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B. Contribution to the Difference in Inequality

I. The United States

Según el DSM-IV la prevalencia del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) oscila entre el 3% y el 7%, y entre el 5% y el 10% a escala global (Bierderman y Faraone, 2005; Polanczyk y Rohde, 2007; Skounti, Philatilis y Galanakis, 2007).

La prevalencia depende del sistema de clasificación que utilicemos, ya que mientras la CIE-10 no diferencia diferentes subtipos dentro del trastorno hipercinético, el DSM-IV permite discriminar entre tres subtipos según la presentación de los síntomas. Estos subtipos incluyen: principalmente inatento, principalmente hiperactivo-impulsivo, y un subtipo combinado. Según estos subtipos, el 60% aproximadamente cumple criterios de tipo combinado, el 30% de tipo inatento y tan solo el 10% corresponde al hiperactivo/impulsivo (Biederman et al., 1997).

Los estudios epidemiológicos indican que la prevalencia del TDAH varía según la edad, el subtipo del trastorno (TDAH tipo desatento o tipo hiperactivo-impulsivo) y el género. En este sentido, el TDAH tipo hiperactivo-impulsivo es cuatro veces más frecuente en chicos que en chicas (4:1), y en el TDAH tipo desatento, lo es en relación 2:1. Ambos subtipos son más frecuentes entre los ocho y los diez años (Bathia, Nigam, Bohra y Malik, 1991; González-Castro y cols., 2010); Wolraich, Hannah, Pinnock, Baumgaertel y Brown, 1996).

Finalmente, cabe destacar que la prevalencia del TDAH disminuye con la edad (Biederman y Faraone, 2005; Rodríguez- Quirós, Peñalvel, González, Gutiérrez del Álamo y Correas Lauffer, 2008), con una clara relación entre el declinar de los síntomas y el envejecimiento, aunque más de la mitad de las personas que sufren TDAH en la infancia van a seguir presentando el cuadro en la adultez (Pascual-Castroviejo, 2008).

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En cuanto a la edad, la primera infancia suele ser complicada debido a que muchos de los niños presentan un temperamento difícil y problemas en su desarrollo evolutivo. Los estudios señalan como problemas de la primera infancia asociados significativamente al TDAH los trastornos del sueño, de la alimentación, del control de esfínteres, así como un retraso en la adquisición del habla y en la coordinación motora (Hartsough y Lambert, 1985; Rajeev y Riaz, 2003). A medida que el niño crece, se hace más independiente y comienza a prestar más atención a los adultos y a los niños ajenos a la propia familia.

Alrededor de los 9-10 años, la sintomatología básica del trastorno suele ir evolucionando de manera positiva, principalmente en aquellos casos que el niño está siendo medicado desde los 6-7 años y teniendo en cuenta entre otros aspectos la severidad del trastorno, el subtipo y la presencia de otros trastornos asociados que van a marcar el pronóstico.

Al llegar a la adolescencia, además de las dificultades propias de estas edades suele seguir manifestando un bajo rendimiento académico, inadaptación escolar, aislamiento social, depresión, baja autoestima, etc. Esto se complica en aquellos casos que presenta asociado un TOD (Trastorno de conducta), ya que los estudios ponen de manifiesto que en estos casos se aumenta el riesgo de relacionarse con pares anticonvencionales, uso y abuso de alcohol, tabaco y marihuana, mayor propensión a padecer accidentes, problemas con la justicia, etc. (Barkley, 1998; Molina y Pelhman, 2003).

Un amplio grupo de estudios en población clínica aprecian diferencias en la edad promedio de los tres tipos de TDAH, siguiendo la sucesión de TDAH-I > TDAH-C> TDAH- H (Faraone, Biederman, Weber y Russell, 1988; Lahey et al., 1994; McBurnett et al., 1999; Nolan, Volpe, Gadow y Sprafkin, 1999; Scahill y Schwab-Stone, 2000). Estos resultados sugieren que futuros estudios longitudinales pudieran considerar la posibilidad de que los subtipos DSM-IV representen fases del desarrollo del TDAH, planteándose la hipótesis de

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que los síntomas de hiperactividad surgirían más tempranamente (TDAH-H), para ser posteriormente acompañados por la inatención (TDAH-C) y finalizar permaneciendo esta última en la adolescencia (TDAH-I) (López-Villalobos, Montes Rodríguez y Sánchez Azón, 2003).

En lo referente al subtipo, Cornejo et al. (2005) en un estudio llevado a cabo sobre la prevalencia en niños y adolescentes, encontraron que el subtipo más frecuente es el combinado (43,8%) y el menos el hiperactivo (26%). Esta distribución es similar a la encontrada en otras investigaciones (Cardo y Servera, 2005; García-Jiménez, López-Pisón y Blasco-Arellano, 2005). En un estudio longitudinal reciente se comprobó que el número de síntomas de desatención tiende a aumentar conforme los niños con TDAH avanzan en los cursos escolares, especialmente a partir de los 8 años, lo cual puede estar asociado al aumento de demandas académicas (Lahey et al., 2009). Por el contrario, los síntomas de hiperactividad/impulsividad tienden a disminuir con la edad (Couthino, Mattos y Aráujo, 2007). Siguiendo esta línea, Faraone y Biederman en el año 1998 indican que todo lo que es la sintomatología motora del trastorno disminuye con la edad, mientras que la de tipo cognitivo/atencional tiende a mantenerse.

En cuanto a la variable género, el TDAH es un trastorno más frecuente en varones, pero esto es matizable dependiendo de la muestra que estudiemos. El ratio entre niños y niñas varía en función de que la muestra proceda de la clínica (9:1) o de muestras generales de población (3:1) (Arnold, 1996).

En el estudio llevado a cabo por Cardo, Servera y Llobera, (2007) se han hallado tasas globales de sospecha de TDAH de 4.6%, con un intervalo de confianza de 3 al 6%. Estos autores no han encontrado diferencias entre ambos sexos o incluso la tendencia es que las niñas presentan las tasas más elevadas. Los autores explican este resultado por el tipo de normalización de las puntuaciones que aplica la escala utilizada, si bien matiza que igual

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frecuencia no significa mayor gravedad, siendo las puntuaciones de los varones más elevadas que las de las niñas.

1.5.5. Trastornos asociados

En el TDAH existen otra serie de características que, sin ser síntomas principales rodean el cuadro del trastorno. Aproximadamente entre un 45% y un 65% de niños con TDAH presentan problemas de conducta y/o emocionales, como el trastorno disocial, trastorno oposicionista-desafiante, trastornos de ansiedad-depresión, etc. (Faraone, Biederman, Mennin, Wozniak y Spencer, 1997). Estos altos índices de comorbilidad han llevado a considerar el TDAH como un trastorno heterogéneo, que suele presentarse acompañado de otros problemas psicopatológicos, los cuales interactúan y modifican el constructo diagnóstico de forma importante, tanto en la fenomenología clínica como en las características psicológicas, en las consecuencias psicosociales, en el curso clínico, en el pronóstico, y en la respuesta al tratamiento de esta compleja asociación (Fergusson y Horwood, 1993; McBurnett et al., 1999).

1.5.5.1. Problemas de conducta

Existen varias hipótesis que barajan problemas de conducta asociados al TDAH. Hay autores que consideran la posibilidad de un déficit de tipo cognitivo, concretamente, de un inadecuado procesamiento de la información, para explicar tal asociación (Milich, Hartung, Martin y Haigler, 1994); otros ponen el acento en los antecedentes familiares y/o psicosociales (Aytaclar, Tarter, Kirisci y Lu, 1999; Faraone et al., 1995; Tomphson, Riggs, Mikulich y Crowley, 1997), mientras que otros apoyan la relación entre el TDAH y disfunciones metabólicas (Pine, Shaffer, Schonfeld y Davies, 1997).

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