser, se agrega ahora la dinámica inmanente al fin. Su articulación intrínseca de la cual depende la fuerza causal, conjuga en una única dirección dos perspec- tivas: la de lo trascendente que mira a Dios como último fin y primer principio y la de lo inmanente que descubre su presencia en la participación de una bondad creada. De ahí en más, los fines jerarquizan sus fuerzas causales dentro de una comunidad metafísica que establece orden y jerarquía entre los seres. Pero en virtud de esta jerarquización entre lo que es por sí mismo un bien y lo que es por participación, el mundo queda a mitad de camino entre la totalidad que lo

180 María Raquel Fischer constituiría en una pura inmanencia y la deferencia que lo remite a la trascen- dencia absoluta.

Como conclusión de esta segunda parte se puede afirmar que representa el paso de la trilogía fundativa del bien a la trilogía causal.

Además cada una de las perspectivas desarrolladas en el artículo cinco expli- can por qué no hay un per essentiam como fundamento causal de la bondad del mundo. El “no” del per essentiam es un “sí” al per participationem. En virtud de lo cual puede afirmarse que el teólogo medieval superaba metafísicamente la posibilidad de una suficiencia ontológica recorriendo tres distancias:

1) Una distancia antropo-cósmica que va del ente al bien y que desde el pun- to de vista del hombre es la condición de posibilidad de su mundo histórico.

2) Una distancia ontológica que va de la esencia al esse y abre al espacio del mundo interior del hombre.

3) Una distancia creacional entre lo creado y su creador que aún supuesta la anulación de las otras distancias, sería el definitivo y más radical “no” a la auto- suficiencia del mundo en su posibilidad perfectiva. La trilogía causal reubicaría los términos iniciales a partir de una bondad que configura su lugar entre lo pró- ximo y lo lejano.

4. TERCERA PARTE: “LA NATURALEZA DEL BIEN COMO MODO,