RESEARCH METHODOLOGY 3.1 Introduction
3.10 Trustworthiness of the study
cam se convirtió en bodega); los grupos de consonantes se
simplificaron (septem pasó a siete) o se transformaron en una nueva consonante única (octo pasó a ocho, lignum pasó a
leño) o en un nuevo grupo de consonantes (homi-nem,
pasando por omne, se convirtió en /ómbre/ hombre); la /f/ inicial se hizo una [h] aspirada que luego desapareció (ferrum pasó a hierro, hoy /ierro/; factum pasó a Aec/io, hoy /eco/), etc.
Estos cambios, naturalmente, no se produjeron de golpe, ni al mismo tiempo. No llegó un buen día en que todo el mundo dejó de decir bonum, terram, dominum y octo para decir bueno, tierra, dueño y ocho. Las alteraciones de las viejas palabras fueron naciendo aquí y allá, en lugares distintos y de forma distinta: mientras las pocas personas cultas escribían y tal vez pronunciaban octo, había otros que decían ojto, oito, ueito, oicho, ocho...; frente a la forma latina pura bonum, que se seguía usando al escribir, las gentes decían, según los sitios, bono, buono, buano, bueno... Además, en un mismo lugar había quien decía bono y quien decía buono o bueno, e incluso un mismo individuo usaría alternativamente una u otra forma. Al paso de las generaciones fueron marcándose las preferencias en cada comarca, y fueron consolidándose las nuevas formas y olvidándose las viejas, con lo cual la antigua unidad latina se quebraba en multitud de dialectos locales. Solo la expansión política y cultural de algunos de estos dialectos, a partir del siglo X (v. §§ 3.3.6 y 3.4), acortó o liquidó diferencias y restauró parcialmente la antigua uniformidad lingüística.
En lo que al castellano se refiere, la ascensión y afian- zamiento de una lengua literaria y «oficial» desde el siglo xill, y el paralelo apagamiento de las variedades locales en los territorios absorbidos política y culturalmente
por Castilla, no significan que la lengua ya esté desde entonces «hecha» de una vez para siempre. Todavía a finales del siglo XV, en La Celestina, encontramos formas como complir «cumplir», sospiro «suspiro», mili «mil»,
levar «llevar», al lado de grafías que atestiguaban pronun-
ciaciones ya retiradas o en retirada: dubda «duda», absen-cia «ausencia», cibdad «ciudad», cient «cien», sant «san», e «y»,
foblar «hablar». Y Juan de Valdés en 1535 aún registraba la
existencia de escrebir junto a escribir, ahondar junto a
abundar, cobrir junto a cubrir, roído junto a ruido; y él
mismo emplea sallir por salir, mesmo por mismo, labirinto por laberinto. En general puede afirmarse que solo desde mediados del siglo xvn, consumada la evolución de una serie de fonemas del idioma, tienen las palabras del español la misma fisonomía que hoy.
15.2.4. Evolución detenida: cultismos y semicultismos No todas las palabras heredadas han sufrido un desgaste como el que hemos expuesto más arriba. Algunas fueron preservadas de él total o parcialmente, por presiones conservadoras, tales como el ejemplo de las personas cultas o el influjo del latín constantemente usado por la Iglesia en ceremonias a que asistía todo el pueblo. Ejemplos de estas palabras de evolución detenida —que se llaman
cultismos o semicultismos, según el menor o mayor avance
alcanzado por esa evolución— son Dios (de Deus), gloria (de
gloriam), espíritu (de spiritum), virgen (de virginem), caridad
(de caritatem), medio (de médium), milagro (de miraculum),
peligro (de periculum), siglo (de saeculum), cabildo (de capitulum), víspera (de ves-peram).
350 LAS FRASES Y LAS PALABRAS 351 15.3. El léxico adquirido
15.3.1. El préstamo En ningún momento el léxico de una lengua es perfecto, en ningún' momento está «terminado de hacer», pues constantemente se presenta por lo menos la necesidad de dar una palabra a una cosa nueva, o de dar una palabra nueva a una cosa vieja. Para atender a esta perpetua demanda funcionan varios sistemas, uno de los cuales es tomar prestada la palabra de otra lengua.
15.3.2. Préstamos de las lenguas hermanas De este procedimiento, que es universal (y ya hemos visto que fue usado en el latín), se ha beneficiado el caste- llano desde siempre, y todos los contactos culturales que ha tenido su comunidad hablante han dejado abundantes huellas en su vocabulario. Al hablar de la etapa inicial de nuestro idioma dijimos cómo iba asimilando a su propia sustancia elementos de los dialectos vecinos cuyos territorios invadía. Por haber ocurrido en época tan remota y entre dialectos de estrecho parentesco, estos primeros préstamos son hoy casi imposibles de detectar. Más fácil resulta descubrir las adopciones posteriores de términos de otras lenguas peninsulares: chubasco, carabela, mermelada,
mejillón, vigía, tanque, corpino, por ejemplo, han venido del
gallego-portugués; faena, nao, seo, turrón, esmalte, clavel,
papel, proceden del catalán; izquierdo, ascua, pizarra, cencerro, boina, chabola, se toman del vascuence (v.§ 3.1.4).
15.3.3. Arabismos
Durante muchos siglos —del vm al XV— fue también una de las lenguas peninsulares el árabe. Idioma «oficial» de toda la España musulmana y vehículo de una cultura superior, hubo de dar abundantes préstamos a las lenguas de la España cristiana, particularmente al castellano: la preposición hasta, interjecciones como hala y ojalá, adje- tivos como gandul, mezquino, azul, verbos como halagar, e infinidad de nombres, como acelga, alubia, alcachofa,
zanahoria, bellota, naranja, azúcar, algodón, acequia, noria, badana, jarra, alfiler, marfil, almohada, alfombra, ajedrez, ajuar, laúd, tambor, alcohol, azufre, cifra, álgebra, aduana, almacén, aldea, tarifa, alférez, alcalde (v. § 3.4.4).
15.3.4. Occitanismos
Del occitano o provenzal, conjunto de lenguas o dialectos de la Francia meridional, región que tuvo estrecho contacto con los reinos de la Península, adquirió durante la Edad Media nuestro idioma bastantes voces (si bien no suele ser fácil distinguiur una procedencia occitana de una catalana o francesa), entre las cuales figuran cascabel, antorcha, hostal,
burdel, mensaje, balada, desdén, lisonja, vergel, laurel, ruiseñor, faisán, bacalao, batalla, desastre, monje, fraile, hereje.
15.3.5. Galicismos
No solo en la Edad Media —como el árabe y el occitano —, sino en todos los tiempos, el francés ha sido fuente abundante de la que se ha nutrido el léxico español. De esa lengua tomó la nuestra ya en la época medieval palabras hoy tan corrientes como flecha, emplear, desmayar, ligero,
jardín, gala, chimenea, cable, maleta, jamón, bachiller, duque, etc.; en los siglos xvi y XVII, asamblea, barri-
352 LAS FRASES Y LAS PALABRAS VIDA DE LAS PALABRAS 353 cada, moda, parque, fresa, crema, placa, servilleta, paquete,
carpeta, billete, hucha, conserje y muchas otras; en los tres
últimos siglos, pantalón, chaqueta, blusa, babucha, pana,
franela, edredón, bucle, marrón, flan, galleta, croqueta, bisturí, esternón, ducha, cupón, ficha, etiqueta, botella, vitrina, bloque, lote, hulla, avión, desertar, engranar, adosar, jefe, patriota, cretino, macabro, altruismo... Los préstamos
franceses (o galicismos) más recientes conservan aún, en general, la grafía y a veces la pronunciación originales:
boite, foie-gras, bouquet, gourmet, chalet, affaire, maillot, élite, chic, boutique; pero, en cambio, tenemos casos de plena
adaptación, como chófer (en América chofer), garaje,
chantaje, tricotar, masacre, contestatario.
Suele distinguirse, a este respecto, entre las voces ex- tranjeras (no solo francesas) que nuestro idioma ha asimi- lado totalmente a su sistema, voces ya «digeridas» por él — que son los préstamos propiamente dichos—, y aquellas otras que en su grafía y en su fonética acusan una conciencia, en los hablantes, de que emplean una palabra extranjera, voces que todavía se sienten «enquistadas» en el idioma: son los
extranjerismos. En realidad, se trata solo de dos fases
distintas, más y menos avanzada, consumada y no consumada, de un mismo fenómeno de adopción.
15.3.6. Italianismos Menor importancia que los franceses tienen los préstamos italianos, como consecuencia de un contacto cultural menos constante. Son italianismos avería, corsario, piloto, brújula,
centinela, escopeta, cartucho, parapeto, escolta, escaramuza, asaltar, saquear, marchar, embajada, boletín, pasquín, folleto, póliza, cartulina, sotana, capuchino, carnaval, piñata, tute... y
muchos términos pertenecientes a las
distintas artes, como novela, soneto, madrigal, diseño, boceto,
modelo, capricho, grotesco, pintoresco, fachada, balcón, escalinata, terraza, ópera, batuta, partitura, libreto, piano, romanza, serenata, trémolo.
15.3.7. Indigenismos americanos
Del descubrimiento y colonización del continente ame- ricano por los españoles y del consiguiente contacto del idioma de estos con los idiomas indígenas del Nuevo Mundo vino la adquisición, por la nuestra, de una serie numerosa de voces de aquellas lenguas, principalmente del arahuaco y el caribe (hablados en la zona del mar Caribe), del nahua (hablado en el imperio azteca), del quechua (hablado en el imperio incaico), del aimara (hablado en la región andina) y del guaraní (hablado en la cuenca del Paraná-Paraguay). Naturalmente, el mayor contingente de tales voces se encuentra en el español de los países americanos. Entre los indigenismos americanos que han pasado a la lengua general están cacique, tabaco, maíz,
cacao, cacahuete, tomate, chocolate, patata, batata, tapioca, canoa, piragua, huracán, enagua, hule, caucho, petate, tiza, caníbal, tiburón.
15.3.8. Anglicismos
En los últimos tiempos la inmigración más importante de palabras es la que viene del inglés. La mayor parte de los anglicismos antiguos entraron a través del francés, por lo que son realmente galicismos. Los modernos, aunque algunos han venido por el mismo camino, son en su mayoría de importación directa. Son relativamente pocos los que han adoptado una forma española: túnel, yate, mitin, tranvía,
líder, turista, apartamento, fútbol (también fútbol, en
354 LAS FRASES Y LAS PALABRAS VIDA DE LAS PALABRAS !•,•>
nuestra pronunciación delata al intermediario francés: va-
gón, confort, comité. Algunos —muy escasos— se pronuncian
según una lectura española, como water, club, trust,
bungalow, dúplex. Lo más corriente es que se mantengan la
grafía y —más o menos— la pronunciación nativas: dandy,
hockey, rugby, golf, crawl, ring, penalty, comer, sandwich, lunch, bar, barman, cup, gángster, snob, stand, ticket, slogan, bluff, hall, shock, relax, boom, christmas, single, jeep, spray, slip, short, sketch, film, western, flash, zoom, spot, show, pop, in, out, camp, comic; la larga serie de los terminados en -ing
(desde los veteranos smoking y dancing hasta el reciente
marketing, pasando por travel-ling, living, camping, standing, building, parking, holding, dumping...; meeting ya se
españolizó en la forma mitin, que hemos visto antes); numerosos compuestos, como lock-out, week-end, play-back,
long-play, strip-tease, playboy, etcétera. Algunos de estos
compuestos no son verdaderos anglicismos, sino términos forjados con voces inglesas por los franceses; es el caso de
auto-stop (cuyo nombre inglés es hitchhiking o hitching).
15.3.9. Gitanismos Un elemento que ha tenido algún peso en el léxico español popular, sobre todo del sur, es el gitano, que ha traspasado a nuestra lengua palabras como menda, gachó,
chaval, achares, calé, camelo, camelar, endiñar, lacha, mangar, pirárselas, diñarla, guripa, guillarse, chipén, fetén, postín, chalado, canguelo, fila («animadversión»).
15.3.10. Préstamos de otras lenguas De otras lenguas es escasísima la representación en palabras dentro de la nuestra. Casi todas las voces que proceden de esas lenguas son importaciones de segunda
(y a veces de tercera) mano, por intermedio del francés o del inglés, lo que hace que en último término deban considerarse galicismos o anglicismos. Tal es, por ejemplo, el caso de
sable, que el español tomó del francés, el cual a su vez lo
había tomado del alemán, que lo había tomado del húngaro. Palabras como brindis (del alemán) o escaparate (del holandés), en que se puede afirmar que ha habido préstamo directo, son muy contadas. De otras muchas palabras es segura o probable la mediación de una tercera lengua; esto ocurre en feldespato, cuarzo, níquel, blocao, de origen alemán;
esquí, de origen noruego; tungsteno, de origen sueco; yogur, de origen búlgaro; estepa, de origen ruso; robot, de
origen checo; pijama, de origen indostaní; quiosco, de origen turco; quimono, de origen japonés, etc.
15.3.11. Latinismos y helenismos Pero no solo de lenguas vivas, habladas por hombres con los que nuestros hablantes tenían o tienen un contacto directo, se ha nutrido y se nutre el léxico de nuestro idioma. El latín culto, que había sido la lengua de los escritores del mundo romano, desde Plauto hasta San Agustín, se conservó embalsamado, desde los comienzos de la Edad Media, en libros que solo una pequeña minoría de letrados era capaz de leer, y también, en un nivel más bajo, en los textos religiosos fijados en la liturgia cristiana. Oralmente solo se mantuvo, durante siglos, en el ambiente minoritario de la enseñanza universitaria. De ese latín que prácticamente ya solo existía en forma escrita y del que nadie se servía para la comunicación normal, sus conoce- dores fueron introduciendo en la lengua viva diversas palabras que consideraban necesarias en esta. Los préstamos que el latín vivo (esto es, el romance castellano) tomó del latín muerto (el petrificado en los libros y en la litur-
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gia) son muy numerosos y han entrado en épocas muy diversas2. Ya los hay en los primeros siglos de nuestra
literatura; por ejemplo, laudar, vigilia, monumento, exilio,
malicia, prólogo, licencia, septentrión, diversificar. Pero la
gran oleada de los latinismos se inicia con la época de los humanistas, los grandes estudiosos del saber antiguo (de entonces datan palabras como exhortar, disolver, describir,
subsidio, obtuso), y se mantiene, con alternativas, hasta
nuestros días.
Se ha dado a veces el caso de haberse incorporado al idioma por esta vía artificial palabras latinas que se con- servaban en vivo dentro de él, como palabras heredadas. Se diferencian en este caso la voz heredada y el latinismo, no solo en la forma, ya que la primera ha sufrido un desgaste fonético del que el segundo ha quedado exento, sino también, de modo más o menos profundo, en el significado. Compárense lleno y pleno, llano y plano, raudo y rápido,
entero e íntegro, alma y ánima, codo y cubito, sobrar y superar, siesta y sexta, cadera y cátedra, rezar y recitar, colmo y cúmulo, santiguar y santificar, primero y primario, llave y clave, madera y materia... Estas parejas originadas por la
adquisición repetida, una vez como he-
2 Conviene establecer una distinción entre cultismo y latinismo. Cultis- mo, como hemos visto en el apartado anterior, es la voz que, heredada del latín, ha conservado una forma más puramente latina por haber quedado sometida a una presión culta; por ejemplo, Dios, gloria, que, seguramente por el apoyo constante del latín eclesiástico (Deus, gloria), no evolucionaron a un posible Dio (como meus > mío) y a un posible luera (como glándula > landre y corium > cuero). Latinismo es la voz que tiene en común con el cultismo la conservación de una forma latina bastante pura, pero se diferencia de él en que no es «heredada», sino «adquirida», es decir, tomada del latín escrito como de una lengua ya extranjera. Naturalmente, no es fácil determinar si una palabra es cultismo o latinismo si no se tienen datos históricos sobre ella.
rencia y otra como préstamo, de una misma voz latina, se llaman dobletes (también se llama doblete cada uno de los elementos). Puede ocurrir, aunque es raro, que no haya simple pareja, sino tríptico: lindo, limpio, límpido.
Una vía importante de entrada para los latinismos es el lenguaje técnico —es decir, el propio de las actividades particulares, en especial de las intelectuales y científicas—, constantemente necesitado de palabras nuevas para designar nuevas realidades. Desde el Renacimiento, otra ilustre lengua antigua se unió al latín en la aportación de vocabulario: el griego, del cual ya habían entrado en nuestra lengua numerosas palabras, bien a través de la herencia latina — como vimos en el apartado anterior—, bien en forma de latinismos adquiridos más tarde —como en el caso de
prólogo, antes citado—, y que a partir de este momento se
convertía en una segunda cantera para la terminología técnica y científica. Como el lenguaje de las ciencias tiende a ser internacional —igual que, por naturaleza, lo son las mismas ciencias—, la mayoría de los términos técnicos de origen latino y griego que los científicos modernos han puesto en circulación no son exclusivos de una determinada lengua, sino que pertenecen a muchas a la vez, aunque hayan hecho su primera aparición, naturalmente, en una sola. Pocas veces es nuestra lengua el escenario de estos estrenos de términos técnicos, pues los pueblos hispanohablantes suelen gastar sus energías en empresas muy ajenas al progreso científico; pero la captación de nuevos términos latinos y griegos a través del francés o del inglés no convierte tales términos en galicismos o anglicismos, sino que su nivel científico, que los internacionaliza, permite que se llamen precisamente latinismos y helenismos.
Naturalmente, estos términos universales se adaptan a las particularidades fonológicas, ortográficas y morfológi-
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cas de cada lengua; así, lo que es en inglés psychology es en francés y alemán psychologie y en español psicología; el francés e inglés fission es en italiano fissione y en español
fisión. Por eso, no está justificado, y es solo explicable por la
ignorancia general, que en español se usen, por ejemplo, formas como symposium y missile —tal como las usan los ingleses y franceses— en lugar de simposio y misil (o misil, en la errónea acentuación generalizada).
Los latinismos y helenismos técnicos —que, en parte, acaban por pasar a la lengua general— no siempre son «auténticos», es decir, no siempre son verdaderas voces latinas y griegas trasplantadas al mundo moderno. Muy a menudo son productos nuevos montados con elementos latinos o griegos por el procedimiento de la prefijación o el de la composición. Ejemplos: el ya citado psicología,
hipertrofia, hemorragia, teléfono, televisión, sociología... En el
capítulo anterior ya vimos, con el nombre de raíces prefijas y sufijas (§ 14.3), una serie de estos elementos usados para formar palabras compuestas.
15.3.12. La invención. Onomatopeyas Un sistema de adquisición de palabras distinto del prés- tamo y con un desarrollo infinitamente menor es la inven-
ción. Es rarísimo que se ponga en circulación en el caudal de
una lengua una palabra inventada caprichosamente por una persona, aunque ella responda a una necesidad real de la expresión. Lo normal es que una palabra nueva «venga» de algún sitio, tenga su fundamento en otra palabra indígena o extranjera. No es difícil «crear» (literalmente) una palabra; lo difícil es que esta sea aceptada por la comunidad hablante. Es frecuente, sin embargo, que logre una vida más o menos efímera en ámbitos reducidos (en una pareja de enamorados, en un grupo de amigos, en
un taller); rara vez en círculos más amplios, como ocurrió con lipón «vergüenza ajena», término inventado, según parece, por el escritor Eugenio d'Ors.
Al lado de estas creaciones totalmente arbitrarias existen otras que tienen una motivación no lingüística, pero sí real; son las que convierten en palabra un ruido (onomatopeyas), como chasquido, zumbar, traqueteo, paco («francotirador»).
15.4. El léxico multiplicado
15.4.1. Composición
Para la obtención de nuevas palabras cuya necesidad se siente, no solo se puede recurrir al hallazgo o a la impor- tación; también la industria interior tiene una capacidad de producción prácticamente ilimitada. Uno de sus recursos es la combinación de palabras ya existentes (composición: v. § 14.3): espantapájaros, cazadotes, matamoscas, guardameta,
friegaplatos, limpiametales, portaequipajes, compraventa, motocarro. Dentro de la composición hacen un papel muy
importante las raíces prefijas y sufijas: plu-riempleo,
monocultivo, microtaxi, neofascista, macroeconó-mico;
también en formaciones humorísticas como mundología,
chismografía, yernocracia, dedocracia. Es verdad que, de la
misma manera que no pocas veces la industria nacional trabaja sobre patentes extranjeras, en el idioma ocurre a menudo que estas nuevas formaciones son calcos de formaciones análogas en otras lenguas; así, minifalda, sobre el francés minijupe y el inglés miniskirt; fotonovela, sobre el italiano fotoromanzo y el francés photo-roman; microsurco, sobre el francés microsillon, el italiano micro-soleo, el inglés
microgroove. Por ignorancia, estas adaptaciones algunas
LAS FRASES V LAS PALABRAS