la construcción de su conocimiento ambiental, como resultado de la observación detallada y de la experiencia obtenida de las variaciones de la naturaleza, lo que conduce a la comprensión de los ecosistemas donde habitan. Así también el desarrollo de instituciones que consolidan las prácticas ambientales o el desarrollo de reglas, a través de las cuales los miembros de una sociedad se relacionan con su ambiente y con sus recursos (Berkes & Turner, 2005)
Por su parte para Eschenhagen, el conocimiento plantea que al vivir en un mundo fraccionado en la especialización del conocimiento, muchos aspectos vivenciales se quedan en el camino, el “por qué”, el “para qué”, “de donde” y muchas otras se han perdido en este camino. Resulta ser un conocimiento que ya no piensa en la vida y su sustentabilidad. Este conocimiento ya no cuestiona la “objetividad”, la “universalidad” y la “verdad” (Eschenhagen 2008).
Desde otra perspectiva, Corral aborda los conocimientos ambientales como la cantidad y calidad de información que una persona maneja respecto a su entorno. Esto incluye información acerca de problemas ambientales y sus soluciones. (Meinhold y Malkus, citado por Corral 2011). Indica que el conocimiento es un determinante indirecto de la conducta sustentable y un precursor de las habilidades de solución de problemas ambientales. Considera que una persona no puede desarrollar habilidades ambientales sino cuenta con información acerca de los problemas ambientales y las formas como se puede enfrentarlos efectivamente. Además cree necesario reforzar los programas educativos que promuevan la información ambiental, para balancear el nivel que ésta tiene con el de la conciencia, las actitudes y los motivos pro ambientales (Corral, 2011).
Visto así el conocimiento ambiental puede brindar todos los medios para equilibrar el ambiente o por el contrario, su abuso puede ocasionar mayores contratiempos.
Tabla 21. Conceptualización de Conocimientos Ambientales.
CONOCIMIENTOS AMBIENTALES
Immanuel Kant 1787
Conocimiento. Surge de dos fuentes fundamentales del ánimo, la primera, recibir las representaciones (receptividad de las impresiones), y la segunda la facultad de conocer un objeto mediante esas representaciones (la espontaneidad de los conceptos). Intuición y conceptos, por lo tanto son los elementos de todo nuestro conocimiento.
UNESCO 1975
Conocimiento Ambiental. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir una compresión básica del medio ambiente en su totalidad.
Enrique Leff 1998
Es el saber ambiental, donde se asume una posición crítica frente al conocimiento moderno. Es un saber que posibilita la comprensión y una nueva mirada del mundo, a través de una racionalidad ambiental.
Enrique Leff 2000
Es la apropiación y trasformación del mundo, que debe aplicar una racionalidad ambiental, a través de un dialogo de saberes.
Fikret Berkes y
Nancy Turner 2005
El conocimiento ambiental es el resultado de la observación detallada y de la experiencia de las variaciones de la naturaleza.
Edgar Morin 2011
Conocimiento, es la selección de datos significativos y el rechazo de datos no significativos. Es separar, unir, jerarquizar y centralizar núcleos de nociones maestras. Victor Corral 2011 Cantidad y calidad de información que una persona maneja respecto de su entorno.
La anterior tabla recopila algunos de los conceptos de conocimientos ambientales, retomados para la investigación. Organizados de manera ascendente. Elaborada por los autores d ela investigación.
Para el desarrollo de esta categoría se basó en los diversos tipos de conocimiento que se mencionan en los lineamientos curriculares de las ciencias naturales y educación ambiental del Ministerio de Educación Nacional de Colombia los cuales destacan el conocimiento común, el científico y el tecnológico en el ámbito ambiental
Bajo ese criterio, el docente debe propiciar estrategias que favorezcan en el alumno el paso entre el uso del lenguaje blando del conocimiento común y la apropiación del lenguaje de la ciencia y la tecnología.
Actitudes proambientales
Para el análisis de esta categoría es necesario vincularlo con la psicología, pues, corresponde a formas de actuar o la disposición que posean las personas para realizar alguna actividad. Es decir tiene que ver con individualidades. Es por esto que lo relaciona con la
psicología ambiental. Entonces, el concepto de actitudes proambientales inicialmente, es abordado desde la psicología social. Los primeros trabajos en el campo, se denominaron estudios de las actitudes, con el objetivo de estudiar, como las personas afectan y se relacionan con los demás y el contexto, para explicar fenómenos sociales (Psicología y Actitudes Hacia el Cuidado del Medio Ambiente). Desde la psicología ambiental; la actitud se aborda como campo orientado que presenta una problemática social relacionada con el ambiente.
La definición propuesta en Belgrado, las ubica en un sentido positivo frente al medio ambiente. Las actitudes se traducen en interés por el entorno, sentido de los valores, y motivación necesaria para participar activamente en la mejora y protección del ambiente (Conferencia de Belgrado, 1975). Desde el Nuevo Paradigma Ambiental se manifiesta que la diversidad conceptual alrededor de las actitudes ambientales obedecen a una nueva forma de entender las relaciones del ser humano y el medio donde vive Dunlap & Van Lieri, citados por (Valera, Pol & Vidal 1978).
Desde otro punto de vista, La actitud consiste en un estado mental y neural de disposición, organizado a través de la experiencia, que ejerce una influencia directiva o dinámica sobre la conducta del individuo ante todos los objetos y situaciones con los que se relaciona Allport citado por (Casales, 1989). No obstante, para Holahan y Ajzen, la actitud proambiental se define como los sentimientos favorables o desfavorables que se tienen hacia algunas acciones a favor del medio (Holaham & Ajzen, 1991). Esta opinión se complementada en Verdugo, quien los considera como toda aquella acción humana que resulta en el cuidado del entorno o preservación (Corral, 1998).
Sin embargo, este concepto se amplía cuando se señala que las actitudes proambientales deben definirse como una predisposición del pensamiento humano a actuar a favor o en contra del entorno social, teniendo como base las vivencias, los conocimientos y los valores del individuo con respecto a su entorno; estas no solo se proyectan en una dirección determinada, también poseen un nivel de intensidad, fuerte o débil (Febles & María, 1999).
Por otro lado, para Zimmermann, el concepto de actitud apunta a un proceso psico- socio-ambiental de evaluación del individuo frente al ambiente externo, con un fin de adaptación para tomar decisiones a diario (Zimmermann 2001); Más aún, otros autores mencionan que una “actitud” puede verse como la intención de actuar favorable o desfavorablemente frente a cualquier evento y situación (Guevara y Rodríguez 2002), pero al especificar “actitudes proambientales” se habla en concreto de responder en forma positiva con el medio ambiente para favorecer su conservación (Guevara & Rodríguez, 2002).
Desde otro punto de vista, las actitudes ambientales, también son definidas como la evaluación positiva o negativa sobre un objeto de actitud, en este caso, sobre un aspecto determinado del medio ambiente, generalmente, las actitudes hacia el medio ambiente o actitudes ambientales, son utilizadas como índices de la preocupación o conciencia ambiental (Valdeiglesias & Aguilar). Según López, la actitud es la dimensión que expresa orientaciones favorables o desfavorables de la conducta frente al objeto de representación por lo tanto tienen la propiedad de reflejarse en el comportamiento del individuo de orientarlo de regularlo de guiarlo en determinado sentido (López, 2010).
Por otra parte, las actitudes son manifestaciones no observables directamente, es necesario inferirlas a través de una evaluación subjetiva, de las respuestas de los sujetos frente a una situación dada, además que se debe estudiar desde sus dimensiones cognitiva, procedimental y afectiva. No es posible medir una actitud específica, sino más bien algunos rasgos de ella que permiten predecir el constructo de actitud de un individuo hacia un fenómeno (Caurín & Gil, 2011).
Según Holahan, en una de sus investigaciones halló, que la mayoría de los especialistas coincide en que las actitudes implican lo que la gente siente por algún objeto o situación y que otros agregan que la opinión y la conducta también cuentan. Afirma que las actitudes ambientales se aprenden de dos maneras, la primera se denomina condicionamiento clásico, relacionada con la repetición de un estímulo neutro (objeto, tema, persona) que se acompaña de una experiencia agradable o desagradable y que por lo tanto puede cambiar la posición neutra por el tipo de experiencia (agradable o desagradable) y la segunda el condicionamiento instrumental, que argumenta que las propuestas que representan una recompensa se fortalecen e indican un cambio de conducta, pero para que esto se dé, el individuo debe conocer, comprender y aceptar el mensaje (Holahan, 2012).
Así mismo, de acuerdo a la Teoría de las Facetas, cuando se plantea la categoría de las actitudes de un sujeto se describen a una serie de componentes que determinan su forma de pensar, opinar y actuar. Identifican tres componentes: El cognitivo, que comprende el sistema de creencias del individuo, ideas y conocimientos sobre los cuales se fundamenta su conducta; es maleable, puesto que las cogniciones se pueden cambiar a través de la instrucción en temáticas ambientales, que transforman el conocimientos para enfrentar las diferentes problemáticas; el componente Afectivo, hace referencia a la dimensión de valores que tiene el individuo, y la forma positiva o negativa en que la persona evalúe los estímulos, suele ser considerado el aspecto fundamental, ya que numerosas actitudes se orientan en sentido afirmativo o negativo respecto de sus objetos, por ello el vínculo afectivo puede considerarse
como un puente de persuasión para replantear algunas actitudes que pueden ser negativas y el componente conativo o incitador a la acción (Páramo, 1997).
Después de este recorrido por diversos autores, cabe señalar que las actitudes ambientales obedecen a las formas de proceder frente al medio, por parte de las personas, pero éstas pueden ser moldeables, dirigidas u orientadas para originar respuestas positivas.
Se considera que la actitud ambiental es la disposición tienen los seres humanos, permitiendo concepciones nuevas y favorables que adaptan a su cotidianidad en mejora de su entorno ambiental.
Tabla 22. Conceptualización de Actitudes Ambientales.