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UNCTAD’S WORK ON COMMODTIES
Hasta aquí hemos hablado de que vivir con integridad requiere de varias cosas, y ahora queremos ilustrarlo a través de diferentes ejemplos que encontramos en la Biblia.
1. La integridad requiere reflexión y discernimiento.
Las personas no reflexivas suelen comprometer la integridad de sus vidas. Pero a la hora de reflexionar necesitamos hacerlo acerca de la verdad de Dios y no de las mentiras que nos llegamos a creer. Dios nos ha revelado cómo adquirimos discernimiento para reflexionar correctamente. Hebreos 5:14 dice: Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.
No siempre la línea entre lo correcto y lo incorrecto será evidente para el creyente; por esta razón necesitamos discernimiento. Y la manera en que lo adquirimos es reflexionando y meditando en la Palabra de Dios, de manera que nuestros sentidos sean ejercitados a fin de que, a la hora de la prueba, podamos discernir entre lo bueno y lo malo, lo moral y lo inmoral, lo apropiado y lo inapropiado; entre lo que es lícito, pero no conveniente; y entre lo que es posible, pero no prudente.
2. La integridad requiere acción.
Esto lo vemos en la vida del rey Josías, como lo ilustra el pasaje de 2 Reyes 23:19,24:
Josías quitó también todas las casas de los lugares altos que estaban en las ciudades de Samaria, las cuales habían hecho los reyes de Israel provocando a ira al Señor; les hizo tal y como había hecho en Betel. […] Josías también quitó los médium y los espiritistas, los ídolos domésticos y los otros ídolos, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, con el fin de confirmar las palabras de la ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa del Señor.
Para el rey Josías no fue suficiente condenar el espiritismo y señalar
que lo que el pueblo hacía estaba mal delante de Dios; él actuó conforme a lo que entendía que era lo correcto y removió todos los altares y los ídolos de la nación. Son muchos los que hablan de lo que se debe hacer, pero pocos los que actúan. La integridad requiere acción, y si somos honestos con nosotros mismos al revisar nuestras vidas, nos daremos cuenta de que muchas veces no fuimos íntegros porque permanecimos pasivos; nos hemos conformado con señalar lo que está mal, pero no hemos hecho nada para cambiarlo. Tenemos que levantarnos, entrar en acción, pararnos en la brecha y derribar todo aquello que no es íntegro, o por lo menos intentarlo.3. La integridad requiere identificación pública.
La integridad requiere que nos identifiquemos en público con el estándar que hemos decidido abrazar en nuestro interior, sin importar el costo. En el caso de Juan el Bautista, el costo fue su propia vida, pero su integridad no le permitió quedarse callado ante lo que estaba mal. Mateo 14:3-11 nos relata lo siguiente sobre el rey Herodes:
Porque Herodes había prendido a Juan, lo había atado y puesto en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. Y aunque Herodes quería matarlo, tenía miedo al pueblo, porque consideraban a Juan como un profeta. Pero cuando llegó el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó ante ellos y agradó a Herodes. Por lo cual le prometió con juramento darle lo que ella pidiera. Ella, instigada por su madre, dijo: Dame aquí, en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. Y aunque el rey se entristeció, a causa de sus juramentos y de sus invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a
Juan en la cárcel. Y trajeron su cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha, y ella se la llevó a su madre.
Nosotros podemos decir que estamos en contra del aborto, por ejemplo, pero, si no hacemos nada al respecto, si en público no tratamos de hacer todo cuanto esté a nuestro alcance para luchar en contra de esto, no estamos siendo íntegros porque no estamos actuando conforme a las convicciones que decimos tener. Si el creyente no levanta el estándar de Dios en su entorno, la Iglesia nunca va a tener el impacto necesario para transformar la sociedad. Cuenta la historia que la reina María de Escocia, en respuesta a las oraciones imprecatorias de John Knox, líder de la reforma protestante en Escocia, dijo: «Temo más a las oraciones de John Knox que a todos los ejércitos reunidos de Europa». La razón por la que los reformadores tuvieron el impacto que tuvieron fue porque, así como Juan el Bautista, ellos se identificaron públicamente con lo que creían y denunciaron lo que estaba mal.
4. La integridad requiere valor.
En el Antiguo Testamento, en específico en el libro de Daniel, encontramos el ejemplo de tres hombres que en el momento de la prueba tuvieron el valor de mantenerse firmes en sus convicciones y no se dejaron amedrentar por el peligro frente al cual se encontraban. Muchos conocen la historia de Sadrac, Mesac y Abed- nego, tres jóvenes judíos que se negaron a postrarse y adorar la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado. Al ser traídos ante el rey y amenazados con ser echados en un horno de fuego ardiente, ellos respondieron:
Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has levantado (Dan. 3:17-18). Eso es integridad en la vida real: reflexión, acción, identificación y valor. Si la Iglesia de hoy tuviera estas características, otra sería la realidad de nuestra sociedad.