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Two theoretically based and workable definitions

3 Choosing workable definitions for analysis of

3.4 Two theoretically based and workable definitions

2.2.1 SOBRE LOS MOVIMIENTOS DESCENDENTES Y ASCENDENTES

Si consideramos a la ciudad como un es- pacio de producción social (Lefebvre, 2013), el papel del ciudadano como mero consumi- dor pasivo de la ciudad entra en arenas mo- vedizas. Los habitantes y ciudadanos siem- pre han sido productores del espacio. Esto resulta visible, por ejemplo, al observar la proporción entre la considerada ciudad for- mal e informal que existe en el mundo (Di Siena, 2015). Sin embargo, como plantea De Certeau (2010), ese papel de producción siempre ha sido marginado por el discurso de las disciplinas que actúan en la ciudad bajo las luchas de poder y el poder dominante. El denominado urbanismo emergente parte de esta realidad y apunta a cartografiar el papel de los ciudadanos y sus habitantes como pro- ductores de ciudad bottom-up (táctica) frente a la visión top-down (estratégica) de la plani- ficación urbanística tradicional.

El urbanismo emergente como sistema se asume y genera en primera instancia en ac- titud de contrapartida para luego, desde allí, hacer sus intentos de complementación a la planificación urbanística convencional o tradi- cional. Lo emergente surge de modo autoor- ganizado principalmente como consecuencia de la interacción y colaboración de grupos humanos amplios y diversos, como los que habitan las ciudades (Di Siena, 2015). En este sentido, la participación ciudadana sur- ge como motor del proceso, pero entendida no solo como debate y deliberación, sino es- pecialmente como acción táctica directa en la construcción de la ciudad (Freire, 2009). Como este tipo de prácticas se colocan en la perspectiva de sistema emergente, se con- sidera necesario profundizar sobre ello para entender las modalidades, acciones y relacio- nes sobre lo urbano.

Por sistema emergente se entiende a aquellos sistemas complejos de adaptación que despliegan comportamientos emergen- tes. Es decir, “(…) sistemas de elementos re- lativamente simples que se organizan espon- táneamente y sin leyes explícitas hasta dar lugar a un comportamiento inteligente” (John- son, 2003:19). Una de sus principales carac- terísticas es la de poder resolver problemas, al menos en apariencia, espontáneamente. Esto se refiere a no recurrir a inteligencias de tipo centralizado o jerarquizado (top-down), sino a aquellas de forma ascendente (bot- tom-up), desde la base, a partir de masas de elementos relativamente no inteligentes. Es una evolución de reglas simples a complejas, lo que se llama emergencia. Se entiende por comportamiento complejo a un sistema con agentes múltiples que interactúan en forma dinámica de variadas maneras, siguiendo reglas locales e independientes de cualquier

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instrucción de un nivel superior. “Este sistema no sería considerado emergente si las inte- racciones locales no fueran, en alguna forma de macroconducta, observables” (Johnson, 2003: 20). El comienzo de la emergencia se puede leer como patrón de un nivel superior que surge de interacciones complejas para- lelas entre agentes locales. A partir de ruti- nas simples, emerge una forma coherente. El comportamiento separado, individual, de cada uno de los agentes, al aumentar la es- cala comienza a producir un comportamiento colectivo propio de un nivel de organización superior, “(…) a pesar de la aparente ca- rencia de organización en forma de leyes o instrucciones provenientes de una autoridad superior” (Reynoso, 2010:129). Latouche (2003) afirma que la realidad actual, inestable y poco optimista en cuanto al futuro es tam- bién la ocasión para la toma de conciencia, de cuestionamientos, de rechazos, e incluso de revueltas. Esto produce fenómenos ciudada- nos desde la base a partir de las catástrofes, lo que contribuye a cambiar el imaginario. Es necesario también ser cuidadoso respecto de la comprensión de estos fenómenos, enten- diendo que el denominado y asumido como enemigo o contrapartida no son solo los otros sino también nosotros mismos.

Es necesario cuestionarse, entonces, si lo emergente es relevante y diferencial en la actualidad o es un mero fenómeno trendy como tantos otros actualmente en boga. Por otra parte, esto lleva a indagar también, si las reglas complejas, deducidas de reglas más simples, son aplicables a un cierto sistema emergente y a preguntarnos qué relevancia tienen en la ciudad actual. Para intentar res- ponder a estos cuestionamientos, Johnson (2003) establece que muchos ejemplos de sistemas de autoorganización son analizados

en las ciencias naturales y sociales desde fi- nales del siglo xx. Ante la necesidad de ela-

borar argumentos ejemplificadores para sim- plificar el entendimiento, pone como caso las colonias del moho del fango (Dictyostelium Discoideum) estudiadas por Evelyn Fox Ke- ller y Lee Segel (biomatemáticos inspirados en Alan Turing), los barrios urbanos analiza- dos y estudiados por Jane Jacobs o las redes del cerebro humano investigadas por Marvin Minsky. También afirma que el software, las redes sociales e incluso algunos video juegos de reciente creación se desarrollaron siguien- do los mismos patrones.

En el análisis de estos sistemas, cobra relevancia la denominada retroalimentación positiva: “Si las células del moho de fango bombearan suficiente AMPC comenzarían a formar racimos. Las células empezarían si- guiendo el rastro de otras células, creando un circuito de retroalimentación positiva que estimularía más células a arracimarse (…), trabajo publicado en 1969 por Keller y Se- gel” (Johnson, 2003:89). En el ejemplo con el que inicia la publicación donde expone sus miradas, la palabra retroalimentación positiva aparece como sistema similar a la forma en cómo los seres humanos actuamos en tanto personas y agentes sociales. El autor alude a estas retroalimentaciones positivas, como posibles de generar movimientos sociales, barrios, comunas, grupos sociales, inicios de poblaciones y múltiples actuaciones huma- nas en todo nivel.

Así, sistemas de autoorganización y sis- temas complejos comparten características. Resuelven problemas recurriendo a masas de elementos relativamente no inteligentes en lugar de hacerlo recurriendo a un solo brazo ejecutor inteligente (Johnson, 2003). Como se señaló, son sistemas ascendentes,

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no descendentes. Extraen su inteligencia de la base. En un lenguaje más técnico, son sis- temas complejos de adaptación que desplie- gan comportamientos emergentes (Nicolis y Prigogine, 1989). “La evolución de reglas simples a complejas es lo que llamamos ‘emergencia’. Al sistema complejo podemos definirlo como: ‘un sistema con agentes múl- tiples que interactúan en forma dinámica de múltiples maneras, siguiendo reglas locales e independientes de cualquier instrucción de un nivel superior” (Johnson, 2003:19). Es impor- tante destacar que la complejidad emergente sin adaptación es, como ejemplifica Johnson (2003), un conjunto intrincado de cristales que forman un copo de nieve: es bello en di- seño y estética pero no tiene ninguna función. Rara vez se establece una forma única y fija; forman patrones en el tiempo y en el espacio. Los sistemas complejos y enfoques de la complejidad permiten superar los enfoques meramente descriptivos, discursivos, intuiti- vos, que han predominado durante las últi- mas décadas en el estudio sobre los centros urbanos. Plantean la necesidad de descubrir patrones de organizaciones presentes en el caos aparente de la vida urbana, y promue- ven de esta manera un ejercicio crítico re- flexivo de carácter emergente. Para ello, se torna necesario retomar las concepciones relacionales de los procesos urbanos, con- siderando que tanto los enfoques objetivis- tas como subjetivistas que han predominado en las ciencias sociales se destacan por su lógica binaria, lineal, de distinciones, de ca- rácter mecánico y simplista, desde los cuales no es posible vincular dominios heteróclitos (Reynoso, 2010). Además, surge desde ellos como beta a explorar la necesidad de apren- der del campo de la simulación y el modelado en las ciencias sociales. Esto permitiría ir más

allá del mero ejercicio descriptivo y de com- prensión contemplativa y ejercer un rol activo en los procesos de transformación en curso. Los enfoques de complejidad organizada se tornan, entonces, un intento por promover un entendimiento relacional e integrador de la vida social urbana contemporánea. “Otro as- pecto intrigante de la dinámica urbana atañe al hecho de que las ciudades, como quiera que se las conceptualice y aborde, deberían tener no solo una vida propia, ritmos coordi- nados y momentos y lugares que palpitan, sino una capacidad de auto-organizaciones formidable” (Reynoso, 2010:260).

La ciudad contemporánea se aborda en esta línea como discusión dentro del pano- rama de las ciencias de la complejidad y las teorías de los sistemas emergentes. Reynoso (2010) explora e investiga en profundidad las teorías de la complejidad y las nuevas herra- mientas emergentes surgidas de las ciencias de la computación, relacionándolas con con- ceptos innovadores de las ciencias sociales y humanas referidos al urbanismo y la arqui- tectura. Toma a la ciudad como un laboratorio viviente en donde observa las diferentes di- námicas de adaptación a un territorio en per- manente mutación y conflicto.

Las cuestiones referidas a la complejidad han aparecido con mayor frecuencia en este último tiempo en aspectos críticos referidos al espacio metropolitano. No obstante, como señala Johnson (2003), se puede asumir que existen dos tipos de complejidad fundamental en la ciudad. En primer lugar, en un sentido convencional de complejidad, es decir, como sobrecarga sensorial, la ciudad tensa el sistema nervioso humano al extremo. Señala una nueva serie de reflejos y abre el camino para una serie de valores estéticos

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complementarios. Pero la complejidad no debe ser asumida solo como una cuestión sensorial. Por ello, en segundo término, se asume la complejidad como sistema autoorganizado. Esto describe el sistema de la ciudad en sí mismo y no su recepción empírica por parte del habitante. “La ciudad es compleja porque abruma, sí, pero también porque tiene una personalidad coherente, una personalidad que se autoorganiza a partir de millones de decisiones individuales, un orden global construido a partir de interacciones locales” (Johson, 2001:37).

Estas interrelaciones complejas de autoor- ganización, exponen patrones en el paisaje y hábitat de lo urbano. Son visibles porque tie- nen una estructura repetida que los distingue. Son patrones de conducta humana y toma de decisiones que “(…) han sido inscritos en la textura de los edificios de la ciudad, patrones que luego retroalimentan a los residentes (…), y alteran sus decisiones futuras” (John- son, 2003:38)28.

28 Establece desde esta mirada que la ciudad es una máqui-

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