CHAPTER 1 – GENERAL INTRODUTION
1.2 FALSE CODLING MOTH
1.3.3 Use as biological control agents
La medicina convencional presume de haber derrotado las grandes enfermedades infecciosas, pero si se observa con más atención, se verá que tal afirmación no tiene nada que ver con la realidad. Las grandes epidemias se han superado con la mejora de la higiene, una alimentación suficiente y las mayores posibilidades de acceder a la calefacción. Estas medidas incrementaron las defensas orgánicas y eliminaron las oportunidades de ataque de los agentes patógenos.
GUERRA A ESCALA DE ORGANISMO
Hoy en día, como ocurría en tiempos pasados, siguen existiendo trastornos infecciosos, pero hemos conseguido reducirlos a fuerza de vacunas, antibióticos y antipiréticos. En lugar de desarrollar nuestra parte espiritual, psíquica, para fortalecer el ánimo, abordar nuestra vida, enfrentarnos a ella, y generar una autorrealización ofensiva, mantenemos constantes conflictos en forma de pequeñas y medianas guerras en el organismo, que es donde se manifiestan las infecciones, para las que recurrimos a la medicina convencional y sus remedios. Así desplazamos la energía de la agresión, pero solo lo hacemos en el cuerpo y con el resultado final de una cosecha de alergias.
Un estudio científico, que casi no apareció en las publicaciones médicas especializadas, aunque sí en conocidas revistas como Der Spiegel y Profil, causó un gran revuelo al afirmar que una cura de antibióticos administrada durante los dos primeros años de vida de una persona eleva en un 50 % la probabilidad de que sufra alguna alergia a lo largo de la vida. Existen pocos motivos para afirmar que esto no ocurra de forma similar en los siguientes años de vida.
Por este camino lo único que conseguimos es desplazar las agresiones desde el nivel de lo agudo hasta el de lo crónico. Hoy en día el sistema inmunitario no entabla una guerra abierta contra la infección, sino que se dedica a unas prolongadas hostilidades alérgicas.43 La lucha que se ha extendido por el organismo en forma de infección hace que los acontecimientos alérgicos adopten cada vez más un aspecto similar al de una guerra civil. Los procesos defensivos ocasionan problemas muy serios.
DRAMÁTICO INCREMENTO DE LAS ENFERMEDADES AUTOINMUNES
Está claro que ninguno de nosotros desea padecer alergias y luchamos contra ellas con antihistamínicos y cortisona, con el único resultado de que una y otra vez vuelven a manifestarse. Por tanto, ¿dónde están nuestras reprimidas energías agresivas? En el sentido señalado en el libro La enfermedad como símbolo, todo indica que se expresan en unas formas muy variadas, a modo de enfermedades autoinmunes o de autoagresión.
Así, vemos un claro aumento de las afecciones tiroideas, como la inflamación crónica del tiroides o tiroiditis de Hashimoto, y cada vez se detectan más enfermedades autoinmunes, como pueden ser ciertos episodios traumáticos de poliartritis (afectan a las articulaciones) y polimiositis (a los músculos), pasando por el síndrome de Sjörgen, así como la leucodermia o vitíligo (presencia de manchas blancas en la piel), la diabetes de tipo 1 y la esclerosis múltiple, el Lupus
erythematodes, la debilidad muscular (Miastenia gravis), la glomerulonefritis, que
afecta a los riñones, la esclerodermia y las inflamaciones oculares conocidas como uveítis.
Otras enfermedades se encuentran bajo sospecha de ser autoinmunes, como por ejemplo la enfermedad de Crohn, que ataca al intestino, y el Parkinson. En total, actualmente se conocen 40 afecciones autoinmunes, un aumento espectacular en una sola generación.
Por otro lado, habría que mencionar el cada vez más extendido reuma (en Alemania el número de reumáticos es ya de unos cinco millones), que ha salido mucho más a la luz a raíz de estudios recientes. Los productos de origen animal, en especial la carne, los embutidos y el pescado, contienen ácidos araquidónicos, entre los que encontramos productos de desintegración como las prostaglandinas y leucotrienos. La alteración de las prostaglandinas (entre otras cosas, regulan los procesos inflamatorios) produce dolor, y la variante E2 provoca en los pacientes reumáticos una disminución del líquido articular y participa en los trastornos de los cartílagos.44
Cuantos más ácidos araquidónicos contenga la alimentación, más sustancias inflamatorias se generarán. Esta afirmación no debe resultar sorprendente, pues muchos estudios realizados sobre colectivos de pacientes reumáticos han constatado que la alimentación vegetariana actúa de inhibidora de la inflamación y como analgésica.45 Se deduce, por tanto, que la alimentación vegana es muy efectiva a causa de su carencia total de ácidos araquidónicos.46
Una posible explicación de las alergias y los problemas autoinmunes podría estar en la leche. Basta tener en cuenta que en tiempos pasados la gente solo consumía la leche procedente de unas pocas vacas, siempre las mismas, o bien las familias ordeñaban a un solo animal, mientras que actualmente se les suministra una increíble mezcla de innumerables partidas de leche procedentes de gran cantidad de animales. Cada vaca tiene su proteína específica, tan individual como pueda ser una huella dactilar humana. La ingestión de esa mezcla de proteínas puede suponer un gran esfuerzo para el organismo. También puede tener un papel relevante la
EL PRINCIPIO DE LA AGRESIÓN
En general, se puede afirmar que no entendemos bien el principio de la agresión (solo hace falta fijarse en las guerras que estallan a nuestro alrededor). Lo mismo que sucede en el planeta, en nuestro organismo arden conflictos provocados por los seres humanos y dichos conflictos parecen inflamar cada vez más a sus actores. No existe ningún motivo natural por el que los efectos de la alimentación vegana, en lo que se refiere a la reducción de inflamaciones y del dolor gracias a la eliminación de los ácidos araquidónicos, puedan propiciar el reuma. Sin embargo, sí se sabe que todas las depresiones, con sus autoagresivas tendencias suicidas, pueden encontrarse entre las afecciones autoinmunes.
En Estados Unidos, pioneros en este sentido, casi un 3 % de la población, es decir, unos nueve millones de personas, sufre enfermedades autoinmunes; incluso es muy probable que la cifra llegue a los doce millones de personas.
Las enfermedades de autoagresión son casi tres veces más frecuentes entre las mujeres que, a causa del típico arquetipo masculino de agresión, sufren más problemas. Además, esas afecciones se intensifican según nos alejamos de la línea del ecuador. Es muy significativo que la esclerosis múltiple se dé en los países nórdicos con un índice 100 veces superior al constatado en zonas cercanas al ecuador. Existe la sospecha de que el sol, la vitamina D y su forma activa, el calcitriol, puedan tener un papel decisivo en esos índices. También puede tener cierta correlación con la orientación básica de los genes nórdicos, a los que la escasez de sol transmite un contexto más estricto del sentido de la vida.
LA LUCHA CONTRA EL PROPIO CUERPO
Nuestro sistema inmunitario, altamente sofisticado, es como un ejército bien organizado que cuenta con todas las armas posibles y que lucha siempre con moléculas de proteína en forma de antígenos. Ya sean virus, bacterias o cualquier otro agente patógeno, lo decisivo para la defensa del organismo son las estructuras proteínicas superficiales destinadas al contraataque. El sistema inmunitario siempre mide las fuerzas del enemigo y genera imágenes reflejadas de su estructura exterior, que le sirven como patrón o modelo para producir los anticuerpos adecuados.
En el caso de las infecciones y las alergias, los patrones creados de las estructuras exteriores son las de alérgenos o agentes patógenos, que en el caso de las enfermedades autoinmunes son las propias estructuras de proteína del cuerpo. Ya que todas nuestras superficies y zonas limítrofes constan de moléculas de proteína, las formas de presentación son de lo más variadas. El organismo cuenta con una gran cantidad de expresiones para actuar frente a las tareas pendientes.
La pregunta científica más esclarecedora sería la referente a las causas por las que el organismo confunde las estructuras endógenas del cuerpo con las que le son extrañas y contra las que debe luchar. Todavía no disponemos de una respuesta adecuada. Sin embargo, podemos constatar con total claridad que cuanta más proteína reciba nuestro organismo, más se eleva el peligro de que la confunda con estructuras proteínicas extrañas y se desarrollen enfermedades enmarcadas en el ámbito de la autoagresión. The China Study demuestra que una alimentación pobre en proteína reduce drásticamente la posibilidad de sufrir una de estas enfermedades. Además, como ya he apuntado, la proteína animal es muy poco beneficiosa, y mucho menos que ninguna la de la leche de vaca.
BÚSQUEDA DE HUELLAS
Un camino imaginable para la enfermedad autoinmune podría ser el siguiente: en un lactante que no es amamantado o solo lo es durante el breve periodo de cuatro meses (algunos ginecólogos recomiendan incluso los tres meses), la alimentación sustitutiva a base de preparados de leche materna y de vaca recargan demasiado su joven intestino y consiguen (aun cuando solo sea en cantidades muy pequeñas) llegar poco digeridos a la sangre y a los tejidos, donde despiertan la sensibilidad del inmaduro sistema inmunitario, que comienza a segregar anticuerpos. En algunos estudios se han encontrado anticuerpos contra la leche de vaca en enfermedades como la diabetes de tipo 1, así como en el denominado factor reumatoide, que igualmente es una proteína. Podría ocurrir más tarde que una hiperacidificación o una extremada sensibilidad a la histamina provoquen que ese intestino precozmente dañado ya solo permita la entrada de pequeñas cantidades de proteína en la sangre o los tejidos. Para ello servirían sobre todo proteínas semidigeridas y, por tanto, acortadas.
Dado que se asemejan a las estructuras proteínicas endógenas, el sistema inmunitario se desconcierta y piensa que esas estructuras propias del cuerpo son extrañas, las trata como enemigas y, por tanto, las ataca. En la diabetes se trata de una confusión con las estructuras proteínicas del páncreas, mientras que en la esclerosis múltiple la confusión se refiere a las vainas de mielina (que sirven de protección a las células nerviosas). En la tiroiditis de Hashimoto la confusión está relacionada con los tejidos de la glándula tiroides.
DIABETES DE TIPO 1
El problema de la autoagresión queda muy subrayado en la diabetes de tipo 1 o diabetes juvenil. Algunos estudios indican que se desencadena a causa de la ingesta de leche de vaca. Una investigación de origen finlandés47 pudo demostrar que la sangre de más de 140 niños afectados de diabetes juvenil disponía, sin excepción, de anticuerpos contra la leche de vaca y que la cantidad era mucho más elevada que en el caso de niños sanos. Aquí aparece de nuevo la correlación existente entre el consumo de leche de vaca y la diabetes de tipo 1, como pudieron contrastar los investigadores Dahl-Jorgensen, Joner y Hanssen en 1991 en 12 países distintos.48
La correlación entre el consumo de leche y la diabetes de tipo 1 en varios países.49
Cuanto más elevado es el consumo de leche de vaca, más frecuente es la aparición de la diabetes de tipo 1. En Japón, con un consumo per cápita de 40 litros/año, la cifra es de 2 niños por cada 100.000; en Holanda, con más de 100 litros al año, la frecuencia sube a 10; mientras que en Finlandia, con casi 240 litros/año, la cifra casi llega a los 30 casos. Un estudio realizado por Virtanen, Laara e Hypponen, que comenzó en el año 2000 y aún se esta efectuando, indica que un elevado consumo de leche de vaca aumenta de 5 a 6 veces el riesgo de padecer diabetes de tipo 1.
Todo indica que si se reunieran las grandes cifras de los diversos estudios, se podría afirmar que los niños que no han sido amamantados o los que han sido destetados antes de tiempo están expuestos a un riesgo muy elevado de sufrir diabetes de tipo 1. Ese riesgo también se incrementa con una posible predisposición
genética. Por supuesto, esto no significa que los niños que sí han sido amamantados durante mucho tiempo no puedan sufrir diabetes, aunque lo cierto es que ocurre en un menor número de casos. Asimismo, sigue siendo muy importante tener en cuenta el papel que tiene la mente en cualquier enfermedad, así como el amor y el afecto recibidos a lo largo de la existencia.50 En el caso de la diabetes, fluye la glucosa y con ella la dulzura de la vida, que no puede ser asimilada ni retenida. Precisamente aquí es necesario aprender que hay que ser permeable al amor sin llegar a retenerlo.
También habría que observar el papel de la madre lactante, y si toma leche de vaca durante ese período. En este contexto se sabe que enfermedades alérgicas, como la neurodermitis, puede llegar a desaparecer radicalmente si la madre renuncia por completo a los productos lácteos.
Una vez más, aquí se muestran con efecto retroactivo los tremendos perjuicios que ha provocado la medicina convencional con su rechazo a las lactancias largas. Se quería prevenir que los niños ingirieran las sustancias nocivas contenidas en la leche de sus madres y así, de una forma involuntaria pero prolongada, se ha perjudicado tanto a las mujeres como a sus hijos. Es un ejemplo más de la precaución que hay que mantener ante cualquier intervención que vaya en contra de la naturaleza. No es nada sencillo mejorar la Creación, y son muchas las ocasiones en las que las elevadas exigencias de la medicina convencional perjudican en lugar de ayudar.
La mejor protección contra la diabetes de tipo 1 (y puede que para otras enfermedades autoinmunes) es una larga lactancia, si es posible de madres con alimentación vegana, y ahorrar por completo a los bebés la ingesta de leche de vaca o de cualquiera otra de sustitución.
Para los casos de esclerosis múltiple encontramos una curva similar a la de la diabetes de tipo 1 en lo que se refiere a la distribución de frecuencias por países. Ambas enfermedades tienen una incidencia mucho menor según nos vamos acercando al ecuador y esa afirmación es válida, en mayor o menor medida, para muchos de los problemas autoinmunes. Puede que esta singular distribución geográfica sea solo un reflejo de la problemática asociada a la proteína animal y, sobre todo, a la leche. Puede que ambos parámetros sean relevantes, pues, como demuestran muchos estudios, la carencia de vitamina D, y sobre todo de su forma activa también participa en los procesos autoinmunes.
Este contexto podría tener el siguiente aspecto desde el punto de vista de la bioquímica: el sol produce vitamina D al entrar en contacto con la piel, y dicha vitamina es transformada en su forma activa a través de los riñones, circunstancia que sirve manifiestamente de ayuda contra las enfermedades autoinmunes. También se ha mostrado que una alimentación rica en proteína animal, y en especial en productos lácteos (posiblemente por el exceso de ácido), puede evitar la transformación en esta forma de vitamina activa o incluso impedirla por completo.
Las enfermedades autoinmunes se ven favorecidas por la presencia de proteína animal en la alimentación. Sobre todo hay que advertir de esta correlación en el caso de la leche de vaca, muy en especial en los lactantes. La leche de vaca favorece la diabetes de tipo 1 y lo hace en mayor medida cuanto antes se comience a consumir este tipo de leche. Una alimentación vegetariana puede reducir las posibilidades de sufrir alguna de estas enfermedades o incluso producir mejoría en las que, por cualquier causa, ya estén presentes.