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ME2_19 – Media Art History

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de un término similar al de religio, suele decirse que dharma es el equivalente funcio- nal a ética y a religión, pues la raíz dhr, que se encuentra en firmus –lo mismo que

religio–, indica a un tiempo sujeción, forma de las cosas tal y como son, así como el

poder que las mantiene en dicha forma, y no en otra. De ahí la pluralidad de «éticas regionales», o de «casuísticas» regionales.

Dentro de él está el ja-dharma, que señala los deberes y derechos dentro de las cas- tas, y el asrama-dharma, para los cuatro estados de vida del monje: el estudiantado con un guru, donde se analizan las escrituras sagradas y se lleva una vida ascética y celibataria; la formación de una familia que viene después; la ulterior renuncia a ella; y por último el estado de monje, o de renuncia completa (cfr. el apartado 2.4. de este capítulo).

Mencionemos también el dharma según los cuatro fines de la vida humana, de los cuales los dos primeros (el del bien temporal y la prosperidad material, y el del pla- cer en sentido lato) están gobernados por la moral y sirven para la vida empírica, y los dos segundos (el realizarse con la ocupación laboral, y el amar al trabajo pero sin exce- so, pues ha de darse una subordinación de los fines al fin supremo de la moksa) están regidos por la religión y buscan la liberación.

- el no cometer adulterio,

- el no mentir ni decir palabras inútiles,

- el no difamar ni calumniar a otros aunque fuese verdadero el con- tenido de la difamación,

- ni siquiera hablar de cosas en sí mismas verdaderas pero inútiles, - el autodominio, la sinceridad, la observancia de los deberes ritua- les, todo lo cual hermana a las personas moralmente buenas.

Pero es en el Bhagavad-Gita donde el hinduismo introduce deci- didamente un nuevo elemento, el karma-yoga55

, la vía de la acción: «¿Qué es la acción, qué la inacción? En este punto también los sabios están perplejos. Por eso voy a exponer qué es la acción. Una vez cono- cida, te librarás del mal. Porque tienes que conocer la naturaleza de la acción, la de la mala acción, y la de la inacción. Profunda, en verdad, es la vía activa, y aquél que sabe ver la inacción en la acción y la acción en la inacción, ése es un sabio entre los hombres, un yogin que realiza enteramente cada acción. Aquel cuyas iniciativas están exentas de ape- tencias o motivaciones (egoístas) y cuyas obras se basan en el fuego de la sabiduría, éste, aseguran los doctos, es un sabio. Tras haber desecha- do su apego por los frutos de la acción, siempre alegre y sin depender de nada, aunque haya de comprometerse en la acción, no está sin embargo haciendo algo. Sin ambición, sometidos su mente y su ser, habiendo renunciado a toda posesión, sólo obrando con el cuerpo, no comete culpa alguna. Feliz, le ocurra lo que le ocurra; libre de los pares de opuestos (como éxito y fracaso, placer y dolor), exento de envidia, ecuánime en la suerte y la desgracia, éste, aunque obre, no está ligado. En aquel que no hay apegos, que es libre, cuyos pensamientos están establecidos conforme a la sabiduría y que actúa como en un sacrificio, toda acción se disipa»56.

55. «Entre los intérpretes del Gita persiste una cuestión disputada sobre el mensa- je central del texto. Mientras algunos demuestran que la bhakti-yoga o devoción amo- rosa a Dios es su enseñanza central, otros sostienen que lo es el karma-yoga. Y se da el caso de que ambas opiniones están suficientemente fundamentadas en el texto, que, al no ser un tratado sistemático, tal vez ni siquiera obra de un solo autor, unas veces apoya el karma-yoga y otras la bhakti-yoga. Si tenemos en consideración el trans- fondo narrativo del Gita, resulta lógico que su mensaje principal tenga que ser el

karma-yoga» (Acharuparambil, D: Espiritualidad hinduista. BAC, Madrid, 1992, p.

139).

La vía activa consiste en cumplir los propios deberes con perfecto desasimiento: «cumple continuamente lo que tienes que cumplir, sin apego alguno. El hombre que obra sin apego alguno alcanza el sumo bien. Sólo gracias a la acción lograron Janaka y otros de veras la per- fección. Y tú, pensando en el bien del mundo, también tienes que actuar»57. Esta versión del yoga de la acción (karma-yoga) reconcilia

el ideal de renuncia exigido por la vida contemplativa con el compro- miso de actividad que la vida normal impone, aprobando la vida activa pero sin dar cuartel a las motivaciones egoistas ni a los apetitos terre- nos, no renuncia a la acción sino que renuncia en la acción. La tesis del

Bhagavad-Gita es que no es la acción propiamente lo que impide la

perfección y la liberación, sino el egoísmo, el apego, los apetitos terre- nos: «No se alcanza la libertad de acción simplemente con abstenerse de cualquier actividad, ni con la simple renuncia se alcanza la perfec- ción. Nadie puede permanecer inactivo ni un solo instante; cada uno, en verdad, es llevado a obrar por los innatismos de la naturaleza (pra-

kriti). El que se domina a sí mismo y a sus resortes de acción, pero está

pensando en los objetos de los sentidos, es llamado con razón un ofus- cado. Mejor que éste es aquel que, domando sus sentidos con la mente y desasido, emprende, por medio de los sentidos de la acción, el yoga

de la acción. Realiza las acciones que se te han prescrito. Mejor es la

acción que la inacción. El propio mantenimiento de tu cuerpo sería imposible si tú permanecieras inactivo»58.

Las acciones que el Bhagavad-Gita aconseja repetidamente reali- zar son los diferentes deberes de cada individuo. Los deberes no son otra cosa que la manifestación de la voluntad divina respecto a cada hombre y, cumpliéndolos fielmente el hombre, rinde homenaje a Dios mismo. El Bhagavad-Gita dice: «Un hombre halla en verdad la per- fección honrando con sus obras (svakarma) a aquel del que proceden todos los seres, aquel del que el universo entero está lleno. Mejor es el propio deber, aunque imperfecto, que el deber ajeno bien llevado. El que realiza las obras prescritas por su naturaleza no incurre en pecado. Nadie debe abandonar la obra que le es connatural, aun en el caso de que fuera defectuosa»59.

57. Gita 3, 19-20. 58. Gita 3, 4-8. 59. Gita 18, 46-48.

5. Doce problemas que plantea la doctrina de la reencarnación