Sellamiento y sanación
Cuando reunimos nuestras historias familiares y vamos al templo
por nuestros antepasados, Dios cumple bendiciones prometidas
simultáneamente a ambos lados del velo.
Como miembros de la Iglesia, verda-deramente tenemos la responsabilidad divina de buscar nuestros antepasados y compilar historias familiares. Esto es mucho más que una afición que se nos recomienda adoptar, ya que las ordenanzas de salvación son necesarias para todos los hijos de Dios 4. Debemos identificar a nuestros antepasados que murieron sin recibir las ordenanzas de salvación. Podemos llevar a cabo las ordenanzas de manera vicaria en los templos, y nuestros antepasados pueden decidir aceptarlas 5. También se nos alienta a ayudar a los miembros del barrio y de la estaca con los nom-bres de su familia. Es verdaderamente increíble poder contribuir a redimir a los muertos mediante la obra del tem-plo y de historia familiar.
Pero, al participar en la obra del templo y de historia familiar hoy, tam-bién nos hacemos merecedores de las bendiciones de “sanación” prometidas por los profetas y apóstoles 6. Estas ben-diciones también son verdaderamente increíbles por su alcance, especificidad y consecuencias en la vida mortal. Esta larga lista incluye las siguientes bendiciones:
• Más comprensión del Salvador y de Su sacrificio expiatorio.
• Más influencia del Espíritu Santo en nuestra vida 7 para disfrutar de forta-leza y guía para nuestra propia vida. • Más fe, la cual hace que nuestra
conversión a Él llegue a ser profun-da y perdurable.
• Más capacidad y motivación para aprender y arrepentirnos 8, gracias a la comprensión de quiénes somos y de dónde venimos, así como una visión más clara de dónde vamos. • Más influencia refinadora,
santifi-cadora y moderadora en nuestro corazón.
• Más gozo gracias a una capacidad superior de sentir el amor del Señor. • Más bendiciones para nuestra
fami-lia, independientemente de nuestra situación familiar actual, pasada o futura o de cuán imperfecto sea nuestro árbol familiar.
• Más amor y aprecio por nuestros antepasados y familiares vivos, lo que hace que ya no nos sintamos solos. • Más poder para discernir lo que
necesita ser sanado y así, con la ayu-da del Señor, servir a los demás. • Más protección ante las tentaciones y
la creciente influencia del adversario. • Más ayuda a la hora de aliviar
corazones atribulados, quebrantados o angustiados y que las personas heridas sanen9.
Si ha orado para recibir cualquiera de estas bendiciones, participe en la obra del templo y de historia familiar. Al hacerlo, sus oraciones serán contes-tadas. Cuando se llevan a cabo orde-nanzas a favor de personas fallecidas, los hijos de Dios sobre la Tierra son sanados. No en vano, el presiden-te Russell M. Nelson, en su primer mensaje como Presidente de la Iglesia, declaró: “Su adoración en el templo y el servicio que presten allí por sus antepasados los bendecirá con mayor revelación personal y paz, y los fortale-cerá en su compromiso de mantenerse
en la senda de los convenios” 10. Un profeta anterior también pre-dijo bendiciones, tanto para los vivos como para los muertos 11. Un mensajero celestial le mostró a Ezequiel la visión de un templo con agua saliendo de él a borbotones. A Ezequiel se le dijo:
“Estas aguas salen… y descenderán al desierto y entrarán en el mar [muer-to]… [y] las aguas serán sanadas.
“Y acontecerá que toda alma viviente que nade por dondequiera que entren estos dos ríos, vivirá… pues serán sanadas; y vivirá todo lo que entre en este río” 12.
Hay dos características destacables de esta agua. En primer lugar, aunque el pequeño arroyo no tenía afluentes, crecía hasta convertirse en un río cau-daloso, ensanchándose y haciéndose más profundo según recorría su flujo. Sucede algo similar con las bendicio-nes que fluyen del templo a medida que las personas son selladas como familias. A medida que las ordenanzas de sellamiento fusionan las familias, se produce un crecimiento significativo hacia atrás y hacia delante a través de las generaciones.
En segundo lugar, el río renovaba todo lo que tocaba. Del mismo modo, las bendiciones del templo tienen una capacidad impresionante para sanar. Las bendiciones del templo pueden sanar corazones, vidas y familias.
Permítanme ilustrarlo: En 1999, un joven llamado Todd se desmayó por causa de la rotura de un vaso sanguíneo en su cerebro. Aunque Todd y su familia eran miembros de la Iglesia, su actividad en ella había sido esporádica, y ninguno de ellos había experimentado las ben-diciones del templo. La última noche en la vida de Todd, su madre, Betty, se sentó en la cama junto a él acariciando su mano y le dijo: “Todd, si de verdad debes marcharte, te prometo que me aseguraré de que se lleve a cabo tu obra del templo”. Al día siguiente, los médicos declararon la muerte cerebral de Todd. Los cirujanos trasplantaron el corazón de Todd a mi paciente, una persona excepcional llamada Rod.
Pocos meses después del trasplante, Rod averiguó quién era la familia de la persona que le donó su corazón y comenzó a escribirse con ellos. Unos dos años más tarde, la madre de Todd, Betty, invitó a Rod a estar presente cuando ella fue al templo por primera vez. Rod y Betty se vieron por primera vez en persona en el salón celestial del Templo de St. George, Utah.
Algún tiempo después, el padre de Todd y esposo de Betty falleció. Un par de años más tarde, Betty invitó a Rod a representar vicariamente a su hijo fallecido para recibir sus ordenanzas del templo. Rod lo hizo con agradeci-miento, y la obra vicaria culminó en una sala de sellamientos en el Templo de St. George, Utah. Betty fue sellada a su esposo fallecido, arrodillándose ante el altar frente a su nieto, quien sirvió como representante. Después, con lágrimas cayendo por sus mejillas, le hizo una señal a Rod para que se unie-ra a ellos ante el altar. Rod se arrodilló junto a ellos, actuando como represen-tante del hijo de ella, Todd, cuyo cora-zón todavía latía en el pecho de Rod. El donante del corazón de Rod, Todd, fue entonces sellado a sus padres por toda la eternidad. La madre de Todd había cumplido la promesa que le hizo a su hijo moribundo años atrás.
Pero la historia no termina ahí. Quince años después de su trasplante de corazón, Rod se comprometió con una joven y me pidió que llevara a cabo el sellamiento en el Templo de
Provo, Utah. El día de la boda, me reu-ní con Rod y su maravillosa prometida, Kim, en una sala adyacente a la sala de sellamientos, donde esperaban sus familiares y amigos más cercanos. Tras hablar brevemente con Rod y Kim, les pregunté si tenían alguna pregunta.
Rod dijo: “Sí. La familia de mi donante está presente y les encantaría conocerle”.
Esto me tomó por sorpresa y le pre-gunté: “¿Quiere decir que están aquí? ¿Ahora mismo?”
Rod contestó: “Sí”.
Doblé la esquina y llamé a la familia para que saliera de la sala de sella-mientos. Betty, su hija, y su yerno se unieron a nosotros. Rod saludó a Betty con un abrazo, le dio las gracias por venir y después me la presentó. Rod dijo: “Betty, este es el élder Renlund. Es el médico que cuidó del corazón de tu hijo durante tantos años”. Ella cruzó la sala y me abrazó; durante unos cuantos minutos más, hubo abrazos y lágrimas de gozo por todas partes.
Una vez que nos recuperamos de la emoción, pasamos a la sala de sellamientos, donde Rod y Kim fueron sellados por el tiempo y por toda la eternidad. Rod, Kim, Betty y yo pode-mos testificar de que los cielos estaban muy cerca, que ese día había otras per-sonas con nosotros que habían cruzado antes el velo de la vida mortal.
Dios, con Su capacidad infinita, sella y sana a personas y familias a pesar de las tragedias, pérdidas y adversidades. A veces comparamos los sentimientos que experimentamos en los templos con captar un destello de los cielos 13. Aquel día en el Templo de Provo, Utah, me hice eco de esta afirmación de C. S. Lewis: “[Los seres mortales] dicen en cuanto a cierta medida de sufrimiento temporal: ‘Ninguna dicha futura puede compensarlo’, ignorando que los
cielos, cuando los alcancemos, actua-rán retrospectivamente y convertiactua-rán incluso esa agonía en una gloria… Los benditos dirán entonces: ‘Nunca hemos vivido en ningún otro lugar que no sean los cielos’” 14.
Dios nos fortalecerá, ayudará y sostendrá 15; y santificará para noso-tros nuestra angustia más profunda 16. Cuando reunimos nuestras historias familiares y vamos al templo por nues-tros antepasados, Dios cumple muchas de estas bendiciones prometidas de manera simultánea a ambos lados del velo. De manera similar, somos bendeci-dos cuando ayudamos a otras personas en nuestros barrios y estacas a hacer lo mismo. Los miembros que no viven cer-ca de un templo también reciben estas bendiciones al participar en la obra de historia familiar, reuniendo los nombres de sus antepasados para que se lleven a cabo las ordenanzas del templo.
El presidente Nelson, no obstante, advirtió: “Podemos sentirnos inspirados durante todo el día sobre experien-cias del templo y de historia familiar que otras personas hayan tenido. Sin embargo, debemos hacer algo para experimentar realmente la alegría por nosotros mismos”. Prosiguió diciendo: “Los invito a considerar con oración qué tipo de sacrificio —de preferencia un sacrificio de tiempo— pueden hacer para dedicarse más a la obra del templo y de historia familiar este año17. Al aceptar la invitación del presidente Nelson, descu-brirán, reunirán y conectarán a su familia. Además, comenzarán a fluir bendiciones para ustedes y su familia como el río que mencionó Ezequiel. Hallarán sanación para aquello que requiera sanación.
Orson y Parley Pratt experimentaron los efectos sanadores y selladores de la obra del templo y de historia familiar en los primeros compases de esta dispensación. Betty, su familia y Rod
lo experimentaron. Ustedes también pueden hacerlo. Mediante Su sacrificio expiatorio, Jesucristo ofrece estas ben-diciones a todos, tanto muertos como vivos. Gracias a estas bendiciones, nos daremos cuenta de que, metafórica-mente, “Nunca hemos vivido en ningún otro lugar que no sean los cielos” 18. Testifico de ello en el nombre de Jesucristo. Amén. ◼
NOTAS
1. Véase Parley P. Pratt a Orson Pratt, 25 de mayo de 1853, Orson Pratt Family Collection, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City; en Terryl L. Givens y Matthew J. Grow, Parley P. Pratt: The
Apostle Paul of Mormonism, 2011, pág. 319.
2. Orson Pratt a Parley P. Pratt, 10 de marzo de 1853, Parley P. Pratt Collection, Bibliotecas de Historia de la Iglesia, Salt Lake City; en Givens y Grow, Parley P.
Pratt, pág. 319.
3. Cabe destacar que Orson Pratt no solo ayudó a publicar el libro sobre los descendientes de William Pratt, sino que unos años más tarde, en 1870, él y su familia llevaron a cabo más de 2600 bautismos por los muertos, en la Casa de Investiduras de Salt Lake City, por los nombres recogidos en el libro, (véase Breck England, The Life and Thought of
Orson Pratt, 1985, pág. 247).
4. Véase José Smith, History of the Church, tomo 6, páginas 312–313.
5. Véase “Names Submitted for Temple Ordinances,” First Presidency letter, Feb. 29, 2012. Los antepasados cuyos nombres se envíen para que se efectúen las ordenanzas vicarias del templo deben tener parentesco con quien haga el envío. Sin excepción, los miembros de la Iglesia no deben enviar nombres de ningún grupo no aprobado, como los de celebridades o de víctimas del Holocausto Judío.
6. Véase Dallin H. Oaks, “In Wisdom and Order”, Tambuli, Dec. 1989, 18–23; D. Todd Christofferson, “La redención de los muertos y el testimonio de Jesús”, Liahona, enero de 2001, págs. 10–13; Boyd K. Packer, “Su historia familiar: Cómo empe-zar,” Liahona, agosto de 2003, págs. 12–17; Thomas S. Monson, “Verdades constantes para tiempos cambiantes”, Liahona, mayo de 2005, págs.19–22; Henry B. Eyring, “Teniendo entrelazados sus corazones”,
Liahona, mayo de 2005, págs. 77–80;
M. Russell Ballard, “Fe , Familia , hechos y
frutos”, Liahona, noviembre de 2007, págs. 25–27; Russell M. Nelson, “Salvación y exaltación”, Liahona, mayo de 2008, págs. 7–10; Russell M. Nelson, “Generaciones entrelazadas acon amor”, Liahona, mayo de 2010, págs. 91–94; David A. Bednar, “El corazón de los hijos se volverán”, Liahona, noviembre de 2011, 24–27; Richard G. Scott, “El gozo de redimir a los muertos”,
Liahona, noviembre de 2012, págs. 93–95;
Quentin L. Cook, “Raíces y ramas”, Liahona, mayo de 2014, págs. 44–48; Thomas S. Monson, “Apresurar la obra”, Liahona, junio de 2014, págs. 4–5; Henry B. Eyring, “La promesa de volver los corazones”,
Liahona, julio de 2014, págs. 4–5; David A.
Bednar, “La obra misional , la de historia familiar y la del templo”, Liahona, octubre de 2014, págs. 14–19; Neil L. Andersen, “ ‘ Mis días ’ de templos y tecnología” Liahona, febrero de 2015, págs. 26–33; Neil L. Andersen, “Sharing the Temple Challenge,” Family Discovery Day, Feb. 2015, LDS. org; Quentin L. Cook, “El gozo de la obra de historia familiar”, Liahona, febrero de 2016, págs. 22–27; Gary E. Stevenson, “ ¿ Dónde están las llaves y la autoridad del sacerdocio ?”. Liahona, mayo de 2016, págs. 29–32; Dieter F. Uchtdorf, “Un elogio a los que salvan”, Liahona, mayo de 2016, págs. 77–80; Quentin L. Cook, “Véanse en el templo”, Liahona, mayo de 2016, págs. 97–101; Dale G. Renlund, Ruth L. Renlund y Ashley R. Renlund, “La historia familiar y las bendiciones del templo”, Liahona, febrero de 2017, págs. 34–39; Dallin H. Oaks and Kristen M. Oaks, “Connected to Eternal Families,” Family Discovery Day, Mar. 2018, LDS.org.
7. Véase Doctrina y Convenios 109:15. 8. Véase Doctrina y Convenios 109:21. 9. Véase Boyd K. Packer, “El bálsamo de
Galaad”, Liahona, enero de 1988, págs. 15–17; Jeremías 8:22; 51:8.
10. Russell M. Nelson, “Al avanzar juntos”,
Liahona, abril de 2018, pág. 7.
11. Véase Ezequiel 40–47; Guía para el Estudio de las Escrituras, “Ezequiel”.
12. Ezequiel 47:8–9.
13. Véase Spencer W. Kimball, “Vislumbrando el cielo”, Liahona, diciembre de 1971, págs. 3–7.
14. C. S. Lewis, The Great Divorce: A Dream, 2001, pág. 69.
15. Véase Isaías 41:10.
16. Véase “Qué firmes cimientos”, Himnos, Nº 40.
17. Russell M. Nelson y Wendy W. Nelson, “Abran los cielos mediante la obra del templo y de historia familiar”, Liahona, octubre de 2017, pág. 19.
del poder y la santidad del Sacerdocio Aarónico y nos inspire a centrarnos más diligentemente en nuestros debe-res del sacerdocio. Mi mensaje es para todos los poseedores del Sacerdocio Aarónico, incluidos los que poseen el Sacerdocio de Melquisedec.
El élder Dale G. Renlund enseñó que el propósito del sacerdocio es proveer a los hijos de Dios el acceso al poder expiatorio de Jesucristo3. Para recibir el poder expiatorio de Cristo en nuestras vidas, hemos de creer en Él, arrepentirnos de nuestros pecados, hacer y guardar convenios sagrados por medio de ordenanzas y recibir el Espíritu Santo4. No son cosas que hacemos solo una vez, ya que esos principios obran juntos, reforzándose mutuamente y edificán-dose uno sobre el otro en un proceso continuo de progresión ascendente para “[venir] a Cristo, y [perfeccionar-nos] en él” 5.
¿Cuál es la función del Sacerdocio Aarónico en esto? ¿Cómo nos ayuda a tener acceso al poder expiatorio de Cristo? Yo creo que la respuesta se halla en las llaves del Sacerdocio Aarónico: las llaves del ministerio de ángeles y del evangelio preparatorio6. confiado una responsabilidad sagrada y
una obra esencial para hacer. El presidente Thomas S. Monson nos indicó que los hombres jóvenes deben comprender “lo que significa … tener el sacerdocio de Dios. Se les debe guiar a que perciban espiritualmente la santidad de su llamamiento al que han sido ordenados” 2.
Hoy ruego que el Espíritu Santo nos guíe a un entendimiento mayor Por Douglas D. Holmes
Primer Consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes
H
ermanos, es un privilegio estar con ustedes en esta histórica conferencia. Cuando era un presidente de misión nuevo, me sentía emocionado porque íbamos a recibir a nuestro primer grupo de nuevos misio-neros. Un grupo de misioneros más experimentados estaba preparando una breve reunión para ellos, cuando noté que habían colocado unas sillas de niños en semicírculo.“¿Para quiénes son esas sillitas?”, pregunté.
Los misioneros, con cierta timi-dez, respondieron: “Para los nuevos misioneros”.
Creo que la forma en que vemos a los demás tiene un impacto significa-tivo en su percepción de sí mismos, y de lo que pueden llegar a ser 1. Ese día, nuestros nuevos misioneros se sentaron en sillas de adultos.
Hablando en sentido figurado, me temo que en ocasiones damos a nues-tros jóvenes del Sacerdocio Aarónico sillas de niños para sentarse, en vez de ayudarles a ver que Dios les ha
Sesión General del Sacerdocio | 31 de marzo de 2018