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4.2. METHODOLOGY

4.2.1. Type of Data Needed

Italia

Moro, Blason y Furiassi, Fattori, Remondini y Mari, Muccinelli, Pandolfini, Amadei, Cappello y Carapallese.

Paraguay

Vargas, Gonzalito y Céspedes, Gavilán, Leguizamón y Cantero, Avalos, A. López, Jara, F. López y Unzaim.

Goles. 12’ Carapallese (I), 63’ Pandolfini (I).

Árbitro. Arthur. E. Ellis. (Inglaterra). Líneas. Prudencio García (EUA) y C. De La Salle (Francia). Cancha. San Pablo.

En un partido sin muchos relieves, jugaron sólo para cumplir con el fixture, Italia sin sobreponerse de la depresión de una temprana eliminación y Paraguay con una remota chance de pelearle la clasificación a Suecia, pero ya estaba mayormente toda su suerte echada.

Logró la escuadra “azzurra” una victoria bastante cómoda, con tantos de Carapallese y Pandolfini, a una escuadra guaraní que no bajó nunca los brazos y luchó con ahínco, pero no fue suficiente para llevarse a casa una victoria frente al campeón mundial del 34 y 38.

Italia, mientras dejaba en Brasil la preciada copa Jules Rimet, que tan celosamente había guardado en los tiempos de la guerra.

GRUPO 4

URUGUAY 8 – BOLIVIA 0

Uruguay

Máspoli, M. González y Tejera, Juan. C. González, O. Varela y Rodríguez Andrade, Ghiggia, Julio Pérez, Míguez, Schiaffino y Vidal.

Bolivia.

E. Gutiérrez, Acha y Bustamante, Greco, Valencia y Ferrel, Algarañaz, Ugarte, Capparelli, B. Gutiérrez y Maldonado.

Goles. 14’ Schiaffino, 18’ Vidal, 23’ Schiaffino, 40’ Míguez, 51’ Schiaffino, 54’ Schiaffino, 83 Ghiggia y

87’ Míguez.

Árbitro. G. Reader (Inglaterra) Líneas. Mario Viana (Brasil) y Leo Lemesic (Yugoslavia). Cancha. Belo Horizonte.

Uruguay debutó el 2 de julio el día en que todos los grupos terminaban su actuación, es que los acontecimientos anteriores al comienzo del campeonato, favorecieron a Uruguay ampliamente al dejarlo sólo en el grupo con Bolivia, tampoco es culpa de Uruguay que Francia y Escocia, a último momento decidieran renunciar a comparecer en el Mundial. Además de eso Bolivia era tal vez, el rival más débil de todos los que estaban disputando el certamen, aunque esto habría que demostrarlo en la verde pedana de Belo Horizonte, así que las apuestas no radicaban en quién ganaría, si no por cuántos goles lo haría, ese sería Uruguay y nadie pensaba en menos de 5 a 0.

De igual manera, con todo el respeto por el rival los uruguayos salieron al field de Belo horizonte, dispuestos a pintar el estadio de celeste, consientes de que el partido, podría tomar tono de práctica que sirviera para ajustar, algunas piezas del andamiaje celeste, con miras a enfrentar a los otros rivales que se avecinan, si se pasa esta serie, los que seguramente iban a presentar otra exigencia al combinado uruguayo.

Rápidamente Uruguay tomó las riendas del partido y del tanteador, Schiaffino abrió la cuenta y aumentó a dos, Míguez que marcó dos, dos más de Schiaffino, y los restantes dos fueron obras uno de Ghiggia y Vidal, en la delantera uruguaya sólo Julio Pérez no marcó a los bolivianos. Y Juan Schiaffino se perfilaba para ser el goleador del torneo con cuatro goles en el partido inaugural.

Segunda fase

La segunda fase ya estaba ahí, los cuatro clasificados eran Brasil, Suecia, España y Uruguay, eran los que porfiarían por el preciado trofeo de la Copa del Mundo, de los cuatro Brasil era el único favorito.

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Los norteños se enfrentarían en primera instancia a Suecia, el 9 de julio en Maracaná, mientras que Uruguay y España se medirían en Pacaembú ese mismo día y a la misma hora.

URUGUAY 2 – ESPAÑA 2

Uruguay

Máspoli, Matías González, y Tejera, Juan. C. González, O. Varela y Rodríguez Andrade, Ghiggia, Julio Pérez, Míguez, Schiaffino y Vidal.

España

Ramallets, Alonso y Gonzalvo II, Gonzalvo III, Parra y Puchades, Basora, Igoa, Zarra, Molowny y Gainza.

Goles. 29’ Ghiggia (U), 37’ y 39’ Basora (E), 73’ O. Varela (U).

Árbitro. Benjam M. Griffiths (Gales).Líneas. G. Dattilo (Italia) y A. Alvarez (Bolivia). Cancha. San Pablo Estadio Pacaembú.

España y Uruguay se enfrentaban en Pacaembú, la tarde del 9 de julio, España sin miedos por los 8 goles que los celestes le propinaron a Bolivia y Uruguay, con respeto por los adversarios pero sin miedos teniendo bien claro, cuáles eran los puntos fuertes de los ibéricos y que seguramente sabrían cómo controlar.

El centrodelantero Zarra, uno de los ágiles españoles que hasta aquí tenía tres goles en el torneo, era sin duda la primera preocupación de los celestes, una férrea marca fue dispuesta sobre él, Roque Máspoli con la cabeza repleta de recomendaciones, en la tercera vez que se cruza con él, lo traiciona el instinto o tal vez lo influye el temor, el caso es que en un envío aéreo, eleva su rodilla y la clava en las costillas del centrodelantero, que naturalmente acusa el golpe, no sólo con el gesto de dolor, vacila su ánimo, no puede controlar su temor… No pisa más el área.

Cae una pertinaz llovizna, y una acción providencial de Obdulio Varela, que salva una pelota en la línea con el arquero vencido, pone dramatismo en el área uruguaya. El partido se hace de ida y vuelta, un constante vaivén de ataques y réplicas que llena de entusiasmo a las gradas de Pacaembú. España domina porque saca ventaja de la lentitud uruguaya, Míguez se empecina en eludir a su marcador y cae en la trampa de la defensa española, Uruguay no puede se lo ve lento e irresoluto por momentos, pero en una acción del ataque oriental, en vez de eludir, Miguez lo ve a Ghiggia, con ganas de correr le cruza la pelota a la derecha, y el puntero uruguayo, desde un ángulo bastante cerrado, remata y vence a Ramallets. España confiaba en la experiencia de sus hombres para dar vuelta la cosa, los punteros españoles cumplían una buena función, Basora complicaba a Rodríguez Andrade, favorecido además porque la atención estaba puesta sobre Zarra, por lo que encontraba cierta libertad para actuar.

Fue precisamente Basora el encargado de empatar el trámite, 6 minutos más tarde del gol oriental, y el mismo atacante del Barcelona que poco antes del final de primer tiempo, elevó a dos la cuenta de la furia en el placar de Pacaembú.

Para muchos es partido definido, para los once uruguayos que comanda Obdulio Varela, es solo otro contratiempo a superar. Los brasileños que estaban allí, ya festejaban la goleada del Scrach, los alto parlantes anunciaban un festival frente a Suecia en Maracaná.

El segundo tiempo se viene, el partido se torna fuerte, España quiere conservar el resultado, pero Uruguay está convencido de poder modificarlo. Hay tensión, sobran nervios, no se dan ni se piden tregua, es un juego entre varones que dejarían el alma en la cancha, pero sin colocar la mala fe por encima del correcto accionar deportivo.

De pronto los europeos flaquean, y se puede divisar en la estructura del equipo español una sombra de inseguridad. El público advierte que algo ha cambiado, se asombra al ver el macizo andar uruguayo, al llegar a las cercanías de Ramallets, su juego vuelve lúcido, chispeante y sanamente agresivo. Parecen dos equipos en uno, en el fondo las férreas marcas y los rigores de Matías González, Tejera y del patriarcal Obdulio Varela, los sólidos argumentos defensivos de Roque Máspoli, pero adelante, se resopla vitalidad y frescura, son ágiles y rápidos, cada pique de Ghiggia, de Míguez y el juego de Schiaffino, siembran temor en el área rival. Parece la combinación ideal y cuesta comprender como los “torcedores”, la prensa, los fanáticos brasileños no advierten el peligro

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que representa ése equipo para sus intensiones de campeonar. Habida cuenta además de la paridad que registra la historia de los enfrentamientos entre ellos.

Uruguay había logrado controlar los atacantes españoles, y ahora iba en busca del gol del empate, de a ratos hasta tiene el público de su lado, porque los brasileños siguen viendo a España como su oponente de mayor peligro. De pronto cerca de la media hora, Obdulio se hace del balón cruzó la mitad de la cancha, busca a quién destinar el balón pero están todos marcados, avanza unos metros y alentado por la tribuna, remata… remata fuerte, porque allá lejos, como a 35 o 40 metros está Ramallets, como queriendo adivinar que hará el “Negro Jefe” con la pelota, el tiro impresionante, electrizante con rabia, superó el esfuerzo del arquero del Barcelona, que nada pudo hacer para evitar el empate. Por todo festejo Obdulio golpeó el piso y luego con ademanes rehuye la celebración de sus compañeros, está como poseído de un endemoniado don espiritual, Quiere ganar de cualquier manera y no le satisface el empate. Prosigue la llovizna y los cuerpos empapados y agotados de los protagonistas, le confieren al final del partido un tono especial, la furia española se vuelve temporal y los uruguayos soportan estoicos, Matías González, salvó un tercer gol en la línea, y cuando el Sr. Griffiths hizo sonar su silbato indicando el final del partido, Uruguay en su estilo, primero con solvencia y luego con habilidad había logrado salvar un punto, no se podía perder con Suecia, no pudo encontrar el triunfo ante España, pero si encontró el factor preponderante para la gran hazaña, once hombres repletos de bravura, once inteligencias desbordantes de valor.

BRASIL 7 – SUECIA 1

Brasil

Barbosa, Augusto y Juvenal, Bauer, Danilo y Bigode, Maneca, Zizinho, Ademir, Jair y Chico.

Suecia

Svensson, Semuelsson y E. Nilsson, Andersson, K. Nordahl y Gard, Sundqvist, Palmer, Jeppsson, Skoglund y S. Nilsson.

Goles. 15’ 37’ 52’ 58’ Ademir (B), 39’ 88’ Chico (B), 13’ Maneca (B), 67’ Andersson (S), de penal. Árbitro.Arthur E. Ellis (Inglaterra).Líneas. Prudencio García (EUA) y C. De La Salle (Francia). Cancha: Río de Janeiro estadio Maracaná.

Mientras Uruguay sudaba lo que no tenía para empatar con España en san Pablo, Brasil en Maracaná aplastaba a Suecia, con una contundencia y una facilidad absoluta, los jugadores brasileños perfectamente amalgamados y el estadio lleno, creando una atmósfera demencial, fueron mucho rival para los suecos, que debieron soportar un vendaval de goles y fútbol, durante los 90 minutos de juego, Ademir marcó cuatro goles, Chico anotó en dos oportunidades y Maneca había abierto el camino de la goleada a los 13 minutos del primer tiempo, no se sabe como hicieron los suecos, en medio de esa tempestad para anotar un gol, a los 67 minutos de juego ocurrió ese milagro y fue mediante un penal bien ejecutado por Andersson.

Cuando terminó el partido y se anunció que Uruguay y España había empatado, los brasileños se frotaron las manos, porque su principal oponente había empatado con Uruguay, Brasil arranca al frente en el grupo final, la fiesta es total.

URUGUAY 3 – SUECIA 2

Uruguay

Paz, Matías González y Tejera, Gambetta, Varela y Rodríguez Andrade, Ghiggia, Julio Pérez, Miguez, Schiaffino y Vidal.

Suecia

Svensson, Samuelsson y E. Nilsson, Andersson, Johansson, y Gard, Johnsson, Palmer, Mellberg, Skoglund y S. Nilsson.

Goles. 5’ Palmer (S), 39’ Ghiggia, 40’ Sundqvist, 76’ 85’ Miguez.

Árbitro. G. Galeati. (Italia). Líneas. Alois Beranek (Austria) y Cayetano De Nicola (Paraguay). Cancha: San Pablo Estadio Pacaembú.

Los suecos había llegado a Brasil, con el título de campeones olímpicos de 1948 y su fútbol comenzaba a interesar al mercado internacional, donde los italianos habían llevado algunos de los

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valores suecos, a los equipos del Calcio, los 7 goles de los norteños en la tarde del 9 de julio, calaron hondo en los escandinavos, que juraron vengarse y el rival de turno era Uruguay. Si bien los nuestros no estaban conformes con el empate frente a España, rescataban el gran poder de recuperación para sobre llevar la situación adversa del gol en contra de diferencia.

Dos cambio ensayaron los celestes para éste partido, uno era el arqueo Aníbal Paz, quién estaba a la par de Máspoli y cuyas trayectorias deportivas, avalaban las credenciales de uno y otro, el otro cambio era Juan C. González, lesionado, dejaba su lugar a Schubert Gambetta, el DT. Juan López confiaba plenamente en ambos, quiénes además recibieron un efusivo aliento de parte de todo el plantel.

A los 5 minutos de comenzada la brega, la zaga uruguaya llegó tarde al cierre de Palmer, que con un remate alto y cruzado al ángulo izquierdo, venció el achique de Aníbal Paz dejando inaugurado el marcador, de ahí en más Suecia buscó el segundo gol que estuvo a punto de concretarse.

Sobre los 39 minutos del primer tiempo un impresionante remate de Ghiggia, se coló en el ángulo derecho de Svensson, empatando el partido, pero a 5 minutos del final nuevamente Suecia se puso en ventaja, con un gol del peligroso Sundqvist, otra vez al descanso 2-1 abajo, otra vez a vestirse las sudorosas ropas del esfuerzo permanente, para tratar de vencer la adversidad del tanteador.

En el segundo tiempo, los suecos dispuestos a mantener la diferencia, se defendían bravíamente, y encima mantenían latente la posibilidad de un contragolpe que terminara con la cruzada charrúa. A los 31 minutos Oscar Omar Miguez, sacó una terrible volea que infló las mayas y terminó con la heroica resistencia de Svensson. La vieja historia toma entonces consistencia, es la magia celeste que se recrea para asombro de los pocos paulistas que están en el estadio,

Los suecos cayeron en el desconcierto, de ahí en más sólo pensaron en mantener el empate, a falta de 4 minutos para el final, otra vez Miguez sacó a relucir toda su jerarquía, aprovechando un formidable tiro libre de Obdulio, crea un revuelo en el área y Svensson extasiado vió como la pelota entraba nuevamente a su arco.

El esfuerzo está recompensado 3-2 para Uruguay. Y no sólo eso, es la posibilidad de disputarle a Brasil el título de Campeón del Mundo.

BRASIL 6 – ESPAÑA 1

Brasil

Barbosa, Augusto y Juvenal, Bauer, Danilo y Bigode, Friaça, Zizinho, Ademir, Jair y Chico.

España

Eizaguirre, Alonzo y Gonzalvo II, Gonzalvo III, Parra y Puchades, Basora, Igoa, Zarra, Panizo y Gainza.

Goles. 15’, 21’ Jair (B), 31’ 55’ Chico (B), 67’ Zizinho (B), 71’ Igoa (E), 57’ Parra en contra (B). Árbitro. R. Leafe (Inglaterra). Líneas. G. Mitchell (Escocia) y J. Da Costa Vieira (Portugal). Cancha. Río de Janeiro Estadio Maracaná.

Aquella tarde del 13 de julio en Río de Janeiro, el Maracaná se esfuma de la escena, entre la densa humareda que provoca la cohetería infernal de los fuegos pirotécnicos, la fiesta es total y aquella atmósfera no admite, en absoluto, la posibilidad de una derrota.

El estruendo de 135 mil cariocas, es decididamente ensordecedor, el técnico Flavio Costa, sonríe como presintiendo la gloria. España acusa el golpe de ese ambiente pleno de tensiones y gritos. Y se desvanece. El equipo está perdido antes del comienzo del match. En el juego los hispanos no se encuentran, como mareados, por el impresionante espectáculo, la histeria colectiva supera los límites de la locura y aquello es demasiado para los europeos.

A los 15 minutos, Jair inaugura el marcador con una jugada típica de los brasileños, enseguida aumenta Chico y de nuevo Jair eleva las cifras a tres, todo en el primer tiempo, en medio de los aires festivos de la multitud enardecida.

El estadio ruge y en cada voz de aliento se percibe una bocanada de fe, es un pueblo entero dispuesto para el campeonato. España no tiene con que oponerse a esa sólida conjunción de fútbol y voluntades espirituales.

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En el segundo tiempo, es más de lo mismo y España cae apoteósicamente, entre el humo y el griterío que baja de la tribuna en son de fiesta, todos los caminos del fútbol conducen hacia el arco de Eizaguirre el desafortunado reemplazante de Ramallets. Y llegan más goles, Zizinho, Chico nuevamente y Parra en el colmo del desconcierto, metió la pelota en su propia valla, cuando el match estaba 4-0 a favor de los norteños, Igoa materializó el milagro de vencer a Barbosa, marcando el único gol español en el partido. Durante todo el segundo tiempo, los sofocones de España son constantes, porque no hay manera posible de contener el aluvión brasileño.

Las cifras son inapelables, Brasil gana 6 a 1 a España, el entusiasmo del pueblo brasileño supera las fronteras de la cordura, trece goles a favor y dos en contra en dos partidos. Falta solamente la oposición uruguaya. Muchos apresurados la descartan despectivamente. La fuerza de esas dos goleadas, adquiere la fisonomía de un gigante espiritual que no está dispuesto a enfrentar polémicas vanas. Brasil será Campeón del Mundo. España y Suecia no se han opuesto, pero todos insisten en no consultar a los uruguayos.

Y hay motivos para hacerlo, aquella misma tarde en San Pablo, los celestes sacan a relucir la garra charrúa y dan vuelta con mucho esfuerzo un resultado adverso, y se mantienen en su posición de vigías expectantes un punto detrás de Brasil.

Partido por el tercer puesto SUECIA 3 – ESPAÑA 1

Suecia

Svensson, Samuelsson y E. Nilsson, Andersson, Johansson y Gard, Sundqvist, Mellberg, Rydell, Palmer y Johnsson.

España

Eizaguirre, Asensi y Alonso, Silva, Parra y Puchades, Basora, Fernández, Zarra, Panizo y Juncosa.

Goles. 15’ Johnsson (S), 33’ Mellberg (S), 79’ Palmer (S), 83 Zarra (E).

Árbitro. L. Van der Meer (Holanda).Líneas. J. Lutz (Suiza) y Prudencio García (EUA). Cancha. San Pablo Estadio Pacaembú.

El mismo día de la final del Campeonato del Mundo, con el cuerpo en San pablo, pero con el alma y el corazón en Maracaná, algunos pocos brasileños desperezaron su indiferencia y se recaudaron 330.550 cruzados, para un partido sin ninguna trascendencia, juegan España y Suecia sin nada que definir, todo se juega en Maracaná.

España da la impresión de un prematuro cansancio físico, a pesar de los cambios en el equipo titular, en relación a la goleada recibida ante Brasil, como su fútbol se fundamente en la movilidad permanente y en el vigor, se queda sin respuesta prontamente en el juego, Suecia, se favorece y su fragilidad defensiva pasa desapercibida. Los españoles pese a todo muestran una encomiable voluntad y a partir de la constante búsqueda de su atacante Zarra, enarbolan la bandera de la resistencia. A los 15 minutos Johnsson abre el marcador que se va al descanso 2-0 a favor de los nórdicos, gracias a la oportunidad de Mellberg.

En el segundo tiempo el partido, se hace vibrante de a ratos, a veces conmovedor. Pero ya todo está echado para España, Suecia ganará 3-1. Otro tanto sueco a cargo de Palmer, para que sobre el final Zarra, ponga su firma y anote para los hispanos.

El partido fue más que una derrota para España, el saldo de lesionados diría, a los 25 minutos Panizo sufriría fractura de peroné y en los descuentos Zarra se quebró una costilla.

Entonces todas las expectativas emprenden viaje hacia Maracaná, para certificar el dictado de la lógica, los pálpitos de los ciudadanos brasileños son excluyentes, “Brasil será campeón”, es más que una frase exacerbada, es un sentimiento nacional, avalado además por un cálculo matemático simple, con sólo empatar frente a Uruguay en la caldera de Maracaná, Brasil verá coronado su viejo sueño del campeonato del Mundo…Sólo un empate.

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