Discussion
Chapter 5: A test of trophic cascade theory: fish and benthic assemblages across a predator density gradient on coral reefs
Ideas 1 ofrece una clave de lectura para las Lecciones sobre la conciencia interna del tiempo; en estas, la hyle sensible se vincula a la constitución temporal de conciencia, y no solo es un componente real de la nóesis en función a la constitución del sentido160. La hyle sensible no es atendida en tanto que materialidad necesaria para la constitución, sino en tanto que materialidad inherente a la vivencia que posibilidad la conciencia interna del tiempo. Dijimos que Ideas 1 ofrece una clase de lectura de las Lecciones porque reconoce sus propios límites al ocuparse de la constitución. “El nivel de consideración en el que nos mantenemos hasta nuevo aviso omite descender a las oscuras profundidades de la conciencia última que constituye toda temporalidad vivencial, y más bien toma las vivencia tal como se ofrecen en la reflexión inmanente como procesos temporales unitarios”161.
Las Lecciones ponen entre paréntesis el tiempo objetivo y se ocupan de cómo el tiempo es vivido o experimentado en el marco de una conciencia temporal. Husserl describe la intencionalidad específica por medio de la cual se aprehende el tiempo, así como el contenido sensible (la hyle) aprehendido junto con él. Para ello, se pregunta qué sucede al escuchar un fragmento de una melodía. “Oímos la melodía, es decir, la percibimos, pues el oír es sin duda un percibir. Pero suena el primer sonido, luego viene el segundo, después el tercero, y así sucesivamente. ¿No debemos decir que cuando suena el segundo sonido, lo oigo a él, pero ya no oigo el primero, y así sucesivamente?”162. La opinión vulgar atribuye al recuerdo la función de ordenar este transcurso y conferirle un orden de sucesión a las percepciones aisladas que suceden en este; para Husserl, no obstante, la escucha es también un fenómeno temporal cuyo correlato (lo escuchado) es también temporal. Por ello, el análisis del tiempo puede tener dos polos: uno trascendente y uno inmanente. En el caso de la melodía, la temporalidad trascendente es la de lo escuchado, mientras que la inmanente es la de la vivencia subjetiva del escuchar. Asimismo, lo escuchado no es captado como un instante asilado sino como poseyendo una extensión
160 Levinas se percata de esto del siguiente modo: “los datos hyléticos, tal como muestra la
constitución husserliana del tiempo, están ya de algún modo constituidos por una intencionalidad más profunda, propia de la conciencia, de la cual hemos hecho abstracción en este estudio” (TIH, p. 75). Ver también: Ideas 1, §81, pp. 271‐272.
161 Ideas 1, §85, p. 281‐282. Cita ligeramente modificada.
temporal163. La melodía es captada en tanto que objeto temporal o que dura. Sus momentos no se suceden entre sí y nunca se dan como un todo en determinado instante164. Esta sucesión es, entonces, del flujo de sensaciones que discurren en este aparecer del objeto, que es un continuum.
A Husserl le interesa comprender cómo la conciencia constituye el sentido ‘tiempo’ para interpretar la temporal de la vivencia y la temporalidad del objeto que dura (la melodía); por ello, presta atención a la nóesis que vive el tiempo, al sonido que dura (dato hylético) sin remitirse a trascendencia alguna, pues cree que solo así se puede describirse su aprehensión. La impresión (aquí la llama percepción sin que sensu stricto sean equivalentes)165 es un tipo de aprehensión y –específicamente– lo es del ahora. La percepción, en cambio, se refiere al todo aprehendido y no solo al ‘ahora’ aprehendido. Dicha totalidad es un ahora‐continuo y comprende los ahora‐ sido, ahora‐actual y ahora‐venidero166. A Husserl le interesa la totalidad de la percepción, en la medida en que en ella ya hay una intuición de la sucesión, pues el objeto no es captado de manera aislada sino en una duración. Todo objeto que aparece posee un carácter temporal. En la melodía, por ejemplo, hay una mayor intensidad en las notas ‘ahora‐actuales’ que en las notas ‘ahora‐sidas’, de las que solo se escucha una leve resonancia; asimismo, las notas ‘ahora‐actuales’ perderán su intensidad en el ‘ahora‐venidero’. Por ello, Husserl afirma que
todo ser temporal “aparece” en algún modo decursivo, y en uno en continua mudanza, y el “objeto en el modo decursivo” es siempre, en esta mudanza, uno
163 “Pues bien, el carácter supuestamente atomista y representacionalista de la percepción en
Husserl –que se atribuye generalmente al modo como Husserl concibe sus contenidos sensibles– se ve superado cuando él describe a estos últimos como datos temporales (fluyentes) al interior de campos de sensación. Asimismo, y ya desde este período, los contenidos sensibles per se son elementos meramente parciales y abstractos en el contexto de totalidades perceptivas, y no juegan papel ‘presentativo’ alguno sin el otro elemento de la percepción, a saber, los ‘caracteres de acto’ intencionales que mientan a través y más allá de sus contenidos(über‐sich‐hinaus‐weisen)” (Rizo‐ Patrón 2005: 210).
164 “No es, por tanto, que nosotros tengamos los sonidos a la vez, ni que oigamos la melodía
debido a la circunstancia de que con el último sonido sigan durando los anteriores, sino que los sonidos forman una unidad sucesiva con un resultado común, la forma de la aprehensión” (LT, §7, p. 44).
165 En los pasajes más antiguos del texto Husserl emplea los términos ‘percepción’ e
‘impresión’ como equivalentes. Este uso se justifica en que la percepción es una duración en el presente, un ahora que es un continuum.
166 “A propósito de la duración‐sonido que llega hasta el ahora actual hablamos de
percepción, y decimos que el sonido que dura es percibido, y dentro de la distensión de su duración, únicamente del punto caracterizado en cada caso como ahora, decimos con plena propiedad que es percibido” (LT, §9, p. 48).
distinto, mientras que en efecto decimos que el objeto y cada punto de su tiempo y el tiempo mismo son uno y el mismo167.
Con modo decursivo168 Husserl se refiere al hecho de que toda impresión, necesariamente, pierde su intensidad actual en el ahora‐venidero, tornándose un ahora‐sido. La percepción, como actividad sintética, no se remite a un ahora actual porque ella misma es una vivencia temporal y, por ello, está sujeta al modo decursivo. El objeto intuido es un ahora‐actual que inmediatamente se retiene y se aleja de la actualidad, de ahí que nunca haya una percepción plenamente actual. Las impresiones, sin embargo, no desaparecen del todo; estas son retenidas e integradas en una secuencia temporal que, precisamente, da unidad a la vivencia temporal y permite la conciencia de la duración. Por lo tanto, el modo decursivo de la conciencia es la condición fundamental para que ella sea una unidad en medio del flujo de multiplicidades169. Con el fin de revelar sus componentes, se puede descomponerse de manera abstracta el modo decursivo de la conciencia. Si se hace esto, aparece como una estructura mínima de duración en la que destacan dos elementos: la retención y la impresión originaria.
Husserl define la impresión originaria como “el ‘punto‐fuente’ que inaugura el ‘producirse’ del objeto que dura”170. La Ur‐impression es la presentación actual o instantánea de la objeto. Es, como se señalo, un aspecto que solo puede ser separado abstractivamente, que no ha sido articulado en una fase temporal aunque es uno de sus elementos. Gracias a la impresión la conciencia retiene contenidos, aunque esto no significa que sea un recuerdo de la impresión. Más bien, la conciencia retiene la impresión originaria. Por ello, la retención está en el ahora‐actual pero su contenido es ya‐sido. La impresión no es una percepción porque solo comprende el ahora‐actual y no el ahora‐sido: “¿no somos directamente conscientes del ‘acaba de ocurrir’, del 167 LT, §9, p. 49. 168 En la nota de §10 se define el ‘fenómeno decursivo’ de este modo: “significa, por lo pronto, dos cosas. La primera es que son «vivencias» que discurren en constante sucesión, cuyo flujo no se detiene ni se puede detener. La segunda es que esta sucesión lleva a cabo por sí sola, y en virtud de su peculiarísima estructura intencional, la manifestación del paso del tiempo, la revelación intuitiva del curso de los objetos temporales” (LT, §10, p. 50). 169 “Retención, protensión y pura percepción son los tres momentos que pueden faltar en la
intención perceptiva, y, ya que no pueden ser explicados por los contenidos primarios ni por la cualidad intencional –el pasado y el futuro inmediatos están tan firmemente creídos como el presente puro–, ni deben ser explicados por una reflexión que haga que la inteligencia esté ya siempre actuando en estos casos para construir sus objetos de orden superior” (García‐Baró 1999:270). 170 LT, §11, p. 51.
‘acaba de pasar’ en su autodonación, en el modo del estar ello mismo dado?”171. La impresión originaria no es una percepción porque no tiene una temporalidad, al solo ser un ahora‐actual. La percepción tiene así dos sentidos diferenciados: 1) es “el acto que pone algo ante los ojos como ello mismo, el acto que constituye originariamente el objeto”172. Aquí percepción equivale a impresión originaria; 2) es el “acto en el que todo ‘origen’ se halla, el acto que constituye originariamente, entonces el recuerdo primario es percepción”173 .
Asimismo, la diferencia entre la impresión y la retención no reside su contenido, sino en que la retención integra lo retenido a una conciencia temporal, de ahí que las retenciones duren y se sucedan en un continuum. Así pues, La diferencia entre impresión y retención está en su modo de darse: mientras la impresión es actual (instantáneo), lo retenido va progresivamente hundiéndose en el pasado, hasta desaparecer. La retención constituye la presentación del objeto, porque el ahora‐sido es la presentación del mismo objeto de la impresión originaria solo que formando parte ya de la conciencia; es, por decirlo de algún modo, la impresión en tanto que se vive, insertada en la corriente de las vivencias; por ello, es una especie de intencionalidad.
La terminología que emplea Husserl en las Lecciones puede ser un problema: caracteres de acto y contenidos primarios son términos de LU que en las Ideas corresponden a morphé intencional y hyle sensible. En el §84 de Ideas 1, en la nota Sobre la terminología, Husserl recusa el uso de la expresión ‘acto’, además no empleará nuevamente este término que, en LU, algunas veces significaba ‘carácter de acto’ y otras veces ‘acto’ (vivencia intencional). Si bien afirma que el concepto primitivo de acto es indispensable, en la fenomenología se hace una distinción entre las vivencias intencionales o ‘actos ejecutados’ y los ‘actos no ejecutados’. Así, resulta coherente que Husserl emplee el término ‘carácter de acto’ en LU para designar el componente esencial de la vivencia intencional o acto, porque el problema del que se ocupaba en este texto es la fenomenología del conocimiento, que es siempre una actividad. Sin embargo, el carácter de acto no puede dar cuenta del proceso complejo de la constitución, que abarca otras esferas de la conciencia. 171 LT, §16, p. 61. En esta cita, puede apreciarse la distinción antes aludida entre los sentidos de percepción como tal y la impresión. 172 LT, §17, p. 62. 173 LT, § 17, p. 63.
Después de Ideas 1, entre los años 1920‐1926, Husserl profundiza su indagación en la dimensión donde discurre la temporalidad originaria que abordó desde las Lecciones de 1905 y desarrolla el concepto de síntesis pasiva, referido a las capas previas en las que los actos se constituyen. Husserl concibe a esta dimensión de la temporalidad originaria como anterior a la distinción entre hyle y morphé174.
Como se ha señalado, la diferencia entre una impresión y una retención no reside su contenido, sino en una es intencionalidad y la otra no. La impresión da el objeto de manera plena pero no lo retiene, mientras que la retención lo asume como un ‘ahora‐ausente’ o ‘ahora‐sido’. En el §31 de las Lecciones, Husserl profundiza su análisis sobre la impresión originaria. Señala que cada nueva impresión originaria imprime un lugar de tiempo individual en su objeto. Cabe reiterar que la impresión ingresa a la conciencia en tanto que retenida. Así, pudiendo ser idéntico el contenido de ambas, su lugar respectivo en el flujo temporal de la vivencia es lo que las distingue. La conservación de estas fases temporales posibilita la constitución de la conciencia interna del tiempo objetivo que aparece como correlato de la conciencia, dada junto con lo impreso o lo sentido. Gracias a la sensación o, propiamente, impresión originaria y a la intencionalidad de la retención, es posible ser conscientes del tiempo. “El sentir lo consideramos como la conciencia originaria del tiempo […] sensación es la conciencia de tiempo que se hace presente”175.
Se han examinado una serie de problemas e interpretaciones de la sensibilidad en Kant y Husserl. Ello permitirá comprender las dimensiones filosóficas del examen del concepto de sensibilidad en Levinas. Si bien este capítulo ha tenido un carácter preparatorio, el camino trazado a través de ambos autores muestra el estatuto epistémico de la sensación, la relación entre la conciencia y lo sentido, el papel de la sensación en relación a la cosa en sí, la existencia como una determinación y el origen del tiempo en lo sentido. Estas consideraciones las comprende una problemática más amplia que es la de la relación entre la sensibilidad y la alteridad. En el próximo capítulo se analiza cómo Levinas entiende este problema en sus primeros escritos, insertándolo en una aproximación teórica y en una actitud determinante con la realidad que impide abordar la alteridad como 174 Este punto será retomado en el tercer capítulo. 175 LT, Ap. III, p. 128.
tal. Además de ello, se verán algunas tentativas con las que Levinas se aproxima a la alteridad en algunas de sus primeras obras y la manera en que plantea la relación entre subjetividad y sensibilidad. ***
Segundo capítulo Inadecuación de la teoría: La sensibilidad en la obra temprana de Levinas
2. 0. Introducción
El itinerario de la filosofía de Levinas empieza con una toma de posición respecto de algunas tesis de la fenomenología de Husserl y de Heidegger. En este capítulo rastreamos qué distancias marca respecto de ambos fenomenólogos y cómo de estas distancias surge una filosofía con un cariz propio, cuyo problema inicial y fundamental es cómo es posible la trascendencia. En el capítulo anterior se ha ocupado de la sensibilidad y del entendimiento en Husserl y Kant; ahora, se mostrará cómo la moderna teoría del conocimiento176 no entrevé que la sensibilidad puede ir más allá de la recepción del material sensible como dato, concibiendo su actividad en relación con la afección pasiva que surge a propósito de algo que trasciende al sujeto a la vez que lo interpela. El siguiente capítulo se aproxima al concepto de sensibilidad que desarrolla Levinas en algunas de sus primeras obras177: Teoría de la intuición en la fenomenología de Husserl (1930), De la evasión (1935), De la existencia al existente (1947) y La realidad y su sombra (1948)178. La recepción inicial de Husserl por parte de Levinas está marcada por una fuerte influencia de la filosofía de Heidegger. Esta se evidencia, en primer lugar, porque su tesis doctoral Levinas subordina explícitamente el problema fenomenológico al problema ontológico, concibiendo la teoría de la intuición de Husserl como un prolegómeno a la pregunta por el sentido del ser. En segundo lugar, Levinas denuncia un presunto intelectualismo o primacía de la actitud teórica 176 Sin embargo, Levinas consideró que la fenomenología no era una teoría del conocimiento, no al menos en el sentido tradicional. “Una teoría del conocimiento presupone, en efecto, la existencia de un objeto y de un sujeto que podrían entrar en contacto uno con el otro… Para el joven Levinas la fenomenología, gracias al impulso de Heidegger, logra acceder de una manera mucho más originaria ‘a las cosas mismas’. Investigar el ‘ser’ de las cosas –este sería el verdadero significado de la máxima de Zu den Sachen selbst– implica que la fenomenología es de hecho una teoría del ser, y ‘la teoría deviene ontología’” (García 2006: 128).
177 Es preciso señalar, en relación con el tercer capítulo de esta investigación, que en estas
obras Levinas realiza una fenomenología genética sobre la subjetividad; es decir, una fenomenología que parte de una conciencia todavía no constituida hacia su constitución. En esta clase de fenomenología el papel de la sensibilidad es fundamental, ya que, desde Husserl, lo anterior a la conciencia intencional, como hemos visto en el capítulo anterior, son las síntesis pasivas que la constituyen. Así pues, García afirma lo siguiente: “este proceso es utilizado por Levinas en De l’évasion (1935), De l’existence à l’existant (1947) y en Le temps et l’autre (1948), en la medida en que trata de mostrar los momentos previos a la constitución de la subjetividad como sujeto. Cabe hablar, como sostiene Husserl, de un «pre‐yo» (Vor‐Ich)” (García 2004: 138).
178 Aparece originalmente como “La realidad y su sombra”. Les temps modernes 38 (1948),
pp. 771‐789. Es reeditado en Les imprévus de l’histoire. Montpellier: Fata Morgana, 1994. Empleamos la edición al castellano La realidad y su sombra. Libertad y mandato, Trascendencia y altura, de Antonio Domínguez Rey. Madrid: Trotta, 2001 (RS). Existe otra traducción al castellano: Los imprevistos de la historia. Traducción de Tania Cecchi. Salamanca: Sígueme, 2006.
en la fenomenología, pues cree que esta defiende una interpretación determinista de la realidad. Aunque no compartamos la denuncia que realiza Levinas en estas obras, que él mismo matiza y profundiza luego, apelamos a ella con el fin de presentar la idea que tiene de actitud teórica y su crítica. A continuación, se expondrá dicha crítica y los conceptos de la ontología y ser en Teoría de la intuición en la fenomenología de Husserl.
Ante todo, hay que señalar que la subordinación del problema de la fenomenología (cómo la conciencia constituye sentido y validez) al problema de la ontología (el esclarecimiento del sentido del ser del ente –al menos como lo concibe Heidegger) implica, a ojos de Levinas, que la filosofía primera verse sobre el ser (ontología) y el de la filosofía segunda, sobre ente y el existente (la subjetividad). Desde esta perspectiva, el existencial fundamental del existente es la comprensión, ya que permite al sujeto mantiene una relación con el ser179.
A pesar de sus criticas, Levinas encuentra en la fenomenología de Husserl una renovación de la pregunta por el sentido del ser, que no incurre más en los problemas tradicionales de la metafísica o en el hiato kantiano. La metafísica tradicional aborda el sentido del ser partiendo de la constatación de ‘aquello que es por excelencia’, es decir, comprende el ser en un sentido eminente o suprasensible (desvinculado de la intuición sensible). Con un gesto opuesto, la fenomenología parte de la experiencia subjetiva de lo que trasciende al sujeto (el aparecer), y examina el sentido en que en la experiencia las objetividades son dadas a la conciencia (inmanencia). No se interroga, pues, sobre la existencia o inexistencia de los entes y asume una ontología pluralista180 en la cual el ser se dice en muchos sentidos, destacando entre todos estos que la intuición es dadora y el primer acceso a lo real.
Cabe recordar que para seguir la pista del concepto de sensibilidad procedemos del siguiente modo: en un primer momento, delimitamos la génesis del problema que marca el itinerario de toda su filosofía, como señalamos al inicio, a saber, cómo es posible la trascendencia del yo. Hay tres enfoques desde los que se 179 “‘El hombre no interesa a la ontología por sí mismo. El interés de la ontología se dirige al sentido del ser en general’. Levinas mostrará, a través de un análisis de ciertos estados afectivos, que