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A decir de Ana de Miguel:

[…] la visión tradicional, del origen de la violencia hacia las mujeres, es la visión patriarcal, ha oscilado entre su consideración de algo normal y necesario en el sentido natural anclado en la naturaleza diferente de los sexos y en sus relaciones personales, a su consideración como problema patológico en los casos más graves.80

Ana de Miguel, encuentra en el patriarcado el origen y destino de la violencia hacia las mujeres a través de las culturas y de los tiempos, se entiende entonces que…

[…] la ideología patriarcal está sumamente enraizada, sus modos de socialización son tan perfectos que la fuerte coacción estructural en la cual se desarrolla la vida de las mujeres, violencia incluida, presenta para la mayor parte de ellas la imagen misma del comportamiento libremente deseado y elegido.81

En las culturas antiguas tal parecía que el clima de violencia y muerte que prevalecía, en cierta forma justificaba la violencia hacia las mujeres, en este sentido, la violencia hacia las mujeres aun en medio de un universo de violencia presenta formas específicas de legitimación basadas no en su condición de personas, sino de mujeres, dicha legitimación procede precisamente del concepto patriarcal de la conceptualización de las mujeres como inferiores y como propiedades de los varones a los que deben respeto y obediencia, reforzado este concepto por el aparato religioso que les adjudica el ser malas y peligrosas, todos estos paradigmas

79 Ídem.

80 DE MIGUEL ÁLVAREZ, Ana, La construcción de un marco feminista, de interpretación, la violencia de Género, p. 50. Op. cit. nota 124

se amalgaman para justificar la violencia hacia las mujeres en las culturas pre modernas, a decir de Ana de Miguel. 82

En relación al aspecto biológico que determina las diferencias, Gelles,

J. Richard y Ann Levine en Introducción a la Sociología, mencionan “¿Qué tan diferentes son los sexos?”, al respecto, los sociólogos establecen la diferencia entre tres conceptos: el sexo relacionado con las diferencias biológicas entre hombre y mujer, el rol sexual relacionado con las conductas, actitudes y motivaciones que en particular una cultura establece para hombres y mujeres, y el género83 el cual se

refiere “al complejo de significados sociales que se atribuyen al sexo biológico”.84

Al respecto las divergencias tanto reales como atribuidas son numerosas y en este contexto se aprecia que desde el punto de vista anatómico-fisiológico, ambos sexos difieren, en caracteres sexuales primarios en la infancia y primarios y secundarios en la adolescencia, juventud y edad madura.

Al respecto afirman Gelles y Ane Levine, la opinión científica difiere para atribuir la superioridad en la inteligencia a cualquiera de los dos sexos, en cambio la sabiduría convencional señala a las niñas, como más hábiles en la expresión verbal, en tanto que los varones tienen habilidades superiores en el razonamiento matemático. En este aspecto investigaciones recientes de Hyde y Klinn citados por Gelles85 realizando pruebas en

más de 1.4 millones de personas no encontraron diferencia significativa en los sexos: “los estudios informan que los sexos son más semejantes que diferentes”86 así como:

Todas las sociedades conocidas le atribuyen un significado social a las diferencias entre los sexos, en la mayoría de las sociedades se enseñan juegos diferentes a los niños y a las niñas y se les dan premios diferentes por buena conducta, los hombres y mujeres se distinguen a sí mismos por ropa y adornos diferentes, pero más aún, en las sociedades occidentales consideran que los hombres están mejor adaptados para el trabajo vigoroso, en tanto en las sociedades africanas no se tiene el concepto de la mujer débil, aunque los roles de género difieren comparados desde la perspectiva cultural, la estratificación de género es universal.

De acuerdo con Marini, citado por Gelles también señala, en todas las sociedades, salvadas las proporciones, se le otorga mayor valor cultural a los roles de los hombres que a los de las mujeres “En todas partes, en todas las culturas conocidas,

82 Ídem.

83 GELLES J. Richard y Ann Levine, Introducción a la Sociología, McGraw Hill, 5ª.ed. México, 2000, p. 3 84 Ibídem. p. 3, op. cit. nota 166.

85 Ídem. p. 3. 86 Ídem

las mujeres son consideradas en cierto grado inferiores a los hombres”, 87 escribió

la antropóloga Sherry Ortner (1974) citada por Gelles y Levine en relación a la evidente socialización del género, éste se inicia con el nacimiento, en efecto, en la mayoría de las culturas occidentales al tenor de la respuesta a la pregunta ¿ es niño o niña?, las consecuencias son ipso facto y de acuerdo al sexo, las consecuencias sociales son inmediatas, ello conlleva el trabajo de los padres sin que sea premeditado, preparan a sus hijos para los roles sexuales tradicionales, de acuerdo con las tradiciones culturales de cada región, los tradicionalismos se imponen y los roles impuestos a las personas por su sexo, se van aprendiendo lenta e ineluctablemente, empero, puede afirmarse, en la dinámica y transformación de las sociedades estos roles de comportamiento han ido cambiando y en la actualidad se promueven acciones entre niños y niñas, las cuales, antes eran consideradas del otro sexo, no obstante, se observa la continuación de los estereotipos y resistencia al cambio.

La socialización del género para adoptar roles futuros va desde considerar las posturas adecuadas para cada sexo, esta socialización es reforzada en la escuela, a guisa de ejemplo, se advierte como las niñas tienen fama de obedientes y los niños de mala conducta, estereotipos reforzados por los medios masivos de comunicación especialmente los programas de televisión suelen continuar este reforzamiento, en tanto, los grupos del mismo sexo también realizan con efectividad este trabajo socializador y estructural del género.

Las variadas formas de violencia hacia la mujer se practican de suyo, desde tiempos remotos justificándose por paradigmas transmitidos de generación en generación, esta justificación de la violencia, denominada por la sociología como violencia estructural, en donde toma esencia el paradigma del patriarcado, es decir, la supremacía social, estructural, física del hombre, se ha traducido en la justificación tanto social como estructural de la violencia hacia las mujeres.

2.4.2. f

unDamentos conceptuaLes

:

vioLenciaygénero

En el artículo intitulado Violencia de Género: Reflexiones Conceptuales Derivaciones Prácticas de Eva Espinar Ruiz y Miguel Ángel Mateo Pérez expresan en ese epígrafe la delimitación del término violencia y hacen alusión al concepto tan restringido que la identifica con la violencia física, en este tenor, excluye la violencia psicológica, mucho más destructiva, Johan Galtung citado por los autores mencionados, define tres formas de violencia a saber:

a) La violencia directa, física y verbal, fácilmente identificable a través de conductas,

en tanto que plantea dos formas de violencia difíciles de identificar;

b) La estructural consistente en circunstancias de marginación, discriminación, des-

igualdades, explotación o dominación, es decir, este tipo de violencia, se edifica desde la estructura social, en un contexto de desigualdades en el ejercicio del poder, por ende de acceso a las oportunidades y un entorno de vida distinta.88

A decir de Galtung citado por los autores del artículo analizado, detrás de la violencia estructural se oculta un paradigma de injusticia social, en tanto, la violencia cultural, la hacen consistir en todos los razonamientos, actitudes e ideas mediante los cuales se legitiman y justifican tanto a la violencia directa como la estructural.

Del esquema propuesto por Galtung, los autores del artículo en comento, señalan además, que dichos tipos de violencia se correlacionan entre sí, cuya representación puede ser diseñada en una triada.

Una vez definida la violencia como ya quedó especificado los autores cuya obra se cita, definen el siguiente término del binomio, el género.

Cabe señalar que tuvo lugar la sistematización del término género, a partir del movimiento feminista de las décadas de los sesenta y setenta del fenecido siglo XX, empero su definición puede tomarse a decir de los autores de la obra el Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, en la que explica que “una mujer no nace, se hace”. Dicho de otra manera, las características femeninas distintivas de las mujeres, se van generando a través de conductas aprendidas, en virtud de un proceso muy complejo individual y social, estableciendo la diferencia entre sexo como las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, en tanto, el género son las construcciones socioculturales a partir de su base biológica.89

Esas construcciones socioculturales, al no ser naturales son susceptibles de modificarse, lo que caracteriza al género establecido como diferencias estructurales legitimadas por la cultura y ha caracterizado una división en el acceso a las oportunidades y ha permeado a los diversos estratos de la sociedad a partir de las últimas décadas del Siglo XX y principios del XXi, se han traducido en acciones afirmativas que derivan de programas a través de las cuales se concretan las políticas públicas implementadas por el estado para abatir las desigualdades, las cuales han frenado el acceso de las mujeres a los diversos ámbitos reservados a los varones por la estructura y reforzados por la cultura.

88 ESPINAR RUIZ, Eva y otro, Violencia de Género: Reflexiones Conceptuales Derivaciones Prácticas p.p. 24, 25, op. cit. Nota 85.

89 BEAUVOIR, Simone, El Segundo Sexo, citada por ESPINAR RUIZ, Eva y otro, en Antología del Diplomado Atención a Víctimas de Violencia de Género, p.193, op. cit. nota 85.

Entre otros aspectos, los cuales, vierten los autores mencionados, al abordar el estudio la incursión de las mujeres en el mercado laboral, en el cual se reitera la desigualdad y la discriminación en el sentido vertical, en tanto que inciden en el horizontal sin menoscabo de sus roles como amas de casa, estos tres matices de la violencia estructural, culturales y directos, interactúan y se visibilizan, con mayor claridad cuando inciden en la violencia directa.

De los acontecimientos consignados en las últimas décadas del siglo XX,

relativos al reconocimiento de la violencia de género ejercida hacia las mujeres, conviene señalar, que en el año de 1994 se realizó la Conferencia de Población y Desarrollo en El Cairo, Egipto, se discutió el tema de la violencia como mecanismo de control de salud y de la sexualidad. En ese año la Organización de Estados Americanos

(oea) declaró la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará), este convenio fue ratificado por el senado mexicano en 1996, en el que se define: “La violencia contra la mujer como toda conducta basada en su género que cause muerte, daño, sufrimiento físico, sexual o psicológico la mujer tanto en el ámbito público como en el privado”.90

Ahora bien, en la Antología contenida en el Cuaderno editado por el Inmujeres denominado Rutas de Atención y Prevención del Hostigamiento Sexual, se define al género como: […] el conjunto de características psicológicas sociales y culturales, socialmente asignadas a las personas. Estas características son históricas y se van transformando con y en el tiempo y por tanto son modificables.91

En este sentido, el concepto de género, alude a dos elementos sustanciales: histórico, es decir, suele cambiar con el paso del tiempo y momento histórico, así como, se constriñe al ámbito de la conducta, que es así, pero es susceptible de ser cambiado.

En tanto que los roles de género:

[…] son comportamientos aprendidos en una sociedad, comunidad o grupo social cuyos miembros están condicionados para concebir como masculinas o femeninas ciertas actividades, tareas y responsabilidades. Estas percepciones están influidas por la edad, la clase social, la etnia, la raza, la cultura la religión y otras ideologías, así como por el medio geográfico económico y político.92

90 Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia hacia las Mujeres, op. cit. nota 95.

91 Rutas de Atención y Prevención del Hostigamiento sexual en las empresas, CD ROM INMUJERES, México, 2006, p.83

Destacan las actividades atribuidas a las mujeres y a los hombres por su sexo, a partir de su nacimiento, considerando entonces que por ser biológicamente diferentes, sus actividades en la estructura social son también diferentes, acometiendo el papel de subordinación a la mujer confinada al ámbito privado y la de proveedor al varón y disponible en el ámbito público, surtiéndose en la especie la expresión de Amelia Valcárcel “el sexo condena a la mitad de la población a la minoría de edad”.

Continuando con los avances en el reconocimiento de los derechos de la mujer, para eliminar la violencia de género, cabe destacar que en 1995 se efectuó en Pekín, China la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, como ya se ha mencionado con antelación, en la que se abordaron temas y se establecieron compromisos como el respeto y la defensa de los derechos humanos de las mujeres y el combate a la violencia, en la Plataforma de acción de Pekín se declara:

La violencia contra las mujeres es una manifestación de las relaciones históricas de poder entre hombres y mujeres, las cuales han llevado a la dominación y discriminación de las mujeres por los hombres y han impedido el pleno avance de las mujeres. […] Es así que el reconocimiento de la igualdad jurídica de los sexos, es decir, el reconocimiento de los mismos derechos de igualdad, libertad, civiles y políticos entre otros, ha sido el resultado de un largo, arduo y complejo proceso de emancipación de las mujeres aún no concluido.93

2.4.3. L

asituaciónactuaLDeLamujeren

m

éxico

Las desigualdades sociales, culturales y laborales de la mujer en México, se reflejan no solamente en las explicaciones teóricas que proporcionan los y las expertas en la materia, se manifiestan en investigaciones de campo, exponiendo cifras y estadísticas revelando estas desigualdades y con ello el status inferior de la mujer que subsiste en la actualidad en los diversos ámbitos tanto familiares, sociales y laborales.

En relación al trabajo doméstico, tan poco visibilizado y no remunerado, el organismo no gubernamental denominado la Comunicación e Información de la Mujer (ciMac) menciona:

Si las mujeres fuesen remuneradas por el trabajo doméstico y la crianza de los infantes, los salarios representarían la mitad de los ingresos nacionales, ya que se estima que las mujeres destinan un total de mil setecientos millones de horas laborales al año en una labor incesante que no recibe retribución económica y tiene escasa valoración social.94

93 Plataforma de Pekín. Revista del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Autónoma de México, 2012

En el medio rural en materia de herencia, la mujer se encuentra en una gran desventaja, así lo menciona inMUJeres (2008): […] se señala que 12.3 millones de mexicanas residen en comunidades rurales pero solo 661 mil son ejidatarias y comuneras lo que equivale a solo el 5% con derechos reconocidos sobre parcelas, tierras de uso común y solares urbanos.95

Otro informe de inMUJeres consigna en lo relativo al mercado laboral:

En 1970 la tasa de participación económica femenina era de 17,6%, para 1991 ascendió a 31.5% y desde entonces ha continuado incrementándose. El comparativo de INEGI del 2000 al 2007 ilustra esa tendencia 2000 38.2 mujeres económicamente activas, 2007 41.4 de mujeres económicamente activas. La posición de la ocupación: 65.4 % de las mujeres son trabajadoras subordinadas y remuneradas; 23.1% son trabajadoras por cuenta propia; 9, 2% son trabajadoras no remuneradas y solo 2.3 % son empleadoras.96 En los salarios existen importantes diferencias de género:

[…] entre artesanos, obreros, el ingreso de las mujeres es 38.4% menor que el de los hombres; entre los ayudantes a obreros, el ingreso femenino es 32.8% menor que el de los hombres y en el grupo de supervisores industriales es de 23.2 % menor. Solo en el grupo de trabajadores domésticos el ingreso femenino es mayor que el masculino apenas en 0.6%97

La Organización de las Naciones Unidas confirma en diversos estudios, las diferencias salariales discriminatorias entre hombres y mujeres, el estudio compara la relación entre los ingresos de las mujeres y los hombres fuera de sector agrícola, siendo menor en casi todos los países. En México, el salario promedio de las mujeres fue del 70% del de los hombres en el año 2001.

La discriminación en el ámbito laboral no solamente se constriñe al salario, también hay una práctica reiterada de no contratar a las mujeres embarazadas o bien solicitar examen médico de no gravidez como requisito de ingreso al empleo.98

En la política y los cargos de elección popular en el caso del Poder legislativo, es evidente el esfuerzo por propiciar que el mayor número de mujeres participen en la toma de decisiones, empero la evidencia muestra que

95 FUENTE, INSTITUTO NACIONAL DE LAS MUJERES, 2008.