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dos botellas de agua y una galleta para cada uno –dijo Charlotte–. También un suéter, una linterna, una navaja suiza, un botiquín de primeros auxilios y una brújula.

E

La madre de los mellizos le entregó a cada uno una mochila llena de los objetos que había empacado. Alex y Conner valoraban el gesto, pero viajar a una dimensión ficticia era muy distinto a ir de campamento.

–Gracias, mamá –dijo Alex–. No era necesario que te tomaras la molestia de hacerlo.

–Sí, no es la primera vez que hacemos un viaje del estilo –agregó Conner y miró en el interior de su mochila–. ¡Genial! ¡Galletas con chispas de chocolate!

¡Gracias!

–Solo son unas pocas cosas; me sentiré mejor al saber que las tienen – respondió Charlotte–. Entonces, ¿cuál es la primera parada? ¿Saben cuánto tardarán en regresar?

Alex miró a Conner con la misma curiosidad que su madre. Por primera vez en la vida, estaba dejando todo el plan en manos de su hermano. Le había ofrecido ayuda a Conner varias veces, pero él estaba decidido a hacer todo solo. No insistirle era una apuesta por parte de Alex, pero él parecía muy confiado en que tenía todo bajo control.

–Primero iremos a mi cuento –dijo Conner con entusiasmo–. Es una aventura pirata que ocurre en el mar Caribe en el 1700. Es la historia de la capitana Sally Ricitos Castaños y su tripulación completamente femenina que buscan un tesoro enterrado en islas desiertas.

Estriboria

Charlotte ocultó su preocupación detrás de una sonrisa. –Suena progresista –comentó.

–No te preocupes, estaremos bien –afirmó Conner–. Sally Ricitos Castaños está basada en Ricitos de Oro. Encontraremos su barco, le contaremos la situación y traeremos a ella y a su tripulación a la casa. Será fácil.

–Si tú lo dices –respondió Charlotte, en absoluto convencida.

–A por ellas –dijo Bob, y le dio una palmadita a Conner en la espalda.

El chico había organizado sus escritos cuidadosamente en una carpeta con pestañas que separaban los cuentos. Abrió la carpeta en la primera página de

y la apoyó en el suelo de la sala de estar.

Estriboria

–¿Estás seguro de que no hay nada que necesitemos antes de partir? – preguntó Alex por última vez–. ¿No hay nada que estés pasando por alto u olvidando?

–Confía en mí. Tengo todo controlado –respondió él–. Si hay algo que conozco a fondo son mis historias. De hecho, he esperado mucho por esto. ¡Apuesto a que mis personajes estarán entusiasmados de conocerme!

Viajar dentro de los cuentos había sido lo único en lo que Conner pensaba desde que había tenido la idea. Por supuesto que las circunstancias que justificaban el viaje eran terribles, pero él de todos modos sentía que era el autor más afortunado del mundo. ¿Quién más tenía la oportunidad de visitar los mundos y conocer a las personas que existían solo en su imaginación? Conner solía fantasear con ver algún día una película o una obra basada en sus historias, pero era mucho mejor que eso. No sería la interpretación de

o la adaptación de sus palabras; todo sería exactamente como él lo había imaginado.

aquel viaje alguien más

Conner tomó de su bolsillo trasero la petaca de Mamá Gansa, que contenía la Poción Portal. Vertió unas gotas sobre la carpeta y luego guardó cuidadosamente la petaca en su mochila. Las páginas resplandecieron como un reflector poderoso y proyectaron un haz de luz brillante hacia el techo.

–¡Allá vamos! –dijo Conner–. ¡Deséennos suerte!

–¡Buena suerte! –exclamó Bob–. Estaremos aquí cuando regresen.

–¡Tomen buenas decisiones! –añadió Charlotte–. ¡También coloqué pantalla solar en sus mochilas en caso de que esté soleado!

Alex y Conner se colocaron las mochilas en la espalda, ingresaron al haz de luz y desaparecieron de la casa.

Al igual que había ocurrido cuando viajaron dentro de

y , la Poción Portal primero los

llevó a través de un espacio infinito que no tenía nada más que palabras. En vez de texto impreso, las palabras estaban a su alrededor, como si

El maravilloso mago de Oz, Peter Pan Alicia en el País de las Maravillas

hubiera cientos de lápices invisibles moviéndose en el aire. Cada una de ellas estaba escrita en la caligrafía desordenada de Conner.

–¡Genial! –dijo Conner–. ¡Es como si hubiéramos ingresado a mi cerebro! –Tienes que mejorar tu caligrafía –señaló Alex.

Las palabras escritas a mano se estiraron y tomaron forma; luego obtuvieron color y textura y por fin se transformaron en los objetos que describían. Conner observó maravillado cómo el mundo de su primer cuento cobraba vida a su alrededor. Alex también estaba entusiasmada, hasta que vio la palabra extendiéndose bajo sus pies.

olas

–Oye, ¿Conner? –dijo ella–. ¿Deberíamos preocuparnos por…?

Antes de que pudiera terminar la oración, los mellizos cayeron dentro de un océano que apareció debajo de ellos. Las fuertes olas los golpeaban y los empujaban más y más abajo en el agua. Era difícil nadar en contra de la corriente, pero lograron salir a la superficie y escupieron bocanadas de agua salda. Conner vio su carpeta de cuentos flotando en el agua cerca de ellos y la sujetó antes de que las olas se la llevaran. Si perdía la carpeta, los mellizos no tendrían manera de regresar al Otromundo.

Alex salpicó furiosa el rostro de su hermano.

¿Por qué no dijiste que necesitábamos un bote? –preguntó.

–¡Lo siento! –respondió Conner–. ¡Olvidé que el océano era la primera descripción!

Las palabras escritas ya habían terminado de formar el mundo de a su alrededor. Los mellizos flotaban en medio del mar Caribe. Había tanta niebla en el aire que a duras penas podían ver sus rostros, ni hablar de avistar tierra o barcos en la distancia. Alex chasqueó los dedos y un bote de madera pequeño apareció frente a ellos.

Los mellizos subieron a bordo y recuperaron el aliento. Conner guardó la carpeta en la mochila, donde estaría a salvo. Si algo le ocurría, sería imposible regresar a casa.

–Vaya, fue un comienzo difícil –dijo Alex–. ¿Qué describías a continuación? –La llama Dolly –dijo Conner.

–¿La llama Dolly?

–Es el nombre del barco de Sally Ricitos Castaños –explicó él–. No me juzgues, creí que era un nombre gracioso para un barco. Debería aparecer a la vista en cualquier momento.

Una sombra inmensa apareció en medio de la bruma: algo muy grande se dirigía hacia ellos. La sombra se hacía más colosal y oscura y los detalles aparecían a medida que se aproximaba. Por fin, los mellizos vieron que era un barco pirata navegando en línea recta hacia su bote y no parecía dispuesto a reducir la velocidad. ¡Los hundiría!

–¡Abandona el bote! –gritó Conner.

Los mellizos se zambulleron en el agua justo cuando el barco hizo añicos su bote. Una vez más, Alex y Conner quedaron atrapados bajo las olas despiadadas. Nadaron hasta la superficie y chapotearon en el agua turbulenta mientras el barco pirata continuaba su camino y pasaba a su lado.

¡Atención! –gritó Conner hacia el barco–. ¡Mellizos a la deriva! ¡Ayúdennos!

Pocos segundos después, desplegaron desde el barco una escalera de cuerdas que aterrizó en el agua junto a los mellizos. Ellos la sujetaron, subieron, treparon por encima del barandal del barco y cayeron en la cubierta inferior. Estaban empapados y tosían escupiendo agua de mar.

Alex alzó la vista y vio una inmensa bandera negra flotando en lo alto del barco con la calavera de una llama estampada.

–Tiene que ser –dijo Alex. Le señaló la bandera a Conner y una sonrisa gigante apareció en el rostro del chico. Se puso de pie y ayudó a su hermana a hacer lo mismo. La bandera comprobaba que estaban dentro de su cuento.

La llama Dolly

–¡Lo logramos! –exclamó él–. Alex, ¡estamos en Estriboria!

El entusiasmo de Conner desapareció cuando oyeron pasos cercanos. Una docena de mujeres piratas que no lucían amigables rodearon a los mellizos. Las piratas les apuntaron con sus espadas y sus rifles.

–Vaya, vaya, vaya –dijo una mujer con un parche en el ojo–. Miren lo que tenemos aquí.

–¿Qué están haciendo en medio del mar, bravucones? –preguntó una mujer con labios enormes–. Son demasiado para estar en la marina, y demasiado

para ser piratas.

jóvenes bonitos

Conner por poco pisó a una pirata que estaba detrás de él y dio un salto. Al no tener piernas, la pirata caminaba sobre sus manos y sujetaba una daga entre los dientes.

–¡Supongo que son ! –comentó la pirata sin dientes–. ¡Me sorprende que los tiburones no los encontraran primero!

polizones

Conner no podía creer que sus personajes vivían y respiraban delante de sus ojos. Las mujeres eran tan rudas, sucias y bronceadas como él las había imaginado. Sonrió de oreja a oreja y comenzó a brincar en su lugar.

–¡Estoy tan feliz de verlas, chicas! –dijo él.

Las piratas inclinaron la cabeza a un lado como cachorros confundidos. Nunca nadie había estado feliz de verlas.

–Chicas, ¡soy ! –continuó–. ¡Soy Conner Bailey!yo

¿Quién? –preguntó una pirata con rostro chato y redondo. –Ah, vamos –rio Conner–. ¡Soy el autor!

–¿Autor de qué? –preguntó una pirata descalza.

–De –respondió él–. Yo creé este océano, este barco y a todas ustedes. ¿De verdad no me reconocen?

esta historia

Conner creía que sin dudas ya se habían dado cuenta, pero las piratas aún lo miraban de un modo extraño, tan perplejas como antes.

–Ha estado a la deriva demasiado tiempo; el chico ha enloquecido –dijo una pirata con pata de palo, y las demás asintieron.

Conner comenzaba a frustrarse.

–No estoy loco –dijo él–. Miren, ¿dónde está Sally Ricitos Castaños? Permítanme hablar con ella. Estoy seguro de que ella aclarará todo. Esto es culpa mía; debería haberlas escrito como personajes más inteligentes.

Las piratas dejaron de lucir confundidas y comenzaron a apuntar las dagas hacia él. Alex cubrió su rostro y suspiró: aquello no sería tan fácil como su hermano pensaba.

– –llamó la pirata del parche–. ¡Hay alguien aquí abajo que quisiera hablar con usted!

Oooooh, capitana

De pronto, una mujer dio una voltereta hacia atrás desde la cubierta superior y aterrizó directo frente a los mellizos. Tenía puesto un gran sombrero negro, una chaqueta larga color café, botas de caña alta y una espada y un rifle sujetos a su cinturón grueso. Alex supo que ella era Sally Ricitos Castaños desde el instante en que posó la vista sobre ella. Si sus acrobacias no eran indicio suficiente, la capitana lucía exactamente como Ricitos de Oro. La única diferencia entre las facciones de ambas eran los rizos largos de cabello castaño.

–¡Sally! –dijo Conner como si estuviera viendo a una vieja amiga… porque, técnicamente, así era. Él avanzó hacia la capitana para darle un abrazo, pero Sally Ricitos Castaños tomó su rifle velozmente y le apuntó a la cabeza.

Conner no podía creer el trato que recibía por parte de sus propios personajes. Había esperado una bienvenida cálida y gentil, pero, en cambio, la heroína de su historia le apuntaba con un arma a la cabeza. ¡Ninguna de ellas existiría si no fuera por él! Se preguntó si así se sentía ser un padre menospreciado.

Conner alzó las manos y retrocedió lejos del arma.

–¡De acuerdo, pausa! –dijo él–. ¡Solo cálmense y permítanme explicar! Me llamo Conner Bailey y ella es mi hermana, Alex. Sé que es difícil de creer, pero ¡soy su ! ¡Estamos viviendo en un cuento que escribí para mi clase de Literatura!

creador

Sally Ricitos Castaños lo miró con más perplejidad que toda su tripulación junta.

–Tiene fiebre amarilla –afirmó ella–. ¡Preparen la tabla! ¡Necesitamos sacarlo del barco de inmediato!

– –insistió Conner–. ¡Bien! Si no me creen, ¡se lo demostraré!

¡Tampoco estoy enfermo!

Caminó alrededor del círculo de mujeres señalando a cada pirata.

–Ella es Wendy la Tuerta, Lucy Bocapez, Sydney Saltarina, Paty Cara de Pastel, Phoebe la Apestosa y Peggy Pata de Palo –dijo él.

–Prefiero que me llamen Margret –replicó la pirata con pata de palo.

–De acuerdo, –respondió Conner y puso los ojos en blanco–. En el fondo están Tabitha Marea Alta, Kate Bagre, Ronda Ron, Bertha Caderas Anchas, Joan la Llorona y arriba en el puesto del vigía está Sue la Sirena. Su capitana es Sally Ricitos Castaños, este barco es y ¡todas buscan un tesoro enterrado por el Caribe!

Margret

La llama Dolly

Conner se cruzó de brazos con confianza y esperó que se disculparan. Las piratas estaban sorprendidas por todo lo que él sabía. Todas miraron a su

capitana, esperando a ver su respuesta.

–Solo hay una explicación para que un joven que nunca hemos visto sepa tanto –dijo Sally Ricitos Castaños–. ¡Átenlo junto a su hermana! ¡Los quemaremos en la hoguera en la próxima isla que hallemos!

¡Es un brujo!

Antes de que pudieran reaccionar, las piratas les arrancaron las mochilas y los empujaron contra el palo mayor. Las piratas rodearon sus cuerpos con cuerdas y amarraron sus torsos al barco. Conner estaba tan furioso que su rostro se tiñó de un rojo brillante.

¡Suéltennos o lo lamentarán! –gritó él–. ¡Solo esperen a que regrese a casa! ¡Les escribiré una secuela donde naufragarán y tendrán que comer sus botas para sobrevivir!

Las piratas rieron ante su intento de asustarlas. Wendy la Tuerta ajustó más las cuerdas para molestarlos.

–le advirtió Conner–. Alex, ¿puedes creerlo?

¡Continúa, Wendy! ¡Ya veremos quién ríe cuando haga que una gaviota te quite el otro ojo!

–¿Qué reacción esperabas? –preguntó ella–. ¿Qué harías si apareciera un tipo de la nada y nos dijera que somos personajes de historia?su

– –dijo

él–. Alex, ¡debes hacer algo! Lánzales un hechizo de sueño, conviértelas en caballitos de mar…

¡Le daría un puñetazo por hacer que todo sea tan difícil, maldita sea! ¡Lo que sea!

– –gritó Alex–. Te he preguntado durante días si necesitabas ayuda para planificar, ¡y dijiste que tenías ! Bueno, hasta ahora, por poco nos ahogamos, a duras penas logramos evitar que un barco nos aplastara y ¡ahora nos capturan piratas! ¡Tú y yo tenemos conceptos muy distintos de lo que es tener

todo !

¡No!

todo bajo control tus

bajo control

–¡Madura, Conner! –replicó ella–. Este es desastre. ¡ cargo de solucionarlo!

tu Hazte

–Bien, ¡lo haré! –gritó él–. ¡No te necesito a ti y a tu estúpida magia! ¡Encontraré un modo de salir de esta yo solo!

A pesar de que Alex y Conner estaban amarrados uno junto al otro, ambos fingieron que el otro no estaba allí y pusieron malas caras en silencio.

Una fuerte brisa oceánica comenzó a despejar la niebla y el sol apareció. Pronto, una vista increíble del mar rodeó el barco. No había nada que ver, salvo el azul brillante del mar Caribe que se extendía por kilómetros a su alrededor.

La capitana Sally Ricitos Castaños regresó a la cubierta superior y colocó las manos en el gran timón. Miró hacia el mar abierto y una sonrisa radiante apareció en su rostro. No había nada que la retuviera ni nadie que la detuviera; estaba rodeada de una abundancia de libertad y posibilidades. Conner recordaba escribir acerca de esa expresión: era la expresión que desea- ba que tuviera con más frecuencia la Ricitos de Oro real.

–Una vez más, qué día hermoso para ser pirata –le dijo Sally Ricitos Castaños a su tripulación–. ¡Damas, bajen las ventas!

Los mellizos alzaron la vista confundidos esperando que las velas sobre ellos cayeran y se llenaran del aire marítimo. En cambio, Sue la Sirena se asomó del puesto del vigía con un cofre lleno de pañuelos, joyería, garfios y armas. Las demás piratas se reunieron debajo de ella con las manos llenas de monedas.

–Ya oyeron a la capitana: ¡hora de bajar las ventas! –anunció Sue la Sirena–. Por tiempo limitado, ¡todo está a mitad de precio! ¡Los pañuelos cuestan dos monedas, los aros cuatro, los collares seis y los rifles ocho! ¡Consigan sus accesorios mientras los precios están bajos!

Sue la Sirena les vendió objetos a sus compañeras hasta que no quedó nada en su cofre. Las mujeres miraban con lujuria sus nuevas pertenencias y se las

mostraban entre sí. Alex estaba completamente confundida y cuando miró a Conner, él parecía tan perplejo como ella.

–No entiendo qué sucede –dijo él–. Nunca escribí eso.

–¿Quisiste escribir que ? ¿Como las de un

barco? –preguntó Alex.

bajaran las velas velas normales

–Ups –dijo Conner–. Debo haberme confundido.

Para su alivio, cuando la terminó, las piratas desplegaron las también. Estaban hechas de una tela color crema, el tono exacto del pelaje de Avena. Engulleron la brisa oceánica y avanzó hacia el horizonte.

venta velas La llama Dolly

Sally Ricitos Castaños giró el timón de un lado a otro mientras guiaba el navío entre las aguas turbulentas. Mantuvo la vista alerta clavada en el horizonte vasto a su alrededor. Cuanto más tiempo navegaban, más familiar era la expresión en su rostro; era una que los mellizos habían visto muchas veces en Ricitos de Oro cuando la conocieron. La capitana parecía un poco triste, como si estuviera esperando que algo sucediera, pero nunca ocurrió nada.

Conner también reconocía esa expresión, y comenzó a preocuparse.

–Ay, no –dijo él–. Estamos aproximándonos a la parte de la historia en la que la marina aparece.

–¿Cómo lo sabes? –preguntó Alex.

–Por el modo en que Sally Ricitos Castaños mira el océano con anhelo – respondió él–. Las piratas están a punto de tener compañía.

Puntual como un reloj, Sue la Sirena bajó de su puesto, en pánico.

–¡Capitana! –gritó–. ¡Mire, al este! ¡Un barco de la Marina Real británica se aproxima!

Sally Ricitos Castaños desplegó rápidamente un catalejo largo e inspeccionó el horizonte al este. Alex y Conner forzaron la vista y apenas lograron divisar un

punto moviéndose a lo lejos. La capitana sonrió al ver el barco: aquello era lo que había esperado.

–Parece que el almirante Jacobson por fin nos ha alcanzado –anunció Sally Ricitos Castaños frente a su tripulación.

–¿Órdenes, capitana? –preguntó Wendy la Tuerta.

–Estoy cansada de jugar al gato y el ratón con el almirante –dijo la capitana–.

¡Alcen las velas y prepárense para la batalla!

Todas las piratas hicieron un saludo y se pusieron manos a la obra de inmediato. Cargaron los cañones de cubierta y afilaron sus espadas. Enrollaron las velas y el barco redujo la velocidad, lo que permitió que el navío del almirante se aproximara a ellas. El puntito que los mellizos vieron en la distancia de pronto se convirtió en un barco enorme que era dos veces más grande que

. Pronto, divisaron una bandera británica ondeando del mástil más alto y el nombre del barco pintado en un lateral:

La llama Dolly

La rabieta real.

Mientras las piratas corrían por la cubierta preparándose para la batalla, la capitana contemplaba su reflejo en un espejo compacto. Sally Ricitos Castaños aplicó labial y rubor a su rostro, peinó su cabello para darle más volumen y limpió todas las manchas de sus prendas. La capitana no estaba preparándose para el combate; ¡estaba preparándose para una cita!

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