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Nótese que el versículo 4 comienza de la misma forma que el versículo 2, «porque ciertamente». De esta manera Paulo recalca el hecho de que ahora gemimos en nuestros cuerpos físicos, al tiempo que expresamos nuestro anhelo de ser revestidos con la ropa que Dios nos da. En estos dos versículos (vv. 2 y 4), reitera su pensamiento como explicación del pasaje anterior (v. 1).

Si Pablo hubiera usado un sustantivo acompañado de la frase literal en esta, los expertos no hubieran tenido problema para lograr una sola traducción. Pero dicho sustantivo no exis- te, y el amplio margen de variantes desde «en esta condición presente», a «por eso», «así», «pues» y «mientras tanto». Pero el contexto de los cuatro primeros versículos, especialmente la

10 J. A. T. Robinson, The Body, SBT 5 (Londres: SCM, 1952); A. Feuillet, «La demeure céleste et la destinée

des chrétiens. Exégèse de II Cor. 5:1–10 et contribution à l’étude des fondements de l’eschatologie paulienne», ResScRel 44 (1956): 161–192, 360–402; E. Earle Ellis, «II Corinthians v. 1–10 in Pauline Eschatology», NTS 6 (1959–60): 211–224; F. G. Lang, II Korinther 5, 1–10 in der neueren Forschung, BGBE 16 (Tübingen: Mohr, 1973), pp. 179–182; Nigel M Watson, «II Cor. 5:1–10 in recent research», AusBRev 23 (1975): 33–36.

11 Véase F. F. Bruce, «Paul on Immortality», SJT 24 (1971): 270.

12 Karl Hanhart, «Paul’s Hope in the Face of Death», JBL 88 (1969): 445–457; Charles Hodge, An Exposition

repetición de en esta tienda (v. 4), parece indicar que Pablo está pensando en nuestro cuerpo [p 193] físico, que él simboliza con «esta tienda». El verbo gemir normalmente expresa la idea de dolor y desconsuelo; pero aquí la nube que oscurece el panorama de nuestra vida terrenal aparece con el dorado filo de la esperanza y una anhelante expectación. Ciertamente el texto brinda un mensaje afirmativo con el verbo anhelar, en la segunda mitad del versículo. Pablo dice que gemimos al tiempo que anhelamos ser revestidos, porque este intenso anhelo es la base de nuestro gemido. En su epístola a los Romanos, Pablo menciona el gemir de la crea- ción, de los redimidos y del Espíritu. Tanto la creación como los redimidos, soportan el sufri- miento y esperan anhelantes el día en que los hijos de Dios serán liberados, esto es, cuando experimenten la redención de sus cuerpos. Mientras tanto, el mismo Espíritu Santo gime al tiempo que intercede por el pueblo de Dios (Ro. 8:22–23, 26, respectivamente).

La segunda ilustración de los versículos 1–8 es la del revestimiento (vv. 2–4). Pablo escribe que «anhelamos ser revestidos con nuestra morada celestial». Para ello usa el verbo griego ependusasthai (ser recubierto). Este verbo significa ponerse una ropa por encima de la que ya llevamos, como cuando uno se cubre con un abrigo.13 Aquí Pablo no está considerando la

resurrección de los muertos, sino la transformación que ocurrirá en la venida de Cristo. Lo que dice es que aguardamos con entusiasmo su regreso. En ese momento, nuestros cuerpos actuales serán transformados en un instante, cuando reciban el revestimiento adicional de nuestra morada celestial, en la forma de cuerpo glorificado (1 Co. 15:51; Fil. 3:21).

No todos los expertos están de acuerdo con la interpretación tradicional de este texto. Algunos escritores argumentan que el verbo ependusasthai no significa necesariamente que Pablo distinga entre los que mueren antes del regreso de Cristo y los que estén vivos en su venida. Dicen que los creyentes, cuando mueren, se ponen en seguida un cuerpo de

resurrección sobre su cuerpo físico. Y que esto es lo que les sucederá, también, a los creyentes que vivan cuando Cristo regrese.14

Estos eruditos interpretan dicho verbo griego sólo desde un punto de vista temporal.15

Pero este verbo también tiene connotaciones de tipo dimensional, con la preposición griega ἐπί, cosa que no debemos pasar por alto. Pablo dice que el cuerpo celestial es puesto sobre el cuerpo terrenal. Sin embargo, la realidad nos enseña que cuando los cuerpos físicos mueren, se descomponen y no son recubiertos inmediatamente con los cuerpos de la resurrección.16

Pablo aplica [p 194] la imagen del revestimiento a los creyentes que estén vivos cuando Cristo vuelva, pero no a aquellos que descienden al sepulcro. Sólo quienes no experimentan la

muerte y la sepultura tienen cuerpos físicos capaces de recibir vestiduras adicionales. 3. Si es cierto que estamos vestidos, no seremos hallados desnudos.

a. Lectura alternativa. Este breve versículo, que está íntimamente relacionado con el pasaje anterior, tiene al menos una variante, que ha supuesto alguna dificultad a los comentaristas. Como ilustración, he aquí las dos versiones:

«Pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos» (RV60).

13 Albrecht Oepke, TDNT, 2:320–21; Horst Weigelt, NIDNTT, 1:316; F. F. Bruce, I and II Corinthians, New

Century Bible (Londres: Oliphants, 1971), p. 202; Hughes, Second Epistle to the Corinthians, p. 168 n. 31; Herman N. Ridderbos, El pensamiento del apóstol Pablo (Grand Rapids: Libros Desafío, 2000), p. 648.

14 Harris escribe: «El mismo Pablo se veía a sí mismo como revistiéndose del cuerpo de resurrección, sin

haber sido, primero, librado de su cuerpo terrenal». «II Corinthians 5:1–10: Watershed in Paul’s Eschatology?» 44; Raised Immortal, p. 99.

15 Cf. Hans Windisch, Der Zweite Korintherbrief, ed. Georg Strecker (1924; edición reimpresa, Göttingen:

Vandenhoeck and Ruprecht, 1970), pp. 161, 163.

16 John W. Cooper, Body, Soul and Life Everlasting: Biblical Anthropology and the Monism-Dualism Debate

«Pues ciertamente, cuando nos hayamos desvestido, no seremos hallados desnudos» (NRSV).

La interrogante es: «¿estamos vestidos o desvestidos?» Los manuscritos alejandrinos apo- yan la lectura habiendo sido vestidos, mientras que los testimonios occidentales presentan la lectura habiéndonos desvestido. Los copistas o cambiaron la redacción para facilitar la com- prensión del lector, o cometieron un error propio de su oficio. En el texto griego, la diferencia entre las palabras es cuestión de una sola letra: endusamenoi (habiendo sido vestidos) y ek- dusamenoi (habiendo sido desvestidos). De las dos opciones, la mayoría de los traductores y muchos comentaristas se inclinan por la lectura que cuenta con los testimonios de más peso: «habiendo sido vestidos».17

b. Significado. Cualquiera de las dos versiones presenta problemas. La primera lectura, «habiendo sido vestidos», seguida por «no seremos hallados desnudos», es una declaración trivial que no aporta ninguna nueva información. Y la segunda lectura, «habiéndonos desvestido», obliga a los expertos a admitir que el creyente, en su muerte, recibe un cuerpo intermedio como vestidura de su alma desnuda. Pero si el creyente recibe un cuerpo en el momento de su muerte, ¿qué necesidad hay del cuerpo físico en el momento de la

resurrección? Además, la lectura de los manuscritos mayores puede sostenerse con la observación de que Pablo usa el verbo revestir en el versículo 2. Esto hace que el apóstol mencione el verbo vestir en el siguiente versículo.18

[p 195] El versículo 3 es una ampliación del versículo 2 y, como tal, está relacionado y plenamente concordante con él. El énfasis del discurso de Pablo continúa desde el versículo 2 al versículo 4, de modo que el versículo 3 se convierte en un comentario parentético de ayu- da. Pablo suspira por el retorno de Cristo cuando, en el tiempo que dura el parpadeo de un ojo, su cuerpo físico será cubierto por un cuerpo celestial (cf. 1 Co. 15:53–55). Se estremece ante la sola idea de la muerte; porque entonces su alma se quedará sin vestimenta y será hallada desnuda. Esta idea le repugna, pues alma y cuerpo forman una unidad (Gn. 2:7). En- tiende que la separación del alma y el cuerpo es el resultado del pecado y de la muerte; pero sabe que esta separación tendrá un fin. Él no hubiera temido la separación del cuerpo y el alma, y anhelado ser revestido con un cuerpo celestial, «si hubiera sido de la opinión que el cuerpo de resurrección se recibía en el momento de la muerte».19

Si Pablo se refiere al retorno de Cristo y a la resurrección, ¿será cierto que se siente tan turbado ante lo inminente de la incorporeidad, que no llega a anticipar un estado intermedio? Anhela estar con el Señor (v. 8; Fil. 1:23); pero preferiría encontrarse con él en su venida y ser transformado, antes que morir y tener que esperar a la resurrección.20 Pablo enseña que

17 Nes-Al27 y United Bibles Societies4 tienen la lectura ἐκδυσάμενοι; pero todas las demás ediciones griegas

del Nuevo Testamento tienen ἐνδυσάμενοι. Y de las traducciones, sólo la NRSV tiene «nos hayamos desves- tido». Alfred Plummer califica a la primera de estas lecturas como «un cambio temprano para evitar una aparente tautología». Véase A Critical and Exegetical Commentary on the Second Epistle of St. Paul to the

Corinthians, International Critical Commentary (1915; Edimburgo: Clark, 1975), p. 147. NOTA DEL

EDITOR: No existe versión española que haya optado por «nos hayamos desvestido».

18 Margaret E. Thrall, «”Putting On” or “Stripping Off” in II Corinthians 5:3», en New Testament Textual

Criticism: Its Significance for Exegesis, Essays in Honour of Bruce M. Metzger, ed. Eldon Jay Epp y Gordon

D. Fee (Oxford: Clarendon, 1981), pp. 221–238. Léase también su Critical and Exegetical Commentary on

Second Corinthians, 2 vols., International Critical Commentary (Edimburgo: Clark, 1994), vol. 1, pp. 379–

380.

19 Joseph Osei-Bonsu, «Does II Cor. 5:1–10 teach the reception of the resurrection body at the moment of

death?» JSNT 28 (1986): 91.

20 Referirse a C. K. Barrett, The Second Epistle to the Corinthians, serie Harper’s New Testament

Commentaries (Nueva York: Harper and Row, 1973), p. 156; John Yates, «Immediate or Intermediate? The State of the Believer upon Death», Churchman 101 (1987): 310–322.

Cristo tomará nuestros cuerpos físicos, que están sujetos a la incapacidad física, el deterioro y la muerte, y los convertirá como su cuerpo glorioso (Fil. 3:21). De ahí que la aversión de Pa- blo al hecho de que el alma se quede desnuda, deba ser interpretada en el marco de su deseo de una inmediata transformación de su cuerpo físico.21 Sin embargo, cuando la muerte le lle-

gue, siempre estará con el Señor. Por eso escribe en otro lugar: «Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor. Así que, sea que vivamos o muramos, del Señor somos» (Ro. 14:8). En resumidas cuentas, Pablo no enseña que el alma duerme hasta el día de la resurrección; sino que el creyente, cuando muere, está para siempre con el Señor.

Notas adicionales sobre 5:3

Pablo escribe dos frases condicionales, una en el versículo 1 y otra en el 3. La primera, con la par- tícula griega ἐάν (si), expresa cierto grado de incertidumbre porque nosotros, como seres humanos, desconocemos la hora de nuestra muerte. Estamos seguros de que nuestra vida en este mundo se acabará, porque nuestro destino es morir (Gn. 3:19; Heb. 9:27). La segunda frase condicional, intro- ducida por la partícula griega εἰ (si), expresa una certeza que para Pablo se basa en su conocimiento de la resurrección general de entre los muertos: «Porque si los muertos [p 196] no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado» (1 Co. 15:16). Por eso, Pablo sabe que si él estuviera vivo cuando Cristo regresa- ra, la transformación de su cuerpo excluiría verse expuesto a que su alma quedara desnuda. Pero esta seguridad desentona con el comentario de Pablo sobre la probabilidad de morir y de su estado

incorpóreo antes de la venida de Cristo (vv. 1, 8–10). Aunque esta observación es válida, el deseo ardiente de Pablo de tener un cuerpo glorificado, sin que intervenga periodo alguno de incorporeidad, elimina mucho de la confusión inherente a estos versículos.22

Otra opinión es la de que Pablo cree que recibirá un cuerpo de resurrección inmediatamente después de la muerte. Este cuerpo, pues, será la cobertura que impedirá que esté desnudo. Sin embargo, debemos contrastar esta opinión con una regla que se aplica en la exégesis: Miremos a toda la Escritura desde la perspectiva del texto, y a la inversa: el texto desde la perspectiva de toda la Escritura.Entonces, ¿qué es lo que dice la Escritura? El Nuevo testamento enseña que la resurrección ocurrirá en el momento en que Cristo vuelva, doctrina que consecuentemente Pablo hace que

aparezca en todas sus epístolas. Aparece en una de las primeras (1 Ts. 4:13–18), en todas sus cartas mayores (1 Co. 15:22–28; 52–55; 2 Co. 1:9; 4:4; Ro. 8:22–24), en una de sus epístolas de reclusión (Fil. 3:11, 20–21), e incluso en su última epístola (2 Ti. 2:18). Concluimos con la afirmación de que, si no podemos hallar base en los escritores del Nuevo Testamento en la que apoyar que los cristianos reciben un cuerpo de resurrección inmediatamente después de la muerte, entonces dicha

interpretación es débil y con poco apoyo.23

¿Qué quiere Pablo decir en la última cláusula del versículo 3, «no seremos hallados desnudos»? Tanto Platón como Filón enseñaban que el cuerpo es como una cubierta que aprisiona el alma, la cual clama por ser liberada de este cuerpo.24 Estos filósofos enfatizan lo deseable que esto sería; pero Pablo

enseña lo contrario cuando expresa su aversión a esta separación.25

E. Earle Ellis afirma que el concepto desnudo debe considerarse en el contexto de vergüenza, culpa y juicio,26 interpretación que presenta dicho concepto en un conjunto ético y que anticipa la referencia

de Pablo al tribunal judicial de Cristo (v. 10). Es difícil entender que Pablo, en el versículo 3, conecte la idea de desnudez con la certidumbre de un juicio.

21 Referirse a Raymond O. Zorn, «II Corinthians 5:1–10: Individual Eschatology or Corporate Solidarity,

Which?» RTR 48 (1989): 100.

22 Cf. Geerhardus Vos, The Pauline Eschatology (1930; ed. reimpresa, Grand Rapids: Baker, 1979), pp.

194–195.

23 Véase la lista de objeciones suministrada por Harris, Raised Immortal, p. 255 n. 4; y véase George Eldon

Ladd, A Theology of the New Testament, ed. Hagner, ed. rev. (Grand Rapids: Eerdmans, 1993), p. 599.

24 Platón, Phaedrus 250C; Filón, De virtute 76–77.

25 J. Sevenster, «Einige Bemerkungen über den “Zwischenzustand” bei Paulus», NTS 1 (1995): 291–96;

«Some Remarks on the ΓΥΜΝΟΣ, en II Co. v.3», en Studia Paulina, Festschrift J. de Zwaan (Haarlem: Bohn, 1953), pp. 202–214.

En su lugar, Pablo enseña que el alma, al ser hallada desnuda, existe sin el cuerpo en la presencia de Cristo. Pero no llega a dar más información sobre el estado incorpóreo del alma. Después de la muerte—dice confiadamente—que él aguarda a la resurrección del cuerpo. El apóstol habla de la realidad de la muerte en las vidas de sus compañeros creyentes y en él mismo. Cuando la muerte ocurre, ellos y él, estarán para siempre con el Señor en la gloria.

4. Porque ciertamente mientras estamos en esta tienda gemimos, siendo agobiados,

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