En la primera clasificación, González Faus se encarga de las imágenes idolátricas; en ellas ubica cuatro formas de creer en Dios: creer en un Dios del miedo, un Dios sin logos, un Dios sin espíritu o un Dios con espíritu falso.
1.1. Dios del miedo
Este tipo de imagen lo gesta y lo forma toda aquella persona que, con sus acciones, pensamientos y conductas, expresa que le tiene miedo a un Dios que es solamente castigador; en palabras de González Faus, aquellos que sólo temen el castigo de Dios.
Este tipo de personas generalmente han sido formadas en un esquema de sinceridad y transparencia a través del miedo; además de todo, el autor afirma que este tipo de personas teme la dureza de Dios y lo concibe como la única causa de todo lo que ocurre. Es como una especie de círculo vicioso del cual no pueden escapar: Dios posee el poder sobre todo lo creado; así mismo, han comprendido que Él ha expresado que todo aquel ser que se salga de su orden natural debe ser castigado; luego Él tiene
poder de suministrar castigo a quien así lo merezca; por lo tanto, este tipo de ser humano creyente no se excluye a sí mismo de ser objeto del castigo de Dios y ello determina grandemente su conducta y su concepción ético- moral de la vida.
Por tal razón, estos fieles pretenden “tener a Dios a raya”, cumpliendo, bajo el disfraz de la fidelidad a sus preceptos y ordenamientos, de la mejor forma posible con lo que han concebido como los mandamientos de Dios, de forma tal que, próximamente, pudiesen acogerse a la misericordia que ofrece como resguardo y paraguas para cubrirse del castigo inminente de Dios. Un último aspecto digno de resaltar de este constructo de Dios es que quien se forme esta idea de lo divino prefiere un Dios del orden, con el que pueda hacer cálculos, planificar la relación, prever las ganancias y saber a qué atenerse. Y esto, indudablemente, se verá reflejado en la forma de su relación social y sus patrones de conducta y desenvolvimiento en el interior de cualquier comunidad26.
1.2. Dios sin logos
Este tipo de imagen corresponde a la de un Dios que no ha sido asumido en correspondencia con la palabra bíblica expresada por san Pablo en 1Cor.1,24: la debilidad de Dios, en este mundo es fuerza de Dios. Igualmente pareciera que no son capaces de interiorizar el hecho de que el logos de la cruz es la verdadera razón de Dios; razón por la cual, en virtud de la actitud de defensa que se gestan contra ellos mismos, sus preguntas y sus dudas irresueltas, generan la actitud de defender a Dios, al Dios sin logos, absurdo inconscientemente para ellos mismos, frente a los demás.
26 Cfr. Ibíd. pp.18-24. A este respecto, González Faus afirma que Dios no es un Dios del miedo
sino del riesgo, sin que ello signifique imprudencia e insensatez, sino una libertad evangélica que mueve al ser humano a enfrentarse a todos los riesgos que la vida le plantea en cada situación histórica concreta.
Dios es aquel que necesita ser defendido. Y, cuando se defiende a Dios, todos los medios pedagógicos utilizados para tal fin son legítimos; pero, afirma el autor, quien defiende a Dios con sus propios medios está empeñado secretamente en defenderse a sí mismo y a la propia idea que ha concebido de Dios. El tipo de conducta que se deriva de esta imagen de Dios es aquel que juzga y condena a los otros desde una actitud de egolatría y defensa de los valores que contiene en la conciencia, imponiéndose siempre sobre los demás en este campo y haciendo valer, por sobre todo, su propia concepción de lo divino27. Además de todo, puede llevar a un extremo fundamentalista, poco ecuménico y conciliador; pues esta imagen, según González Faus, se da a nivel del ser humano creyente con aquellos seres humanos no creyentes.
1.3. Dios sin espíritu
A diferencia de lo anterior, esta imagen se gesta en el ámbito interno de una comunidad de seres humanos creyentes. Uno de estos gesta esta imagen e intenta, no defender su constructo de lo divino, sino imponer su propia imagen de Dios.
Esta imagen se suele formar en aquellas personas que conocen una verdad exterior acerca de lo divino, como un saber de Dios; pues esta imagen es perteneciente en gran medida a muchos de los que se encargan de la evangelización, de la transmisión de contenidos teológicos; y son quienes experimentan la fuerza de Dios pero solamente a nivel exterior, sin profundizarlo ni tener mayor experiencia de Dios a un nivel interior, y por lo
27 Cfr. Ibíd. pp.24-28. La solución planteada, en este caso, es que se oriente hacia el creer que el
mundo es el mundo de Dios, es decir, que Dios sucede en la historia de muchas maneras y en diversas circunstancias; en palabras mismas de González Faus, Dios es verdad exterior a nosotros (logos).
tanto el mejor medio al cual recurren para imponer esta doctrina sabida pero no gustada es el poder, la autoridad y, por ende, la condena28.
1.4. Dios con un espíritu falso
En esta imagen de Dios cabe un gran número de seres humanos creyentes. En primer lugar, quien se forme esta concepción de Dios es aquella persona que concibe, en gran parte, la realidad que lo rodea como una constante fuente de decepciones; concibe, además, que Dios no hace parte de esta realidad, ubicando la alteridad de Dios como una distancia de esta realidad. Y, por ende, la salvación que Dios ofrece es la evasión de esta misma realidad.
Para estos seres humanos creyentes su imagen de Dios sólo sabe de la distancia pero no del amor. Además, conviene resaltar la importante advertencia que hace González Faus acerca de este tipo de imagen de Dios: la inconsecuencia práctica. A la imagen de Dios corresponde la conducta y las acciones del ser humano creyente que la posee. En este caso, suele haber una escisión vital entre lo creído y lo vivido, la fe y lo real. Y, por ello, lo más peligroso de este tipo de personas es la incoherencia de su fe: a pesar de decir creer, la indiferencia es su rasgo más característico,
28 Cfr. Ibíd. pp.28-34. Acá, el autor refiere que Dios no solo es una verdad sabida (logos) sino
también la captación de esa verdad dentro de nosotros (Espíritu). El camino para arreglar cualquier desviación producida para esta imagen de Dios puede darse en términos de la recuperación de la revelación de la intimidad de Dios que se da en la intimidad del ser humano mismo. O, en otras palabras, seguir un camino de encuentro interior, profundamente espiritual, para lo cual hay miles de maestros en las filas de la historia; para no ir muy lejos, los místicos, quienes se atrevieron a denunciar esta misma imagen de Dios que estaba presente en muchos de los de su época, y a proponer un camino más parecido a la revelación de Dios mostrada en la Sagrada Escritura; un ejemplo de ello, podrían ser santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz o santa Teresita del niño Jesús.
pues son quienes buscan en lo espiritual una salida a la realidad sangrante que padece el mundo en nuestros días29.