Chapter 3. Benchmarking GEANT4 Simulation with Experimental Data
3.5 Validation results
Con esto a la mano podemos finalmente tener el argumento para marcar la diferencia (gé- nero-especie) e irreductibilidad entre los episodios de acción conjunta y los episodios de atención conjunta. Como escribí más arriba, al final de la cuarta lección, el argumento a favor de la irre- ductibilidad dependerá de dos premisas:
3. La publicidad (apertura) de la percepción constituye el entendimiento/conocimiento detrás de la aten- ción conjunta; esto es, el ejercicio intersubjetivo de habilidades perceptuales no solamente implica o soporta sino que constituye un entendimiento/conocimiento compartido fundamentalmente percep- tual que es suficiente para dar cuenta del éxito de la resolución de tareas durante estos episodios. 4. Los recursos explicativos de los episodios de acción conjunta son insuficientes para dar cuenta de la
publicidad de la percepción, en este sentido.
Si estas dos premisas son verdaderas, la atención conjunta no puede reducirse explicativa- mente a la acción conjunta. La última sección, sección 2.4, es relevante para este argumento. De acuerdo a lo presentado allí, el entendimiento/conocimiento detrás de los episodios de atención conjunta es compartido, no-proposicional y fundamentalmente perceptual. Esto significa que debe ser explicado y especificado en términos, principalmente, del ejercicio intersubjetivo de habilidades perceptuales. Así, en este sentido, este entendimiento/conocimiento no solamente es dependiente sino está constituido por el ejercicio intersubjetivo de habilidades perceptuales y, por esta razón, está constituido por el entendimiento/conocimiento implicado por la apertura de la percepción. Esto es un argumento a favor de la primera premisa del argumento anti reduc- tivo.
A favor de la segunda premisa puedo argüir lo siguiente. El marco general de todas las opciones teórico-conceptuales disponibles para especificar el entendimiento/conocimiento de- trás de los episodios de acción conjunta está delimitados por las tres cabezas más visibles en este debate: Bratman (2014), Searle (1990) y Gilbert (1990, 2014) (ver. supra. ejemplo 5, parte I, Ca- pítulo 1). Y ninguno de los recursos teórico-conceptuales derivados de sus explicaciones puede dar cuenta del entendimiento/conocimiento detrás de los episodios de atención conjunta. Puesto brevemente, los recursos teórico-conceptuales suministrados por Bratman y Searle son proposi- cionales en cuanto que —de acuerdo con ellos dos— el entendimiento/conocimiento detrás de la acciones conjuntas depende del ejercicio de habilidades conceptuales y, además, dicho ejercicio constituye la formación de estados mentales doxásticos (creencias). Pero, para no repetir los argumentos (ver. supra sección 2.4), estos recursos son inadecuados para dar cuenta del entendi- miento/conocimiento que soporta y explica los episodios de atención conjunta. El caso de Mar- garet Gilbert es ligeramente distinto, aunque es posible presentar un argumento similar en contra de su propuesta.
La propuesta de Gilbert (1990, 2014: 324-337) es mucho más amplia en cuanto que el con- junto de habilidades cognitivas detrás de las acciones conjuntas y no apunta a la formación de creencias u otros estados epistémicos. En este sentido, en la explicación ofrecida por ella, las
creencias, conocimientos o estados mentales proposicionales individuales no juegan un rol ex- plicativo. Lo que explica la posibilidad de actuar conjuntamente es el hecho de que cada sujeto esté dispuesto —y que reconozca en el otro la disposición— a comprometerse conjuntamente a realizar alguna acción: en este caso, que esté dispuesto a atender conjuntamente a un objeto.83 Dice Gil-
bert que durante un episodio de atención conjunta a un osito de peluche llamado Teddy
[L]as partes se comprometen conjuntamente a tener la intención de actuar como un cuerpo, y actúan de acuerdo con ese compromiso conjunto. […] se comprometen conjuntamente a emular en la medida de lo posible a un solo cuerpo que atiende [perceptualmente] a Teddy. (Gilbert 2014: 336-7, corchetes y énfasis aña- dido)
Hablar de compromisos (conjuntos o individuales) permite establecer una estructura nor- mativa respecto de los episodios de acción conjunta que es diferente (y que no apunta) a la formación de conocimiento común; dicho compromiso es previo a dicho estado epistémico (ver.
supra. discusión del ejemplo 5, y Gilbert 1990: 3-6, 2014: 326-328). Sin embargo, pese a que la
noción de compromiso conjunto no requiera explicativamente la noción de conocimiento co- mún, requiere explicativamente que —los sujetos dispuestos a involucrarse en actividades con- juntas— sean usuarios de conceptos, en particular del concepto COMPROMISO CONJUNTO.
Aunque el reconocimiento mutuo no presuponga la convención social, presupone algo. Presupone… que las partes [los sujetos] tienen el concepto de compromiso conjunto. […] Esto se debe a que [este presupuesto] le permite a uno plausiblemente explicar mucho de lo que piensan y hacen los seres humanos. Si esto es así, bien puede ser un conocimiento común entre los seres humanos adultos que, en general, los seres de su clase tienen el concepto de compromiso conjunto. (Gilbert 2014: 333-4)
De acuerdo con esto, la explicación específica ofrecida por Margaret Gilbert resulta igual- mente inadecuada para dar cuenta el tipo de entendimiento/conocimiento que soporta y explica los episodios de atención conjunta, pues requiere que los sujetos sean usuarios de conceptos bastante sofisticados.84 Siguiendo la misma línea de argumentación en contra de Bratman/Searle,
digo que los recursos teórico-conceptuales ofrecidos por Gilbert son insuficientes para dar cuenta de los episodios de atención conjunta por el simple hecho de que el recurso central que hace el trabajo explicativo, a saber, la comprensión del concepto COMPROMISO CONJUNTO no es
dependiente ni está constituidos por la percepción.
83 Dice Gilbert: “Quien invoca el compromiso conjunto en el sentido que tengo en mente, permite que, al igual que un individuo
pueda comprometerse a formar una decisión, por ejemplo, dos o más individuos puedan comprometerse como uno solo. (Gilbert 2014: 329, énfasis original)
84 Una manera de escapar a este requisito cognitivo tan alto es asumir que la posibilidad de actuar conjuntamente descansa en la
percepción de que el otro sujeto está dispuesto a interactuar, comunicarse o dispuesto a tener un compromiso conjunto. Searle
(1990) sugiere esta idea cuando habla del tipo de trasfondo cognitivo que requieren los episodios de acción conjunta, y Jean Heal (2005) y Naomi Eilan (2014) ofrecen una idea en esta misma línea. Sin embargo, esto no parece estar disponible para Gilbert en cuanto que considera que la evaluación del otro como sujeto dispuesto a tener un compromiso conjunto depende fundamental- mente del uso/entendimiento del concepto COMPROMISO CONJUNTO. (Gilbert 2014: 323-328)
No estoy valorando la explicación ofrecida por Bratman/Searle/Gilbert respecto de los epi- sodios de acción conjunta. Lo que quiero resaltar es que tener las habilidades cognitivas o estar en la situación cognitiva adecuada para participar en un episodio de acción conjunta —en los términos de Bratman/Searle/Gilbert— es insuficiente para participar en un episodio de atención