3.4 UMTS Channel Structure on the Air Interface
3.4.6 The Uu Protocol Stack
En la primera mitad del siglo XII, el judaismo como religión se encontraba en un estado de decadencia casi total. El concepto que motivaba la religión era la idea de un pueblo elegido, y del mesías que los guiaría hacia su destino.
Los judíos creían que la llegada del mesías sería anunciada por el regreso del profeta Elias, cuando los últimos días de la antigua era hubieran llegado, y que el espíritu de Elias aparecería como un maestro judío que anunciaría la llegada del nuevo rey. Estas enseñanzas animaron a los eruditos judíos a buscar «signos del cambio de la Era» e intentar predecir «el Fin de los Días».(1)
Siete años después de que los templarios hubieran fundado su orden, un niño judío llamado Moisés ben Maimón nació en Córdoba, que entonces formaba parte de la España morisca y era de los pocos lugares en que se respetaba a los judíos y se apreciaban sus habilidades. Su nacimiento tuvo lugar en el aniversario de la muerte de Jesús: la noche de la Pascua judía en el año 4895 que, en el calendario cristiano, equivale al 30 de marzo de 1135.
Aunque nació con el nombre de Maimón, se lo conoció como Moisés Maimónides.
Nació en una civilización islámica morisca que estaba en pleno esplendor y donde, a di- ferencia de la Europa cristiana, la intelectualidad era una virtud estimulada y apreciada. Su educación religiosa lo estimuló a estudiar el patrimonio histórico del pueblo judío que, obviamente, es algo más que una simple religión, ya que, por ejemplo, la Ley judía contiene reglas para cada estadio de la vida.
Maimónides le explicó a un compañero rabino:
Aunque desde mi niñez la Tora fue mi prometida, y continúa estando en mi corazón como la esposa de mi juventud, en cuyo amor encuentro un placer constante, las mujeres extrañas que al principio albergué en mi casa como criadas se han convertido en sus rivales y me ocupan mucho tiempo.(2)
Estas otras rivales de su afecto eran las ciencias en general y la medicina en particular, que lo convirtieron en un prestigioso médico y acabaron por llevarlo a la corte de Saladino. Era un científico de medicina brillante, y sus libros sobre la materia eran famosos en los círculos cultos. Estos libros eran de uso general y no contenían nada que pudiera atacar los puntos de vista religiosos musulmanes o cristianos, por lo cual fueron muy leídos e incluso fueron traduci- dos al latín por monjes cristianos.
El interés por la obra médica de Maimónides a menudo impulsaba a sus lectores avezados a indagar en otras materias, y se convirtió en uno de los rabinos judíos más respetados y conocidos del mundo medieval. Escribía en varios idiomas; en una obra escrita en árabe, titulada Guía de dubitantes, armonizaba la fe y la razón, reconciliando los principios del judaismo rabínico con el racionalismo de la filosofía aristotélica. En este libro trató temas como la naturaleza de Dios y la creación, el libre albedrío y el problema de la definición del bien y del mal. Su pensamiento, complejo y claro a la vez, influyó sobre los principales filósofos cristianos, como santo Tomás de Aquino o san Alberto Magno.
Cuando los judíos del Yemen tuvieron un grave problema religioso, pareció natural que consultaran a Maimónides para que los orientara. En su respuesta, el rabino les dijo que el poder de la profecía volvería a Israel en 1210 d. J.C., tras lo cual regresaría el mesías. No es de extrañar que les pidiera que no divulgaran esta información.(3)
En 1170, el chiíta Mahdi, dirigente del Yemen, de repente exigió que todos los judíos, que habían vivido allí desde la Diáspora, se convirtieran en musulmanes en el acto o se enfrentarían a la muerte. En aquel entonces había resurgido en Yemen el movimiento mesiánico judío, y la idea de que la llegada prometida del mesías se aproximaba se había propagado hacia otros países. Muchos judíos píos comenzaron a arrepentirse de sus pecados, se despojaron de sus propiedades y las donaron a los pobres. El resurgimiento mesiánico parecía estar empeorando la situación de los judíos en Yemen, por lo que Jacobo al Fayumi escribió a Maimónides, el sabio de Fostat, solicitando consejo.(4) La respuesta de Maimónides está contenida en la célebre carta a los judíos del Yemen, conocida como Iggert Teman
En esta carta, que llegó a estudiarse en los centros de enseñanza europeos, hacía comentarios sobre el advenimiento del mesías, basados en el estudio exhaustivo de los escritos judíos, en los que se decía que el mesías estaría oculto en la gran sede de Roma.
Esta profecía afirmaba claramente que el nuevo mesías aparecería como miembro de la Iglesia romana, pero que sería un enviado secreto de Yahvé.
Al escribir a los judíos del Yemen, resumió su tradición foldórica sobre el mesías, reafirmando su significado coetáneo:
El rey mesías se elevará y restaurará el reino de David a su primer estado [...] El mesías será un mortal que morirá y será sucedido por sus herederos, que reinarán después de él [...]
«Entonces el Señor vuestro Dios os liberará de vuestro cautiverio, regresará y os reunirá.»(5)
2. I. Kobez y H Friedenwald, Thejews in Medicine 265 3 G W Buchanan, Jesús The King and His Kingdom 4 J S Minian, The Teachmgs of Maimónides 5 B Cohén, Moses Maimomdes' Letter to Yemen 267
Las palabras que emplea Maimónides son de gran interés. Equipara el título de «mesías» con el de «rey», lo que indica que estaba enterado de que también existía un mesías sacerdote. Se aseguró de que cada judío apreciara que ese mesías regio traería consigo la restauración del linaje de David: una dinastía monárquica más que un dios hombre como el que los cristianos creían tener.
Esta profecía, comentada por el sabio judío más grande de su época, fue analizada por los eruditos cristianos de toda Europa. Llegaría a ser muy importante para la Iglesia de Roma que, obviamente, tenía un especial interés en que no apareciera un segundo mesías, ya que dicha idea habría socavado la autoridad de su primer mesías. Muchas personas cultas se habían enterado de que uno de los maestros judíos más importantes había previsto la llegada inminente de un mesías, vinculado con la Iglesia de Roma.
Otro hombre nacido en 1135, al igual que Maimónides, fue también una figura clave en el desarrollo de la creencia de la llegada de un nuevo mesías. Era un abad calabrés lla mado Joaquín de Fiore, que sostuvo una visión apocalíptica del futuro basada en un sistema numérico extraño, aunque muy desarrollado, de análisis bíblico. Así como los arcanos mayores y menores del tarot enlazan mediante un sistema numérico las cartas del mundo interior con las del mundo exterior, los cálculos de Joaquín ligaban sucesos del Viejo Testamento con otros del Nuevo.
Calculó que la «Era del Hijo» se estaba acabando y que la «Era del Espíritu» comenzaría pronto. Creía que había habido 42 generaciones entre Adán y Jesús y, según él, la anhelada nueva era se iniciaría con la llegada de la 42.a generación después de Cristo que, como escribió, empezaría hacia el año 1260. El abad avisó que no sería un período de transición suave, ya que tendría lugar una larga batalla contra el anticristo y había que ganarla, antes de que la maravillosa nueva era pudiera dar comienzo.
Tras su muerte, sus ideas se divulgaron y fueron desarrolladas por otros pensadores. Algunos, que fundaron un grupo en el año crucial de 1260, se autodenominaron la Hermandad Apostólica, y crearon una resistencia armada contra la Iglesia romana. Creían que Dios había retirado la autoridad al papa y a todo el clero, que pronto serían destruidos en la batalla que conduciría a la «Era del Espíritu». En 1304, la Hermandad Apostólica se ocultó en los valles al- pinos a la espera del fin del mundo... que llegó para ellos en 1307, al igual que para los templarios, cuando fueron masacrados por los ejércitos de la Iglesia en el monte Rebello.(6)
Para las gentes de Europa, el amanecer del siglo xiv fue una época de grandes avatares. La Iglesia estaba fallando a sus feligreses y el mesías esperado todavía no había llegado. La visión apocalíptica de Joaquín pronto se hizo realidad cuando la peste negra comenzó a pasar su mortal guadaña entre el mundo cristiano.