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principales animadores fueron J. Mukarovsky, S. Karcevski, R. Jakobson, N. S. Trubetzkoy, A. Martinet. Tres años después aparecieron, como obra colectiva programática del Círculo, las famosas «Nueve tesis» que constituyen las premisas metodológicas de una investigación que se prolongó más de un decenio. Revisten particular interés para los propósitos de este libro las tres primeras tesis, en las que se encuentran las siguientes afirmaciones:

a. La lengua ha de ser concebida como un «sistema funcional» de medios que tienen como fin la comunicación y la expresión. El análisis sincrónico debe acompañarse de consideraciones diacrónicas («la descripción sincrónica no puede excluir absolutamente la noción de evolución, porque incluso en un sector considerado sincrónicamente está presente la conciencia del estadio que está en trance de desaparición, del estadio presente y del que se está formando»). Una

concepción funcionalista coherente de la lengua fue elaborada después por Martinet, que estuvo más tarde entre los promotores del Círculo lingüístico de Nueva York.

b. La fonología se diferencia de la fonética porque no considera a los sonidos desde el punto de vista material y acústico (plano del habla), sino desde el sistemático de la lengua. El sonido se define por sus relaciones de oposición a los otros sonidos de la lengua y por sus «rasgos distintivos» y «pertinentes». Se desarrolla la teoría del fonema, en la que profundizarán, sobre todo, Trubetzkoy y Jakobson (V. LENGUA- JE, 1).

c. La lengua posee diferentes funciones, que corresponden a las exigencias del hablante. Las principales funciones son la comunicativa y la poética. En la primera el lenguaje se dirige hacia el significado; en la segunda, por el contrario, se dirige hacia el signo. El lenguaje poético, como acto creador individual, se refiere tanto a la lengua de comunicación como a la literatura. Estas ideas las desarrollará Jakobson (V.LENGUAJE, 1).

A Martinet se le debe la distinción entre una primera articulación del lenguaje en unidades significativas o monemas, y una segunda articulación en unidades distintivas o fonemas: el monema es un signo (en el sentido saussuriano) que no se puede segmentar en signos menores sino únicamente en unidades fonemáticas. La concepción funcionalista de la lengua abarca tanto la fonología como la sintaxis: en la estructura lingüística cada elemento entra en relación con todos los demás según la función que ejerce. Así, por ejemplo, en torno al sintagma predicativo (p. e.: El alumno ha estudiado), que es el elemento fundamental de la frase, se pueden articular monemas y sintagmas autónomos, monemas dependientes y determinantes, y gracias a los monemas funcionales, las más diversas expansiones. P. e.: El alumno aplicado: el adjetivo tiene aquí la función de monema determinante; El alumno aplicado ha estudiado la lección: el complemento es una expansión mediante un sintagma dependiente, que puede sufrir una expansión ulterior: la lección de historia («de» es un monema funcional); El alumno ha estudiado la lección para conseguir una buena nota: el monema funcional «para» introduce una expansión dependiente constituida por una nueva frase. 3. La glosemática. Luis Hjelmslev es el exponente más importante de la «Escuela de Copenhague» (que cuenta entre sus miembros a estu- diosos como Brándal, Uldall y otros) y es el fundador de una teoría formal del lenguaje, a la que ha querido dar el nombre, también original, de glosemática. Según Hjelmslev, una teoría lingüística conveniente tendría que servir para describir cualquier texto posible compuesto en cualquier lengua. El análisis dimana U texto, es decir de un acto lingüístico hablado o escrito, considerado como una clase; el texto se divide en segmentos, cada uno de los cuales vuelve a constituir una clase; cada segmento se descompone en otros, hasta el agotamiento de la operación. Punto de apoyo del análisis, según el lingüista danés, es la descripción de las dependencias recíprocas o funciones que se establecen entre las diferentes partes del texto. Las dos funciones más importantes son la función ET (conjunción, coexistencia) y la función AUT (disyunción, alternancia). La primera está en la base del proceso, la segunda del sistema. Los dos términos de una función se denominan funtivos; cada funtivo se integra bien en un proceso, bien en un sistema. Hjelmslev llama correlación o equivalencia a la función AUT, relación o conexión a la función ET. Dadas, por ejemplo, las palabras misa y rudo, si cambiamos (conmutación) los fonemas (o mejor: las figuras) m

«En todo proceso sígnico», explica Umberto Eco (Signo, 3.5), «teet o producen conjunción, coexistencia, mientras que entre m aut r hay disyunción, alternancia. Con un rigor metodológico extremado, Hjelmslev construye un esquema binario que presentamos, simplificado, aquí:

Sistema - lengua - paradigmática - correlación - func. aut. - paradigma

Un punto importante de la teoría hjelmsleviana atañe a la definición del concepto de signo, cuya naturaleza y organización interna se puede expresar en estos términos:

Sustancia Contenido Forma Forma Expresión Sustancia

«En todo proceso sígnico», explica Umberto Eco (Signo, 3.5), «tenemos un elemento de expresión (llamémosle sencillamente significante) que comporta un elemento de contenido (el significado). Cuando hablamos, disponemos de una gran cantidad de emisiones vocales. Pero el sistema sintáctico ha hecho pertinentes sólo algunas de estas emisiones (sólo tienen valor algunos rasgos distintivos, y cada lengua no emplea como elementos pertinentes más allá de una cuarentena -y con frecuencia aún menos- de fonemas). En italiano [también en castellano] puedo pronunciar la /i/ de /pino/ tanto de forma breve y acortada como de forma larga, y todos entienden lo que quiero decir. O sea, que puedo pronunciarla empleando indiferentemente el fonema /i/ o el fonema /i:/. En cambio, en inglés esta opción establece la diferencia entre /fip/ y/fi:p/ (es decir, entre las palabras inglesas que se escriben ship "barco" y sheep "oveja"). Por lo tanto, en italiano [o en castellano] la oposición entre /i/ e/i:/ no forma parte de la forma de la expresión, pero es indudablemente un aspecto de la sustancia sonora».

Hjelmslev representa gráficamente el proceso de producción de signos o semiosis (significación) con la fórmula:

ERC

Es decir, que existe una relación (R) entre el plano de la expresión (E) y el plano del contenido (C). Cuando un primer sistema ERC se hace plano de expresión o significante de un segundo sistema, se dice que el primer sistema constituye el plano de denotación y el segundo el plano de connotación. Si digo «conejo», el código me indicará el significado denotado por el significante. Pero la palabra «conejo», inserta en un contexto determinado, puede significar algo más, puede indicar un significado adjunto, que es precisamente la connotación: por ejemplo, puede significar «cobarde», «miedoso».

El segundo sistema (o sistema connotado) se representa así: (ERC)RC

donde, evidentemente, se sitúa entre paréntesis la pareja significantesignificado denotativo («conejo») y fuera del paréntesis la relación de connotación («miedoso»). Los

significantes de connotación -que Barthes llama connotadores (V.)-son, evidentemente, signo (significantes + significados) del sistema denotado. Es importante subrayar que la connotación es fundamental en la expresión artística. También los símbolos (V.) poéticos pertenecen al sistema de connotaciones: el proble- mático Galgo de la Divina Comedia (Inf. 1, 101 y ss.) --que encontraremos en el «galgo de ayer» machadiano- es un connotador, un significante de connotación de un sistema semántico más complejo que el denotado por el código; se nos envía a un subcódigo cultural que subyace bajo las ideas político-religiosas de Dante, y a una determinada forma del contenido estructurada en emblemas connotativos (V. ALE- GORÍA).

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