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Alberto Toscano

mente incorporado, un impulse* a la realization, a la transition, a la revolution.

Quiero esbozar brevemente las consecuencias de este argumento refiriendolas a cuatro dimensiones interrelacionadas de la nocion de comunismo que se oponen a la suficiencia o a la autonomia filosoficas del concepto: la igualdad, la revolucion, el poder y el conocimiento. Estas son dimensiones que el pensamiento radical contemporaneo en ocasiones define por contraste con las vicisitudes historicas de la politica comunista y su critica asociada de la economia politica. Asi vemos que a veces se trata la igualdad economica como la contraparte de la igualdad entendida como principio o axioma filosofico; el poder, especialmente el poder estatal, se enfoca como una dimension externa a la indagacion filosofica sobre el comunismo; el conocimiento y la verdad se yuxtaponen y la revolucion se contempla, en el mejor de los casos, como un modelo enigmatico y anticuado del cambio emancipador.

Empecemos por la igualdad. La afirmacion de igualdad, tanto en cuanto maxima politica como en cuanto objetivo social, subyace, por supuesto, a la antdgua vision del comunismo considerado como una peligrosa fuerza niveladora, una violenta abstraction desenfrenada sobre un mundo de costumbres instaladas y diferencias refractarias. Pero el comunismo -segun sus propias palabras, por asi decirlo- ha expresado tambien, en diferentes epocas, su propia critica de la igualdad como abstraction. Consideremos la Critica del programa del Gotha y el comentario sobre ese documento que hace Lenin en El Estadoy la revolu­

cion. Enfrentado a una teoria de la justicia verdaderamente “economi-

cista” (el ideal socialdemocrata por el cual igualdad significa distribu­ tion justa, el derecho igual para todos a un producto igual del trabajo), Marx replica -en pasajes cuya signification para el concepto de igualdad, podrfamos afirmar que no ha sido aun asumida plenamente- que la nocion de igualdad implicada por esta vision distribucionista del comu­ nismo corresponde todavia a las abstracciones mismas que dominan la sociedad burguesa. Especulando sobre una sociedad comunista que

emerja de la sociedad capitalista -y asi llegue a ser no solo su negation,

sino su negation decidida-, Marx hace notar que si se lograra abrogar la explotacion y la apropiacion capitalista del valor excedente, eso no pon-

dria todavia fin a las formas de injustdeia que son inherentes a la domi­

nation que ejerce en las relaciones sociales la abstraction del valor. En una sociedad comunista naciente, la distribution esta aun “gobernada por el mismo principio que el intercambio de valores equivalentes en mercancias: una cantidad de trabajo dada en una forma se intercambia por la misma cantidad en otra forma”.

La igualdad, en un comunismo de transicion, embrionario, como este, es aun dependiente del dominio de un norma, el trabajo, que es en si misma portadora de desigualdades, relativas a la capacidad, la pro- ductividad, la intensidad, etcetera. El derecho a la igualdad, tan alegre- mente invocado por los socialdemocratas, es pues “en su contenido, un derecho de desigualdad, como lo es cualquier otro derecho”, puesto que “un derecho, por su naturaleza misma, solo puede consistir en la aplicacion de una norma igual” a individuos desiguales}6 En otras pala- bras, una nocion politica y filosofica de la igualdad entendida como un derecho, basada en la idea de una medida o una norma abstracta y uni­ versal, aun conserva las marcas de nacimiento de una forma de medi- cion social basada en el valor del trabajo. En la glosa de Lenin, “la mera conversion de los medios de production en propiedad comun de la sociedad toda [...] no supri?ne los defectos de distribution y desigual­ dad del ‘derecho burgues’ que continua dominando en la medida en que los productos se dividen ‘de acuerdo con el trabajo realizado”’.17

;Que lecciones podemos sacar de estas observaciones para redondear nuestra idea del comunismo? Ante todo, en la medida en que el comu­ nismo es la negation, no simple sino decidida, del capitalismo, esto es, en la medida en que no sea una “abstraccion dogmatica”, el problema de su realization es inherente a su concepto. El problema comunista de la igualdad es el problema de una igualdad -cito a Lenin- “sin ninguna norma estandarizada de derecho”,18 vale decir, una igualdad que no per- petue las desigualdades generadas en el capitalismo por el dominio de las relaciones sociales, por las medidas de valor y, particularmente, por la norma estandar laboral. Esta igualdad “sin estandar” solo puede imagi- narse como un resultado de la revolution y la transicion.

Desde el punto de vista filosofico, podrfamos preguntarnos si la nocion misma de igualdad aun esta aqui en vigor. Mas que afirmar la igualdad de principios de los seres humanos o que prometer su eventual nivelacion, la “igualdad” comunista implica crear relaciones sociales en las cuales las desigualdades ya no pudieran operar, pues ya no quedarfan subsumidas como desiguales en una norma o medida igual del derecho. La idea de la igualdad mas alia del derecho y del valor es, por supuesto,

16 Karl Marx, “Critique of the Gotha Programme”, enjon Elster (comp.), Karl Marx:

A Reader, Cambridge, Cambridge University Press, 1986, pag. 165.

17 Vladimir I. Lenin, The State and Revolution, Pekin, Foreign Languages Press, 1976, pag. 114.

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profundamente abstracta a su manera, pero demuestra, primero, que la contribution filosofica del comunismo implica una lucha contra cierto tipo de abstraction (la clase que deriva de la forma capitalista del valor y las normas estandarizadas que esta impone) y, segundo, que la cuestion de la realization es intrfnseca a la idea del comunismo. En efecto, creo que cuando abordamos los analisis de la igualdad propuestos por Marx y Lenin, serfa mas apropiado hablar de un problema mas que de una idea del comunismo, en lfnea con la definition de un problema dada por Deleuze en su Bergsonis?no y con referencia a Marx, es decir, algo que

Siempre tiene la solution que merece atendiendo a la manera en que se lo formula (es decir, las condiciones en las cuales se lo establece como proble­ ma) y a los medios y terminos de que disponemos para formularlo. En este

sentido, la historia del hombre, tanto desde el punto de vista teorico como desde el punto de vista practico, es la de la construction de problemas.19

En lo que al concepto de igualdad se refiere, ahora podemos ver, pues, que una fdosofia o una teorfa comunista estarfan en condiciones de “anticipar” una polftica comunista, no en el sentido de producir su propia norma futurista que permitiera medir los ejemplos de comunis­ mo, sino en el sentido de trazar los problemas y las lfneas de solution

que reclama el comunismo. Como espero haber sugerido con referencia al concepto de igualdad, el comunismo no deberfa concebirse partiendo de principios programaticos osificados ni de lemas anacronicos; en cam- bio, serfa util concebirlo desde el punto de vista de los problemas que orientan su propia resolution. El comunismo, para citar una definition evocadora y minima de los Principios del comunismo de Engels, es “la doc- trina de las condiciones para la liberation del proletariado”. Precisa- mente porque la doctrina y las condiciones no son inmoviles, el comu­

nismo nunca esta exento de la necesidad de formular sus protocolos de realization. Esto tiene importantes consecuencias para el debate filoso- fico sobre el comunismo, que ademas no puede ser sino un debate sobre el poder comunista. Y aquf con la palabra “poder” me refiero a la capaci- dad colectiva de prefigurar y tambien de promulgar los principios del

comunismo. Con excesiva frecuencia, en discusiones recientes, en res- puesta a las horribles vicisitudes de la polftica comunista en el breve siglo XX y a las significaciones atribuidas a la idea del poder en las cien-

19 Gilles Deleuze, Bergsonism, trad, al ingles de Hugh Tomlinson y Barbara Habber- jam, Nueva York, Zone Books, 1991, pag. 16.

cias sociales y politicas (desde la domination de Weber hasta la guber- namentalidad de Foucault), ha habido cierta tendencia a pensar que la filosofia y la pofitica del comunismo necesitan separarse del poder, a concebir una dimension de la pofitica apartada de las cuestiones de fuer- za, control y autoridad. Pero precisamente porque el comunismo no puede separarse del problema -mas que del programa- de su realiza­ tion, tampoco puede separarse de la cuestion del poder.

Este es un vasto debate al que resulta imposible darle el tratamien- to que merece en unas pocas lineas, pero se me ocurren un par de observaciones que podemos hacer. En primer lugar, para poder siquie- ra plantear el problema del comunismo y el poder sin caer en las tram- pas habituales, necesitamos superar la aparente antinomia entre el comunismo, entendido como el nombre de una forma de organization pofitica cuyo objetivo es la transformation social, y el comunismo como una forma de asotiation social y pofitica cuya prdctica es la igual- dad social. Lo menos que podemos decir es que, en el siglo XX, las rela-

ciones entre idear los medios para conquistar el poder y poner por obra la transformation de la vida cotidiana han sido inmensamente problema- ticas, y que la notion misma de una “pofitica de productores”, para usar la formula de Marx, quedo aplastada por los conflictos historicos que, salvo contadas excepciones, dejaron en suspenso los legados de la comu- na, el consejo y el soviet. Pero el problema -de pensar juntos estos dos aspectos de la practica, la organization y la asotiation comunistas- continua existiendo. Cosificarlos en la separation entre pofitica y eco- norma es una maniobra profundamente insatisfactoria, precisamente porque, como lo indique en el caso de la igualdad, el problema de avanzar mas alia del derecho y mas alia del valor es ineludiblemente un problema politico y un problema economico; en realidad, directamente destruye la distincion misma entre los dos. Al tratar de superar la anti­ nomia entre organization y asotiation, entre los instrumentos y la practica cotidiana del comunismo, estamos obligados a abordar la cues­ tion del poder. Pero no podemos reducir despreocupadamente esta cuestion a la dimension del Estado. Las disputas doctrinarias mas bien esteriles sobre los males y las virtudes de la toma del poder estatal tien- den a oscurecer el desafio mucho mayor que implica pensar la pofitica revolucionaria en la perspectiva de la separation del poder: no solo a la manera de una confrontation entre dos (o mas) fuerzas sociales en una situation no monopolista respecto de la violencia y de la autoridad pofitica, sino en el sentido de una asimetria fundamental en los tipos de poder. Es por ello que los problemas planteados por la notion de “poder dual” continuan siendo -como lo sugieren varias coyunturas de

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distdntas partes del mundo- de tanta signification politica y, en reali­ dad, filosofica aun cuando no pueda concebirselas de maneras con- gruentes con la formulation que Lenin hizo de ellas en el interregno entre las revoluciones de febrero y de octubre.20

El reto perentorio que presenta el poder dual estriba en la asimetria que introduce en el concepto mismo de poder. El poder no es un ele- mento homogeneo que pueda acumularse, sino que reune una serie de formas de practicas heterogeneas y conflictivas. Asi, el poder ejercido por los sovietdcos es inconmensurable con el de sus contrapartes burguesas, por “democraticas” que estas puedan ser, porque su fuente es la iniciati- va popular y no un decreto parlamentario, porque esta respaldado por un pueblo armado y no por un ejercito permanente, y porque ha transmuta- do la autoridad politica de juguete de la burocracia a una situation en la que todos los funcionarios estan a merced de la voluntad popular y de su poder de destituirlos. Con su parangon en la Comuna, este poder es tanto organizativo, en el sentido de que incorpora objetivos estrategicos, como asociativo, por cuanto es inseparable de la transformation de la vida cotidiana; pero, lo mas importante, lo es porque la capacidad politica para organizar se construye en y a traves de la practica de la asociacion. La notion de un “comunismo prefigurativo” tiene su lugar en esta idea21 que es especialmente significativa hoy porque encontrar los medios para dar vida a la hipotesis comunista, para adoptar la formulation de Badiou, significa encontrar maneras eficaces de ahmentar esa capacidad politica.

Tal vez el principal problema politico para una filosofia preocupada, para repetir un termino empleado al principio, por la anticipation no dog-

mdtica del comunismo sea vincular esta demanda subjetiva de construir

poder en cuanto capacidad politica con la cuestion del conocimiento de las tendencias que atraviesan la coyuntura del capitahsmo contempora- neo. Si -y creo que esta es una condition previa para la inteligibilidad del comunismo como un concepto separado de los de igualdad o eman­ cipation- el comunismo debe entenderse como una negation decidida del capitalismo y sus formas concretas de domination abstracta, y como un movimiento preocupado por las “condiciones de la libera- cion” de que hablaba Engels, jque funcion cumple el conocimiento? Despues de todo, la notion comunista de revolution -independiente-

20 Vease Alberto Toscano, “Dual Power Revisited: From Civil War to Biopolitical Islam”, Soft Targets, 2.1, 2007, disponible en <http://www.softtargetsjoumal.com>.

21 Carl Boggs, “Marxism, Prefigurative Communism, and the Problem of Worker’s Control”, Radical America, 11.6,1977, y 12.1,1978.

mente de la forma particular que pueda adquirir- esta en la intersec- cion entre la presencia de una capacidad o fuerza politica y la idea de que, en la perspectiva partidaria de esa capacidad organizada, es posible saber y practicamente anticipar las tendencias reales del mundo que el comunismo procura -decidida y obstinadamente- negar. Sin una arti­ culation como esta de poder y conocimiento, la notion de revolution comunista es ininteligible.

Pero ;que significa reclamar que la politica comunista encuentre o cree su position concreta en la dinamica real sin, como parece haber hecho el joven Marx, postular una logica mundana segun la cual “la realidad pugna hacia el pensamiento”? Si una filosofia comunista se preocupa por la preparation y la anticipation de la politica, ;que rela­ tion tiene con esas formas de conocimiento anticipatorio -la clase de conocimiento partidario que procuraba producir el ultimo Marx- que tratan de delinear el campo contemporaneo de realization para los pro- blemas del comunismo? ;Es verdad que, como lo hizo notar Mario Tronti sobre la epistemologia partidaria de Marx, “la ciencia como lucha es un conocimiento efimero”?22 Si la idea o el problema del comunismo es inseparable, como creo, del problema de su realization -con las importantes consecuencias que esto tiene para la relation de la filosofia con el comunismo-, luego se vuelve crucial la pregunta de como conectar las probabilidades del comunismo con un conocimien- to partidario de lo real y sus tendencias, sin equivocar estas tendencias con una logica preformada o una filosofia de la historia. Esta tarea ha llegado a ser especialmente apremiante en un mundo como el nuestro, un mundo que, para recordar a Marx, “solo imagina que aun cree en si mismo”. En 1842, en el Rheinische Zeitung, Marx escribia:

El destino que una pregunta del momento tiene en comun con toda pregunta justificada por su contenido y, por lo tanto racional, es que la principal dificultad estriba en la pregunta misma y no en la respuesta. En consecuencia, la verdadera crftica analiza las preguntas y no las respues- tas. Asf como la solution de una ecuacion algebraica se obtiene una vez que se ha puesto el problema en su forma mas simple y mas rigurosa, toda pregunta obtiene su respuesta en cuanto se convierte en una pregun­ ta real.23