Los sentidos funcionan tan caprichosamente dentro de los límites de actividad del cable que sería difícil si no imposible, proporcionar una síntesis enteramente satisfactoria de lo que puede o no puede suceder en el "campo de los sentidos". Lo mejor que puede hacerse, por lo menos lo mejor que yo puedo hacer, es relatar el curioso comportamiento de los sentidos tal como yo lo he experimentado personalmente.
Tomemos, para empezar, el sentido de la vista. Cuando nos hallamos en coincidencia y dotados de conciencia sólo vemos aquellos objetos cuyas vibraciones se conforman a las de nuestros ojos o entran dentro de una misma esfera vibratoria, a menos que gocemos de la facultad de la clarividencia. Cuando salimos de coincidencia, permaneciendo conscientes, no siempre el sentido de la vista se recupera de inmediato; pero cuando así sucede la esfera vibratoria ha aumentado considerablemente, con lo cual podemos ver no sólo los objetos materiales que veíamos durante la coincidencia sino también los seres astrales. Hemos dado el nombre de "visión astral" a esta facultad.
Durante las separaciones a corta distancia, en estado consciente, existen varias maneras en que pueden presentarse estas "visiones". El cable astral puede adaptarse a la conducción de "corrientes sensorias" tan bien como el cuerpo, de modo que los
sentidos pueden pasar alternativamente de un cuerpo al otro o presentarse en ambos cuerpos y en el cable al mismo tiempo, dentro del radio de acción del cable. Puede suceder que el fantasma se separe (dentro de los límites de actividad del cable) y el sujeto goce de conciencia. Entonces verá al astral desde sus ojos físicos (pese a estar cerrados), lo verá moverse, pararse, acostarse, flotar, etc., por la habitación.
Creo haber mencionado ya que el sujeto dormido puede recobrar la conciencia y verse a sí mismo, en el astral, desde sus ojos físicos, ocupando la posición horizontal sobre el físico, a unos treinta centímetros de distancia. Esta entidad, suspendida en el aire, tiene una consistencia semejante a la gasa y parece temblar continuamente. Puede suceder entonces que el sujeto despierte repentinamente y sufra una repercusión. Y nadie logrará convencerle que todo esto no lo vio en realidad desde sus ojos físicos, pues argumentará de esta manera: "Lo vi desde mi cuerpo físico; vi al astral flotando sobre mí. En consecuencia, me hallaba consciente en el cuerpo físico."
Pese a todo lo indubitable que esto pueda parecer, el cuerpo físico no poseía conciencia en absoluto. El sujeto era consciente en el astral, en tanto que la "corriente visual" se transmitía a través del cable hacia los ojos físicos. No eran éstos los que veían al astral. No eran los ojos físicos los que veían al espíritu paralelo al cuerpo físico puesto que los ojos físicos normales no podían ver espíritu alguno y menos todavía, cerrados como estaban. El asiento de la conciencia se hallaba en el cuerpo astral, pero la corriente visual, en lugar de centralizarse en los ojos del cuerpo astral, por uno de sus desvíos habituales, realizaba su circuito pasando a través del cable hacia los ojos físicos.
Tomemos por ejemplo el caso de nuestra vista normal, cuando nos hallamos físicamente conscientes. Vemos con los ojos, decimos, porque la corriente va desde el ojo hasta la mente consciente. Supongamos ahora que nuestros ojos y los "hilos" que los unen con la mente fueran sacados de las órbitas y colocados a treinta centímetros de distancia de las mismas, y que la vista se dirigiese entonces hacia el lugar de origen. Entonces, lejos de ver desde nosotros, nos veríamos a nosotros mismos. Y ésa es precisamente la forma en que la corriente de visión astral funciona en ocasiones, transmitiéndose a través del cable, con el resultado de que el espíritu se ve a sí mismo. Y ésta es sólo una excentricidad de la visión astral.
Existe todavía otro fenómeno más complicado y desconcertante que el que acabamos de mencionar. Nos referimos a la visión astral dual, que tiene lugar cuando el proyector ve aparentemente desde sus ojos físicos y, al mismo tiempo, desde sus ojos en el cuerpo astral donde está situado realmente. Cuando esto ocurre (cosa muy rara) el sujeto puede observar al astral exactamente como si estuviera en el físico, y seguirlo con la mirada a medida que se mueve por la pieza y todo este tiempo puede ver también al ser físico, reposando sobre la cama con los ojos cerrados, mientras se mueve por el espacio en el cuerpo astral.
¿Qué pensaría el lector si de pronto experimentase realmente hecho tan increíble? ¿ Qué pensaría si pudiera ver desde dos lugares, distantes uno de otro, al mismo tiempo? Pues bien, lo más natural sería atribuir esa doble visión a la existencia simultánea de una doble conciencia en dos lugares diferentes. Pero nosotros ya sabemos que la mente consciente no forma parte del cuerpo físico, sino que opera en el astral. Esta visión astral dual no implica necesariamente una conciencia dual; sólo se trata aquí de una doble pista del sentido de la visión una de las cuales corre a lo largo de la "línea de fuerza" conduciendo al cuerpo físico, y la otra, al cuerpo astral.
La primera vez que experimenté este fenómeno pensé que se trataba de una conciencia dual; pero no tardé en descubrir que sólo se trataba de un efecto de visión doble. Sólo puede darse dentro del radio de acción del cable (hasta donde alcanza mi experiencia), al igual que la visión unilateral desde los ojos físicos. Si el sujeto experimenta una visión astral dual y en ese momento el espíritu pasa el límite de actividad del cable —¡clic!— se corta la visión de los ojos físicos.
Ahora bien; existen autores que afirman la posibilidad de producir una conciencia dual, es decir, una doble conciencia simultánea en el cuerpo físico y en el astral. Yo, por mi parte, no podría decir que esto sea imposible; he visto demasiadas cosas desconcertantes para negar la posibilidad de una conciencia dual, sin embargo, no creo haberla experimentado nunca; por lo menos me convencí de ello después de haber comprendido la actividad dual de los sentidos, que en un primer momento había tomado por una doble conciencia.
En su libro Hígher Psychical Development, Hereward Carrington afirma:
"Claro está que el cuerpo astral se halla estrechamente vinculado con el 'cuerpo onírico', asemejándose considerablemente ambas entidades entre sí. El Dr. Van Eeden, de Holanda, realizó algunos experimentos en extremo interesantes sobre su propia persona, en el cuerpo onírico. Este investigador se esforzó por transferir su conciencia a dicho cuerpo, de modo que luego pudiese recordar todo lo que le hubiese ocurrido durante el sueño, y trató de controlarlo en forma tal que pudiese, por su intermedio, manipular los objetos físicos del mundo material.
"Si bien no obtuvo un éxito completo, se acercó mucho al mismo, logrando la conformación de dos conciencias con un funcionamiento plenamente independiente. Recordaba claramente que se hallaba dormido en la cama, con los brazos cruzados
sobre el pecho y al mismo tiempo, recordaba, también con la mente, haber mirado a través de la ventana a un perro que corría y volvía la vista hacia él detrás de los vidrios, para seguir luego su carrera, y otros detalles por el estilo. Luego recordó haberse desplazado hacia el lecho en que yacía su cuerpo físico y un instante después se despertó para encontrarse nuevamente, por supuesto, en su cuerpo físico. Pero durante toda la experiencia tuvo una nítida sensación de conciencia dual de ambos cuerpos."
Como se verá, el Dr. Van Eeden sostiene aquí que se hallaba consciente en los dos cuerpos al mismo tiempo. Yo he experimentado algunos fenómenos similares al descrito por el Dr. Van Eeden y en un principio, también yo creí que mi conciencia se hallaba en ambos cuerpos simultáneamente; pero tras una investigación más profunda de este misterio, llegué a la conclusión de que sólo se trataba, como ya dije antes, de un funcionamiento doble de la vista.
Hice ya la aclaración, e insisto ahora nuevamente en ello, de que he visto demasiadas maravillas para negar la posibilidad de la conciencia dual; de este modo, aunque lejos mío el propósito de contradecir las afirmaciones del Dr. Van Eeden, deseo señalar la sorprendente similitud entre lo que el Dr. Van Eeden considera conciencia dual y lo que yo interpreto como visión dual. No pasará inadvertido, indudablemente, que los hechos comunicados por este investigador holandés podrían explicarse fácilmente como el resultado de una visión dual, con una única conciencia y la línea de fuerza astral haciendo la veces de hilo conductor entre el sentido de la vista y la posición ocupada por los ojos físicos.
Existe a mi juicio algo aparentemente inconveniente en la conciencia dual, suponiendo que fuera posible. Si la conciencia pudiera realmente multiplicarse y si pudiera hallarse en el cuerpo físico durante su ausencia del cuerpo espiritual, entonces todas las teorías que afirman que la conciencia solamente puede operar a través de un medio no material, serían falsas. Ahora bien; si durante la proyección el cuerpo físico tuviera una conciencia propia, entonces ¿de qué serviría el individuo interior? ¿Pueden ambos cuerpos ser conscientes al mismo tiempo durante la separación? Si el cable se corta, ¿proseguirá el ser físico existiendo conscientemente? No lo creo. Mi opinión es —y tengo buenas razones para creer que estoy en lo cierto— que aquello que se interpreta como conciencia dual no es en realidad más que una pista secundaria de la visión astral, localizada en la "línea de fuerza" astral y que funciona acorde con los ojos del fantasma.
Dejando por el momento este problema de la conciencia dual, volvamos a nuestro análisis de la visión dual, pues es absolutamente cierto que ésta sí existe ocasionalmente, dentro del radio de acción del cable. Podríamos decir incluso que el sentido de la vista puede funcionar —durante una proyección consciente, dentro del radio de acción del cable— en tres formas diferentes: desde los ojos del espíritu (que es lo normal); desde el sitio ocupado por los ojos físicos, y desde ambos simultáneamente.2
Por regla general el sentido de la vista actúa desde los ojos del espíritu solamente; pero también se dan los casos mencionados más arriba, casos que si me he detenido a examinar, ha sido simplemente porque a lo largo de esta obra no me he limitado a los procedimientos normales, sino que también he querido considerar detalladamente los fenómenos menos frecuentes. Sin embargo, me permito aconsejar al lector que no se detenga mucho tiempo en la consideración de estos hechos que yo he dado como poco frecuentes, a menos que el hacerlo así favorezca el desarrollo de las proyecciones astrales; no olvidemos que en el astral como uno piensa, así es.
2 Existen circunstancias en que el espíritu proyectado puede ver desde diferentes partes del cuerpo sin utilizar los ojos. Más
adelante volveremos sobre este punto. — S. M.