6.5 Other methodological considerations
6.5.2 Validity
Estado delirante crónico. Estado pasional (obsesionante) crónico. Se inicia con juicios falseados mórbidamente,
sin un plan establecido, que se coordinan en forma secundaria en una idea fija, después de un período preparatorio. No hay un hecho inicial, es más bien una forma de ver las co- sas que una idea prevalente.
Se inicia por una idea fija, tiene un sistema establecido de entrada por la idea obsesiva de haber sido perjudicado. El reivindicativo vuelve siempre a ese hecho inicial de daño o de injusticia.
Interpretaciones delirantes múltiples y diver- sas, primitivas y predominantes. Progresan por irradiación, en red.
Interpretaciones regidas por el estado pasio- nal, muy circunscriptas, secundarias y acce- sorias. Delirio en sector.
Concepciones delirantes variadas. Idea direc- triz secundaria.
Idea prevalente y obsesionante primitiva, localizada en un hecho determinado o en una teoría abstracta. No llega a una concepción mórbida del mundo.
En los interpretadores perseguidos: ideas de persecución muy activas.
Ideas de perjuicio, sin persecuciones físicas. En los interpretadores megalómanos: ideas
de grandeza sistematizadas.
Hipertrofia del yo, sin megalomanía. Falsedad y a veces inverosimilitud flagrante
de la novela delirante.
Tema prevalente plausible. Actividad normal. Excitación intelectual permanente.
Reacciones relacionadas con sus móviles. Reacciones desproporcionadas con sus mó- viles.
Estigmas de degeneración poco acentuados y efectivos.
Estigmas numerosos.
Conservación del sentido moral. Frecuencia de anomalías del sentido moral. Extensión progresiva del delirio. Transforma-
ción del mundo exterior.
Menor irradiación, sin transformación del medio.
Incurabilidad. Posibilidad de mejoría.
Según la idea obsesiva prevalente es posible identificar dos variedades de delirio reivindica- tivo (Sérieux & Capgras, 1909: 45):
El delirio de reivindicación egocéntrico: en la base de la psicosis se encuentra un daño real o una pretensión sin fundamento. Los enfermos se centran en sa- tisfacer sus deseos y sus propios intereses, no se vuelven justicieros, sino más bien los enemigos de alguna personalidad que los ha perjudicado, o de la so-
ciedad misma que hace caso omiso a sus reivindicaciones. Puede tratarse de artistas amigos de los pleitos o incomprendidos.
Los reivindicadores altruistas, en quienes la sistematización delirante parte de una idea abstracta que redunda en teorías científicas, filosóficas, políticas o re- ligiosas. Son reformadores, profetas, inventores, soñadores o filántropos gene- rosos; perjudiciales sólo para ellos mismos o para su familia, a la que arruinan despilfarrando su fortuna. A veces, el aferrarse a utopías que intentan realizar por todos los medios, se convierten en peligrosos (fanáticos tipo místicos, anarquistas, asesinos y criminales).
El presente fragmento clínico corresponde a uno de los casos trabajados por los autores (Sérieux & Capgras: 1909: 46-48). Se trata de un inventor, reformador y posteriormente poeta, que terminó convirtiéndose en un criminal, ya que atacó al político Jules Ferry. Entre sus ras- gos se destacan la sobrestimación de sí mismo, las faltas morales, la sobreactividad improduc- tiva. Lleva una vida alocada en la que comete estafas y arreglos deshonestos, al mismo tiempo que se embarca en ocupaciones muy diversas: patenta invenciones, procedimientos nuevos para fabricar vitreaux, sustancias químicas, artículos de moda, diccionarios, publicidad, poe- mas. A pesar de esta pluralidad de actividades, es un indigente. Pretende justificar su estado echando la culpa a la clase política que gobierna.
Es condenado a un mes de prisión por sus estafas y se convierte entonces en un justiciero ejemplificador. Amenaza de muerte a los jueces que lo condenaron, y comienza su carrera política para llevar a cabo su fantasía de una venganza descomunal. Todos aquellos que lo perjudicaron deben ser castigados. Arma entonces una lista con todos los culpables y, de acuerdo a la responsabilidad de cada uno, establece las condenas: algunos deben morir, otros ser heridos de gravedad, otros sólo levemente. Sortea al primer condenado: es Jules Ferry, a quien asesina. Escribe en su diario "Hoy jugué a mi lotería y Jules Ferry ha ganado. Estoy en- cantado con eso, salió él, la rata venenosa, la crisálida del insecto del cólera" (Sérieux & Capgras, 1909: 47). En el juicio posterior afirma que actuó con premeditación y que debe ser condenado, caso contrario, volverá a empezar.
Lacan destaca que es justamente ese estado de estenia maníaca aquello que propicia el pasaje al acto, y que se presenta con la particularidad de un impulso obsesivo que está inte- grado a la personalidad por la idea prevalente. El acto cumple la función de aliviar al enfermo y, en ocasiones, de poner fin al delirio, ya que lo libera de la presión continua que ejerce la idea obsesiva. Es esa idea la que está a la base del delirio, "un acontecimiento inicial portador de una carga emocional desproporcionada" (Lacan, 1931: 12), y que sectoriza el delirio restrin- giéndolo al ángulo que abre ese hecho inicial, concentrando allí toda la virulencia infatigable de esa idea.
Lacan da el ejemplo de los hipocondríacos que agreden a los médicos y diferencia la posi- ción del interpretativo -que atribuiría al médico el malestar por una suerte de influencia miste- riosa-, de la del reivindicativo -que acusa al médico por no haberlo curado y por lo tanto consi-
dera que el médico merece ser castigado. Podemos sumar entonces como característica distin- tiva entre estos delirios el hecho clínico de que el delirio reivindicativo tiende al pasaje al acto - justamente por su componente esténico y maníaco-, mientras que el delirio interpretativo no es tan propicio a las reacciones heteroagresivas.
Para finalizar, esta forma clínica de gran referencia en la actualidad será recuperada poste- riormente por Gatian de Clérambault, quien complejiza el campo de la paranoia al proponer el grupo de las psicosis pasionales, al que nos abocaremos a continuación y en el cual incluye al delirio de reivindicación junto a la erotomanía y el delirio de celos.