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We were unable to estimate a SV of dehydrated grass Dehydrated grass was almost entirely fed to first parity cows and therefore parity and diet were confounded.

Chapter 3 Development of a model for

2. Materials and methods 1 Selection of feed intake models

2.2. Validation dataset

De lo que estamos seguros es que las plantas exigen cierta temperatura para su desarrollo con relación a esta exigencia térmica se distinguen las siguientes plantas.

1- megatermas 1 2- mesotermas 3- microtermas 4- hekistotermas

Las megatermas

son plantas que crecen en regiones cálidas, sobre todo en ( llanuras de )

zonas ecuatoriales y tropicales, cuya temperatura media anual sobrepasa los 20° C y son las plantas de mayor exigencia térmica.

Las mesotermas

son plantas menos exigentes, a la temperatura, y dominan en zonas cálidas o

en el piso montañoso en la zona intratropical. Grosso modo como mesotermas se consideran las plantas que crecen en regiones cuya temperatura media anual oscila entre 15 y 20° C.

Las microtermas

se relacionan con regiones las cuales la temperatura media anual está por

debajo de 15° C ( zonas frías templadas, piso subalpino, etc. ).

Las hekistotermas

son plantas de la zona ártica y de montañas altas ( zonas alpinas) es decir

poco exigentes en cuanto a calor y son las menos exigentes.

Esta clasificación es muy aproximada y relativa, ya que prácticamente no hay pruebas experi- mentales sobre todo en el caso de las especies perennes. La exigencia de las plantas al calor se suele determinar deductivamente de la distribución geográfica (véase la figura 4.3) al relacionar- la con la temperatura.

En la figura 4.3 presentamos algunos ejemplos de plantas cubanas cuya exigencia térmica esta deducida de la distribución horizontal. Swietenia mahagoni (caoba cubana) representa una espe- cie megatérmica, la Magnolia cubensis (Marañón de la Maestra) una mesoterma, mientras que

Haenianthus salicifolius una microtérmica que según Roig (1965) es el almendro.

Sin embargo hay que tomar en cuenta que la deducción de la exigencia térmica de la distribución geográfica del taxón aprovecha datos macroclimáticos, no debe coincidir con la exigencia “real“. A saber en el límite de distribución geográfica de las plantas se encuentran en segmentos ecoló-

1 De Candolle según Samek (1970) distingue entre las megatermas también las xero-mesotermas. Es preferible

evitar este término en la relación con las megatermas ya que análogamente se puede distinguir la clase de “xero- mesotermas”, etc. Por eso se recomienda consecuentemente aplicar combinaciones como xero-megatermas, xero- mesotermas, etc.

gicamente particulares, es decir en situaciones meso o microclimáticamente diferentes del ma- croclima. Por ejemplo muchas especies supramontanas (digamos mesotérmicas ) penetran en los pisos inferiores en cárcavas profundas, sombreadas, húmedas y fría ( inversiones térmicas ) cuyo microclima difiere del macroclima de la zona dicha.

Figura 4.3 Deducción de la exigencia térmica de la distribución horizontal de tres tipos de plantas cubanas: (a) Haenianthus salicifolius; (b) Magnolia cubensis y (c) Swiete-

nia mahagoni.

En las montañas, estas diferencias entre macroclima y microclima pueden presentar diferencias en elevación hasta de centenares de metros.

Así por ejemplo en dos lugares vecinos - en un pinar de una depresión húmeda - en la Sierra de Nipe, reporta Fojt (1971) diferencias de 1,6° C ( altura de 30 cm encima de la superficie ) esta diferencia, aplicando gradiente térmico de 0,6° C/100 m representa casi 300 m de la diferencia en la elevación (véase la figura 4.4). La diferencia en la temperatura del suelo (en las capas supe- riores) entre ambos lugares fue hasta 3,5° C (26,2: 22,7° C) entre ambos lugares lo que represen- ta ( teóricamente ) una diferencia en la elevación de casi 600 m.

De lo dicho resulta que las deducciones de la exigencia térmica de las plantas de la distribución geográfica tiene su limitación metódica. Es preferible salir de la distribución masiva ( zonal ) y los hallazgos dispersos hay que analizar más detalladamente, sobre todo desde el aspecto de co- mo se relacionan estos “ puesto de vanguardia “ con el macroclima.

A parte de esta limitación hay que tomar en cuenta que la distribución geográfica, no debe co- rresponder a la potencial por muchas causas de las cuales las más importantes son:

- limitación por competencia,

- área de distribución está en desarrollo (aspecto histórico), - por presencia de barreras “ mecánicas “ o edáficas; etc.

De las plantaciones artificiales a menudo resulta que al excluir la competencia la especie mani- fiesta mayor amplitud ecológica con respecto a muchos factores ambientales (reacción del suelo, humedad, nutrientes, etc.) entonces con respecto a la temperatura.

16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 0 2 4 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20

Horas del día

Temperatura (ºC)

Calvero Pinar I Pinar II

Figura 4.4 Temperaturas del aire a 30 cm de altura en el calvero y en los Pinares I y II (II más denso) de la Sierra de Nipe según Fojt (1971).

En algunas especies (por ejemplo, neoendémicos, etc.) la distribución en un momento dado puede ser solo una parte del área que ocupará en el futuro, bajo condiciones climáticas de la ac- tualidad. Es decir, la especie está en proceso de aumentar su área sin lograr en el momento dado el área “potencial”.

Las barreras mecánicas pueden ser aguas extensas, cordilleras altas, etc.

También por ejemplo en las montañas por falta de mayores alturas la distribución puede ser limi- tada, aunque potencialmente podría “subir” mucho más todavía el taxón (véase la figura 3.1)

Haenianthus salicifolius en la Sierra Maestra.

Las especies muy “especializadas” en cuanto a las condiciones edáficas (por ejemplo calcícolas, etc.) no deben alcanzar en la región estudiada su límite climático, por faltar tales edátopos en la zona climática extrema.

De lo dicho resulta, que deducir la exigencia “climática” de las especies de su distribución geo- gráfica presenta dificultades metódicas y la aplicación de éste método está siempre algo limitado. Las evidencias solo pueden brindarlas plantaciones experimentales en distintas condiciones cli- máticas, ya que tampoco los experimentos de laboratorio, debido a la longevidad de las especies arbóreas, pueden dar pruebas perfectas.

Muchas veces la exigencia térmica de las plantas se expresa en forma de sumas de temperaturas, es decir, por la suma de la temperatura diaria de la “época de vegetación”. Ésta época de vegeta- ción se define como el lapso del año en el que la temperatura media diaria iguala o sobrepasa los 10°C2. Esta “suma de temperaturas” es un índice aproximado, sin embargo, es ampliamente em-

pleado.