2. CHAPTER 2 LITERATURE REVIEW
3.8.6 Trustworthiness incorporated in the study
Trabajar significa relacionarse con el mundo y con el entorno social. Al trabajar el hombre se relaciona no solo con el cosmos, sobre el que actúa y al que modifica, sino también con sus semejantes, con los que colabora. El trabajo puede contribuir a nuestra felicidad o nos puede hacer enfermar. Desde el punto de vista de la investigación cerebral, de la medicina en general y de la antropología, conviene tener en cuenta un cierto marco de orientación (frame) para experimentar verdadera alegría al realizar el trabajo bien hecho y no enfermar bajo sus consecuencias.
Son conocidas las palabras, pronunciadas en el siglo XX, del antropólogo Arnold Gehlen contra el etólogo Jacob Johann von Uexküll: «El hombre no está encerrado, como el animal, en un mundo circundante. El hombre es libre del mundo circundante y está abierto al mundo. El espíritu le da el poder para captar el mundo».[71] Para la filosofía antigua era lo mismo decir «tener ser» que relacionarse con el mundo a través de su espíritu. A esto añadían que a una mayor capacidad de relación, tal como afirmaban Platón y Aristóteles, corresponde un grado más alto de intimidad. Con eso querían expresar que cuanto más se relaciona un sujeto con el mundo, mayor es su capacidad de habitar en sí mismo, de ser en sí, de independencia, de autonomía, de perfección. En definitiva, de ser persona.
El animal está encerrado en los límites de un mundo recortado, porque permanece cerrada para él la esencia de las cosas. Y solo porque el espíritu es capaz de alcanzar la esencia de las cosas, los seres humanos podemos abarcar también su totalidad. Gracias a nuestro conocimiento espiritual somos capaces de trabajar dando pleno sentido a nuestra labor. Si realizásemos nuestro trabajo con anteojeras, sin saber trascender lo meramente material y empírico, acabaríamos siendo sus esclavos. Trabajar con el único fin de cubrir necesidades materiales, o para llegar a ser como los que más tienen; trabajar, en fin, sin cultivar el espíritu, nos aleja de la verdad, la belleza y el bien. En este modelo de trabajo, no sería prioritario ni el hombre que lo realiza ni la labor que desempeña, tan solo su producción, el beneficio que podría aportar.
En el libro VI de su Ética a Nicómaco, Aristóteles[72] expone por primera vez dos dimensiones muy sugerentes del actuar humano. Por un lado está la poiêsis y por otro la praxis. La poiêsis es sinónimo de producción y por ello de dependencia material; es, por tanto, un acto imperfecto que solo se interesa por el resultado exterior. Aquí el error humano consiste, como diría Aristóteles, en actuar sin sabiduría por no tener en cuenta al hombre en su totalidad, no considera la vida humana en su conjunto.[73] La praxis, por el contrario, se caracteriza por la acción que busca la vida lograda. Considera los actos humanos en cuanto enriquecen a la persona que actúa, que está efectuando el trabajo.
Estamos llamados a realizar un buen trabajo, pero no a fabricar o producir algo. Cualquier persona que trabaje en una empresa, independientemente del cargo que ocupe, no es un instrumento de producción, sino que está en ella para realizar bien su tarea y, de este modo, hacer un buen servicio. Lo suyo no es hacer una obra material, sino servir. Por supuesto, el resultado de ese trabajo bien realizado será, por lo general, un producto excelente. Pero es importante captar, sobre todo, el sentido profundo del actuar humano, e insistir en que la ilusión o entusiasmo de los trabajadores son fundamentales para realizar un buen trabajo.
La vida lograda no es resultado de una poiêsis, de una producción, sino de una totalidad de praxis, de un camino certero para llegar a lo auténticamente humano. Dicho de otro modo, para que el hombre llegue a lograr su vida y no malograrla conviene recordar que no existimos tan solo por el mero hecho de existir o de sobrevivir, sino que nos realizamos a través de nuestro existir, como ser para el que la existencia no es un mero hecho, un puro darse sin resonancia alguna para él mismo en cuanto sujeto, sino un proceso a través del cual él, en cuanto sujeto, se realiza o desarrolla. Pero a través de la poiêsis el hombre se hace esclavo de su trabajo, pues considera que no es el trabajo para el hombre, sino el hombre para el trabajo.[74]
Para llegar a la felicidad a través de un trabajo logrado, es necesario no solamente apelar a la responsabilidad de los ejecutivos de sistemas económicos y financieros, de los que hacen y mueven la economía, sino también a la responsabilidad de los mismos
trabajadores. Adquirir la responsabilidad de realizar un trabajo bien hecho comienza a fraguarse en la edad escolar. Es allí donde han de solidificarse las bases para lograr un buen arraigo en las tareas escolares, donde han de experimentar los niños el gusto por las cosas bien hechas. La realización de tareas bien hechas ha de salir de dentro del niño. Es importante que los padres, los profesores y otros responsables traten de que los adolescentes cumplan responsablemente con sus tareas, no solo escolares, sino también familiares y sociales, no dejándose influir por el sinfín de estímulos procedentes de una sociedad tan mediática y digitalizada. De su capacidad de responsabilizarse ante trabajos escolares y de su capacidad de relacionarse empáticamente no solo con los alumnos de su misma clase o del mismo colegio, sino también con personas de otras generaciones, dependerá en gran medida su éxito o fracaso en la vida laboral.