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Un puesto de trabajo físicamente pesado también dificulta la vuelta al trabajo, ya que es frecuente que el paciente no confíe en una suficiente recuperación física y además también lo es el que atribuya la aparición del infarto a su trabajo.6 Un programa de rehabilitación

cardiaca dirigido en este sentido es capaz de hacer superar a los pacientes este miedo, generalmente infundado. La mejoría de la capacidad física y la corrección de la errónea interpretación acerca de la relación entre trabajo previo e infarto agudo del miocardio mejoran sustancialmente la vuelta al trabajo. Otros factores que impiden o retrasan la reinserción laboral tras un infarto agudo del miocardio son el aislamiento social de los pacientes y el consejo erróneo de los médicos, sea el de cabecera, el cardiólogo o el médico de empresa, que muchas veces tienden a originar ansiedad en el paciente ante su reinserción laboral.

INTERVENCIONES DIRIGIDAS

A MEJORAR LA REINSERCIÓN

LABORAL Y SOCIAL TRAS UN INFARTO

AGUDO DEL MIOCARDIO

– Fase I:

• Intervención psicológica. • Intervención social. • Movilización precoz. • Información precoz. • Prueba de esfuerzo precoz.

– Fase II:

• Programa de entrenamiento físico. • Información.

• Intervención psicológica y social.

• Programa de rehabilitación multidisciplinario.

Durante la fase I de la rehabilitación cardiaca, la intervención dirigida a mejorar la reinserción laboral y social debe comenzar en la unidad coronaria, al mismo tiempo que comienza la movilización precoz. Es importante identificar al paciente que puede tener más

adelante problemas sociales o laborales, del mismo modo que se debe identificar al paciente de riesgo. Una vez identificado el paciente y su problema, la intervención psicológica y social debe instaurarse lo más precozmente posible. En estudios en los que se implantó pronto esta intervención,11 se consiguieron

buenos resultados psicológicos y sociales, a corto y largo plazo. Por otro lado no hay que olvidar que la misma movilización precoz mejora no solo la capacidad física de los pacientes, sino también las tasas de vuelta al trabajo y el bienestar psicológico, reduciendo además el grado de depresión.12

Una información precoz y adecuada debe ser proporcionada a los pacientes en cuanto sea posible, debiendo abarcar áreas tales como la propia enfermedad y sus posibilidades de recuperación, los factores de riesgo y su prevención, la futura reinserción social y la calidad de vida a alcanzar a pesar de los cambios que se le proponen. Se ha comprobado que esta información precoz llega a acortar la estancia hospitalaria.13 Por

último, no debemos olvidar que la prueba de esfuerzo practicada precozmente en estos pacientes no solo va a servir para identificar su riesgo, sino que también mejora la confianza del paciente en sí mismo y la de sus familiares e, indirectamente, la reinserción laboral y social.

El periodo de convalecencia tras el infarto agudo del miocardio (fase II) es un tiempo muy adecuado para continuar la intervención psicológica y social. Es frecuente la presentación de problemas físicos, psicológicos o sociales de forma aislada o combinados, lo que hace necesario la puesta en marcha de programas multifactoriales de rehabilitación cardiaca. Un programa de entrenamiento físico mejora no solamente la capacidad funcional de estos pacientes, sino también su confianza y sensación de bienestar, lo que facilita en gran manera la vuelta a la normalidad laboral. Sin embargo, un programa de intervención psicológica es también necesario, alcanzándose mejorías clínicas y psicológicas.14-15 Esta intervención

debe dirigirse, en los casos seleccionados, a corregir los factores que se hayan detectado en cada paciente. La información y educación sanitarias de los pacientes durante la convalecencia se considera primordial. Un programa multifactorial de rehabilitación cardiaca debe comprender diversas sesiones dirigidas a mejorar la educación sanitaria de los pacientes y, por medio de ellas, la readaptación social de los mismos. Dicho programa de educación sanitaria debe ser impartido

idealmente por el cardiólogo, el psicólogo, el asistente social, el fisioterapeuta u otro especialista capacitado y debe comprender lecciones o charlas que comiencen por explicar a los pacientes en que consiste su enfermedad desde el punto de vista anatómico y fisioterapéutico, empleando un lenguaje comprensible para el profano. Se incluyen luego otros temas de aplicación práctica, como algunas ideas sobre la epidemiología de la enfermedad coronaria, los factores de riesgo más importantes y su influencia, la prevención de las cardiopatías, la modificación de hábitos perjudiciales, las dietas denominadas cardiosaludables, el impacto psicológico de la enfermedad y como combatirlo, la influencia del estrés y los tipos de conducta, la actividad sexual, la utilidad del ejercicio físico, la utilización y el modo de acción de algunos fármacos, las ventajas y las indicaciones de la cirugía y la angioplastia. En los coloquios debe facilitarse la participación de todos los pacientes y la aclaración de cualquier tipo de dudas que existan o que hayan podido surgir.

En alguna de estas sesiones debe ser incluido el cónyuge y hasta otros miembros de la familia, ya que es frecuente que exista un comportamiento incorrecto hacia la enfermedad.16 Después de charlas de

información de este tipo se han encontrado mejorías en el comportamiento de los miembros de la familia, en la situación psicológica de los pacientes y en la vuelta al trabajo, sin embargo, a pesar de que estas cuestiones didácticas suelen impartirse regularmente y de que cuando las circunstancias lo permiten se pone en práctica la intervención social, no existen datos objetivos en la literatura sobre la utilidad de las mismas. Existen muy pocos trabajos que de forma randomizada, hayan intentado comparar la acción de los programas citados con un grupo control de pacientes a los que no se le apliquen.

Una revisión del problema ha sido publicado por Greenland y Chu,17 quienes han analizado críticamente

la eficacia de los servicios de rehabilitación cardiaca, han encontrado en la revisión de la literatura un reducido número de trabajos. En el más importante de ellos18 los autores dividen a sus pacientes en tres

grupos: uno de control sometido al tratamiento habitual, otro que realizó un programa de rehabilitación solo con ejercicio físico y un tercero que, además del ejercicio, recibió un programa educacional similar al citado aquí. El éxito psicosocial del programa lo midieron a los tres y seis meses, utilizando el cuestionario de Sickness

Impact Profile, comprobando una modesta pero significativa diferencia a favor del grupo que recibió el programa educacional comparado con los otros dos grupos.

Sin embargo, los autores citados17 analizan en su

revisión, otros tres trabajos en los que no se demuestra objetivamente una mejoría psicosocial y concluyen que, sobre la base de los trabajos publicados, no pueden recomendarse programas especiales de rehabilitación cardiaca que incluyan apoyo o soporte psicosocial como medida de rutina, aunque determinados pacientes lo necesitarían sobre la base de ser seleccionados previamente por sus características psicosociales o por su déficit especial de conocimiento acerca de la enfermedad y de su prevención, sin embargo, muchos autores piensan que está indicado el programa de educación sanitaria para todos los pacientes, y que la falta de trabajos randomizados que demuestren su eficacia, no justifica el privar a los pacientes de los beneficios del mismo.19

En pacientes seleccionados, también la práctica de técnicas de relajación y psicoterapia se haya indicada y se ha llevado a la práctica con éxito, apreciándose también mejora en la reinserción laboral.

De las consideraciones citadas hasta ahora se deduce la necesidad de la instauración de programas de rehabilitación cardiaca multidisciplinarios capaces de conseguir una adecuada rehabilitación en todas las áreas señaladas. Se ha comprobado que los pacientes que siguen este tipo de programas consiguen con mayor facilidad su reinserción laboral y social.3

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