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5to an Alzheimer’s-café [a networking meeting for Alzheimer’s professionals] This

6.3. Theoretical contribution of this thesis

6.3.1. Unveiling the learning process

En el presente apartado, nos interesa recuperar las contribuciones realizadas por Ana Laura Maizels (2017) en torno al discurso de Cristina Fernández y presentar de manera sucinta otras investigaciones que advirtieron el uso variable de la persona gramatical por parte de la presidenta en su discurso (Bitonte, 2011; Romano, 2011; Vitale y Maizels 2011; Vitale 2013).

Ana L. Maizels en su estudio titulado El ethos en los discursos políticos de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2008) (2017) analizó la construcción del ethos o imagen de sí de Cristina Fernández durante su primera campaña presidencial y los primeros meses de su primer mandato presidencial. La imagen de sí de Fernández se construye, para la autora, a partir de la configuración de un ethos compuesto que se sustenta en tres grandes pilares:

a) el énfasis en su legitimidad y autoridad política (“Nosotros gobierno” y el “Proyecto”): frente a la imposibilidad de confrontar con la gestión anterior - la de Néstor Kirchner-, se enfatiza la idea de que ambos presidentes representan una continuidad, la continuidad de un mismo proyecto político. Sin embargo, según observa Maizels, era necesario equilibrar las insistentes referencias a las transformaciones realizadas por Néstor Kirchner con la idea de que ese proyecto estaba incompleto y que era ella quien estaba capacitada para continuarlo y profundizarlo. Si bien la legitimidad de Fernández se construye principalmente a partir de los logros obtenidos, la presidenta

56 apela también a referencias de su trayectoria política (tanto su pasado militante como el ejercicio de múltiples cargos legislativos provinciales y nacionales);

b) su condición de mujer política (“Nosotras, las mujeres”): en relación con el ethos femenino Maizels explica que, si bien la condición de género es identificada en muchas oportunidades por Cristina Fernández como un obstáculo, esta es también considerada un atributo diferencial que funcionará como reaseguro de su propia capacidad de gobernar el país. La imagen de mujer que construye Fernández, dice la autora, es ambivalente ya que, por un lado, su figura encarna un nuevo rol de las mujeres en el ámbito público, mientras que por otro lado, refuerza una imagen femenina tradicional –“su figura política se asocia a la de su marido, apela a la noción de la mujer compañera del varón y esto evoca la idea del poder «delegado»”(179)– ya que se construye como una mujer que viene a continuar un proyecto político que se gestó entre dos. Asimismo, dos modelos de mujeres políticas, Eva Duarte e Isabel Martínez, circulan en el imaginario nacional e inciden en la construcción de la imagen discursiva de Fernández. La autora concluye, a propósito del ethos femenino construido por la presidenta, que su autopresentación como mujer, trabajadora y perseverante, superadora de obstáculos y con la capacidad de articular mundos diferentes, delinea la figura de un “garante de lo dicho” ya que remite a su propio lugar de enunciación, y al argumento de que por ser mujer podrá llevar a la práctica la continuación del proyecto político kirchnerista;

c) la credibilidad e idoneidad de su persona (sinceridad “dicha” y “mostrada” y “coherencia interdiscursiva”): sobre este punto la autora explica que Fernández, por un lado, se configura como un sujeto preocupado por el establecimiento de pautas de aceptabilidad del discurso político. Esto es, el énfasis tanto en relación con la sinceridad de su decir como respecto de la coherencia que tiene como locutora y sujeto político, apuntala la construcción de un sujeto “honesto” junto con la puesta en escena de un “decir verdadero”. Pero, a la vez, estas características pueden inducir al rechazo a partir de la proyección de una imagen de autosuficiencia. Por otro

57 lado, la credibilidad de la presidenta se construye a partir de dos imágenes; tanto la imagen pedagógica (configurada en torno a una escena profesoral) como la imagen experta (como poseedora de saber y productora de conocimiento).

A continuación, nos remitiremos a los trabajos de Bitonte (2011), Romero (2011), Vitale y Maizels, (2011) y Vitale (2013), quienes, en el marco de sus investigaciones, han identificado algún tipo de uso variable (o desplazamiento) de la persona gramatical4 además de realizar contribuciones valiosas para la comprensión del

discurso de la presidenta.

María Elena Bitonte reflexiona acerca de la retórica de Cristina Fernández en “Algunas peculiaridades de la retórica de Cristina Fernández. Post Scriptum: el uso de índices de co-enunciación como maniobra estratégica” (2011) donde recupera las propuestas planteadas en un artículo anterior en el que postulaba que la argumentación de la presidenta era una “sin diálogo”. En el presente artículo, la autora da lugar a nuevos interrogantes al respecto tendientes a explicar la configuración del vínculo intersubjetivo en el discurso de Fernández. Para ello, aborda un corpus contrastivo de dos periodos 2008/2009 y 2010/2011 a partir de la Teoría de las Operaciones Enunciativas y de la noción de “maniobra estratégica”. Bitonte concluye que durante el primer periodo estudiado la dimensión pathémica creció por la inflación del otro como enemigo. La palabra del otro no abona un diálogo constructivo y tampoco espera ser refutada sino que el contra-destinatario era concebido como una amenaza y queda en el terreno de lo delocutivo. De esa manera se construye el circuito retórico cerrado sobre sí mismo que cohesiona y da identidad a un colectivo en virtud de un enemigo común. En cambio, en el segundo periodo abordado, que es posterior a la muerte de Néstor Kirchner, se extreman operaciones que manifiestan la reversibilidad de la interacción y ponen en contacto a enunciador y co-enunciador. La oradora refuerza el contacto con el

4 Cabe mencionar que los trabajos que estudian el ethos a partir de la propuesta de Amossy (2001, 2010), lo hacen asentados en su consideración de que la lingüística de la enunciación permite un primer abordaje lingüístico de la noción retórica de ethos, de allí que indagan el uso de formas lingüísticas que expresan la deixis personal, la modalidad, ciertos actos de habla vinculados con el

poder y saber, las negaciones polifónicas que manifiestan el vínculo entablando con su auditorio,

entre otros aspectos. Tal es el caso de los estudios de Vitale y Maizels que consideramos en este apartado.

58 auditorio maximizando la indexicalidad e introduciendo el diálogo. A propósito de este segundo período, la autora advierte el uso genérico de la segunda persona singular que analizaremos más adelante (cf. Capítulo 6):

Si observamos las operaciones indexicales en esta nueva etapa (2010-2011) notamos que se incrementan las instancias de interacción, con lo que se acorta aún más la distancia entre orador y auditorio. Esto se da, por ejemplo a través de las siguientes operaciones: a) Las expresiones de afecto y los guiños de humor

[…]; b) Las preguntas retóricas dirigidas a la 2º persona que suponen, además

de la interpelación, la asunción de saberes compartidos […]; c) Los guiños de complicidad con un miembro del auditorio que es interpelado en segunda persona, como miembro ejemplar del conjunto […]; d) El uso de la 2ª persona genérica que no remite a un miembro determinado del auditorio pero lo encarna de manera global […]; e) En algunos casos la maniobra estratégica tiene el objetivo de convalidar un dato de la realidad […] donde las personas de discurso señaladas por el deíctico se convierten en garantes efectivos de la validez de las aserciones del enunciador […]; f) En otros casos, las instancias de diálogo se acentúan con la reposición de elementos implícitos. Son notables en este sentido, las alusiones implícitas al fallecido Néstor Kirchner (2011: 7, el subrayado es

nuestro)

Otro estudio que recuperamos es el de María Belén Romano (2011) quien analiza la construcción del ethos en el primer discurso de asunción de Fernández desde el análisis crítico del discurso, el estudio de la argumentación y los postulados de Maingueneau y Charaudeau en relación con el ethos. Romano se centra en las técnicas argumentativas y en las estrategias lingüísticas utilizadas en la construcción del ethos político de Fernández. Al igual que otros investigadores reconoce que, al contrario de lo que puede ocurrir en otros discursos inaugurales, el de Fernández no implica una ruptura con la política anterior, sino la continuación de un proceso y sostiene que este hecho le imprime algunas características que lo diferencian de otros pronunciados en ocasiones similares. Entre ellas menciona la permanente asimilación del ethos de la mandataria al de Néstor Kirchner, lo que interpreta como una estrategia para generar confianza en el auditorio. Por otro lado, reconoce la asunción, por parte de la presidenta, de diversos lugares de enunciación: Fernández habla como “ciudadana”, como miembro de una generación y como mujer. De esta manera busca vincularse al conjunto de la sociedad, los grupos menos favorecidos históricamente y posicionarse tanto como miembro del grupo dominante como del dominado. La autora concluye que existe una relación entre la interacción razón-emoción, los argumentos utilizados (pertenecientes tanto al ámbito de lo asociativo como al de

59 lo disociativo) y las imágenes que Fernández busca transmitir. Según Romano, la mandataria busca un equilibrio entre la imagen de una presidenta segura, fuerte y autosuficiente, y la de una mujer débil, sensible y tolerante (2011: 123).

Respecto de las personas del discurso y a propósito de los procedimientos enunciativos para la construcción del ethos utilizados por Fernández, la autora plantea:

Cuando se habla de enunciador político (hablante como ser del discurso), se debe tener en cuenta que se hace referencia a un enunciador complejo. Este se inscribe en el discurso mediante el uso del pronombre personal de primera persona del singular o plural (como sujeto explícito) o bien de la desinencia verbal de primera persona. El enunciador político objeto de análisis comienza su discurso utilizando la primera persona, expresada por la desinencia verbal. Se dirige a los destinatarios directos de su discurso a través de diversas formas lingüísticas: “Señores Jefes de Estado presentes; señores Jefes de Delegaciones; señores gobernadores; autoridades civiles, militares, eclesiásticas; pueblo de la Patria y Honorable Asamblea Legislativa” De esta manera queda definido el grupo alocutario inicial, el cual experimentará diversas transformaciones estratégicas a lo largo del discurso (2011: 114).

Por su parte, Alejandra Vitale y Ana L. Maizels (2011) analizaron una serie de discursos electorales de Fernández y han planteado que el ethos construido por Cristina Fernández es uno al que denominaron como ethos híbrido no convergente, debido a que la candidata construye más de una imagen de sí: tanto el ethos pedagógico-experto como el ethos femenino. La calificación de no convergente se debe a que, si bien estas dos imágenes constituyen estrategias de legitimación de su candidatura, en ciertos tramos discursivos el ethos de la feminidad tiende a disminuir la fuerza persuasiva del ethos pedagógico-experto. En el análisis del ethos pedagógico experto, las autoras advierten un desplazamiento personal (de segunda del plural a tercera del plural) a propósito del rol “profesoral” asumido por Fernández, recurso al que aluden como “enálage de persona”, concepto acuñado por Kerbrart Orechioni (1986):

El recurso explicativo que consiste en la paráfrasis (ZAMUDIO; ATORRESI, 2000, p. 75), es empleado por la candidata para facilitar la rápida comprensión de una noción, como cuando sostiene “el Poder Ejecutivo, quien preside la República argentina” (19-07-07), donde la paráfrasis aclara el sentido de “Poder Ejecutivo”, y para facilitar la asimilación por parte del auditorio de alguna una idea-fuerza, como en las siguientes paráfrasis presentes en el discurso del lanzamiento de su candidatura: “tenemos que aprender de la historia nueva y reciente”, “tenemos que aprender de la historia reciente”, “tenemos que aprender, argentinos, de nuestra propia historia”. Los argentinos quedan así ubicados en el lugar de sujeto del aprendizaje en tanto que CFK se posiciona como la profesora que les

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transmitirá sus saberes y cuyo poder se manifiesta en la modalidad deóntica (“tenemos que”), a la vez que es mitigado con la enálage de persona (en vez de la segunda persona del plural CFK usa la primera persona del plural) porque modera la relación asimétrica (2011: 347, el subrayado es nuestro).

Por último, remitiremos al artículo de Alejandra Vitale titulado “Ethos y legitimación política en los discursos de asunción de la presidente argentina Cristina Fernández de Kirchner” (2013). La autora compara los dos discursos de asunción de Fernández (2007 y 2011) e indaga en la construcción del ethos como forma de legitimación de su liderazgo político. En el análisis, retoma la noción de ethos pedagógico experto analizada en trabajos anteriores a propósito del discurso electoral de Fernández y la de ethos militante acuñada por Montero (2007) en investigaciones sobre la construcción del ethos en Néstor Kirchner y luego retomada por Dagatti (2011). Por una parte, en relación con el ethos pedagógico- experto, sostiene que la presidenta despliega características del discurso explicativo y una escena de habla asimétrica, lo que la distancia de su auditorio, como mencionábamos respecto del artículo anterior. Por otra parte, la autora identifica la construcción de un ethos militante que recupera “la militancia de la década del setenta y se presenta con convicciones que llevan a cuestionar el orden establecido, lo que a nivel discursivo la llevan a la violación de ciertas convenciones que rigen el género de la retórica presidencial discurso de asunción” (2013:19). Estas violaciones se presentan más claramente en 2011 y radican en cuestiones protocolares (por ejemplo, que su hija le entregue la banda presidencial) y discursivas tales como la correspondencia con una escena de habla informal que se puede caracterizar como un “diálogo entre amigos” en la que se atenúan las jerarquías y también la presencia de la emoción a través del recuerdo del expresidente fallecido. Este ethos le permite presentarse como continuación de Néstor Kirchner; mientras que la construcción del ethos pedagógico-experto le permitiría diferenciarse de él, si bien para Vitale ambos comportan un lugar del saber y de verdad sin fisuras.

En este artículo, nuevamente identifica el desplazamiento de una persona gramatical a otra (2° plural a 3° plural) en el marco del ethos pedagógico-experto y la escenografía profesoral:

En relación con este posicionamiento y con el hecho de que en el discurso de 2011 un colaborador levantó la mano para ser identificado cuando la presidente

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argentina lo nombró, ella sostiene “no hace falta que levantes la mano, no soy la maestra”, enunciado que expresa mediante un ethos dicho el rechazo al punto de vista atribuible a ese colaborador: ella es la maestra. Por otra parte, en su primer discurso de asunción afirma “Mi generación de eso puede dar cátedra” y en su segundo discurso sostiene “debemos aprender la lección”. Los argentinos quedan así ubicados en el lugar de sujeto del aprendizaje en tanto que Cristina Fernández de Kirchner se posiciona como la profesora que les transmitirá sus saberes y cuyo poder se manifiesta en la modalidad deóntica (“Debemos”), a la vez que es mitigado con la enálage de persona (en vez de la segunda persona del plural la presidente usa la primera persona del plural) porque modera la relación asimétrica (Kerbrat Orecchioni, 1986) (2013: 14-15).

Asimismo, advierte otra enálage personal en el cierre del segundo discurso de asunción, sobre la que interpreta que el uso de la forma de tercera persona singular, “esta Presidenta”, tiende a posicionar a Cristina Fernández de Kirchner con autoridad (2013: 19, nota 15).