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Tras haber realizado este análisis, en torno a la pregunta de “¿cómo Marcuse crítica Adorno y a su concepción del arte como cooptado por la industria cultural

en la sociedad Industrial Avanzada, y cómo se reapropia de las prácticas

artísticas en términos de prácticas de resistencia por medio de la crítica y la denuncia?”, podemos observar que tanto para Marcuse como para Adorno el arte puede tener -o no dependiendo del autor y del momento histórico-

capacidad de liberación, pero, las preguntas que nos surgen al evidenciar este

análisis de las posibilidades y formas del arte liberador y su interpretación según

Marcuse y Adorno pueden evidenciarse en los siguientes corolarios: I. ¿Cómo

entender al artista como proletario en el marco de la teoría marxiana y cómo

esto contribuye para la lectura marcusiana del arte y su crítica a Adorno? II. ¿en

qué difieren las lecturas de Adorno y Marcuse con respecto al arte como

cooptado por la Industria Cultural en la sociedad Industrial Avanzada y más

concretamente con respecto al surrealismo? III. ¿Cómo Marcuse critica a

Adorno en torno al papel del intelectual y cómo se reapropia de prácticas de resistencia en el quehacer artístico desde el papel del artista como “intelectual orgánico”?

I. El artista, al igual que el proletario se encuentra inmerso en la sociedad

industrial avanzada y se encuentra sumergido en las lógicas de producción,

distribución, compra y consumo como cualquier ser humano y trabajador. Así

pues, al entender cómo, bajo el esquema marxiano de la relación proletario- burgués, y mercancía—dinero, encontramos herramientas bajo las cuales

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podemos aumentar la comprensión de las lógicas bajo las que se ve

determinado el artista al momento de la producción; a saber, el

condicionamiento -por parte del mercado y de la Industria Cultural- de lo que

debe ser producido si lo que se busca es procurar el sustento del autor de la

obra: aquí se ve el poder de gobierno del capital sobre el trabajo y sus

productos (Marx, Manuscritos de economía y filosofía, 2005, p. 107). En este

sentido, vemos una pequeña pero breve aproximación al carácter de

dominación bajo la que se encuentra el artista, que será después profundizada

por parte de la Escuela de Frankfurt con relación a los mecanismos de

dominación presentes en la Sociedad Industrial Avanzada, frente a la cual “sabemos […] que la situación no es revolucionaria, ni siquiera prerrevolucionaria [en estos momentos]. Pero esta misma situación es tan

terrible […] que la rebelión contra ella fuerza una reacción biológica y fisiológica: uno no puede soportarlo más, uno se está sofocando y hay que dejar entrar un poco de aire” (Carta de Marcuse a Adorno el 5 de abril de 1969).

II. Como hemos visto anteriormente, la interpretación que poseen Adorno y

Marcuse sobre la Sociedad Industrial Avanzada no dista mucho: ambos la

reconocen como una sociedad donde se le permite al sujeto la adquisición de

bienes de consumo para el enmascaramiento de la falta de libertad latente; pero

en cuanto a la cooptación que ejerce la industria cultural ene l marco de la

sociedad industrial avanzada si existen dos posiciones: por un lado, para

Adorno, la Industria Cultural ha limitado la capacidad del arte; todo esto debido

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poseía el surrealismo: “El surrealismo colecciona lo que el funcionalismo le niega al hombre; las deformaciones demuestran lo que la prohibición hizo al

objeto del deseo. Así el surrealismo rescata lo arcaico: un álbum de

idiosincrasias donde se disipa la pretensión de felicidad, que los hombres encuentran negada en su propio mundo tecnificado” (Adorno, Noten zur Literatur, 1958, p. 160), por lo que Adorno, se presentará como escéptico frente

al potencial liberador del arte. Por otro lado, en el caso de Marcuse, el arte

‘verdaderamente revolucionario’ se centra en la crítica a las condiciones sociales, económicas, culturales, etc., de las gentes del común, de quienes se

ven explotados y oprimidos, para lograr así oponerse a la gran propuesta del sistema capitalista que predomina en nuestra contemporaneidad: “tranquilizar el anhelo de los rebeldes [al mostrar la belleza como algo actual] […] para que sea capaz de soportar la falta de libertad de la existencia social” (Marcuse, El carácter afirmativo de la cultura, 2011, p. 46); Con Rimbaud, y más tarde el

dadaísmo y el surrealismo, la literatura rechaza las mismas estructuras del

discurso que, a través de la historia de la cultura, han ligado el lenguaje artístico y el común” (Marcuse H., El hombre unidimensional, 2014, p. 98).

III. Así las cosas, el artista, entendido como quien “no puede cambiar el mundo, pero puede contribuir a transformar la consciencia y los impulsos de los hombres y mujeres capaces de cambiarlo” (Marcuse H., La dimensión estética, 2007, p. 84), puede entenderse como un intelectual: en el proceso de

conformación de la obra de arte tanto el artista como sus materiales se

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trabajo abstracto -sea de manera consciente o no- y a la vez manual.

En este sentido, con respecto a la tensión entre Adorno y Marcuse con respecto

a los intelectuales anteriormente esbozado, se puede decir que, por medio de la

crítica que realiza Marcuse a la posición de Adorno -en la cual esboza (gracias a

su escepticismo proveniente de la cooptación del surrealismo por parte de la

Industria Cultural como vimos en el punto anterior) que es mejor una escisión

entre la teoría y la praxis debido a los momentos de riesgo en los que pueden

verse inmersos los teóricos-, retoma él el papel de resistencia -por medio de la

crítica y la denuncia- y de la memoria46 que se encuentra presente en el arte;

todo esto en el marco de la Sociedad Industrial Avanzada y de la Sociedad

Opulenta que, si bien podrá ejecutar mecanismos de resistencia frente a la

posibilidad de engendrar un cambio por medio del arte -como lo ha hecho-,

resultará, en el marco de un arte absoluto y verdadero en palabras de Marcuse,

en el resurgir de una nueva subjetividad rebelde que contribuya -no de forma

directa pues el arte no tiene dicha capacidad y perdería, además toda su

esencia- a la construcción de un nuevo estadio de la sociedad humana donde

impere un mayor grado de libertad: “hay tan sólo un aliado contra la creciente barbarie: el pueblo que sufre bajo ella. Sólo de ellos podemos esperar alguna

cosa. Por consiguiente, incumbe al escritor la vuelta hacia el pueblo, y es más

necesario que nunca hablar su lenguaje» Sartre comparte estos sentimientos: el

intelectual debe «recuperar lo antes posible el lugar que le espera entre el pueblo” (Marcuse H., La dimensión estética, 2007, p. 81)

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Así pues, y con éste pequeño esbozo de la teoría marxiana y marxista de la

sociedad, planteamos nosotros un aporte para el análisis artístico desde una

perspectiva crítica; como propuesta -igualmente- para futuras propuestas

artísticas de resistencia y de memoria que se enfoquen en el cumplimiento

de la tesis principal del marxismo y de la teoría crítica de la sociedad: ser

una ciencia critico emancipatoria enfocada a la compresión y transformación

de la realidad (Habermas, La lógica de las ciencias sociales, 1988), y que

logre eliminar los elementos del fascismo, de la dictadura y de la opresión -

propios de tánatos- y que nos generen más impulsos de libertad, de vida; es

decir, de eros:

“Por último, pero no menos importante, el enemigo principal, el adversario estratégico es el fascismo […] Y no solo el fascismo histórico, el fascismo de Hitler y Mussolini, que fue capaz de movilizar y usar

el deseo de las masas de manera tan efectiva, sino también el fascismo en todos nosotros, en nuestras cabezas y en nuestro comportamiento cotidiano, el fascismo que nos causa amar el poder, desear lo que nos domina y nos explota”47 (Foucault, 1983,

Preface. En Deleuze, G. y Guattari, F. Anti- Oedipus).

47 » Last but not least, the major enemy, the strategic adversary is fascism (whereas Anti-Oedipus’

opposition to the others is more of a tactical engagement). And not only historical fascism, the fascism of Hitler and Mussolini — which was able to mobilize and use the desire of the masses so effectively — but also the fascism in us all, in our heads and in our everyday behavior, the fascism that causes us to love power, to desire the very thing that dominates and exploits us «.

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