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The true law-statements must be consistent with one another – this is just

¿Entonces, cuál es el sentido de conducido por el Espíritu, que nos tiene hasta el fondo, en este análisis?

Diera la impresión de que esa frase está haciendo referencia al sentido auténtico de la historia. No al sentido histórico de la historia, que sería la sucesión cronológica, sino, al sentido teológico de la historia, más, aún, del sentido teológico- histórico de las Sagradas Escrituras. Sí. A eso.

Ya, en el hecho teológico del bautismo de Jesús en el Jordán, se está confirmando el sentido teológico de la historia de las Sagradas Escrituras. El Padre confirma (el Espíritu) en el Hijo su plan de salvación para el hombre. Allí, queda plasmado que se trata de la historia teológica: para que el hombre tenga paz. La paz, es el culmen de la historia. Y, esa paz, ya ha empezado. Por eso, el anuncio del ángel a los pastores y las alabanzas de la

multitud celestial del Evangelio, precisamente, de San Lucas.

Se está cumpliendo el sentido teológico de la historia de la Salvación, no de Dios solo, sino del hombre-Dios, como ser, también histórico, y, también, teológico. Y, así, sin saberlo, vuelve a hacerse presente en nuestros descubrimientos, la aplicación de un otro opuesto: historia-teología; existencia-teología; confirmación-historia. Ya no como opuestos, en el sentido estricto, sino como complementarios, como habíamos descubierto que tenía el valor de los opuestos, desde nuestros análisis.

Y, así, la sospecha que habíamos colocado de la existencia de un supuesto opuesto en espíritu-desierto, pasa, ahora, a la confirmación de la existencia definitiva de ese opuesto: desierto- conducido; desierto-guiado, con un carácter maravilloso del auténtico sentido de la historia. Porque, hay, allí, justo, allí, en esa afirmación del Evangelista San Lucas, una confirmación de la historia-historia e historia-teología, adquiriendo, con ello, la historia, un valor único y sorprendente.

Precisamente, por la conducción del Espíritu.

Entonces, se entiende, la afirmación del Evangelista: Jesús

era conducido por el Espíritu en el desierto. Precisamente, porque

el Espíritu es la confirmación de la historia, y, con ello, de la teología, en donde historia y teología, no se oponen, sino que se complementan.

Y, es, entonces, que en el desierto, Jesús, no puede caer en las tentaciones, porque está siendo conducido por el Espíritu, es decir, por la confirmación de la historia Dios-hombre, teología- humanidad. Y, no puede caer, porque, Jesús, no había perdido la comprensión de la historia, pues contaba con la confirmación, que se daba, precisamente, por el Espíritu.

Sólo, así, se entiende el relato del bautismo de Jesús en el Jordán, y, con ello, implícitamente ligado y unido el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto.

Jesús confirmaba la historia del Padre. Y, con ello, queda ya la fórmula de la Trinidad: Jesús-confirmación-Padre; o, en términos más elevados: Hijo-Espíritu-Padre, independiente-mente de cómo se barajé, la posición del Padre y del Hijo. No importa, el resultado es el mismo: la historia. En donde el Espíritu, definitivamente es la clave de la confirmación, o la confirmación misma.

Tenemos que volver a la cita que nos tiene tan entusiasmados para re-leerlas desde los descubrimientos hechos. Verán, que, ahora, tiene otro sabor y otro sentido, quizás, el auténtico:

Lucas 4, 1-14:

Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto,

durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.»

Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.»

Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra;

y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero.

Si, pues, me adoras, toda será tuya.»

Jesús le respondió: «Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.»

Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo;

porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden.

Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»

Jesús le respondió: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.»

Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.

Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región.

Las tentaciones, como tal:

Ya, para qué nos vamos a dedicar a las tentaciones, si todo quedó aclarado. Jesús, con el auténtico sentido de la historia, por la conducción del Espíritu, las superó. Sí estaba claro de lo que quería, porque lo quería el Padre, confirmado en el Espíritu, está de más conjeturar porque ya la verdad está esclarecida. Su claro sentido y conocimiento de la historia, también su historia, porque era la historia del mundo-Dios, Dios-hombre. Ya lo teologizaba-humanizaba el Evangelista San Mateo 1, 23: “Ved que la virgen concebirá y dará a

luz un hijo, y le pondrán por nombre “Emmanuel”, que traducido significa: «Dios con nosotros.»

De todas maneras para no quedar como desagradecidos, refiramos, solamente, las tentaciones, sin entrar en detalles, pues quedó todo iluminado por el análisis que se hizo:

Sintió hambre (primera tentación):

Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.»

Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.»

El poder (segunda tentación):

Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra;

y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero.

Si, pues, me adoras, toda será tuya.»

Jesús le respondió: «Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.»

Tercera tentación:

Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo;

porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden.

Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»

Jesús le respondió: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.»

Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.

En todas, y, cada una, tenía claro el sentido de la historia. Sabía a qué venía: a cumplir la historia. La teología- humanidad; Dio-hombre; paz-hombre. El evangelista, al final, sin embargo, deja abierta la posibilidad de otra tentación: hasta un tiempo oportuno: en el Huerto de los Olivos, vísperas de la Pasión, Muerte, Resurrección. Otro opuesto: muerte-resurrección.

La misma manera de terminar el relato tiene una teología de los opuestos: ahora-después (acabada-tiempo oportuno).

Aplicación teológica-histórica para nuestras vidas de las tentaciones de Jesús en el desierto:

La diferencia entre Jesús y nosotros, está, en que, nosotros, sí perdemos el sentido de la historia. Perdemos el sentido del pasado y del futuro. Perdemos nuestro sentido del ayer, y, con ello, el de

mañana. El presente está representado por cada ocasión. Y, es, en el presente, justamente, ahí, donde se nos pierde el sentido de nuestra historia. Y, es, cuando, entonces, se nos presenta el cambio de rumbo, de brújula, de situaciones. Se nos olvida mirar atrás, donde está el sentido de nuestra auténtica historia. Y, chupulún, los problemas en que nos metemos. Entonces, los lamentos y ayes.

¿Dónde está el problema? Nuestro sentido de la historia. Nuestras amnesias respecto a nuestro ayer, en donde se hicieron grandes o pequeñas decisiones u opciones. Ahí, está la diferencia.

Sin embargo, para consuelo, miremos la parábola del trigo y de la cizaña, que analizamos en un apartado anterior. ¡Qué reconfortante, entonces, esa parábola!

Es, entonces, cuando este libro se convierte en especial, con su gran descubrimiento de las riquezas teológicas. ¡Cómo negar, pues, que vale la pena que perdamos el tiempo, en esta pérdida de tiempo!

Como es evidente que Jesús no perdió el sentido de la historia, y con ello, de la suya propia, y, no podía perderla, desde nuestros análisis; pero, como, también es evidente, que nosotros, sí la perdemos, reconfortémonos con los mismos detalles de las tentaciones, relatadas por el Evangelista San Lucas, teniendo en cuenta algunos elementos de utilidad, como los siguientes:

1) El desierto:

¿Dónde suceden las tentaciones? En el desierto, nos refería el Evangelista San Lucas. ¿Qué se puede entender por en el desierto?

Ya la palabra lo está diciendo: en nuestras necesidades, en nuestras carencias, en nuestros momentos “de estar necesitados de”. Por ahí nos va a venir. Justo por ahí. Cada cual las sabe: tal vez de pan.

¿Qué se podría entender por pan? Lo que nos alimenta, definitivamente. ¿Y, qué nos alimenta? Por un lado, el pan material, propiamente, dicho. Pero, por otro, los otros panes: el afecto, la seguridad, la estima, la alegría, la diversión, el ser tomados en cuenta, el sentirnos importantes, la familia... Por ahí, se nos asoma el desierto, y, por ahí se nos puede ir la pérdida del sentido de la historia.

2) Lleno de Espíritu Santo, era conducido por el