Hay la tendencia a concebir que la relación entre los particulares (las llamadas personas físicas y con capacidad jurídica) y el Estado se liga por el hecho de emplearse con las actividades inherentes a la acción del poder público, y por ende, incrustarse en la noción de la llamada función pública.
Tal relación genera en consecuencia relaciones jurídicas de diversa naturaleza (de Derecho Público y Privado) entre el Estado y las personas físicas cuyo efecto es: considerarse como servidores públicos, y según la posición en la estructura gubernamental: como funcionario o empleado, o trabajador. Ahora bien, estas denominaciones en cuanto a su naturaleza, aún no han logrado el consenso uniforme entre los teóricos de la materia, pues la existencia de diversas corrientes
(132)
Notas inéditas…, nota a pie (23)El término “factor humano” sustitutivo de “recursos humanos” y “el elemento del Estado: “población”, en un contexto diverso de lo público (infra, nota a pie (144) y §§ 2.4 y 2.4.2), guarda cierto paralelismo con las actividades empresariales (diríamos: la iniciativa privada), y puede ser considerado como el aspecto fundamental de una actividad organizada con determinados fines de rentabilidad, en este caso: la obtención de ganancias sin menoscabo de los objetivos a conseguir a costa de lo que sea, y como justificadamente “válidos”. Básicamente se compone de: 1) las actividades psicomotrices o físicas (destrezas) e intelectual (ideas) o ambas de los seres humanos en su calidad de personas no cosificadas (como objeto y medio), 2) con sus cualidades y habilidades en el desempeño de su trabajo y 3), sus aptitudes y actitudes. Es el llamado Hombre (como género) individualizado (varón y mujer), o bien, agrupado; parte vital de la organización, impregnándole valores e ideas que se conjugan volitivamente con el objetivo bajo criterios de identidad.
tratan de explicarlas según su concepción. Un ejemplo sería la de André de LAUBADÈRE (133) quien y para el caso de la Escuela francesa) advierte que: “… El problema de la situación jurídica del funcionario público es doble: 1º. Se trata de saber si esta situación es de derecho público o de derecho privado; 2º. Por otra parte, se trata de saber si el funcionario está dentro de su situación legal y reglamentaría o dentro de una situación jurídica subjetiva, y especialmente si está ligado por una relación de carácter contractual a la colectividad pública que lo emplea…”.
Como se nota en esa postura, no hay ningún problema, pues hemos sido receptores de teorías de otros países y para el caso, Francia quizá fue la primera influencia que recibimos en materia administrativa (134) y lo expuesto por LAUBADÈRE, se identifica incluso ahora con nuestro sistema jurídico de las relaciones jurídico-laborales de la función pública o “Régimen de Personal del Sector Público”. (135)
Una vez vista la función pública como relación jurídico-laboral y de responsabilidades, está distribuida entre los poderes del Estado que prevé no solo
(133)
Apud., LÓPEZ-OLVERA…, op. cit., nota a pie (90), p. 60.
(134) Efectivamente, hacia la mitad del Siglo XIX, el Derecho Administrativo mexicano se identificó con la obra
de Don Teodosio LARES, con sus primeras lecciones de la materia, al margen de las sendas leyes y reglamentos conocidas como las “leyes lares” en la época de Antonio López de Santa Anna (el centralismo) y Maximiliano de Habsburgo (el imperio), cuya finalidad era controlar la actividad arbitraria de la Administración en contra de los particulares entre otros objetivos. Así se promulgaron sendas leyes en las materias: de procedimiento y contencioso administrativos: la Ley del 25 de mayo de 1853 para lo contencioso administrativo y su reglamento, y la Ley sobre lo contencioso-administrativo del 1º de Noviembre de 1865 y su reglamento.
(135)
Acorde al artículo 123 en su fracción XXXI, encontramos que “…La aplicación de las leyes del trabajo corresponde a las autoridades de los Estados, en sus respectivas jurisdicciones, pero es de la competencia exclusiva de las autoridades federales en los asuntos relativos a: a) Ramas industriales y servicios. Tales como la industria Eléctrica; de hidrocarburos, y los Servicios de Banca y Crédito (las S.N.C. banca pública o de desarrollo); así como b) Empresas: 1. Aquéllas que sean administradas en forma directa o descentralizada por el Gobierno Federal; 2. Aquéllas que actúen en virtud de un contrato o concesión federal y las industrias que les sean conexas. (lo subrayado y las negritas cursivas son nuestras). En este contexto, estamos en presencia de dos divisiones del derecho: el público y privado, que son dos subsistemas en cuyo contenido se halla el régimen de contratación tanto individual y colectiva, así como la del mecanismo de los nombramientos discrecionales, con ratificación y/o con concursos de oposición (según el Servicio Civil de Carrera). Bajo estas líneas, consúltese en CORTIÑAS-PELÁEZ…, op. cit., nota a pie (18), en especial el § 5. Del Régimen de Personal del Dr., Carlos REYNOSO-CASTILLO, pp. 255 a 285. [infra, nota a pie (138)]
el artículo 49 de nuestra CPEUM como depositarios de la soberanía tradicionales: el legislativo, el ejecutivo y el judicial, sino las ahora denominadas “autonomías constitucionales ”, sistemas orgánicos que requieren de los medios idóneos que permitan la exteriorización de la voluntad general, es decir, el factor humano, representado por individuos que se caracterizan por tener actividad intelectual o física, desempeñando el papel de funcionarios o empleados cuyas voluntades o acciones configuran no su voluntad psíquica, sino la voluntad del Estado como persona abstracta y centro principal de imputación jurídica.
Al respecto, DELGADILLO-GUTIÉRREZ (136) señala que “…Los órganos del Estado están constituidos por la estructura formal y sustantiva de la que emana la voluntad pública, delimitada en su esfera de competencia legal y reglamentaria…”, que dada su importancia se entiende la existencia del órgano, su integración, su esfera competencial. Por lo tanto, la relación función y empleo públicos, se ligan de manera tal que: “… la sola existencia de esta esfera de competencia no es suficiente para la expresión del poder público. También se necesita la participación de una persona física que externe la voluntad del Estado, para que al ejercer la competencia que le es atribuida, su actuación se manifieste como expresión del órgano del que forma parte, de tal manera que sea el propio órgano el que actué a través del individuo.
Lo expuesto es confirmado por BIELSA (137) resaltando en este caso el concepto genérico de “agentes” cuya semántica sería “el que lleva a cabo la acción”, al externar que “…La realización de los fines del Estado no se concibe sin la actividad física de personas que son, en sentido lato, sus agentes, los cuales, según el carácter jurídico de la actividad y la naturaleza del vínculo que los une al Estado, se dividen en funcionarios y empleados…”
(136)Ibídem,nota a pie (124), p. 61. (137)
Sin embargo para FRAGA (138) es necesario “…distinguir entre el órgano y su titular, pues mientras que el primero representa una unidad abstracta, una esfera de competencia, el titular representa una persona concreta que puede ir variando sin que afecte la continuidad del órgano y que tiene, además de la voluntad que ejerce dentro de la esfera de competencia del órgano, una voluntad dirigida a la satisfacción de sus intereses personales…”. Finalmente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (139) también ha asimilado la noción de función pública con el empleo público, al sostener:
Si por función pública ha de entenderse el ejercicio de atribuciones esenciales del Estado, realizadas como actividades de gobierno, de poder público que implica soberanía e imperio, y si tal ejercicio en definitiva lo realiza el Estado a través de personas físicas, el empleado público se identifica con el órgano de la función pública y su voluntad y acción trascienden como voluntad o acción del Estado, lo que justifica la creación de normas especiales para su responsabilidad.
En conclusión, destaca la importancia de dos elementos esenciales: la competencia atribuida al órgano y las personas físicas con capacidad legal y de obligarse jurídicamente (como incorporarse al servicio público mediante actos de voluntad), ya que la sola esfera de competencia, además de los otros recursos materiales como edificios, el mobiliario y equipo, sólo constituiría una estructura inanimada, y por lo tanto, intrascendente. En efecto, la otra postura es: la sola actuación de la persona física sin poderes jurídicos, sería la expresión de un individuo más de la población, más no así la actuación de los poderes del Estado (140) mediante los mecanismos jurídicos de participación (empleo, cargo o comisión) en las actividades estatales (141).
(138)
FRAGA, Gabino, Derecho administrativo, México, Porrúa, 2009, 47ª ed., p. 128.
(139)Apud., LÓPEZ-OLVERA…, en nota a pie (90), p. 61. (140)
Supra, nota a píe (18), p. 60. La noción poderes del Estado en singular, es definida por CORTIÑAS-PELÁEZ como: “… un órgano o sistemas de órganos al que compete la exclusividad de principio, en el ejercicio de una función del poder público…”, sea del legislativo, ejecutivo o jurisdiccional. El problema es ahora según MARTÍNEZ-CASTAÑÓN, la naturaleza de las autonomías constitucionales del sistema político y jurídico mexicano, pues al igual que el D.F., como entidad federativa de excepción (en espera de la reforma política), los municipios y las delegaciones, en cuanto a su naturaleza política y administrativa, no ejercen funciones de exclusividad, entendida ésta como las de principio o formales, pero sí por
Entonces, la voluntad de determinadas personas físicas que se comprometen con las misiones de carácter público, se consideran la voluntad de la Administración Pública en el cumplimiento de sus cometidos, y cómo es que se le atribuyen los efectos jurídicos de los actos que realizan al Estado, sea en el campo del Derecho Público, Social o Privado, y mediante la representación, contratación o nombramiento.
Empero es menester indicar que teóricamente se explica que los empleados y funcionarios públicos, más que representantes del Estado (142), se incrustan en la organización del poder público como componente de la misma, por lo que el órgano (instrumento o medio para convertir algo en útil y funcional) en su perspectiva, y como creación jurídica se le impone una serie de poderes jurídicos (facultades) que sólo pueden manifestarse mediante los individuos con existencia real y objetiva que manifiestan la voluntad del órgano adscrito a un sujeto de Derecho llamado Estado.
Para reforzar la idea doctrinal parafraseada, la concepción del órgano adscrita a un sujeto de Derecho, fue reforzada con el principio de imputación
atribución o materiales. En consecuencia: no encajan en la noción de poderes del Estado pero, ¿son o no sistema o subsistemas de órganos con poderes jurídicos específicos?
(141)
Siguiendo a LÓPEZ-OLVERA…, supra, nota a pie (90), p. 65; queremos enfatizar que hacia el 2013 (fecha de publicación de su obra), el autor señaló que los términos “empleo”, “cargo”, (se agrega ”encargo”) y “comisión” citados en la CPEUM en sus artículos 26, apartado B, párrafo quinto; 28, párrafo quinto (sic) (ahora octavo); 32 (párrafos segundo y tercer); 34, fracción II (no existe: se refiere a un modo honesto de vivir); 41, (esta fracción V ya no existe) (con las reformas electorales, se halla disperso a lo largo del artículo, el término de encargo), Párrafo Cuarto; 62; 79, fracción IV, párrafo cuarto (mal fundamentado); 101 (en sus tres primeros párrafos); 108 (Párrafos primero, segundo y cuarto); 110 (párrafo tercero); 113 (con las reformas ya no existen) y 127 (párrafo primero, párrafo segundo fracción II y III), solo son enunciativos, y no encontró “ni en la ley fundamental ni en las leyes secundarias un concepto para cada uno de estos términos”. Sin embargo, nos da las definiciones del Diccionario de la Lengua Española, que define al empleo como una “ocupación u oficio”; el cargo, como “dignidad, empleo, oficio”; mientras que la comisión es definida como “la orden y facultad que alguien da por escrito a otra persona para que ejecute algún encargo o entienda en algún negocio” o bien como el “conjunto de personas encargadas por la ley, o por una corporación o autoridad, de ejercer unas determinadas comparecencias permanentes o entender en algún asunto específico”.
(142)
expuesto por KELSEN (143), quien explicó que por mandato legal determinada acción se atribuye a un sujeto y se le considera realizada por él, en esa medida, la actuación del funcionario público sólo se considera como expresión de la voluntad del Estado cuando ejerce la competencia atribuida al órgano en el desempeño de su encargo, más no el de su esfera jurídica privada que no la pierde.
De conformidad con lo señalado podemos decir que esta teoría no concibe al órgano como la persona física que realiza las funciones del ente, ni como la esfera de competencia que es asignada a aquella, sino como la unidad que resulta de la persona y las facultades, además de los medios puestos a su disposición para el correcto funcionamiento de cada una de las unidades en que el ente se descompone para llevar a cabo los fines supremos del Estado y sus cometidos; además, en tales consideraciones, se agrega que la incorporación al servicio público, se ha ido transformando como una exigencia de la realidad, conformando los cambios del propio Estado, tanto en su organización como en su funcionamiento y desde luego en las relaciones con un ordenamiento jurídico dinámico y dialéctico, que oscila entre el Estado Intervencionista y abstencionista, asumiendo un gran número de actividades, o reservárselas o devolvérselas a los particulares, y utilizando las reglas de derecho público y privado.
2.4.1. El factor humano ante el género y las especies: un problema jurídico
Abordados los conceptos de la función pública en su estrecha relación con el empleo público, se justifica en consecuencia el análisis del factor humano, a la luz del Derecho positivo y de algunos planteamientos de doctrina, CORTIÑAS-
(143)
KELSEN, Hans, Teoría pura del derecho, Buenos Aires, Edit., Eudeba, 1960, p. 130. Encontramos en su lectura que “…La persona jurídica se convierte así en un punto de imputación. Todos los actos de una persona jurídica son, en rigor de verdad, actos cumplidos por individuos, pero imputados a un sujeto ficticio que representa la unidad de un orden jurídico parcial o total…”. Igualmente, SAYAGUÉS-LASO
[Apud., DELGADILLO-GUTIÉRREZ…, en nota a pie (124)], afirmó que “…El órgano, por lo mismo que es un concepto jurídico, igual que la noción de persona, no tiene una existencia visible; su realidad es puramente jurídica. Vemos la o las personas titulares del órgano, la sede de éste, los medios materiales de que dispone; pero no al órgano en sí mismo, que es una abstracción…”.
PELÁEZ (144) aportó en el marco de las ciencias administrativas, lo que sería una justificación de su significado en el contexto de una abstracción llamada: Estado, Administración y Derecho (145) bajo las siguientes deducciones (en resumen):
1. La edad administrativa frente al desarrollo de las ciencias