Action Plan
Outcome 16: Use of Resources Theme: Use of Resources
La justicia humana contiene una tendencia de armonía, unidad y totalidad que abarca no solo un aspecto del hombre, sino toda su dimensión social e integral. En la justicia el ser humano es liberado del pecado personal y social, regula las relaciones entre los individuos y permite una realización humana que da sentido a la historia del hombre. De ahí lo fundamental de ser justo consigo y con la comunidad en general. La exigencia del ser justo hace que el hombre se comprometa por la lucha de la igualdad, de la equidad tanto a nivel personal como social, político y económico. En este aspecto, Gaudium Et Spes dice que
para responder a las exigencias de la justicia y de la equidad el ser humano debe hacer todos los esfuerzos posibles en orden a que, dentro del respeto a los derechos de las personas, se hagan desaparecer las enormes diferencias económicas, sociales e individuales que actualmente existen109.
El cristiano debe estar comprometido por la causa de la justicia como proyecto del Reino, desde el cual la dignidad del hombre y de una comunidad prevalece ante la discriminación, la intolerancia, la desigualdad. La identidad del cristiano hoy tiene pertinencia en la Iglesia
108 Se refiere a que Jesús lo recapitula todo, ya que en el ámbito de lo creado lo que es revelación y
donde de Dios se da en él, y en él se incorpora todo lo creado en Dios. Hay unidad entre creación y redención. Gutiérrez, Rafael, Cristología y Moral, el seguimiento de Jesucristo como compromiso con la justicia, 238
109 Concilio Vaticano II: Constitución
en la medida que promueve una exigencia de la justicia por aquellos que son los menos favorecidos, por aquellos que no tienen voz, por aquellos que viven en el anonimato. La causa de la justicia por la dignidad, es la causa del Seguimiento de Jesús como fundamento
de salvación y de liberación. Al respecto nos cuestionamos ¿qué aporta la resurrección de Jesús a la causa de la justicia en la actualidad? Y ¿qué aporta la cristología al existencial humano de la justicia hoy? Indudablemente vemos que Cristo es el modelo por excelencia del hombre justo. El dinamismo liberador de la justicia, proviene de “la justificación fruto de la obra en Cristo quien libera al hombre del pecado, y por tanto el hombre tiene la tarea de manifestar la justicia dada por Cristo a la humanidad”110.
También es importante destacar que la justicia, como exigencia cristiana, tiene su razón de ser en una expresión teleológica. Significa que es un futuro que, a través del esfuerzo humano en alguna medida debe hacerse presente. En esta óptica existe un constante movimiento entre futuro y presente de lo justo en el cual se da a partir de una construcción y creatividad de la justicia por responder a las necesidades históricas. Esta exigencia se da en el sentido de una construcción de la justicia como esperanza que se consolida en la praxis; sin embargo, la concreción de la justicia en el plano cristiano tiene su aporte en el fundamento cristológico, específicamente en las promesas (Jesús Mesías) y exigencias (Jesús Señor)111 presentes en la escatología cristiana provenientes del proyecto del Reino y de la resurrección112. De la promesa encontramos cómo Cristo nos da la justicia como obra de su salvación; mientras en la exigencia, el señorío de Jesús nos brinda el compromiso con el proyecto del Reino, desde la identidad cristiana, la cual se halla enmarcada dentro de la justicia.
No puede haber justicia de Dios donde es violada la justicia humana, puesto que es el carácter normativo de la resurrección de Jesús, que se convierte en motivación y en exigencia para el obrar cristiano de acuerdo a la promoción de la esperanza y de la
110
Gutiérrez, Rafael, Cristología y Moral, el seguimiento de Jesucristo como compromiso con la
justicia, 276 111
Referido a los planteamientos del tercer capítulo del documento.
112
Gutiérrez, Rafael, Cristología y Moral, el seguimiento de Jesucristo como compromiso con la justicia Ibíd., 280
promesa en la praxis actual. La concreción de la justicia en las realidades humanas tiene en el amor como donación de sí, el fundamento de la moral del cristiano. El hacer justicia a los otros es reconocer el derecho de Cristo hecho presente en el otro, desde el reconocimiento del amor como elemento de la fraternidad cristiana que establece vínculos de solidaridad, de acogida, de respeto por aquel que necesita de mí y que es parte de la Iglesia que confiere Cristo para la realización plena de la humanidad.
La justica en el ser humano contiene en sí misma un carácter de sacrificio (exigencia) y entrega a los demás. Este compromiso en el creyente se da en el contexto del Seguimiento de Cristo en el hombre que tiene la misión de vivenciar su identidad cristiana a través del
compromiso con la justicia como signo del Seguimiento y también como camino de
liberación humana. El hombre cristiano es, sacramento de la justicia de Dios y la forma de significarlo es por medio de la entrega amorosa por la solidaridad de aquellos que sufren; por esta razón la justicia en el creyente va de la mano de la libertad como valor del Reino que promueve una praxis que dé esperanza a los necesitados, a los esclavizados en los diferentes contextos sociales. En ese sentido la identidad cristiana trasciende las realidades humanas, donde la justicia y la liberación configuran el camino del Seguimiento de Jesús en la historia.
La justicia y la libertad dan testimonio de la fe en Cristo en cuanto significa, la aceptación y la entrega sin reservas a la realidad y al designio de esa libertad liberada, lo cual genera un compromiso moral con la realidad del hombre hoy. La liberación como capacidad del hombre de salir de sí para los demás se convierte en don (gracia), que genera compromiso de esa libertad con el otro113. La fe en Jesucristo se convierte en plenitud de liberación que conforma la praxis del cristiano en la cotidianidad y lo lleva constantemente a exigirse en pro de la justicia social de la comunidad. La liberación no solo alude al Dios de Jesús como su fundamento y su meta, sino como presente a lo largo de ella. El cristiano tiene la exigencia moral de anunciar y testimoniar el proyecto del Reino en la historia como camino de liberación hacia la plenitud en Cristo.
113 González Faus, José Ignacio.
En conclusión, de Jesús el Mesías y Jesús el Señor (cumplimiento de la Promesa deducimos unas exigencias morales que constituyen la razón de ser del Seguimiento de Jesús Resucitado para la vida cristiana.
El creyente en la promesa del Resucitado, no puede vivir ya como si no tuviese una esperanza, porque su esperanza es Cristo. Debe vivir en apertura constante a Cristo ya que en él puede discernir todos los problemas humanos que la vida le presenta, y ese discernimiento se hace en la intimidad de la oración constante con Dios. Su camino de fe le debe permitir abrirse a la novedad del amor de Dios, en la aceptación del misterio. Celebrar la fe no debe ser solamente de carácter intimista sino que debe posibilitar la apertura a los hermanos. El fruto de la celebración de la fe, le debe impulsar a entregarse al servicio de los hermanos. La experiencia del amor y la sintonía con el Resucitado le permite abrir el corazón para darse a los hermanos sin discriminación. El servicio y la donación por los marginados, oprimidos, necesitados, permiten retroalimentar en la oración con Dios, las frustraciones que el trabajo implica. Cualquier escenario de su historia es ocasión para testimoniar la presencia del Resucitado en sus vidas. Despierta en su corazón gran sensibilidad por hacer presente los valores humanos, sobre todo la lucha por la dignidad de la persona que es uno de los grandiosos valores del Reino. En el compromiso del creyente por asumir coherentemente el Seguimiento del Resucitado como vivencia del amor de Dios para con la humanidad, encontramos una moral del hombre cuyo paradigma se halla únicamente en Cristo. En la justicia y en la libertad el hombre se compromete con la causa por la igualdad, por la tolerancia, y por la fraternidad por la consolidación del Reino. La iglesia en su misión también tiene la tarea de comprometerse con esta causa, puesto que una Iglesia que no ame a sus hermanos, que no denuncie las injusticias sociales, no manifiesta el Seguimiento como fundamento de eclesialidad114. En ese sentido tanto creyentes como la Iglesia entera se convierten en sacramento de fraternidad, donde la libertad y la justicia constituyen exigencias para el modo de obrar en la comunidad eclesial en la actualidad.
114 González Faus, José Ignacio.
Los cristianos de nuestro tiempo en teoría creemos en el Resucitado, pero aun muchos le tenemos miedo a la muerte, quisiéramos que el dolor no fuera parte de nuestra vida, no sabemos integrar vida de fe y realidad humana cotidiana, vivimos sin un espíritu de compromiso con los demás, porque preferimos el interés particular que busca afanosamente la satisfacción de nuestros deseos. Solamente situaciones de enfermedad y sufrimiento son los que nos hacen conservar un sentido de humanidad.
Actualmente vemos cómo los diferentes escenarios de la pastoral en la Iglesia necesitan de parte de los cristianos y de la Iglesia en general un compromiso radical con Cristo que refleje una identidad con él y así logre testimoniarlo a través de la entrega y la disponibilidad a la acción de Dios. En medio de tanta desigualdad, injusticia social, opresión tanto individual como colectiva, es importante que el cristiano se comprometa con la causa del Reino en esta historia y con base en el Seguimiento de Jesús anuncie, profetice y evangelice con fuerza y contundencia a un Dios misericordioso, fraterno, solidario, comprometido con la justicia para toda la humanidad. El compromiso del Seguimiento hoy reclama hombres y mujeres que con responsabilidad y radicalidad experimenten la fe en Cristo como parte inherente de su vida personal y comunitaria en todos los contextos sociales, cuya finalidad no es otra que la transmisión de la resurrección en la historia actual del hombre en aras de un Seguimiento donde el amor, la esperanza y la caridad fundamenten la razón de ser del cristiano hoy en las diversas realidades humanas.
CONCLUSIONES
Con base en el presente trabajo investigativo podemos concluir lo siguiente: una vida cristiana que busque la coherencia en Cristo tiene como razón de ser y propósito de vida ciertas exigencias morales que dan cuenta del proyecto del Seguimiento de Cristo como elemento central de comunión entre los hombres y prueba fehaciente del amor de Dios para con la humanidad. También es importante destacar que estas exigencias morales que identifican al creyente en su realidad pastoral se convierten en testimonio de la Resurrección de Jesús en una determinada práctica pastoral. Por lo cual estas exigencias para el cristiano de hoy tienen una base antropológica (el hombre en busca de una esperanza que pueda realizar) una base cristológica (Cristo como centro de la vida cristiana) y una perspectiva desde la moral (se refiere a cómo debemos actuar desde nuestro ser creyentes). Por eso, cuando hablamos de exigencias morales nos remitimos a que son pertinentes en la medida que se concretizan en la historia del hombre, en su momento histórico consigo mismo, con la comunidad (familia, amigos, instituciones) y con Dios. De lo contrario nos quedaríamos en una moral teórica que no ejerce aplicabilidad en los contextos pastorales hoy.
Toda exigencia moral para el cristiano tiene como especificidad una óptica desde la esperanza, puesto que en ésta el creyente se compromete con su historia y espera un presente mejor que se consolide a partir del compromiso consigo y con los demás; en la esperanza se concretiza el proyecto del Reino en la cotidianidad. Podríamos decir que en algunas ocasiones lo que mata la esperanza en el seno de la realidad es la falta de fe en el Reino de Dios. Esperanza y fe se cohesionan en el compromiso del creyente, de modo que se asume el proyecto del Reino como exigencia que da sentido a nuestra identidad de Hijos de Dios y evangelizadores de su amor a la humanidad.
Comprendiendo el Reino precisamente desde un horizonte de esperanza cristiana que se construye en la historia del hombre y en este caso es necesaria la instauración de los valores del Reino en las realidades humanas como concreción del amor de Dios a la humanidad. El hombre que está inserto en un horizonte escatológico; es decir, en el ámbito de las posibilidades abierto a la realidad y que transforma su historia en Jesús ha de comprender la vivencia de la esperanza cristiana en su vida, desde la actuación del Reino en este momento de la historia. El Reino exige una entrega absoluta e incondicional al Seguimiento de Jesús como parte esencial de la vivencia del creyente en la actualidad. El cristiano ha de testimoniar ante el mundo su esperanza participando activamente en lo que el mundo espera. Este es el posible horizonte de relación entre Dios y el hombre, el cristiano deberá ver los cumplimientos en este mundo, como etapas hacia el cumplimiento definitivo que nos ofrece la esperanza, lo cual genera una exigencia radical donde el hombre constantemente acrecienta su fe y esperanza en las realidades humanas.
Cuando hablamos de exigencias del cristiano hacemos referencia a la concreción de los valores de Reino que son valores humanos que se dan en la historia como (justicia, solidaridad, misericordia, gratuidad, amor, respeto por el otro) en contexto de fe y por tanto en coherencia de vida cristiana. La urgencia concreta del amor y la justicia como compromiso del Reino evidencian la necesidad de que el hombre se haga responsable de testimoniar en su comunidad, con su familia, con sus amigos, el amor que es un fruto de la caridad para con los demás; y la justicia como elemento indispensable que busca la igualdad, la fraternidad, la solidaridad entre los hombres, con la finalidad de vivir la resurrección como exigencia constante en el actuar del creyente. Por eso desde el compromiso del hombre como hijo y hermano pueda creer y vivir la anticipación de la resurrección y su carácter liberador en la historia115. Toda exigencia cristiana debe tener un carácter liberador donde el ser humano puede reconciliarse consigo y con la historia, donde el creyente asumiendo la justicia como categoría antropológica y teológica, busque los medios para poder hacerla viva con los suyos, con su comunidad y por tanto con Dios que nos da la justicia en Cristo.
115 Gutiérrez, Rafael, Cristología y Moral, el seguimiento de Jesucristo como compromiso con la justicia, 203
La justicia como camino de liberación conlleva una exigencia importante en el cristiano hoy día y es el creer. El cristiano al creer en Jesús asume su historia de forma dinámica como vivencia de la resurrección en su praxis y para lograr esto es importante realizarlo con compromiso y una responsabilidad que demuestre el Seguimiento de Cristo como sentido de la historia del hombre. Al creer en Cristo como revelación de Dios en la historia el hombre se compromete a creer en el proyecto de Cristo, asumiendo un compromiso que exige responsabilidad, entrega, perseverancia con la causa de los más necesitados, de aquellos que son violentados por la injusticia, por la desigualdad social, por la misma discriminación. El cristiano que cree anuncia el Reino como camino de liberación y de salvación en la historia, se convierte en testimonio del evangelio y de Resurrección de Jesús (que es vida y libertad) para toda la humanidad como dice José Ignacio González Faus, creando una humanidad nueva y un proyecto de hermano donde el creyente se hace uno con los demás y con esto manifiesta el amor de Dios para con los hombres de hoy.
También la exigencia de la moral cristiana hoy nos lleva a actuar con misericordia como fundamento de salvación y de donación hacia los demás. Esta exigencia moral evidencia un esfuerzo por el hombre de amar sin condición a los demás, de una donación libre y voluntaria al otro donde el creyente se compromete con comprender las diversas realidades y acompañarlas en la práctica pastoral. Nos encontramos en una realidad en muchos casos discriminatoria, excluyente y llena de prejuicios. La moral cristiana desde el Seguimiento nos exige actuar desde la misericordia como donación de sí al otro, es una pedagogía de la misericordia (escucha, voz de aliento, esperanza y resiliencia para con los demás). En este aspecto encontramos en la pastoral el sentido de la Resurrección como actitud de vida con base en la misericordia por el otro, donde el optimismo de la fe ante el fracaso, ante la desesperanza, se convierte en un dinamismo para el hombre que lo promueve a salir adelante, a creer en él y en Jesús como proyecto de Dios que quiere la realización y la felicidad para el hombre de hoy, que no sea esclavo de sí mismo sino que busque los mecanismos para la liberación de todo aquello que lo aleja de Dios y de la comunidad.
Las exigencias del cristiano, que hemos visto, vislumbran un camino de reconciliación del hombre consigo y con los demás, generando un sentido a la historia y una exigencia moral que busca la universalidad en todo; es decir, una praxis de igualdad, de posibilidad de justicia, de fraternidad. No podemos olvidar que el ser cristiano se identifica como hombre en comunión, de universalidad y como hombre justo, así el creyente testimonia la resurrección de Jesús como elemento clave de realización histórica y como signo de la comunidad eclesial, donde la Iglesia que es anunciadora del Reino y evangelizadora tiene el compromiso moral de luchar por la comunión de toda la humanidad a fin de dar en la entrega por los demás la vivencia del resucitado.
Como exigencias morales que vivencia al resucitado en la actualidad vemos que la justicia y la libertad se convierten en promotoras del anuncio y testimonio del Reino en la actualidad, tanto la Iglesia como la comunidad en general tienen la misión de transmitir en las diversas comunidades pastorales a Jesús como Señor ( exigencia) y como Mesías ( promesa). La fe en Jesucristo se convierte en plenitud de liberación que conforma la praxis del cristiano en la cotidianidad y lo lleva constantemente a exigirse en pro de la justicia social de la comunidad. La liberación y la justicia no solo alude al Dios de Jesús como su fundamento y su meta, sino como presente a lo largo de ella que se construye en una pastoral que evangeliza desde la identidad del ser cristiano que tiene sus cimientos en las exigencias morales del cristiano como hemos visto en el trabajo de investigación y que dinamizan el sentido de la Resurrección de Jesús en la pastoral actual.
BIBLIOGRAFIA
1. Benzo, Miguel. Sobre el sentido de la vida. Madrid: Biblioteca de Autores
Cristianos, 1975.
2. Concilio Vaticano II: Constitución Lumen Gentium, 13. 36